Fuera de Stock: La Muerte Súbita

En su poco creíble afán por convertir el fútbol en un deporte más justo, a mediados de los 90 la FIFA introdujo, por intermedio de la International Football Association Board, una variante reglamentaria que reducía las probabilidades de los penales en aquellos partidos que terminaban empatados. La Muerte Súbita, luego denominada Gol de Oro, duró una década. Aquí el recuerdo: 

El fútbol había tenido su pico de aburrimiento en el Mundial de Italia. Partidos chatos, sin situaciones, nadie arriesgaba. Para colmo, no sólo había que bancarse los 90 minutos habituales, sino que también había que soportar el tedioso alargue y los penales. Demasiado, para que el héroe del partido terminara siendo un arquero. Había que hacer algo, ¿pero qué? 

Una pequeña modificación en el reglamento fue lo que intentó salvarnos: si alguien marcaba un tanto en la prórroga, se terminaba el partido. Sonaba bien, era algo nuevo. Muerte Súbita, dijo la FIFA, y todos compramos. Y así empezó la cosa.  

Fue en 1993 que la regla craneada en las altas esferas del fútbol internacional comenzó a tener vigencia, más específicamente en el Mundial Sub 20 de Australia, aquel del que Argentina no participó por estar sancionada tras su bochornoso papel en Portugal 1991. 

Por esa razón, por estas tierras recién le dimos importancia en el primer duelo entre clubes que contó oficialmente con esa nueva modalidad: la semifinal de la Copa de Oro Nicolás Leoz entre Boca y San Pablo de Brasil.

El Xeneize, que había ganado 1 a 0 en la Bombonera, no pudo aguantar el resultado y cayó 1 a 0 en el Pacaembú. En consecuencia, la cosa se resolvió en el tiempo reglamentario, ya que en el primer minuto del alargue el Manteca Martínez definió en el borde del área chica y le dio a Boca el pasaje a la final para tan prestigioso torneo internacional (?). 

Otros héroes nacionales de la Muerte Súbita fueron el Cuqui Silvani, definiendo el superclásico de la Copa Centenario; y Renato Riggio, dándole el ascenso a Instituto de Córdoba.
 
El de Oliver Bierhoff a la República Checa fue el primer Gol de Oro que cobró notoriedad. Y no era para menos, ya que se produjo en la final de la Eurocopa de Inglaterra ’96. El zurdazo, la floja respuesta del arquero Petr Kouba y el gesto alocado del alemán, quedarán por siempre en el recuerdo de aquella reglamentación. 

 

La Muerte Súbita en la Copa del Mundo 
El novedoso método de desempate no fue implementado en USA ’94, pero sí en los dos mundiales siguientes. Y podemos decir que Francia fue el gran benefiado, ya que un Gol de Oro le permitió seguir avanzando, en 1998, hasta conseguir el título en su propia casa. En uno de los partidos más chivos que tuvo, en Octavos de Final, necesitó del golpe letal de Laurent Blanc a los 113 minutos para vencer a Chilavert y a la férrea defensa paraguaya. 

Después de aquella épica definición, los franceses le tomaron el gustito y también ganaron la Euro 2000 por esa vía. Primero, eliminaron a los portugueses en semis con un penal de Zinedine Zidane a los 117 minutos. Luego, vencieron en la final a Italia gracias al Gol de Oro de David Trezeguet. Como si fuera poco, en 2003 Thierry Henry le dio la Copa de las Confederaciones a Les Bleus gracias a La Muerte Súbita, que por aquel entonces hacía rato que no se llamaba más de esa manera, aunque en ese caso hubiese estado bien, porque fue el último de la historia. 

