Baldosa Vieja: El Peludo Gigliani

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Luis Gerónimo Gigliani (El Peludo)
Lo vi por primera vez en las canchas en 1976, cuando ya tenía 30 años edad y muchos campos agrestes recorridos. Y ocurrió en un partido donde fue figura, vistiendo la camiseta del tricolor de Almagro, cuando le ganaron con relativa facilidad por 2 a 0 a un Sarmiento de Junín que sólo mostró la prodigalidad de Melillo, Atondo, Papalardo y Antonio Molinari, quien en 1992, con 36 años, salió campeón con San Lorenzo de Chacabuco en la divisional B de esa liga, en la doble función de jugador y director técnico.
En Almagro se destacaron un obeso Tito Manuel Gómez, que venía de jugar en el extranjero, habiendo brillado en nuestro país en Huracán de Parque de Los Patricios; también el arquero Piazza, los centrales Amato y Belloni, Jorge Herrera, Ciro Antonio Ocampo, Jorge Rodríguez y nuestro recordado de hoy: Luis Gerónimo Gigliani.
El Peludo tiene su lugar merecido en esta sección, por sus dotes de jugador y aguerrido luchador y por qué no decirlo, por el camino de la vida que eligió… pero eso lo cuento al final.
Se inició futbolísticamente en Deportivo Morón y con apenas 16 años debutó en Primera (1960), para hacerlo durante nueve temporadas, logrando el máximo halago de los moronenses en su historial al obtener el ascenso a Primera A en 1968, única ocasión en la que anduvo por la máxima categoría, teniendo como compañeros a Moreyra, Semenewicz, Ricardo Aráuz, el Tano Ricci y Oscar Tomás López, entre otros.
Después recaló en Comunicaciones donde jugó un campeonato, para pasar luego a Defensores de Belgrano y actuar junto al Ratón Leonardi, la Chancha Busti y el Loco Houseman (el director técnico era Rodolfo César Chitti). De allí, pese a tener ofrecimientos para ir a Colombia, fichó para Flandria , donde le sirvió pases a Carlos Dantón Seppaquercia y luego dos años en Almagro (1975 y 1976), compartiendo goles con el Lele Luciano Martín Figueroa, consagrándose como goleador de la B con 24 tantos.
Finalmente, ante la insistencia, viajó a Colombia para fichar por el Tolima, donde se juntó con otros argentinos como Oscar Antonio Pocho Pianetti, Rubén Flotta, el arquero Giorgetti y el marplatense Sancisi. Regresó a Almagro al año siguiente y marcó muchos goles. Cuando ya tenía pensado retirarse, a los 36 años, firmó para Deportivo Merlo, lo que significó su última temporada como futbolista activo.
Y lo que es el destino travieso. Frente a la situación que se le presentó ante un hijo que se le había descarriado en la vida, pasó de tener una visión y una imagen distinta de un jugador que se hacía respetar. Desde 1992 y hasta la actualidad, con 61 años, predica la palabra de Dios, siendo cristiano evangélico obrero a cargo de un anexo, transmitiendo el mensaje religioso a la gente… como supo transmitir el inigualable grito de gol a las hinchadas de los equipos en los que jugó. El Peludo Gigliani, de guapo a angelical personaje del fútbol.

Daniel Console (Todopararecordar.com.ar)

Baldosa vieja: Delfín Benítez

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Delfín Edmundo Benítez
Caso singular el de Delfín Edmundo Benítez, sobrino del ilustre Delfín Benítez Cáceres que brillara en Boca, Racing y Ferrocarril Oeste.
Inició su carrera a los 17 años y la prolongó hasta los 37. Y dentro de tantas curiosidades que signaron la trayectoria de este atacante, podemos remarcar que jugó con importantes referentes en tres épocas distintas: en la Primera de Huracán con Tucho Méndez, con Héctor Casimiro Yazalde en Piraña; y con el loco Houseman en Defensores de Belgrano, saliendo campeón en 1972 con grandes figuras como Oscar Tomás López, Albino Valentini (hoy hombre fuerte de la TV codificada del fútbol), la chancha Busti y el ratón Leonardi, entre otros.
Nacido en 1940, tuvo pasos con pena y sin gloria por Racing y Los Andes que le indicaron a los 17 años que no iba jugar más… pero volvió a los 25 para sumarse junto a Yazalde a Piraña. Entre los dos, en una temporada marcaron un centenar de goles. Con estos pergaminos, chirola se fue a triunfar a Portugal y Defín… recaló en All Boys, para pasar posteriormente por Ferrocarril Oeste, Huracán, Rangers de Talca, Unión de Santa Fe, Estudiantes, Almagro, Colegiales, Fénix y en su último club, Deportivo Riestra (1977), cuando sus compañeros mucho más jóvenes (él tenía 37) ya no le pasaban la pelota y entonces decidió largar.
Posteriormente se dedicó a la dirección técnica, permaneciendo muchos años en General Belgrano, hoy Lugano, cumpliendo la doble función de entrenador/preparador físico, tanto en Tercera como en Primera.
Asimismo, por su trabajo de sacar chicos de la calle, llegando a conducir a más de 200, la canchita de Savio ’80 lleva su nombre.
Otra faceta destacable es que escribió un libro sobre táctica y técnica de fútbol que nunca pudo editar y aún lo tiene como materia pendiente que lo desvela.
Jubilado el año pasado luego de muchos años de trabajo en la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, hoy disfruta de sus nietos y su hijo, Claudio Delfín, árbitro de AFA en Primera C y D.
Una anécdota final para conocer a Delfín Edmundo Benítez, es la que vivió hace algunos años, cuando alejado de la actividad por varias injusticias y falta de reconocimiento de su paso por el fútbol, una tardecita cualquiera de sábado, se acercó a su cancha de Savio ’80, para presenciar un encuentro de Primera D, pero al querer pasar por el acceso, el control le exigió el pago de la entrada… justo arriba de sus cabezas, estaba el cartel que mencionaba su nombre, respondiéndole que él era Delfín Benítez, a lo que su autoritario interlocutor le dijo más o menos así: “Usted puede ser quien quiera que sea, pero si no paga, no entra“. Nuestro personaje de hoy, ante ésta situación ilógica e impensada, enfundó sus manos en los bolsillos, dio media vuelta y se volvió con la cabeza gacha hacia su departamento de monobloques de Lugano.

