Se entierra solo

latorreplaya.jpg

Podrán decir que la moda es la culpable. Que a comienzos de los 90’s era muy difícil conseguir mallas como la gente. Que Dieguito Latorre estaba confundido por la fama. Lo que quieran. Pero lo que tiene puesto no tiene perdón.

Juan Pordiosero

Una mancha más al Tigre

garecacamisa.jpg

Se comenta que allá lejos y hace tiempo, un vestuarista de dudosa reputación entabló una relación profesional con Adrián y los Dados Negros. Con el tiempo le fue presentando varios modelos de camisas: floreadas, rayadas, a cuadros y hasta con dibujos psicodélicos. El líder de la banda se fascinó con casi todas las prendas. Menos con una. El diseño era realmente feo, sobre todo por los arabescos dorados que impregnaban el blanco. La leyenda cuenta que ese artículo rechazado viajó varios kilómetros, fue rematado en una feria americana y un día llegó a la casa de Ricardo Gareca. Y lo que es peor, un día el Tigre se la puso.

Juan Pordiosero

Una propina para el botones

malvestittileorodriguez.jpg

Y no digan que fue el aire francés, porque ni Carlos Bianchi ni Osvaldo Piazza se hubiesen animado. Tampoco el tucumano Krupoviesa, reciente adquisición del Olympique de Marsella. No fue culpa de Toulouse ni de la moda europea. A Leo Rodríguez lo encandiló su buen momento en la Copa América de Chile, con la Selección Argentina. Y en honor al país donde brilló (y donde brillaría con la U), se puso un saco bien rojo. Con botones dorados, para no perder la vulgaridad. Eso sí, por debajo, una simple remera blanca y un jean. Porque Leo, a pesar de todo, siempre fue un pibe de barrio.

Juan Pordiosero (Gracias Cazador)

Ni la abuela se lo hubiese puesto

malvestittisimeoneyfamilia.jpg

Verano del ’92 no sólo es un tema de Los Piojos que está hablando de faso. También fue una dura etapa en la vida del Cholo Simeone, a pesar de la sonrisa que intenta demostrar lo contrario. Y no es que el yeso en el brazo izquierdo haya significado una tortura. Tampoco sus familiares, cargosos por haberlo extrañado tanto después de un año en Europa. Lo que acosó fatalmente al ex Vélez en aquella época fue la falta de buen gusto, ese sexto sentido que lo llevó a usar esa camisa multicolor y, un tiempito más tarde, un chaleco que nos provoca nauseas de sólo recordarlo.

Juan Pordiosero (Gracias Cazador)

El Beto tiene la…

malvestittimarcico.jpg

…cara más dura que una piedra.
…vista atrofiada.
…camisa negra.
…cadera un poco ancha.
…panza hinchada de tanta Coca-Cola.
…melena de Lion-O.
…pinta de una tía solterona.
…colita contra la pared, por las dudas.

Juan Pordiosero (Gracias Cazador)

Vení pibe, que te llevo a comprar ropa

malvestitticejasroa.jpg

Al correcto Agustín Mario Cejas se le podría reprochar hasta su parecido físico con el marido de Adriana Aguirre, pero no su trajeada facha. A su «reencarnación» futbolística (según la revista Solo Fútbol en 1991), en cambio, se le puede criticar todo. La campera de Carlos Ángel Roa: inclasificable. De jean celeste con detalles morados…¡Horrible! Por debajo, como si fuera poco, pide prisión preventiva una camiseta de raso marca Uhlsport, con un violeta en degradré desagradable. Como no podía ser de otra manera, el conjunto se completa con un vaquero encintado casi a la altura del ombligo.

Juan Pordiosero (Gracias Cazador)

¡Soy medio pija, Má!

malvestittimaradonapijama.jpg

Eran las 3 de la mañana, la heladera estaba vacía y el Diego tenía ganas de tomar algo. Se puso la campera de gimnasia celeste, las zapatillas rojas, y le dijo a la Claudia: «vamos Má, acompañame que enseguida volvemos«. Criteriosa, ella contestó: «¿Estás loco? Seguro que afuera está lleno de fotógrafos«. Y el 10 retrucó: «No me importa, si no venís olvidate de las operaciones que te prometí«.
Él partió atolondrado, ansioso y desesperado. Ella salió obligada, enojada y chinchuda. Pero al menos se cambió el pijama.

Juan Pordiosero

La vinchuca

malvestittigamboavincha.jpg

Haciéndonos cargo de la salud de los lectores, preferimos no seguir investigando sobre los usos y costumbres del Negro Gamboa a comienzos de los 90’s. Confórmense con este breve extracto de su putez, en un primer plano que nos regala una vincha, un jardinero encima de nada y una sonrisa a pura mandíbula. Suficiente. ¿Para qué más?

Juan Pordiosero