
Darío Gabriel Silenzi
Su apellido lo predispuso a tener una vida sin ruido y con muy pocas nueces. Su carrera tenue, más bien apagada, se fue encontrando con obstáculos que lo enmudecieron por completo. Los técnicos autoritarios le negaron la palabra, los compañeros engreídos lo callaron sin demasiadas explicaciones y hasta los sifones de soda se vaciaron para decirle «shhhhhh». Silenzi no tuvo chances de hacerse escuchar. Y de triunfar ni hablar.
Su estreno en la Primera División de Estudiantes de La Plata se produjo en la más absoluta reserva. Entró por Leo Ramos en un partido del Apertura ’96 que el Pincha le ganaba a Huracán por 4 a 0 en la ciudad de las diagonales. Lo curioso es que en muy pocos minutos el Globo logró descontar en 2 ocasiones, aprovechándose del juvenil defensor. Lo más sencillo hubiese sido echarle la culpa al debutante, pero nadie se percató de su existencia. Ese día Silvano Maciel hizo mucho más anecdótica la reacción de la visita cuando puso, de penal, el definitivo 5 a 2.
Con sigilo, por supuesto, también actuó en Germinal de Rawson y en equipos de la liga platense como Everton. Su obligado perfil bajo lo llevó a la más absoluta indeferencia. Es más, quizás sea un asiduo visitante de este blog y no lo advertimos porque está acostumbrado a hacer mutis por el foro.