 
En el Mundial de Corea – Japón 2002 también hubo goles de oro. Henri Camara le dio el triunfo a la simpática y sorprendente selección de Senegal en los Octavos de Final, ante Suecia. Y en esa misma instancia, el coreano Ahn Jung-Hwan mandó a casa a los italianos con un tanto que le costó el trabajo, ya que el presidente del Perugia, club donde militaba el delantero, lo felicitó de una manera un poco extraña (?): «No voy a pagar el salario a un hombre que ha sido la ruina del fútbol italiano«

La muerte súbita del Gol de Oro 

En 2004 la International Football Association Board decidió eliminar la regla de La Muerte Súbita, ya que Camerún no la había entendido bien no había mejorado el juego en absoluto. Por el contrario, los equipos tenían miedo a perder en el alargue y preferían ir directamente a los penales. Hubo otro intento fallido, denominado Gol de Plata (en caso de un tanto en la prórroga, se seguía jugando hasta el final del período), pero la cosa no prosperó y murió en la Euro de Portugal. 

Fue así como el fútbol volvió a ser el de siempre y Francia volvió a ser Francia (?).

Sarmiento Uhlsport copia de Dinamarca Hummel (1991)

Habían pasado cinco abriles desde el Mundial de México ’86. Pero la memoria del futbolero argentino se negaba a dejar de lado cosas que, con el transcurso del tiempo, se volverían inolvidables, como la victoria frente a Inglaterra, los relatos de Mauro Viale Víctor Hugo Morales, la Copa del Mundo en manos del Diego. Y, también, la camiseta de Dinamarca. Por su diseño y estilo iban a pasar varios años hasta que se viera algo igual. Exactamente, pasaron cinco años.

Sarmiento de Junín utilizó esta camiseta en su regreso a la Primera B (temporada 1991/92). El modelo presentado por Uhlsport copiaba todo del que habían utilizado Michael Laudrup, Morten Olsen y Elkjær Larsen en tierras aztecas: en la parte derecha, líneas finitas; la mitad izquierda, de un solo color; las mangas, lo mismo pero al revés (?) y hasta el escote en V tenían similitudes con la ropa hecha por Hummel para la cita mundialista. Prácticamente, era la casaca de los daneses pero en versión verde. Algo así.

Eso sí: mientras de un lado estaba la marca de la indumentaria, del otro no estaba el escudo, sino un parche con la publicidad de “Andi”. Por lo menos en algo se tenía que notar la humildad del ascenso.

Combinado de Rosario 3 – Argentina 1 (1974)

Dice el mito que allá por los años 70’s había un jugador que la rompía con la camiseta de Central Córdoba. Que la gente iba a la cancha a verlo a él. Que, teniendo la posibilidad de pasar a equipos mucho más grandes, siempre eligió quedarse en su club, en su barrio. Que una noche, esa leyenda brilló más que cualquier otra estrella. Y que, avergonzado de semejante baile, el director técnico del equipo rival le pidió a su colega que lo remplazara.

Tomás Felipe Carlovich fue el único jugador del Charrua que disputó el amistoso entre el Combinado de Rosario y la Selección Argentina el 17 de abril de 1974, cuando faltaban dos meses para el inicio de la Copa del Mundo. El resto de sus compañeros jugaban en Newell’s y Central. Ese equipo formó con Biasutto; González (Rebbotaro), Pavoni, Capurro, Mario Killer; Aimar, Carlovich (Berta), Zanabria; Robles (Carril), Obberti (Aricó) y Kempes. Por el lado de la albiceleste, Vladislao Cap alistó a: Santoro; Wolff, Togneri, Sá , Tarantini; Brindisi (Squeo), Telch, Aldo Pedro Poy; Houseman (Cocco), Potente (Cano) y Bertoni (Chazarreta).

En un colmado Parque de la Independencia, los rosarinos festejaron los goles de González, Obberti y Kempes (en la imagen, convirtiendo de cabeza el último tanto de los locales), mientras que Poy puso el definitivo 3 a 1. Curioso caso el del Matador, que unos días después se incorporaría a la Selección, pero esa noche decidió jugar del otro lado, ya que, según sus palabras, no se sentía dentro de los 22 que iban a ir a Alemania. Finalmente, fue convocado para ese certamen y jugó dos mundiales más. Pero esa jornada, la figura llevaba el número 5. Y fue esa noche, ni antes ni después, que el mito se hizo realidad.

