El Negro juega al ahorcado

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¿Se dieron cuenta? No hay colores llamativos ni dibujos extraños. Todo bastante sobrio, como la carrera de Fernando Cáceres. Pero hay algo que salta a la vista y que no podemos obviar. El cinto nunca (jamás de los jamases) puede estar a 5 centímetros del bolsillo de la camisa.
La sonrisa forzada lo dice todo: estaba conteniendo la respiración.

Juan Pordiosero

Valencia 1 – Argentina 1

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La previa al mundial de 1990 dejó varios encuentros anecdóticos en el camino de nuestra selección nacional. El 25 de mayo de aquel año, a menos de un mes de instalarse en Italia, el equipo de Bilardo se midió en el estadio Luis Casanovas ante el Valencia español. Aquel día, unas 25.000 personas presenciaron en directo el 1 a 1. La albiceleste formó aquel día con Pumpido; Simón, Ruggeri, Fabbri, Olarticoechea; Lorenzo, Batista, Troglio, Burruchaga; Maradona y Caniggia. Los goles fueron marcados por Cuxart, para el local y Dezotti, quien había ingresado en el complemento, al igual que Basualdo, Sensini y Balbo.

Chelo

Weber Mauricio

Mauricio Enrique Weber Texeira
Delantero uruguayo de buenos antecedentes en inferiores e improductivo paso por el fútbol profesional. Como si fuera poco, supo rapiñar con la camiseta de Instituto de Córdoba, ganando así sus consabidos segundos de gloria que, a decir verdad, si los hubiésemos cronometrado no nos hubiera dado la velocidad del pulgar para darle stop a tiempo.
Surgido en el modesto Atlanta de Young, pasó por la selección del pueblo y luego de marcar muchos goles en la Quinta de Nacional de Montevideo, se hizo hombrecito cuando debutó en Primera con la camiseta de Rentistas (2000/2004).
El 2005 fue su año. Un día le dieron un folleto de Buquebus, vio que le alcanzaba para el pasaje y se mandó para la Argentina.
No se sabe si los goles los perdió en el Eladia Isabel o si los extravió en el trayecto Buenos Aires-Córdoba. La realidad es que Weber hizo poco y nada en Instituto. En 5 partidos (sólo 2 como titular) no pudo convertir y encima lo ponían casi siempre de local (fuera de la Docta sólo le tocó jugar en la cancha de Arsenal). Asqueado de tomar mate con Pilipauskas, Deivis Barone y Josemir Lujambio, se despidió de Sanchírico, Cobo y Maxi Ayala para regresar al fúbol charrúa.
Así fue como recaló en Rampla Juniors y prometió darle alegrías a Ricardo Espalter, Víctor Hugo Morales y a Natalia Oreiro, reconocidos picapiedras. Cuando le explicaron que las alegrías a Naty sólo podía dárselas con goles, se sintió engañado y empezó a maquinar la idea de mandarse a mudar. A principios de 2006 firmó para el Santiago Morning de Chile, donde no hizo demasiado (sólo se le recuerda un tanto al Huachipato).
Extraño fue cuando, teniendo ya sobre sus hombros un historial para robarla tranquilamente en otra liga sudamericana, regresó al pequeño Atlanta de Young para jugar por el chivito y la Pilsen.
En 2007 se incorporó, junto al argentino Walter Gigena y al charrúa Daniel Cardozo, al Victoria de Honduras, un equipo que había tenido mala suerte con los extranjeros. Ellos se metieron rápidamente a la gente en el bolsillo y en ese contexto Weber se agrandó y declaró en la previa de un partido importante: «Dentro de la cancha somos once contra once y ahí es donde se miran los verdaderos hombres. A Motagua no le tenemos miedo«. Como para tenerle miedo a un equipo que se llama Motagua. ¡De-ja-te de jo-der!

Juan Pordiosero

Cuca 2008

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Envalentonado por la racha positiva en el torneo carioca, y ante la falta de arqueros (el uruguayo Castillo en su país, los suplentes Marcos Leandro y Roger lesionados y el juvenil Renan en la sub 19 brasileña), el técnico del Botafogo, Alexi Stivel, más conocido como Cuca no tuvo problemas a la hora de calzarse los guantes y pelotear durante un buen rato con Lúcio Flávio. Un hecho poco frecuente en el fútbol actual que deja por sentado que los buenos resultados todo lo pueden.

KeyserSoze