Roberto Daniel Rosa
Historias de argentinos que sin debutar en la máxima división lograron una transferencia al fútbol europeo hay muchas. Pero son pocos los que, siendo verdaderos desconocidos en nuestro país, lograron vestir los colores de un club enorme como el Barcelona, aunque fuera nomás por pocos días.
En agosto de 1998, los medios españoles fueron a cubrir el arribo de dos futbolistas extranjeros que reforzarían las filas del Barça. Uno llegaba a préstamo desde Vélez Sársfield, era marcador central y se llamaba Mauricio Pellegrino. El otro también era zaguero, zurdo, de 21 años, aunque un tanto ignoto. Acreditaba un pasado en Chacarita Juniors, pero acá no se tenían muchas referencias.
Obviamente que no tardaron mucho en mandarlo a la filial, el Barcelona B…donde se cayeron varias caretas, como describió en su momento el diario Mundo Deportivo:
Nadie se percató de su presencia hasta que pasó la pertinente revisión médica. De la misma manera fugaz que apareció, desapareció. Ya no formó parte de la primera convocatoria de Josep María Gonzalvo. El técnico explicó que era «por molestia en un gemelo». Desconocía la verdad. Sabía que estaba renqueante por una antigua lesión, aunque no conocía el alcance exacto de la misma. A principio de septiembre se enteró.
EL ORIGEN
El problema de Rosa arranca en el Chacarita, equipo de un barrio muy conocido de Buenos Aires por su cementerio. Entonces, a mediados de julio cayó lesionado y los médicos de su club le diagnosticaron una rotura fibrilar, aplicándole el tratamiento específico para recuperarle de esa lesión. Un mes más tarde aterrizaba en la Ciudad Condal para fichar y jugar en el Barça B.
Dos días después de llegar (y de pasar la revisión médica), intentó correr y no pudo. No sólo estaba sin fondo físico (no pasaría una posterior prueba de esfuerzos), sino que la pierna no le funcionaba. Entonces los servicios médicos del FC Barcelona se pusieron manos a la obra.
La primera prueba no detectó ninguna rotura fibrilar ni una fibrosis producto de una lesión de este tipo, tal como quedaba reflejado en el informe que trajo desde Argentina. La luz de alarma se encendió en Can Barça.
El segundo examen fue ya bastante esclarecedor, pues reflejó la existencia de una mancha de sangre interna. El resultado de la siguiente prueba fue definitivo: Rosa sufría una fractura de peroné . La verdadera lesión había sido detectada…al cabo de mes y medio.
La recuperación no fue sencilla. En vez de dos meses, tardó cuatro. Cuando se puso a tono, el equipo ya estaba armado y la temporada encarando el tramo final. Apenas si pudo disputar 4 partidos, en los que ligó una tarjeta roja. Muy poco.
Su carrera, por supuesto, no pudo tomar vuelo con semejante antecedente. Supimos luego que añadió experiencias en el under español, con las camisetas del Masnou y el Vista Alegre (2009/2010). Paradojas de la vida, porque alguien tuvo que hacer la vista gorda para que se fuera a curar al Barcelona. Curar, sí, con una sola R.