Chilavert a River (1996)

Si bien el paraguayo sonó varias veces como refuerzo de River, nunca pudo ponerse los colores del Millonario (en realidad, llegó a entrenar con Menotti como técnico en 1988, pero el pase se cayó). A fines de 1995 hubo un nuevo intento de La Banda por contratar al arquero, que hasta posó con su camiseta en una jugada tapa de El Gráfico que nunca vería la luz. La tarde del 28 de diciembre de aquel año Chila decía: “Para mí es importantísimo que se haga el pase. Llegaría en un momento muy bueno de mi carrera”.

Unos días antes habían empezado las tratativas con Vélez Sarsfield. Los de Liniers empezaron pidiendo 3.500.000 dólares, los de Nuñez Belgrano contraofertaron 1.500.000. Parecía que todo moría ahí, pero Dávicce y Pintado volvieron a la carga ofreciendo más de dos palitos. Vélez también bajó un poco, aunque no se movió de los 3.000.000 verdes. Así fue como la operación nunca se concretó y River siguió teniendo a Chila de verdugo.

Deformaciones: Nueva Zelanda (1982)


Casi sin tradición futbolera, los All Whites (sí, se re jugaron con el nombre) sorprendieron cuando, contra todos los pronósticos, obtuvieron de forma angustiante su pasaje al Mundial de España 1982. En las eliminatorias asiáticas/oceánicas, dejaron en el camino al gran candidato, Australia, y pasaron a la etapa final, donde debían cruzarse con Kuwait, China y Arabia Saudita para definir los dos representantes en el torneo más importante del fútbol.

Con un solo triunfo, tres empates y una derrota, Nueva Zelanda llegó a la última fecha con la obligación de golear a Arabia Saudita como visitante para soñar con la clasificación. Finalmente, en lo que se conoció como El Milagro Kiwi en Riad, obtuvo un sufrido 5 a 0 e igualó a China en el segundo lugar de la tabla de posiciones. En consecuencia, hubo un duelo mano a mano en Singapur para conocer al acompañante de Kuwait. El ajustado 2 a 1 obtenido días después de la navidad de 1981, puso a los oceánicos de cabeza en el Mundial.

«Estuvimos aguantando ante 60 mil espectadores, de los que todos eran chinos a excepción de unos 500 neozelandeses», comentó alguna vez Steve Sumner, el mediocampista goleador de aquel equipo -y el segundo artillero en la historia de esa selección-, que luego sería el encargado de convertir el primer tanto de Nueva Zelanda en España. «China acortó distancias a falta de diez minutos y nosotros simplemente aguantamos el resultado, pero al concluir el partido fue una sensación fabulosa». ¿Cómo se dice «silencio atroz» en chino?

Sin grandes figuras a nivel internacional y con un plantel compuesto por un mix de veteranos y jóvenes semiprofesionales, los kiwis llegaron a Europa con el objetivo de hacer un campeonato lo más digno posible. Compartiendo grupo con Brasil, la Unión Soviética y Escocia, llegar a la segunda ronda tenía casi el mismo gusto que consagrarse campeón.

Durante el debut en Málaga, el 15 de junio ante Escocia, se vio la mejor versión de los All Whites. Los neozelandeses marcaron dos goles… pero recibieron cinco. Cuatro días más tarde, también en La Rosaleda, la Unión Soviética les dio otra paliza: 3 a 0 contundente.

Ya sin chances de nada, Brasil le aplicó la fatality sin ninguna contemplación. Fue 4 a 0 con dos de Zico, Falcão y Serginho.

Nueva Zelanda se despidió del Mundial anteúltima, sin puntos, con apenas 2 tantos a favor y 12 en contra.