
Ernesto Mariano Chirumbolo
Desde el vamos tenía todo para no triunfar. Hijo de un wing derecho que había baldoseado en Atlanta en la década del 70, cargó con ese estigma familiar y trató, en vano, de reivindicar ese fabuloso apellido que da gracia por el simple hecho de pronunciarlo o de confundirlo con un chirimbolo.
Nacido el 3 de febrero de 1982 en Capital Federal, se inició como delantero en las inferiores de Vélez Sársfield y llegó a Primera División en un momento histórico para el fútbol argentino.
Su recordado debut se produjo el 27 de diciembre de 2001, jornada en la que Racing Club se consagraría campeón después de 35 años, jugando ante El Fortín, en Liniers.
Marianito, ajeno a la fiesta que se se venía preparando, ingresó por Roberto Nanni a los 22 minutos del segundo tiempo y 10′ más tarde aprovechó un error de Martín Vitali para colocar el 1 a 1 que ponía La Academia de cara a su mayor temor, una nueva frustración. Durante un largo rato y hasta que Gabriel Brazenas dio el pitazo final, el pibe de Vélez que lucía la camiseta 35 (si, justo ese número) fue el malvado invitado y uno de los candidatos a morir linchado por La Guardia Imperial. Por suerte eso no ocurrió, pero que la posibilidad de que Racing postergara una vez más su sueño haya estado pendiente de un jugador llamado Chirumbolo habla del interminable drama con tintes de comedia que vive el club Avellaneda.
Al año siguiente el pibe de apellido gracioso no tuvo la continuidad esperada y sólo disputó 5 encuentros por el torneo local y 4 por la Libertadores.
Su suerte no cambió en la temporada 2003/04, donde sólo jugó 3 cotejos oficiales y luego, ante las nulas posibilidades ofrecidas por el técnico Fanesi, se marchó a préstamo a la B Nacional para actuar en Atlético Rafaela (2004/05), donde apenas fue titular en 3 partidos y entró desde el banco en otros 5. Las pobres estadísticas guardan relación con un hecho desafortunado, claro. En la 6º fecha del Apertura ’04 sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda y quedó al margen de las canchas durante 7 meses, lo que posibilitó la llegada del atacante Marclay.
En enero de 2006 cayó en Almagro junto a Maxi Flotta y pudo recordar lo que significa hacer un gol, aún teniendo por delante al Beto Yaqué y a Pablo Vacaría. Pero su paso fue de discreto a insignificante y en junio cambió de aire.
Ferro Carril Oeste lo recibió junto a Migliardi, Simone, Akerman, Cuberas y otros actores de reparto para el Apertura de ese año. Entre todos redondearon un semestre irregular pero individualmente Chirumbolo se destacó…para mal. Según el sitio Pasión Verdolaga, el ex Vélez pasó a la historia en un partido ante Platense por ser el protagonista del «peor penal pateado por un ser humano vivo«. Con la llegada de 2007 quedó en libertad de acción y desde hace 9 meses se desconoce su paradero. Tenemos miedo de que ya esté pateando penales para otro equipo.
Juan Pordiosero






