Em Uma Lajota: Edinho

Quienes hacemos En Una Baldosa vimos con el paso de los años cómo fueron apareciendo filiales alrededor del mundo. Colombia, Chile, Uruguay, España, Perú, entre otros, tomaron la original (?) fórmula de EUB y le aplicaron su estilo particular. Siempre nos sorprendió la falta de la baldosa brasileña.

Desde hoy, y vaya uno a saber hasta cuándo y con qué frecuencia, vamos a conocer las historias de esos jugadores que pasaron con más pena que gloria por la primera división del fútbol brasuca.

Edson Cholbi Nascimento (Edinho)

Fama, dinero, mujeres y falopa. No es fácil ser hijo del mejor futbolista del mundo. Imaginen, entonces, lo que debe haber sido crecer en la piel de Edinho, el hijo de Pelé, el segundo futbolista más grande de todos los tiempos.

Es probable que, cuando nació El Principito (?), el 27 de agosto de 1970, O Rei haya sospechado que varios años después su bastardo vástago lo imitaría en la profesión y en el club cuya camiseta vistió durante toda su trayectoria en Brasil: Santos. Y no se equivocó.

Pero primero el pibe experimentó con los deportes más populares en Estados Unidos, donde se mudó cuando su padre jugaba en el Cosmos y donde vivió hasta bien entrada la adolescencia. Así, el básquet, el béisbol y hasta el fútbol americano le fueron sacando lugar al soccer, que recién comenzaba a popularizarse por la actuación del comepibes en ese país y que hasta entonces era visto como un deporte practicado por mujeres. Alguna vez, Pelé recordó que cuando Edinho iba al colegio lo invitaron a una premiación de su hijo y pensó que iba a ser como mejor futbolista. Pero no. El muchacho había sido elegido como el mejor jugador de béisbol.

Durante los primeros años de su adolescencia, Edinho viajaba a Brasil para pasar las vacaciones y reencontrarse con su padre, que a esa altura ya se había divorciado de su madre, Rosemeri. Luego retornaba a Estados Unidos y el fútbol, otra vez, quedaba de lado. Hasta 1986, cuando regresó a su país por un período más largo. Por consejo de Pelé fue a probarse a las inferiores del Santos. Falto de ritmo, lo mandaron al arco, donde decía sentirse a gusto.

De nuevo en tierras capitalistas, durante dos años fue el goleiro de un equipo amateur dirigido por ex compañeros de O Rei en Cosmos. Allí se enfrentaban contra otros conjuntos de descendientes de europeos y latinos. Edinho se destacaba, pero al mismo tiempo llegaba a la edad en la que tenía que decidir si seguía una carrera universitaria (varias ya le habían echado el ojo y le ofrecían un lugar en sus equipos de básquet y béisbol) o si dejaba el estudio de lado y se convertía en futbolista profesional.

Y eligió la segunda opción. En 1990 debutó en las juveniles del Santos y pese a que tuvo un rendimiento bastante digno no pudo evitar la derrota de su equipo. Pero el pibe quería jugar más seguido y no tuvo otra opción que ir a buscar minutos lejos de casa. No le hizo falta cambiar de estado. Portuguesa Santista (1992) le abrió las puertas y allí, lejos de los lujos, conoció lo que era pelarse el lomo para sumar un puntito de visitante en la B. En octubre de ese año corría picadas por las calles paulistas cuando su amigo, Marcílio José Marinho de Melo, perdió el control del auto que manejaba y mató a un motoquero. Ambos serían juzgados y condenados varios años después. Mientras tanto, defendió los colores del São Caetano en 1993.

Un año más tarde, a los 23, tuvo la oportunidad de su vida. Regresó al Peixe para, por fin, debutar con los profesionales. Gabriel era el arquero titular, pero cometió varios errores y perdió el puesto. El 6 de febrero de 1994 Edinho salió a la cancha por la cuarta fecha del torneo paulista ante Santo André, justo el mismo club contra el que había debutado con un pibe O Rei a los 15 años. El conjunto de Vila Belmiro perdió 1 a 0 con gol de Claudinho de cabeza, pero el pibe poco tuvo que ver. Más tarde, se afianzó y tuvo una destacada labor en el torneo brasileño de 1995, en el que Santos llegó a la final contra Botafogo, que contaba con figuras como Donizete, Túlio Maravilha y Sergio Manoel.