Daniel Console (Todopararecordar.com.ar)

Baldosa Vieja: Ernesto Sauza

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Ernesto Carlos Sauza
En 1976 se rumoreaba que en el club Piraña atajaba una leyenda. Entonces un sábado rumbeé para la cancha de Sacachispas, donde el Rojo del Sur de la Capital hacía de local.
Me encontré con un chofer de la Municipalidad de Buenos Aires, que de a ratos era taxista, padre de cinco hijos y deportista de corazón. Si a esto le agregamos que tenía 43 años, que su pasión por el fútbol era gran parte de su vida y que ocupaba la valla de Piraña en la Primera D, estábamos frente a un singular personaje del fútbol sabatino que se llama Ernesto Carlos Sauza, porteño de Parque Patricios e hincha de Huracán.
Mientras él, con sus 43 inviernos jugaba en el primer equipo, su hermano menor, Eduardo Orlando, era el arquero de los veteranos, y su padre Roberto El Chueco… también conservaba un pasado de guardavallas.
Por aquellos tiempos, convertido en uno de los mejores árbitros de básquet en la Capital, Ernesto, llamado “Souza” por muchos, me contó su historia:

“Empecé jugando en Lirios. Rosarinos, un equipo de barrio. Roberto, mi hermano era el arquero titular. Después pasé a Las Naciones, con Grispo, Juan C. Guzmán, Paletta, un wing derecho que jugó en San Lorenzo, Cerdeyra (ex Deportivo Español) y Vicente Bonavena, el hermano de Ringo. Fuimos tres años campeones de la Liga Independiente de Fútbol Amateur. También jugué por El Plata, con Jesús Roldán, que jugó por Huracán, Chacarita, independiente y también en Central Norte, de Laferrere, con el Chato Santamaría, que fue de San Lorenzo
“.

¿Y en Piraña desde cuándo?
Desde 1960 en que se afilió a la AFA. Jugaba por Juan Ba Juniors y en un amistoso me vio Alcides Solé, por entonces presidente de Piraña. Me invitó a firmar por su club y acepté. Entrenaba martes y jueves, jugaba el sábado en la reserva de Piraña, era suplente de la primera y los domingos me iba a jugar por Central Norte. Los lunes, miércoles y viernes jugaba al papi en La Canchita. Durante seis años fuí titular.

¿Tuvo la posibilidad del fútbol grande?
En 1955 me llevaron a Almagro. Me iban a pagar 450 pesos por mes más 50 por partido. Pero arreglaron con Güelfi y Farina, y el señor Salgado, que me recomendó, renunció como tesorero. En 1959 estuve entrenando tres meses en San Lorenzo de Almagro con José Barreiro y conformé. El único arquero era Carrillo pero cuando fui a hablar con Pecoraro, de la Subcomisión de Fútbol, me hizo una propuesta rara, y me quedé sin nada. Ah… Barreiro me pidió el teléfono pera recomendarme a algún club, pero lo debe haberlo perdido. No me llamó nunca.

Sauza tenía algunas facetas no muy conocidas. Al arquero, al laburante, al jefe de hogar, hay que agregarle otras. Porque, créase o no, enseñó folklore en el club Liniers, bailó en televisión con Margarita Palacios, tocó el bombo. Todo eso mezclado con unas ganas de jugar al fútbol que un día de 1959 provocaron que se sacara por su cuenta el yeso de una clavícula rota para ponerse debajo del travesaño. Y entre sus recuerdos está el haber jugado con Héctor Casimiro Yazalde en Piraña.

Chirola era un pibe sensacional. Lo recuerdo con cariño. Llegaba, se sentaba en un rincón casi ni hablaba. Recuerdo que solía decirme que le gustaba pegarle a la pelota çomo yo. Y que me apodó Turco“. Basta con el recuerdo para que haga su relación y refresque su memoria: “En 1965, Delfín Benítez hizo 65 goles y Yazalde, 47. Perdimos la final por el ascenso en cancha de Atlanta contra General Mitre. A Yazalde lo echaron a los 10 minutos. Con tres menos, nos hicieron el gol del triunfo en offside. A suerte y verdad, ganábamos nosotros“.

