
Envalentonados por su tristísimo paso por Racing Club, algunos hinchas insisten en que Erwin Ávalos tendría que haber jugado en otra posición que no sea la de delantero que erra goles imposibles, otros predican que su profesión no era el fútbol, y otros más radicalizados, creen que el paraguayo con aspecto de vietnamita no debería haber nacido.
Pero el fútbol guaraní es especial, y en su tierra Erwin es poco menos que Dios. Nuevamente en Cerro Porteño después de haberse baldoseado la vida en Avellaneda, el atacante se reencontró con el gol y las buenas actuaciones, bajo la dirección técnica de Pedro Troglio.
Es más, ahora el paraguayo es un jugador completo y no sólo convierte goles, sino que también los evita (en su propia valla, en el área rival lo viene haciendo hace rato). Prueba de esto fue el 29 de octubre de 2008 ante Libertad, cuando tuvo que ir al arco por la expulsión de Roberto «Gatito» Fernández, a los 35 minutos del segundo tiempo con el partido 3 a 0 a favor del conjunto azulgrana. Un instante antes Peter había agotado los cambios y un jugador de campo tuvo que agarrar el fierro caliente con un tiro libre de peligro en contra.
El remate de Osvaldo Martínez fue a parar al fondo de la red ante la atenta mirada de Erwin que poco pudo hacer para evitarlo. En los minutos restantes, el jugador más puteado de la temporada 2007/2008 atenazó un balón contra el pecho, y realizó tres saques de arco, gracias a que sus compañeros tapaban toda intención de remate al arco por parte del rival.
Sin embargo, lo más bizarro bajaba desde las tribunas de La Olla, «Este es un arquero de selección» entonaba contenta la hinchada de Cerro Porteño, mientras Ávalos, pulgar en alto, retribuía el cariño de la gente.
(Gracias Nano de Turdera)