En 1996, en un partido ante Paraná Clube, se rompió los ligamentos de la rodilla. Estuvo diez meses alejado de las canchas y cuando recuperó la forma física, Zetti le ganó el puesto. En 1998 pasó a préstamo al Ponte Preta para disputar el campeonato nacional. No estuvo mucho tiempo. En 1999 volvió al Santos para retirarse pocos meses después, cansado del mundo del fútbol, con apenas 28 años.

Y ahí estallaron los problemas. Antes de la llegada del 2000 fue condenado a seis años de prisión por aquella picada mortal, pero quedó en libertad en suspenso. Volvió a las noticias en junio de 2005, cuando fue detenido junto a otras 50 personas en una operación para desmantelar una cuadrilla de traficantes de droga vinculadas a facciones del Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV).

La policía había detectado que Edinho mantenía con frecuencia comunicaciones con Ronaldo Duarte Barsotti de Freitas, Naldinho, capo del tráfico de drogas e hijo de Pitico, un ex compañero de Pelé en Santos y Cosmos. En esa ocasión, Edinho negó sus vínculos con los narcos, pero confesó su adicción a la marihuana: «Este desahogo sirve para que los jóvenes no sigan el mismo camino que transité desde que dejé el fútbol profesional. Víctima de una fuerte depresión, me convertí en dependiente químico», admitió O Filho do Rei, que fumaba porro desde los 13, pero había vuelto a consumir tras el retiro. Le dieron la libertad provisoria, pero cayó nuevamente en cana en febrero de 2006, esta vez acusado de lavado de dinero, también proveniente del tráfico de sustancias ilegales. Un habeas corpus le salvó las papas a fines de año.

A comienzos de 2007 comenzó a trabajar como auxiliar técnico del Litoral, un pequeño club paulista apadrinado por Pelé. Pocas semanas después se sumó a Santos, donde continúa hasta estos días, aunque sin ninguna función específica.

Post publicado en simultáneo con Un Mundial para En Una Baldosa.

Barinaga Cristian

Cristian Andrés Omar Barinaga

Se adelantó a los hechos. Conciente de que todo jugador de Estudiantes LP que no llega a Primera termina quemándose fogueándose en Quilmes, el pibe nacido en La Plata el 30 de abril de 1985 hizo ese camino antes de debutar entre los grandes. Con edad de quinta división, armó el bolso, abandonó la ciudad de las diagonales y se fue al sur del Gran Buenos Aires para vestir la camiseta del Cervecero.

Mediocampista de profesión, fue escalando categorías hasta cumplir el objetivo. El 9 de abril de 2005 fue de la partida ante Instituto de Córdoba. Esa tarde, Quilmes perdió 2 a 1. Hasta su despedida, por una lesión que lo obligó a abandonar el fútbol a fines de Clausura 2006, Barinaga vistió la blanquita en 5 ocasiones, sin goles ni actuaciones memorables. Bueno, quizás algún hincha de Quilmes lo recuerde por aquel gol que se perdió en la última jugada del encuentro ante Rosario Central, en el Clausura 2006.

Ya retirado de la actividad, en diciembre de 2006, pasó seis días detenido por un supuesto robo. «Volví de trabajar y me junté con dos amigos en un pool al que vamos siempre. Después fuimos a un quiosco y ahí pasó un chico con la camiseta de River. Como mi amigo es de Boca le dijo algo, el otro le contestó y se agarraron. Durante la pelea, mi amigo le sacó la camiseta, los tres nos fuimos caminando y a la vuelta nos levantó el patrullero», comentó una vez que lo liberaron.

En 2007 volvió al fútbol, pero bien lejos de casa. En Tailandia defendió los colores del Chamburi, pero no se acostumbró y regresó pronto. ¿Para robarla en la B Metropolitana? No. Más abajo. A mediados de año pegó un mal pase a Central Norte de Salta. Luego, en el under bien profundo, intentó sumarse a Argentino de Quilmes (2008), de la Primera D. Nunca llegó a debutar porque si bien no aceptó el primer contrato que le había ofrecido Quilmes, firmó uno, que rescindió el mismo día, antes de irse a Tailandia, lo que lo dejó imposibilitado para actuar en la última categoría.

