El tren del terror

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Promediaban los 80’s y un par de jóvenes sin demasiadas esperanzas en el fútbol logran escapar del campo de concentración en plena madrugada. Saltear los controles de seguridad tuvo sus complicaciones. Carlos Tapia salió casi intacto, con su joggin gris y la revista 7 Días en la mano. Su compañero Comitas, en cambio, sufrió la rotura total de sus prendas por parte de los perros asesinos que custodiaban las rejas electrificadas.

Jugados y concientes de que ya no podrían volver, se subieron de polizontes al primer tren que vieron pasar, con tanta mala suerte que abordaron el vagón de carga que llevaba todo tipo de animales. Antes de dirigirse al sector de pasajeros, un Comas tiritante por el frío tuvo un momento de lucidez y le dijo a su socio de huída: «Chino, esperame adentro que en un rato voy«.

A los 10 minutos apareció el hombre de Paraná, con su clásico corte de pelo y un sweater blanco de fabricación artesanal. «¡No sabés lo que me costó esquilar a esa oveja malparida!«, le dijo a su azorado compinche.

Ivanovic Flavio

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Flavio Jorge Ivanovic

Cargó con el estigma de ser el hermano menos famoso de una familia futbolera. El tema es que no es el hermano de Guillermo Barros Schelotto, ni de Claudio Husaín, ni de Hermes Desio y mucho menos de Claudio Spontón. La vida quiso que sea reconocido por ser el Ivanovic malo, aunque este último calificativo hoy genere desconcierto: ¿Había un Ivanovic bueno?

Flavio, hermano mayor de Amilcar, arrancó en Platense en 1985 pero ante las pocas posibilidades de mostrarse como un centrodelantero interesante pasó a préstamo a Acassuso (1985/86), donde se curtió en la dura Primera D. Una temporada más tarde retornó a Primera División con la breve excursión de Temperley (1986/87) que terminó con la pérdida de la categoría. Con 9 partidos, un gol y un digno bigote que merece todo nuestro respeto, llamó la atención de Platense, que lo hizo retornar en la 1988/89 para redondear una triste estadística de 6 partidos y ningún tanto con la camiseta del Calamar.

Aturdido de no dar pie con bola, bajó al Nacional B para unirse al glorioso Atlanta (1990/91) de Montes, Chumba, Spotorno, Ereros, Ragg, Hrabina, Claudio Martinez, Ozán, Carrasco, Mattis y Renato Corsi. ¿Cómo terminó ese experimento? Mal, por supuesto. El Bohemio fue protagonista de un escándalo que derivó en una quita de puntos y cayó a la Primera B sin derecho a esbozar ningún reclamo.

Además de haber choreado un tiempo en Canadá, en las filas del Toronto Internacional, también se lo reconoce por ser un ilustre ex alumno del Comercial de San Isidro (como Claudio Marangoni) e incluso se puede encontrar un libro de su autoría en la Biblioteca Central de la Universidad de Belgrano.

Este año lo ubicamos en un torneo de veteranos de San Fernando. Viste los colores del equipo «Brujas» y aparece en la tabla de goleadores con 5 tantos, detrás de los jugadores Fumaroni y Piedra. Nada más que añadir, su Señoría.

San Lorenzo Nanque 1989

El modelo, que respetaba el diseño de la época (babero azul y bastones cortados), sólo fue visto en algunos partidos de 1989. Toda una curiosidad, Nanque vistiendo a San Lorenzo de Almagro. El conjunto, además, se completaba con unas medias en un tono más oscuro que contrastaban claramente con la camiseta.

Talleres 0 – Bulgaria 0

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El 27 de abril de 1979 se produjeron 2 hechos importantes para la historia de Talleres de Córdoba. Esa noche debutó con la camiseta albiazul el Conejo Tarantini, nada más y nada menos que ante la selección búlgara. El encuentro disputado en el Chateau Carreras culminó 0 a 0 y según cuentan las crónicas fue de trámite parejo.

(Gracias gabi_talleres)