Sala Darío

Darío Alberto Sala

Este hombre tenía un sueño: Ser soldado y servir al país. Así fue que de chico hizo la escuela militar, se graduó en el Liceo General Paz, alcanzó el rango de Teniente en el ejercito, estudió abogacía y vendió churros en la cancha. ¿Como llegó al fútbol entonces? Es una historia interesante, con muchas vueltas.
Sin haber hecho deportes en su infancia, lo mas cercano que estuvo de la redonda fue vendiendo churros en partidos de la liga cordobesa y según él mismo cuenta, cuando jugaba era porque llevaba la pelota.
En la adolescencia empezó a practicar deportes, pero lo atrapó el handball, con el que incluso participó de seleccionados juveniles. Cuando tenía 18 años se cruzó con el fútbol y para conseguir tragos gratis le apostaba a jugadores profesionales que les podía atajar tiros desde afuera del área. Alguien le vio condiciones y lo llevó a San Lorenzo, su primera parada en el ambiente.
Allí fue entrenado por Chocolate Baley, que le enseñó los trucos del puesto relacionándolos con problemas de física. Al tiempo quiso volverse a su Córdoba natal y pasó por Talleres y Racing antes de caer en Belgrano, en 1996. Tres años comiendo banco detrás de Ragg, con un ascenso incluido, le dejaron al menos la satisfacción de jugar dos partidos en la máxima categoría, en 1998. Un año más tarde volvió a Buenos Aires para actuar en Los Andes, donde formó parte de una histórica campaña que terminó con el pasaje a Primera División. En el Milrayitas logró notoriedad al estar 8 partidos con la valla invicta. Eso sumado a buenas actuaciones (la rompió en el tramo final) hicieron que River lo incorpore a mediados de 2000, algo que él mismo dice que fue «como pasar de manejar un auto viejo a que te den las llaves del Ferrari de Schumacher«. Doce partidos entre Copa Mercosur, Libertadores y amistosos no fueron suficientes para él (era suplente de Bonano), que quería continuidad y así fue como lo prestaron a Independiente, donde estuvo entre 2001 y 2002. En esa época conoció a su futura esposa, que sería importante en el desarrollo de su carrera.
Dos temporadas en el Rojo y la imposibilidad de renovar por tercera vez su préstamo lo hicieron dejar por primera vez el país y unirse en condición de cedido al Deportivo Cali de Colombia. En esa tierra tampoco le fue mal: fue elegido el mejor arquero de la liga y el mejor extranjero de la competencia. Como si fuera poco, también fue el portero con menos goles en contra en la Libertadores 2003. En esa misma temporada vivió algo terrible: en una práctica un rayo cayó en medio del campo matando a 2 compañeros de equipo.
A pesar del mal momento, sus buenas actuaciones hicieron que el club quisiese comprar su pase definitivamente pero el bueno de Darío pensó en su mujer estadounidense y no quiso que ella viviese en un país tan peligroso.
Para poder elegir su destino y dejar de depender de terceros, ambos decidieron comprar el pase con sus ahorros. Así fue como firmó con Newell’s (2003) y arrancó con todas las ganas para recuperar el brillo perdido, aunque no se pudo consolidar por la sorpresiva aparición del controvertido Luciano Palos. Todo terminó en diciembre de ese año cuando su entrenador, el Bambino Veira, le aclaró el panorama y después declaró «Sala habló conmigo y le expliqué que hoy no tenía lugar en el equipo porque Palos estaba pasando por un buen momento y él no está para seguir esperando. Es un arquero que hace mucho tiempo que está en primera división y necesita atajar en otro equipo. Por eso le dije que me parecía bien que se buscara club«.
Fue así como recaló en México para defender a Jaguares, en 2004, siendo el único jugador de ese club que integró el equipo All-Star de la temporada.
Ese mismo año estuvo probándose en New York Metrostars, y cuando parecía que la promesa a su esposa de ir a vivir a Estados Unidos se cumplía, lo tentaron nuevamente de Newell’s y estuvo allí en la primera parte de 2005. Con Justo Villar por delante, las posibilidades de jugar fueron nulas y en el Apertura eligió irse a Arsenal de Sarandi para reemplazar a Limia, el histórico arquero del Viaducto.
La gente no lo aguantó y después de un par de partidos rescindió su contrato y apareció finalmente una oportunidad para probarse en FC Dallas de la liga yanqui.
En su nuevo destino firmó el contrato más bajo y aceptó ser tratado como juvenil, en lo que él señala como «el momento mas humillante en mi carrera«. Finalmente quedó como parte del equipo y tras una primera temporada con poca participación, este 2006 lo tuvo como una pieza importante disputando todos los partidos con el numero 48 en la espalda y vendiendo humo diciendo cosas como «Vengo a traer gloria a FC Dallas, ese es mi objetivo principal y el de cada uno en el vestuario. Queremos traer un campeonato a este club. Es todo lo que nos importa»
Esta es la extraña carrera de Darío, un arquero regular que supo hacer publicidades de Taller Elías, ComCell y Uhlsport, y cuyo sueño de ser soldado quedó como recuerdo en alguna vieja Sala de la casa de su madre.