Poco tiempo después se sumó a Guaraní Antonio Franco de Misiones (2008), del Torneo Argentino B. Un puñado de buenas actuaciones y fundamentalmente la cercanía lo llevaron al 2 de Mayo de Paraguay (2009). Allí le tocó ser protagonista del accidente de micro que causó la muerte del argentino Mariano Giménez. Barinaga fue operado de una fractura de clavícula y permaneció varios días internado. Una vez recuperado, disputó 11 encuentros y marcó 3 goles.

Algunos partidos en buen nivel lo depositaron en la mira de los grandes del fútbol guaraní, como Olimpia y Cerro Porteño, pero las vueltas de la vida lo llevaron nuevamente en la Primera del fútbol nacional en el segundo semestre de 2009. Sobre el final del libro de pases, se sumó a Colón de Santa Fe y al toque manifestó su ganas de jugar de lo-que-dé. «Mi puesto original es el de volante por derecha, pero también puedo jugar por izquierda y como mediapunta. No soy delantero neto, pero me gusta mucho ser mediapunta. No soy mucho de marcar, soy más ofensivo. Me gusta atacar mucho y llegar al área adversaria», dijo.

Cuatro partidos con la casaca del Sabalero fueron suficientes para mandarlo a la B Nacional. Defensa y Justicia, que ya le había echado el ojo algún tiempo atrás, se hizo con sus servicios durante la primera etapa de 2010, pero no pudo hacer pie y terminó el año jugando en Unión de Sunchales, en el Argentino A.

Reflotó a comienzos de 2011, cuando se sumó a Aldosivi de Mar del Plata, pero en marzo se borró. Después de tres partidos (CAI, Ferro -un gol, el quinto de un 5 a 1- y Chacarita), desapareció de la ciudad sin avisarle ni a su representante. Días después, vía SMS, adujo problemas personales y en su muro de Facebook posteó que, nuevamente, colgaba los botines.

Eso sí, algunos meses más tarde recapacitó y retornó a Guaraní Antonio Franco (2011), del Argentino B, donde continúa por estos días, escribiendo sus páginas en el libro de la baldoseridad eterna.

Martinuzzi Fernando

Fernando Martinuzzi

El puesto de arquero suplente es uno de los más sacrificados del fútbol. Comer banco durante fechas y fechas para entrar y tener que responder más que bien o esperar la lesión del titular para poder jugar es la regla número uno de los adoradores del Flaco Saccone o Bernardo Leyenda. Algo así le pasó a Fernando Martinuzzi, un arquero nacido en Avellaneda el 6 de noviembre de 1980.

En la última fecha del Clausura 2002, sin importar el resultado que consiguiera, Lanús ya estaba condenado a jugar la Promoción para mantener la categoría. Por ello, ante Argentinos Juniors, el Profe Córdoba mandó a la cancha a un mix de juveniles y suplentes.

En un partido muy baldosero (por el Bicho jugaron los hermanos Belforti, Pablo Aurrecochea, Raúl Zalazar, Matías Mantilla y el Abuelo Fernando Zagharian, entre otros) Martinuzzi tuvo su debut en el arco granate acompañando a Diego López, Walter Ribonetto, Santiago Hoyos, Gabriel Ramón, Cristian Álvarez, Emiliano Giannunzio, Sebastián Salomón, Juan Carlos Mariño, Carlos Coria y Cristian «Ahumada tenía razón» Fabbiani. Luego ingresaron Ezequiel Carboni, Gonzalo Belloso y Mauricio Romero. Aquel día, para la estadística, ganó Lanús por 2 a 0 y el bueno de Fernandito se fue contento.

Luego de una temporada 2002/2003 sin actividad, apenas 9 partidos en el banco, porque el habitual suplente era Gastón Pezzuti y el titular era el uruguayo Sebastián Flores, Martinuzzi volvería al ruedo en el Apertura 2003.

Con la salida del ex Racing, se le allanó el camino y salió a la cancha en 18 encuentros, 15 como suplente (no ingresó) y 3 como titular, en los que atajó los noventa minutos, dejando en la banca a Rolando Romano. Quizás su mayor proeza a nivel local haya sido ser de la partida ante River en un encuentro que Lanús venció por 2 a 0.

En el Clausura 2004, su último torneo en el Grana, sólo disputó 19 minutos y recibió un gol, pero fue en el triunfo 4 a 2 ante Newell’s en la decimoquinta jornada. A mediados de 2004 fue cedido al Unión Magdalena colombiano y a la vuelta quedó libre.

