
Cervia, Italia, 2004. Maradona Friend’s.

Cervia, Italia, 2004. Maradona Friend’s.


Matías Rubén Argüello
Alguna vez fue señalado como un proyecto más que interesante de las divisiones inferiores de River Plate, y no es para menos. No por nada, en 1996, se daba el gusto de posar al lado de otros pibes del semillero millonario que pintaban para cracks como René Lima (Gimnasia LP), Rubens Sambueza (Flamengo), Germán Lux (Mallorca), D11os (FC Moscú), Adrián Romero (Real Potosí), Juan Pablo Carrizo (Lazio), Andres D’Alessandro (Internacional de Porto Alegre), Federico Almerares (el único que hizo crack), Juan Carlos Menseguez (San Lorenzo), Maximiliano Capobianco (San Miguel), Lucas Mareque (Independiente), Gastón Fernández (Estudiantes LP), Osmar Ferreyra (FC Dnipro Dnipropetrovsk) y Javier Mascherano (Liverpool).
Pasaron 12 años desde aquella fotografía, y en su gran mayoría los presentes hilvanaron una carrera más que digna. Pero siempre hay excepciones, y la historia del defensor central Matías Argüello es una de ellas.
Nacido en la tierra del gatopán en 1984, a los 12 años arribó a Capital Federal para probar suerte en las juveniles de… Boca Juniors, donde solo permaneció una temporada.
En 1997, se mudó a Figueroa Alcorta y Udaondo, para defender los colores de River Plate. Cuatro años más tarde, en 2001, fue convocado por Hugo Tocalli para el mundial sub 17 disputado en Trinidad y Tobago. Allí compartió plantel con tipos consagrados como Carlos Tévez, Pablo Zabaleta y Gonzalo Rodríguez, además de próceres baldoseros como Lucas Correa, Mauro Fanari y el arquero goleador Santiago Abete.
En 2002, Ramón Díaz lo subió al plantel profesional, lo llevó a la pretemporada, y hasta lo mandó a la cancha en un amistoso internacional contra las Chivas de Guadalajara en Houston, partido que tendría que haberse jugado en septiembre del año anterior, pero que había sido suspendido por el atentado a las Torres Gemelas.
A la hora de pegar el salto definitivo, después de tomar impulso, se estampó de lleno contra la pared. Se estancó en Reserva y fue dejado en libertad de acción.
Sin hacerse demasiado problema, pegó la vuelta a la competitiva liga casildense, que lo volvería a ubicar en la vidriera del fútbol mundial. Así fue que en octubre de 2006 se sumó al Sporting Genzano, un particular conjunto del ascenso italiano con fuerte presencia argentina donde en las últimas temporadas han desfilado baldoseros de exportación como el Loco Muslera y Exequiel Marini.



No nos cansamos de decir que Talleres de Córdoba es el equipo más bizarro en cuanto a indumentaria. Tuvo miles de mamarachos producto de proveedores retrasados, utileros desprolijos y otras yerbas no determinadas. En la foto vemos al Pelado Oscar Dertycia con una camiseta sin marca y un parche azul que simulaba el clásico diseño de Gimnasia y Esgrima La Plata. Las pantalones y las medias Penalty sirvieron para completar un conjunto que hizo las delicias de los tallarines en la era pre-Olan.
Corría el año 1990 cuando en la típica sección «¿En qué andan ustedes?» de la revista El Gráfico un Ernesto Grillo casi retirado de la dirección técnica contaba que mientras gozaba de sus últimos meses en el fútbol se esperanzaba con la carrera de su hijo. «Mi pibe acaba de recibir el telegrama de Boca comunicándole que le van a hacer el primer contrato profesional. Es wing izquierdo y ojalá que tenga aunque sea un poco de la suerte que tuvo el padre», afirmó en aquella oportunidad el autor del inolvidable gol imposible.
No se sabe a ciencia cierta por qué el vástago de una gloria de Independiente como Grillo no triunfó. Quizás haya sido el peso del apellido lo que le jugó en contra. Tal vez sus propias condiciones lo limitaron. Nunca lo sabremos.
De su paso por Boca no hay demasiados datos y tampoco fue fácil rastrearlo porque en aquel artículo de El Gráfico jamás escribieron su nombre. Sí, el hijo de Grillo. ¿Pero cómo se llama? Tal vez sea el mismo (Pablo Ernesto) que unos años más tarde estudió en la Escuela Oficial de Directores Técnicos de Fútbol de Avellaneda y se recibió compartiendo su camada, la de 1999/2000, junto a Fabio Costas, Adrián Janín, Claudio Zacarías y Norberto «Ruso» Verea. Un destino bastante alejado de aquel primitivo deseo de su padre.