
Pablo Alberto Bocco
“En mi país es muy común que desde muy pequeños los niños se interesen por el futbol y así sucedió conmigo”. Con esa frase Pablo Bocco intentó explicar, en una de sus tantas notas en el exterior, el motivo que lo llevó a elegir su profesión. Siguiendo esa lógica, el 95% de la población masculina de la Argentina se hubiese dedicado a lo mismo. Pero la realidad indica que sólo unos pocos logran desarrollarse en la actividad profesional después de los típicos pasos de la niñez.
Este delantero de olvidada trayectoria por estos pagos tuvo algo más para ser futbolista: un particular olfato. ¿Para marcar goles? Sí, pero siempre alejado de los grandes acontecimientos.
Cuando los tuvo que hacer con la camiseta de Belgrano de Córdoba (1993 a 1996), no apareció. En 55 partidos oficiales en el Pirata sólo marcó en una oportunidad (también hizo uno ante Mandiyú por la Copa Centenario). Es verdad que la mayoría de las veces actuó un puñado de minutos, ingresando desde el banco. Pero haber peleado el puesto con el Tano Spallina y al Perro Arbarello tampoco era un escollo imposible de superar.
Obstinado y luchador pero deficiente a la hora de definir, su juego junto al Luifa Artime no colaboró para evitar el descenso al Nacional B. Allí también defendió la divisa celeste en la temporada 1996/97, aunque con menos participación. Sólo 5 encuentros y 1 gol.
Luego, por sugerencia de un representante, llegaría al ascenso mexicano, donde lograría algo de reconocimiento gracias a sus rachas positivas, siempre mitigadas con sequías desesperantes.
Primero anduvo por la Real Sociedad de Zacatecas (1997 a 2000) y a continuación en el Toros Neza (2000/01), donde perdió una final con el Atlante y tuvo que quedarse en la Primera A (segunda división). Su carrera, irregular por cierto, continuó en los Leones de Zacatepec (2001/02) y tuvo un regreso a este país cuando jugó para Estudiantes de Río Cuarto en el Torneo Argentino A.
Tiempo después pegó otro salto internacional cuando desembarcó en el Motagua de Honduras (2002/03), equipo que no se salvó de sufrir la amnesia goleadora del atacante. El tema escapó de los límites del terreno de juego y un periodista incisivo, conocedor de la costumbre del ex Belgrano (que había prometido 9 goles en el torneo), fue directo al grano. Y recibió una respuesta diplomática.
-¿Qué pasa con los goles?
– Creo que en el departamento que más adolecemos es la parte ofensiva. Todos tenemos cosas que perder y ganar y aquí los jugadores responsables de anotar somos los delanteros. A nosotros se nos están complicando las cosas. Yo soy quizás uno de los que más está perdiendo porque la directiva apostó mucho por mí, mi trayectoria indica que siempre fui el goleador del equipo y ahora no lo estoy haciendo, pero bueno, lo tomo con toda la tranquilidad posible y con la responsabilidad que me corresponde.
Se ve que a los directivos el departamento que más le adolecía era el de 2 ambientes que le estaban alquilando al argentino, porque al terminar la temporada lo dejaron ir con sus correctas excusas a otra parte.
Dos años en el Támpico Madero de México (2005 a 2007) le sacaron las ganas de seguir deambulando por el norte y a medidados de este año recaló en el Deportivo Roca de Río Negro para seguir haciendo goles (según él, lo que mejor hace) junto al ex Platense Gustavo Guevara y al arquero paraguayo César Velázquez.
Juan Pordiosero