Pastor

Barthez 2001

Las giras de los grandes equipos europeos por países asiáticos suelen dar para todo. Incluso para que los arqueros se diviertan un rato. Eso ocurrió con Fabien Barthez, el portero del Manchester United, que en un amistoso, en junio de 2001, ante un conjunto de Singapur pidió jugar de delantero. El entrenador Alex Ferguson, cansado del berretín del francés, lo hizo ingresar vestido de jugador de campo cuando faltaban 8 minutos para que terminara el encuentro que tenía a los ingleses ganadores con un 7 a 1 parcial.
Si bien el pelado no convirtió, estuvo en cancha cuando lograron el octavo y último tanto. Y sí, Fabien se dio el gustito.

Juan Pordiosero (Gracias Polaco)

Huracán Envión medias adidas

La llegada de Envión al fútbol argentino tuvo algunos desperfectos propios de una marca que no tenía experiencia en el mercado, pese a que se trataba de la continuación barata y local de la internacional adidas.
Equipos como Chacarita, Aldosivi y el mismísimo Huracán (foto), usaron en 1999 los nuevos conjuntos de Envión (en el caso del Globo, dos casacas titulares y una alternativa) pero con el pequeño detalle de las medias, que eran las genéricas de la marca alemana.
Recién unas cuantas semanas mas tarde a alguien se le ocurrió que era más coherente usar todo de la misma firma.

Juan Pordiosero

Favaro Eduardo

Eduardo Jorge Favaro
Delantero uruguayo nacido en 1963 que tuvo un paso por Argentina que sólo los estadistas del fútbol y su familia deben recordar.
Si bien realizó buena parte de su carrera en los 80’s y no encajaría en los parámetros de este sitio, el punta recaló por acá en los primeros años de la década del ’90 y tuvo una breve participación.
Pero previo a ello, pasó por Nacional (1985) donde compartió plantel con figuras charrúas como Aguirregaray, Pintos Saldaña, Tony Gómez y Pedro Barrios, entre otros.
Posteriormente jugó en Bella Vista y luego pasó por el Liverpool (1989-1990). Allí cerró un capítulo a nivel local y decidió salir al exterior.
Así fue que apareció en Argentinos Juniors para disputar el Clausura de 1991 junto a Osvaldo Coloccini, Mac Allister, Mogrovejo, Vidal González, Trapasso, Cagna y Patricio Hernández. Pero prácticamete no jugó (sólo 2 partidos) y sus apariciones fueron a cuentagotas, no obstante un gol a Platense en la cuarta fecha le alcanzó para aparecer en la foto.
El Bicho quedó en el antepenúltimo puesto, pero la buena producción del Apertura le fue suficiente para entrar en la liguilla Pre Libertadores, donde caería en primera ronda ante Boca Juniors.
Cabizbajo retornó a su país y finalizó su trayectoria pasando por Defensor Sporting (1992) y retornando al Liverpool, junto a Barbat, Barilko y Correa.