Al parecer no encontró club profesional y se fue a a jugar con los amigos. Fue así que representando a Regatas de Avellaneda participó de los torneos de la Asociación de Fútbol Amateur AIFA.

A mediados de 2006 viajó a Perú para incorporarse al Sport Boys, que por aquel entonces naufragaba en el fondo de la tabla. En su entrevista de presentación ante la pregunta ¿Qué estadio o coliseo lo incendiarías como hizo el emperador Nerón con Roma? no reparó en contestar «La cancha de Estudiantes de La Plata. Además es fácil de quemar porque sus tribunas son tablones. Ese estadio no debe existir más. Es un equipo que logró cosas con el antifútbol, nunca de buena forma. Lo desaparecería.» y hasta defendió a Chilavert «Yo era alcanza pelotas de Lanús y llegó Vélez a jugar a nuestro campo. Ese día, cuando terminó el encuentro, me acerqué y le dije: ‘soy arquero de menores, ¿me regalas tus guantes?’. ‘Claro que sí’, me respondió y me los dio. Luego me invitó a su camarín y me regaló sus medias. El ogro que todos creen no era tal, sino un ser humano extraordinario..

En una épica (?) final ante el José Galvez, Martinuzzi se calzó el traje de héroe y contuvo 2 penales, que significaron la permanencia del conjunto rosado en la Primera División. A comienzos de 2007, luego de descartar ofertas del Cienciano de Cuzco y Universitario de Lima, pasó al Deportivo Municipal, donde fue partícipe de varias polémicas. En febrero, fue suspendido dos partidos por agredir al árbitro Braulio Cornejo. En abril, al hacer público que hacía dos meses y medio que no cobraba su sueldo, los dirigentes del Municipal quisieron multarlo, hecho que fue repudiado por sus compañeros de equipo. Pese a los problemas, allí también tuvo grandes actuaciones, que lo pusieron en la lista de posibles refuerzos de Racing Club de Avellaneda, equipo del que es hincha y del que tiene un tatuaje en su espalda.

En 2008 pasó al Juan Aurich, donde se trompeó con el baldosero Mario «Machito» Gómez Urbina. Su buen rendimiento en Perú hizo que tramitara la nacionalidad, aunque nunca fue convocado para esa selección.

En 2010, cansado de pelarse el lomo en la tierra de la Inca Kola y el ceviche, armó las valijas y salió a conquistar Europa. En el Latina Calcio, de la cuarta división de Italia, obtuvo el campeonato en su primera temporada y se convirtió en el arquero con menos goles recibidos de todas las categorías de ese país. A mediados de 2011 decidió no renovar su contrato, pero pocos días después cambió su opinión y continúa atajando allí con buenas actuaciones.

Turienzo Federico

Federico Ezequiel Turienzo

“Su cerebro inflamado es como un grano de arroz”. Así lo definió el místico (y mítico) expresidente de Gimnasia y Esgrima La Plata Juan José Muñoz a Federico Turienzo, alto delantero (no por su juego ni por su eficacia, sino por su casi metro noventa de altura) que vistió la camiseta del Lobo entre 2002 y 2005.

Nacido en la ciudad de las diagonales en febrero de 1983, Turienzo debutó en la Primera del Tripero 19 años después, el 3 de febrero de 2002, en el empate 2 a 2 frente a Huracán, en un partido correspondiente a la postergada última fecha del torneo Apertura 2001. Esa tarde, de la mano de Carlos Ramacciotti, el pibe, que ya venía entrenando con los grandes desde la última etapa de Carlos Timoteo Griguol, reemplazó al Colorado Facundo Sava.

La semana siguiente fue la figura de Gimnasia, que derrotó a Unión de Santa Fe por 3 a 2, con dos goles suyos y otro de Teté González. Después de una violenta sequía, recién volvería a convertir a mediados de mayo, en la última fecha del Clausura, ante Huracán, en otro empate 2 a 2. En aquel torneo, sus números cerraron en 11 partidos y 3 tantos.

En la segunda mitad del año vivió grandes momentos de gloria al lado del Caio Enría. En septiembre fue uno de los goleadores de Gimnasia junto a Gonzalo Choy González y Jorge San Esteban en la victoria por 3 a 1 ante Estudiantes. En noviembre le marcó un gol a River en un triunfo por 2 a 0. En ese campeonato redondeó 14 presencias y marcó 3 veces.

