Platense con los parches invertidos (1999/2000)

Están los que sostienen, con algo de lógica, que la camiseta de Platense jamás podrá ser linda combinando esos colores: el marrón y el blanco. O mejor dicho, nunca podrá ser linda una casaca que incluya el marrón, porque el blanco está presente en infinidad de prendas muy bonitas. Podemos discutir este tema durante años (?), pero en algo vamos a estar de acuerdo. Si a una camiseta que tiene marrón, encima le agregamos un parche poco delicado, ahí la cosa es verdaderamente espantosa.

La camiseta Puma que utilizó el Calamar en su último año en Primera División estaba bastante bien, hay que reconocer. El problema se originó cuando reapareció el sponsoreo principal de Crown Mustang (ya había estado en la temporada 1997/98) y los encargados de la ropa tuvieron que salir a parchar, aunque no de la mejor manera.

El parche rectangular blanco con letras rojas quedaba bárbaro en la espalda de los jugadores, pero no en la franja marrón de la camiseta titular. Del mismo modo que quedaba muy bien en la franja blanca de la camiseta suplente, pero horrible en la espalda de fondo marrón. ¿Qué costaba hacer dos parches distintos?

Al año siguiente, con Platense en la B, se avivaron e hicieron un parche marrón para el nuevo anunciante: Anta Seguros. El tema es que repitieron el error y la desprolijidad, en este caso, se notaba en el frente de la camiseta suplente y en la espalda de la camiseta titular.

Para tirarle piedras al utilero (?).

Cuadros (2013)

Sí, sí, ya lo sabemos. La imagen es una cagada. Se advierten un tipo vestido completamente de celeste, otro que está abajo del arco con buzo negro y pantalones blancos, y varios morochos (?) pegados el alambrado o subidos a un techo lindero. Pero la historia es digna de contarse, mucho más cuando el ámbito es la mágica Copa Perú, un torneo en el que participan equipos de todo el país con la finalidad de lograr el ascenso a la Primera y Segunda División. Una competencia verdaderamente federal, repleta de equipos aficionados y nombres curiosos, como los de los equipos que se enfrentan en esta toma: Fuerza Minera vs. Saetas de Oro.

A poco del epílogo del partido jugado en Putina (Puno), el arquero de las Saetas, Martín Derteano, vio la tarjeta roja y su lugar fue ocupado por Martín Cuadros, defensor por naturaleza (?). Con las cosas igualadas, hubo que recurrir al desempate por tiros desde el punto penal, y fue allí que el héroe de la jornada se agigantó para contener tres disparos y darle a su equipo la clasificación a la siguiente fase del “fútbol macho”.

Under Ladrón: Bardo Fierros

Bardo Isaac Fierros Ruiz (El Fenómeno)

Talleres de Córdoba gerenciado por el empresario Carlos Ahumada, ese hermoso experimento colectivo que nos dio una Deformación que se fue al descenso y una camiseta verde digna de Placard, también nos honró con la aparición de perfectos desconocidos para el medio local, como el caso del delantero mexicano Bardo Fierros. Sí, hasta nombre de facción de barra brava tenía. No podía más de baldosero.

A La T llegó a comienzos de 2009, para ponerse a las órdenes de Juan Amador Sánchez y tratar de sumar en pos del ascenso. Recién ahí supimos de su currículum: acreditaba pasos por Lagartos de Tabasco (2004), Delfines de Coatzacoalcos (2004), Atlante (2005/06), León (2006/07), Atlético Mexiquense (2007) y Dorados de Sinaloa (2008). ¿Características? Un delantero luchador, poco dúctil, pero goleador, al menos eso decían los hinchas del León. De hecho, dicen que Ahumada quería volver a verlo con la camiseta verde esmeralda y por eso lo llevó a Talleres, que por aquel entonces vestía de ese color.

«Muchos equipos de México querían que me quedara allá, pero vine a Talleres y no sólo por seis meses, sino con la idea de quedarme. Soy un centrodelantero neto y ojalá pueda gritar muchos goles», dijo Bardo ni bien pisó La Docta, rodeado de periodistas. El tema es que, por delante, el mexicano tenía al Pupi Salmerón, a Sebastián Cobelli y a Emanuel Fernandes Francou. Complicado.

Su participación en esa campaña fue prácticamente nula. Entrenaba y entrenaba, pero no lo ponían nunca. Un día el DT Raúl Peralta lo mandó a la cancha en un partido clave: contra Almagro, rival directo en la tabla de los promedios. Fierros entró por Cobelli, que re caliente le pegó una patada al banco de suplentes. Un rato más tarde, el mexicano se comió un gol increíble y al toque el Tricolor lo dio vuelta. Suficiente para que el Gordo estallara ante los micrófonos.

“De última era un partido que teníamos que ir a buscar y todo el mundo sabe de que Bardo (Fierros) hacía un año y medio que no jugaba. No tengo nada contra el chico y ojalá sea la figura del campeonato. Pero me pareció que el cambio no era delantero por delantero. Había que buscar el resultado y porque justo nos habían metido el gol”, dijo Cobelli, re buen compañero (?).

Bardo siguió estando en el banco, hasta que en mayo de ese año, cuando Talleres seguía de mal en peor y la temporada se terminaba, por fin tuvo la chance de jugar como titular. Entonces, reflexionó: «La verdad, este es el momento para que yo pueda jugar. Hoy en día me siento mejor que cuando llegué a principios del año. Siento que puedo estar porque puedo ayudar al equipo pero, más que nada, porque soy el único delantero que queda» (?). Sincero.