Pero el arquero tenía más cosas para contar, para sumar a su casi increíble gama de actividades. Jugó a la paleta en San Lorenzo, practicó patín, jugó al handball y al básquet, paró palos de bowling y fue . . . camionero.
En 1974 mereció la plaqueta al jugador más correcto por parte de los árbitros, y al mejor compañero que le dio Agremiados. Un tipo de esos que ya no hay. Un pibe de 43 años que jugó al fútbol porque le gustaba, que tenía un entusiasmo incomparable y puede ser mostrado como un ejemplo. Se llama Ernesto Carlos Sauza.

Daniel Console (Todopararecordar.com.ar)

Baldosa Vieja: Claudio Casares

Con la premisa de rescatar historias que escapan al sitio por una cuestión generacional, inauguramos esta sección especial con la colaboración de Daniel Console, periodista identificado con el ascenso que nos traerá, mes a mes, las más ilustres carreras de baldoseros a destiempo.

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Claudio Darío Casares
Futbolista, árbitro y técnico, El Papi en el ambiente, nació en Comodoro Rivadavia el 18 de febrero de 1952.
Hizo todas las inferiores en Boca Juniors y debutó el 6 de agosto de 1972 contra Vélez, marcando nada menos que a Carlos Bianchi y aún algunos memoriosos recuerdan un gol que hizo ese mismo año, contra Argentinos Juniors en cancha de Atlanta, en el único partido televisado por aquellos tiempos por Canal 7 (en blanco y negro, obviamente). Entrando a los 15 minutos por un Roberto Mouzo lesionado, arrancó desde su área con la camiseta número 13 y eludiendo rivales hasta gambetear al último, el Tomate Hugo Pena, batió la valla adversaria, sellando el 3 a 1.
Mayormente suplente y jugando casi siempre como reemplazante de todos los puestos del mediocampo, finalmente pasó en 1974 a Atlanta, donde se quedó hasta 1976, teniendo como compañero más destacado a Roque Alberto Avallay.
Luego pareció llegarle la gloria porque junto a Marcelo Trobbiani y Mario Finarolli partió hacia España para jugar en el Elche… pero sólo estuvo 6 meses y pegó la vuelta por problemas de papeles.
En 1977 jugó en Chacarita junto a Ischia, Pena, Bordón y Avallay. Y un año más tarde pasó a Racing para tener como compañeros a Cejas, el Panadero Díaz, el Vasco Olarticoechea y Cordero, entre otros.
En la segunda mitad de ese mismo año pasó al Once Caldas de Colombia, llevado por Eduardo Luján Manera y se quedó hasta el ‘81. A mitad de temporada pasó al Independiente Medellín y permaneció hasta fines de 1982.
Después recaló en el América de Cali (1983), donde salió campeón junto a Teglia, Falcioni y Alfaro. En el ‘84 partió para tierras extrañas: Sudáfrica. Estuvo en el Ama Zulú, junto a Lulú Sanabria y… el Loco Houseman, colgado inmediatamente por el técnico escocés que tenía el equipo.
Estudiantes de Buenos Aires lo rescató en 1985 pero ese mismo año se fue a Douglas Haig de Pergamino que participaba de la liga local con el Ropero Roberto Díaz, Víctor Hugo Damiano y el uruguayo Julio César Jiménez.
Al año siguiente estuvo actuando para Sportivo Baradero junto a Jorge Sanabria y el eterno goleador de Olimpo de Bahía Blanca, el Colorado Schmidt.
Ya sobre el final de su trayectoria como futbolista, en la temporada 1986/87 apareció en Calaveras de Pehuajó, donde fue campeón, teniendo de compañero a quien hoy preside la institución.
Luego, a instancias de Pablo Centrone, con la desaprobación del referí Claudio Busca y el apoyo de otro, Angel Norberto Coerezza, inició el curso de árbitro y formó parte de la primera camada de jueces/ex jugadores, como Carlos Domingo Jesse, Gerardo Boquete, Pafundi y Rodríguez Battaglia. Arbitró desde el ’89 al 2002, alternando la Primera D y la C.
Paralelamente, en la temporada 1991/92 realizó el curso de técnico, de la tanda del Chino Benítez, Pedro Larraqui, Carlos Ischia y Julio César Jiménez.
Siempre cerca de la pelota, hizo sus primeras armas como entrenador en inferiores. Pasó por Ferro (1999/2000), Excursionistas (tuvo el ofrecimiento de dirigir la Primera pero la rechazó) y luego trabajó en Sportivo Italiano, Atlanta y Boca Juniors.
En la actualidad, junto a su inseparable amigo Lulú Sanabria, traen jugadores juveniles de Honduras y El Salvador, y los preparan para tratar de ubicarlos en el mercado argentino.
Claudio Darío Casares, El Papi, un personaje del fútbol que tal vez no muchos recuerden.

Daniel Console (Todo para recordar)