Cucu

Que vuelva

Para que de una vez por todas se entienda que la Cruzada Sergio Vázquez no es joda, adjuntamos un artículo publicado en septiembre de 1998 por la revista rosarina El Contestador. Allí, en la prehistoria de lo que luego sería nuestra campaña, el colega Marcelo Mogetta exponía de muy buena manera el concepto de «cuidar a los bigotudos». Hoy, con Ricardo Rocha retirado, pedimos por el regreso de tan varonil tendencia.

Gracias al autor de la nota por cedernos gentilmente el recorte y esperemos que esta evocación refuerce aún más el deseo de los futbolistas por volver a las fuentes.

Nota: 1 y 2.

Loscri Diego

Diego Adrián Loscri (El Cebolla)
La imagen es elocuente. Casi como atracción de circo, encerrado y maniatado en los confines de un destino opaco y apartado de la gente que lo idolatra, Diego Loscri cosechó admiradores en Racing pero por esas cosas de la profesión tuvo que salir a mostrar su talento fuera de los límites de Avellaneda.
Chiquito, escurridizo y habilidoso, nació en Barracas el 22 de abril de 1977 y cinco años más tarde llegó al baby fútbol de La Academia. Allí se formó y se consolidó como un enganche a tener en cuenta. Su debut en Primera División se produjo en 1999, cuando apresurar a los pibes de las inferiores parecía la solución del mal momento futbolístico. Igual, al Cebolla lo apuraba el calendario. Con casi 22 años necesitaba despegar. Tuvo en contra dos lesiones que lo postergaron: una fractura en el peroné de su pierna derecha y la rotura de los ligamentos de un tobillo. Se las arregló como pudo y con la confianza del Pampa Jorge logró sumar varios partidos (en su puesto tuvo a otros por delante, como Sixto Peralta, Vicente Principiano y Maxi Zanello).
Fanático del ciclo «Todo por $2» y de Racing, se dio un gusto por partida doble cuando integró el plantel campeón del Apertura 2001 que hizo festejar a Diego Capusotto. Con pocas chances de ser titular, permaneció en el club (51 partidos, 1 gol) hasta marzo de 2003, cuando fue cedido al The Strongest de Bolivia, con la mínima esperanza de que allí pudiera jugar la Copa Libertadores (los Tigres tenían que pasar a la segunda ronda). No se dio esa oportunidad y tuvo que conformarse con disputar la liga local. Y parece que anduvo bien, porque los dirigentes bolivianos quisieron renovarle el préstamo por 6 meses más. Eso si, no tuvieron en cuenta que Racing pedía 200 mil dólares y el bueno de Cebolla quedó varado hasta diciembre de 2003, cuando apareció el Guaraní de Brasil y se lo llevó para que haga buenas migas con otro argentino, Leonel Liberman.
Aunque no le fue para nada bien (se fue al descenso, tuvo inconvenientes para cobrar y vio pasar 8 entrenadores), medio año en el fútbol brasileño le dio el handicap suficiente para saltar a Europa. Asi que no tuvo problemas para firmar con el Castellón, de la Segunda División B de España (2004/05). Allí ilusionó a sus hinchas a su llegada porque desde los medios se había dicho que era un jugador de notable calidad. Sin embargo, su hábitat fue el banco de suplentes hasta que, casi a final de temporada, llegó un nuevo entrenador y le dio más protagonismo. Él, agradecido, le devolvió la gentileza marcando un gol que clasificó al equipo a los play-off de la competición. Todo cerró de la mejor manera cuando el equipo albinegro ascendió a la Segunda A.
¿Y Loscri? Fue ninguneado como pocos, no se le renovó el contrato y al día de hoy sigue con paradero desconocido, quizás con el pase en su poder y esperando que aparezca un club que le de buenas condiciones de laburo.

Juan Pordiosero