
Ademilton Maia Pereira (Dema). Delantero brasileño. Jugó en los 80’s y 90’s.

Ademilton Maia Pereira (Dema). Delantero brasileño. Jugó en los 80’s y 90’s.
Rubén Aníbal Castillo
Hace 10 años, Rubén Castillo era el zaguero central del futuro de San Lorenzo de Almagro. Se destacaba en la reserva dirigida por Ángel Bernuncio y el Gallego González y se daba el lujo de marcar a Enzo Francescoli. Atrás habían quedado las épocas en que se fue a probar a Vélez y pese a ser del agrado de los entrenadores no pudo fichar porque no había plata para el viaje en colectivo desde su Moreno natal hasta Liniers. Hoy, y desde hace varios años, su paradero es un misterio al igual que el de muchos otros jugadores que integran En Una Baldosa.
Cuando dijimos que marcó a Francescoli no mentimos, claro que no fue en un partido oficial (el uruguayo se retiró en 1997) sino en un amistoso para festejar los 108 años de Peñarol de Montevideo que se disputó en septiembre de 1999 en el mítico estadio Centenario y al que el conjunto del Bajo Flores viajó con un rejunte de pibes y suplentes.
En el segundo tiempo de un encuentro en el que lo que menos importaba era el resultado (terminó 0-0), el técnico azulgrana Oscar Ruggeri mandó a la cancha a varios juveniles, entre ellos Castillo. «Yo estaba más pendiente de Francescoli que de jugar. él iba a recibir una pelota y antes de que la parara, lo enganché abajo y cayó. Caímos los dos, el puso el cuerpo y lo barrí. Me miró feo, como diciendo qué hacés, pibe. No me lo voy a olvidar nunca«. comentó alguna vez ante la prensa. Sin embargo, su mayor complicación fue el 9 del Manya: «Habían sorteado un número para que un plateísta jugara para Peñarol. Le tocó a un pibe que se paró de nueve, y lo tenía que marcar yo. En una se me iba solo y ya estaba encarando al arquero. Lo bajé de atrás, no me quedaba otra. El Centenario se venía abajo. Me querían matar«.
Pavada de debut para el pibe que aún después del partido no caía del sueño. «Estábamos en el hotel cuando me dijeron que íbamos a cobrar 1.300 pesos por haber jugado. Yo no podía creerlo. Vinieron Borrelli y Zapata y empezaron a repartir dólares. Y no creí hasta que le cambié los dólares por pesos a Félix Benito; recién ahí me di cuenta de que no era joda«.
Luego siguió jugando en Reserva y en 2000, Ruggeri lo incluyó en la lista de buena fe para la Copa Mercosur con el número 25. En esa competición, fue suplente ante el Atlético Mineiro en el estadio Mineirão de Belo Horizonte. Desde el banco, vio el triunfo brasileño por 3 a 2.
En 2001, fue a la pretemporada y vio un poco de acción ante Racing en Mar del Plata. Desde entonces quedó relegado hasta mediados de 2002, cuando pasó a El Porvenir, para desaparecer por completo, sin dejar rastros.


Diego Omar Dabove
La vida del arquero suplente no es fácil (a menos que seas el Flaco Saccone, que está más allá de todo) y más complicada se torna cuando el titular se perpetúa en el puesto.
Así es la historia de Diego Dabove, cancerbero reserva (?) categoría ’73, que vivió bajo la sombra de Carlos Roa en Lanús, club al que llegó en 1985 y del que se marchó diez años más tarde sin haber debutado oficialmente (varias veces fue suplente de Lechuga en Primera), pero con más de 100 partidos de Reserva en el lomo. En la zona sur vio pasar a Miguel Ángel Russo, Patricio Hernández, el Profe Córdoba, Jorge Masalis y Ediberto Righi, entre otros.
Antes, a comienzos de los noventas, había sido preseleccionado para la Sub 19 que dirigía Reinaldo Carlos Merlo.
Lejos del Granate, continuó su carrera pululando por clubes del ascenso de manera descendente. Pasó por Sportivo Dock Sud (1996), Argentino de Quilmes (1997), Ferro de General Pico (1998), Cañuelas (1998/1999) y colgó los guantes en Deportivo Riestra (2000/2001).
Desde entonces, al igual que Martín Tocalli y Lucas Vivas, se gana la vida como entrenador de arqueros y ha trabajado con técnicos de la talla de Miguel Brindisi (Lanús y Boca Juniors), el Turco Antonio Mohamed (Huracán) y Néstor Gorosito (Lanús, Rosario Central, Argentinos Juniors y en la actualidad, River Plate).
También alguna vez debió calzarse de apuro el buzo de DT. En la última fecha del Clausura 2003, dirigió a Lanús frente a Talleres de Córdoba en un partido que terminó 1 a 1. Más reciente, en la quinta jornada del Apertura 2008, manejó a Argentinos Juniors durante todo el segundo tiempo contra Gimnasia LP por las expulsiones de Pipo Gorosito y del ayudante de campo, Jorge Borrelli. Aquella tarde, el Bicho y el Lobo terminaron en tablas y Dabove volvió a su casa con el invicto a salvo.

