Fabio Héctor Zárate (Huevacho / Wilkins)
Presentado por la revista Súper Fútbol como un pibe que apuntaba para crack, Fabio Zárate se moría por debutar en la Primera de Lanús y dejar bien parado a su terruño, Pilar, en la Provincia de Córdoba: «estoy como representando al pueblo, no hay ningún jugador en un equipo de AFA que sea oriundo de Pilar; Si Dios quiere, podré llegar a ser el primero que juegue en Primera y espero que sea en el transcurso de este 1991«.
Con 20 años, había pasado por las inferiores de Talleres de Córdoba sin demasiada suerte y jugaba en la Reserva granate con una autoexigencia para nada saludable y quizás algo de presión familiar: «ya me siento en condiciones de debutar en la Primera División, cuando el técnico así lo disponga; sería la culminación de un buen año y es una alegría que le quiero dar a mi viejo, que tanto me alienta y a quien espero poder responderle y no defraudarlo. Quiero que puedan llegar a tener la tranquilidad económica que se merecen«.
Finalmente pudo subir al plantel superior bajo la tutela de Miguel Ángel Russo en el Nacional B, pero al verse tapado por otros delanteros volvió a Córdoba para sumarse a Talleres. Con la casaca albiazul debutó el 5 de abril de 1992, en el empate 1 a 1 ante Racing, con goles de FFF y Cosme Zaccanti. Su baldoseridad estaba asegurada.
En su primer partido como titular, ante Vélez, lo expulsaron. En su segundo encuentro desde el arranque, metió 2 goles que sirvieron para ganarle a Huracán en Parque Patricios. Para ese entonces aquel título que decía «apunta para crack» parecía tener fundamento. Pero la cosa se fue desinflando. Durante 1992 anotó algunos goles más, generando una fugaz idolatría entre los tallarines (ya sabemos que en la T tienen de ídolo a cualquiera), pero al año siguiente jugó 11 partidos más en la A y no convirtió, colaborando bastante con el descenso. Una vez en el Nacional B, apenas disputó otros 9 cotejos, donde marcó en 2 oportunidades. En total, sumó 44 presencias y 7 tantos, aunque algunos dicen que fueron sólo 6.
¿Qué le pasó después? Vaya uno a saber. Dio algunas señales de vida en Aldosivi (1996/97, 18 partidos y 2 goles) y Godoy Cruz (1997/98, mismas cifras que en el Tiburón), pero no mucho más. Tanto su nombre como sus maravillosos apodos y su melena rulienta desaparecieron rápidamente de los primeros planos y hace poco supimos que terminó siendo genio y figura en el club Defensores de Pilar. Allí incluso jugó para el equipo de veteranos y trabajó con las inferiores. Hoy tiene una escuela de fútbol que lleva su nombre.








