
Flavio Juan Frangella
Morbosos, sarcásticos y corrosivos, los entrenadores lo llevaban al banco de suplentes por el simple hecho de regocijarse con esa exclamación que partía desde las tribunas en la misma frecuencia: «¡Poné a Frangella, la puta que te parió!«. La hiriente frase no pedía el ingreso del pobre arquero y tampoco ponía en tela de juicio las decisiones del DT. El grito de guerra sólo era un guiño al popular programa de TV. Y los técnicos de turno lo sabían perfectamente.
Por esa razón y principalmente porque delante tenía a César Velázquez y a Cubito Cáceres, el bueno de Frangella sólo disputó 1 encuentro en Primera División, pese a que había resistido malos momentos en Nueva Chicago y además le había puesto el pecho a las balas cuando tuvo que ingresar por Jesús ante la expulsion de su colega paraguayo, en el consagratorio y emotivo partido ante Instituto de Córdoba que le dio el ascenso al Torito en la temporada 2000/01 .
Nada de eso importó. Una vez en la máxima categoría, sus chances se achicaron. Su momento cumbre lo vivió el 18 de agosto de 2001, cuando el conjunto de Mataderos enfrentó a San Lorenzo de Almagro en cancha de Ferro. Frangella no tuvo una buena actuación, se comió 3 goles y como si fuera poco, uno fue convertido por Félix Benito.
Después se bancó el freezer hasta la finalización del Clausura ’02, cuando partió con un rumbo bien definido: juntar billetes en el ascenso español.
Desde entonces ha volado de palo a palo en el Extremadura (2002 a 2004), Don Benito (2005), Figueres (2005/06) y Cerro Reyes (2006/07).
Bien lejos de la crítica realidad argentina, también supera inconvenientes día a día, por supuesto. Ha llorado por una expulsión injusta, tuvo la desgracia de cruzarse con Lucas Gatti y hasta descendió a tercera (4º categoría) siendo suplente y gracias a un gol en contra de su compatriota Pablo Paz.
Pero hay algo que allí, en el perfumado under europeo, lo deja realmente tranquilo: el alivio de saber que si alguien pide con un alarido su presencia como titular, se debe a un mero gusto futbolístico y no a un irónico, burlón e innecesario juego de palabras.
Juan Pordiosero