Steve Mungall. Defensor escocés. Jugó desde fines de los 70’s hasta mediados de los 90’s.



Hernán Vigna
Si de constancia y perseverancia se habla, la voz de Hernán Vigna no puede pasar por alto. Pese a que en el exterior forjó una interesante y dignísima labor, en el medio local probó una y otra vez sin consolidarse en la máxima categoría.
Volante de profesión, Vigna dio sus primeros pasos en el mundo del fútbol en la novena de San Lorenzo de Almagro, pero casi no jugaba y en poco tiempo quedó libre.
Dos años más tarde se fue a probar a San Telmo, que por ese entonces deambulaba en la Primera C. «Teníamos un amigo que jugaba allá (Daniel Corsi) y fuimos un día. Y quedé con dos pibes más. Empecé jugando en Séptima, pasé por Quinta, Tercera y al año debuté en Primera. Ahí me subí a la moto y le dí para adelante. Tenía 16 años.«, comentó años más tarde.
Tras dos temporadas en la Isla Maciel, pasó a Talleres de Remedios de Escalada, club que venía de descender de la B Metropolitana.
Allí siguió sumando experiencia y tomó el envión necesario como para probarse en las grandes ligas. «El club tenía una deuda conmigo y les propuse cambiarla por el pase. Aceptaron, así que un día me fui con los papeles abajo del brazo a probar suerte a Boca«, le dijo al Diario Olé.
A los 18 años, arribó a las inferiores xeneizes, gustó y quedó. Héctor Rodolfo Veira lo haría debutar oficialmente en la Primera de Boca Juniors. «Un jueves o viernes, no me acuerdo bien, fuimos los chicos de la Reserva a hacer fútbol con la Primera. Y el Bambino me dijo: ‘El domingo vas a jugar de titular’. Casi me desmayo.»
Veira cumplió y aquel 27 de marzo de 1998 ante Gimnasia de Jujuy lo mandó a la cancha junto al Pato Abbondanzieri, Sergio Castillo, Aníbal Matellán, Walter Samuel, Rodolfo Arruabarrena, Cristian Traverso (Mauricio Serna), Luis Darío Calvo (Emanuel Ruiz), Diego Latorre, Claudio Paul Caniggia y Guillermo Barros Schelotto. Aquella noche será recordada como el día que el Rifle Castellano le tapó un penal a Latorre y Matellán erró otro remate desde los 12 pasos. Vigna se fue reemplazado a los 66 minutos por un baldosero, Hugo Darío Domínguez.
Volvió a ver acción en la fecha 10, nada más y nada menos que ante River Plate. En La Bombonera, el Xeneize venció por 3 a 2 y Hernán reemplazó al Mellizo Guillermo a 15 minutos del final.
La despedida quedaría para la última fecha del Clausura de 1998, en Santa Fe ante Unión jugando desde el arranque. El gol de Fernando Ortiz había puesto en ventaja a Boca, pero el Tatengue lo empató sobre la hora gracias a Germán Pablo Castillo.
En 1999 pasó a préstamo al Cádiz español, pero una lesión en la rodilla derecha lo marginó y tras sólo 6 partidos pegó la vuelta.
De nuevo en tierra argenta, una oferta del Necaxa (1999/2000 y 2003) lo llevó a México, donde hizo carrera. Con los Hidrorayos participó en 54 encuentros en 2 etapas. En el país del Chavo y el Chapulín además jugó 40 partidos en Puebla (2001) y otros 20 en Santos Laguna (2002).