Ese match desde el arranque fue ante Los Andes, en Córdoba. Lo sacaron ni bien arrancó el segundo tiempo, con Talleres perdiendo. Ah, como si fuera poco, el que entró por él terminó haciendo el gol del descuento. Chau, manito.

Con el descenso al Argentino A consumado, el mexicano huyó y retornó a su país con la ilusión de jugar nuevamente en Dorados de Sinaloa. El tema es que una vieja pelea con el presidente del Atlante lo hizo preso de convenio no escrito llamado Pacto de Caballeros, por el cual los equipos mexicanos se comprometían a no volver a contratar a Bardo Fierros. Una hijaputez tremenda de la que le costó salir.

Proscripto, finalmente pasó al Atlético Bucaramanga de Colombia (2010), donde hizo algunos goles y tomó valor para seguir experimentado ligas aún más exóticas. Bien lejos de su tierra.

En 2011, se incorporó al Hanoi, de la Primera División de Vietnam. ¿Y cómo le fue? Tranqui, se rompió la rodilla en el primer partido. Mucha mala leche.

A comienzos de 2012, los clubes de Primera y del ascenso le seguían cerrando las puertas. Por eso terminó jugando en la selección mexicana…de fútbol playa. Algo es algo.

Después de tres años de estar prohibido, en 2013 firmó con el Mérida FC, equipo del ascenso de México donde jugó un tiempito antes de ponerse a tirar bombas.

El verdadero ruido, de todos modos, lo sentiría en junio de este año, cuando sufrió un accidente en la calle: «Terminaba mi rutina de ejercicios en la Ciudad Deportiva cuando cruzaba el velódromo, me fijé si no venía algún coche, y así fue, crucé inmediatamente, cuando de pronto salió un coche y me arrolló, me impacté en la parte de la espalda, salí volando por lo menos dos carriles. El impacto fue tal que me pegué en la frente, después me paré de manera rápida porque tenía miedo que viniera otro automóvil, y llegué hasta la banqueta, después caminé unos 10 metros y me quedé ahí, luego la gente me reconoció y me auxilió”. Y agregó: “La verdad este accidente llega en un mal momento para mí, no estoy bien anímicamente, ni sentimentalmente, y ahorita esto que me está pasando, sin lugar a dudas podría ser una de las peores etapas de mi vida, no como futbolista, sino como ser humano”.

Hoy, que lo vemos publicando tuits en clave emo, le deseamos una pronta recuperación y que se ponga bien de ánimo, porque la vida puede ser un bardo, pero el fierro siempre es la última opción.

Voy al Arco: Young y Lynax (1982)

A pesar de ser los inventores del fútbol, de ser “The Association” y de haber creado a los hooligans (?), hasta los años 80’s en las competencias del fútbol inglés se permitía un solo suplente. El famoso jugador número 12. Obviamente, había un acuerdo tácito (?) en que el hombre que se sentaba al lado del técnico debía ser un jugador de campo. Así, se corría el riesgo que el arquero se lesionara o que fuese expulsado y no tener un colega idóneo que lo remplazara.

Esto le sucedió, pero con bonus track (?) al Leicester City, que en marzo de 1982, por cuartos de final de la FA Cup, recibía al Shrewsbury Town. Con el encuentro 1 a 0 a favor de Los Zorros el arquero local, Mark Wallington, recibió un fuerte golpe que lo dejó maltrecho. Tanto, que apenas podía moverse. Sabiendo que no había un guardameta que pudiese ocupar su lugar, aguantó como pudo, pero en unos minutos le convirtieron dos goles y se dio cuenta que no daba más. Salió de la cancha y en su lugar entró el suplente, Jim Melrose, que ocuparía la delantera. Al arco fue el centroforward Alan Young. Esto recién empezaba.

Llegó el empate del Leicester y, en el segundo tiempo, otra vez lo mismo: lesión del improvisado portero de los locales y un tercer jugador se pone el buzo verde: Steve Lynex, habitualmente volante por derecha. Con uno menos y el segundo arquero de emergencia cuidando el empate, las cosas no se modificaron. Y con el pasar de los minutos, Young se recuperó y volvió a la cancha… como jugador de campo. Hasta que, un rato después, volvió a cambiar de lugar con Lynex: el que estaba con el 1 pasó al mediocampo y el que quería gritar un gol, ahora trataría de evitar que se lo gritasen a él.

Con tantas modificaciones, los jugadores del Shrewsbury Town parecieron marearse y terminaron perdiendo 5 a 2, a pesar de la ventaja de enfrentar a dos arqueros sin ningún tipo de experiencia en esa posición. Leicester City, que contaba con Gary Lineker entre sus filas, pasó a la siguiente ronda, donde caerían frente al Tottenham Hotspur.

Publicado originalmente con más gracia (?) por Miguel Molina y Vedia en La Redó

Desde lejos no se ve

Oscar Passet y Juan Simón, comienzos de los 90. Lo que hoy nos puede parecer una malla ridícula, en su momento fue lo más top de la playa. Pero ojo, que no solamente ha cambiado la vestimenta de los futbolistas. También han cambiado sus usos y costumbres. También cambiado sus físicos.

Lo que hoy nos puede parecer el torso esmirriado y peludo de un jubilado, en su momento fue el cuerpo de un defensor respetado. Y lo que hoy nos puede parecer un ex arquero usando lentes de ver de lejos, en su momento fue ¡un arquero usando lentes de ver de lejos! ¡Hijo de puta! Hay cosas que no cambian.