En el primer semestre de 2003 jugó la Libertadores y en el verano casi pasa al Racing de Ardiles. «Racing es una buena vidriera y sería una linda posibilidad, pero todavía no sé nada», dijo. Obviamente no pasó nada y se quedó en el Lobo. En el Clausura, campeonato en el que compitió por un lugar en la delantera con Enría, el Pampa Sosa, Nicolás Furlanetto, Brian Robert y el malogrado paraguayo Derlis Florentín, disputó 11 partidos y convirtió un gol. En la segunda mitad del año, con Griguol otra vez en el banco, brilló por su ausencia y apenas ingresó a la cancha desde el banco de suplentes en dos encuentros.

A fines de un 2004 flojo (3 juegos en el Clausura y 9 en el Apertura), Muñoz lo marginó del plantel profesional al igual que Enzo Noce, Martín Pautasso, el Facha Gustavo Bartelt y Gonzalo Plaqueta Choy González, y le espetó la frase que ilustra el comienzo de este post. Hasta entonces había disputado 51 encuentros y convertido 7 goles. Además, por torneos internacionales, sumó otras 5 presencias a su currículum.

En enero de 2005 viajó a Italia para sumarse al Venezia, pero no arregló. Siguió deambulando por Europa y pegó un mal pase en el Roda holandés. Finalmente, regresó al Lobo para entrenarse con los apartados y ser indultado en abril, gracias a la intervención de Pedro Troglio, Ricardo Rezza y el Coco San Esteban.

A mediados de año, el polaco (no, este no) Zbigniew Boniek (ex Juventus y Roma) lo recomendó al Brighton & Hove inglés (2005/06) y los piratas no dudaron mucho en comprar el buzón y firmarle un contrato por dos años. «Es una apuesta a futuro, lo vimos jugar una vez, lo observamos en los entrenamientos y vimos un video suyo y quedamos impresionados», comentaba el entrenador Mark McGhee, obnubilado por la destreza de algún editor que hizo magia con los compilados de Fútbol de Primera del joven Turienzo.

Dick Knight, publicista y presidente por aquel entonces del Brighton & Hove, todo un especialista en eso de vender espejitos de colores, fue un poco más cauto. «Federico viene con muy buenas credenciales y fue recomendado por gente que respetamos mucho. Es un muy buen proyecto, pero los hinchas no tienen que esperar demasiado de él tan pronto», tiró. Y agregó: «El jugador se tiene que acostumbrar a una nueva cultura, aprender el idioma y adaptarse al estilo de juego del fútbol inglés».

No hace falta agregar que Turienzo casi ni jugó (apenas estuvo presente en 4 partidos), pasó más tiempo lesionado que dentro de la cancha y ni le hizo falta adaptarse, porque un año después se tomó el palo. Estimamos que al menos aprendió a decir «injury», «pain», «ankle», «knee» o «leg», pero no podemos asegurarlo.

A mediados de 2006 pasó al Teramo (2006/07), de la C1 del ascenso italiano, donde disputó 17 encuentros y se fue sin conocerle la cara a Dios. El 2007 lo encontraría defendiendo los colores del Salernitana, en lugar de otro baldosero, Juan Manuel Aróstegui. Allí levantó un poco la puntería: entre 2007 y 2009 jugó 26 veces y marcó 2 goles.

En enero de 2009 siguió su viaje por Italia y firmó con el Arezzo, club que lo cobijó durante 11 juegos, en los que solo convirtió un gol. Desde julio de ese año, y con un poco más de efectividad (8 tantos en 49 partidos), forma parte del plantel del Cavese.

En La Plata, algunos lo extrañan.

Sacripanti Lisandro

Lisandro Oscar Sacripanti (Lichi)

Arrancó demasiado bien. El torneo Clausura de 2002 encontró en el delantero Lisandro Sacripanti a uno de los puntos altos del Newell’s que dirigía el Negro Julio Zamora. Antes, el pibe que había llegado a las divisiones inferiores de la Lepra desde el Club Alumni de Casilda, su ciudad natal, se había convertido en el goleador histórico entre los juveniles de AFA. No estaba nada mal. Para un muchacho de apenas 20 años era un augurio de una gran carrera.

Sacripanti tuvo su estreno entre los grandes el 10 de febrero de 2002 ante Banfield (derrota 3 a 0) y en ese torneo Clausura anotó 7 goles en 18 encuentros. Se ganó la titularidad en el Apertura 2002, pero su rendimiento mermó de manera notable. Apenas 3 tantos en 19 partidos dejaban un sabor amargo. Para el Clausura 2003, el Bambino Veira le perdió la confianza y Lichi jugó a cuentagotas. Solo 91 minutos diseminados en 5 juegos, entrando siempre desde el banco de suplentes. Muy poco para un pibe que algunos meses antes era el nuevo Batistuta y ahora se convirtía en material descartable.

A mediados de 2003 cruzó la Cordillera y fue a buscar continuidad a Chile. Se sumó al Cobreloa, donde estuvo una temporada y se consagró campeón del torneo Clausura. Regresó un año más tarde para vestir la camiseta de Argentinos Juniors (2004). Dirigido por el Checho Batista primero y luego por Chiche Sosa, solo disputó 4 partidos y no convirtió goles.

En 2005 se fue a Israel para jugar en el Hapoel Nazareth Illit y regresó al continente a mediados de año para hacer la revolución con la casaca del Blooming boliviano (2006/07), bajo la dirección técnica de Gustavo Quinteros. Allí también formó una dupla de temer con el Gordo Germán Real y conoció a Andrés Carevic y al genial Joselito Vaca.

Algunos goles en tierras de Evo Morales le dieron la chance de conocer México, enfundado en la divisa del Morelia B (2006). Cansado de juntar millas, y ante el llamado de Gustavo Quinteros, regresó a la Argentina. San Martín de San Juan lo tuvo entre sus filas durante el primer semestre de 2007, pero le soltó la mano luego del ascenso. Después de caerse su pase al Tolima colombiano, recaló en Independiente Rivadavia, pero no se destacó y volvió a armas las valijas.

El Espoli de Ecuador le abrió las puertas y el propio Lichi se encargó de cerrarlas un puñado de meses después por bajo rendimiento. A mediados de 2008 cumplió el sueño de ir a robarla jugar a Europa. ¿España? ¿Italia? ¿Francia? ¿Alemania? ¿Inglaterra? No, Eslovenia. Allí estuvo en el Celje (2008/09), al lado de Carlos Chacana y Martín Saric, hasta que lo mandaron con un moño a Córdoba, donde actuó hasta hace algunas semanas, con suerte dispar, en Talleres (2010/11) en el Torneo Argentino A.

NdR: Esta es hasta el momento la carrera del jugador-canción Lisandro Sacripanti, el pibe al que, al menos para quien escribe estas líneas, seguiremos recordando cada vez que escuchemos Sacrificio y rock ‘n’ roll de Pier. Sacripanti y rock ‘n’ roll.

Kun Agüero, papá (?)

Cuando pensábamos que esa costumbre nefasta de vestirse mal había quedado para los futbolistas de los 80’s y 90’s, el Kun Agüero apareció en escena para verticalizar (y actualizar) la oferta de Malvestittis.

Así quedó inmortalizado para sus seguidores en Twitter (y para quienes vieron la foto de casualidad y quisieron romperse la retina) el festejo de navidad de 2010 en Liverpool del yerno de Diego Maradona junto a Maximiliano Rodríguez. Nos gustaría que nos dijeran que perdió una apuesta, que «La Giannina» lo asesoró mal o que la remera se la pintó el pequeño Benja, pero no podemos asegurarlo. Solo podemos afirmar que, como se dice en esa red social, eso es un clarísimo #teperjudicás.

Maradona al Santos 1998

Tres años después del encuentro cumbre entre Diego y el negro que debutó con un pibe Pelé, Santos volvió a la carga por Maradona.

Ya retirado del fútbol, en febrero de 1998, el 10 viajó a São Paulo y se reunió el vicepresidente del club y Renato Duprat, presidente de Unicor, la empresa que invertía dinero en el conjunto brasileño y que pretendía ficharlo para que participara del torneo paulista.

«Jugar en Brasil constituye para mí el primer paso para hacer realidad un viejo sueño: ser el director técnico del seleccionado brasileño», comentó Maradona en declaraciones al canal de televisión Globo.

«Yo siempre quise dirigir a la selección de Brasil. Es un viejo sueño que tengo. Espero poder cumplirlo algún día», añadió el Dié. Al final, como era de esperarse, no pasó nada.