Los Hermanos Yáñez
Los
Laudrup de Escalada. Esmirriados atacantes de vasta trayectoria en el ascenso que no pudieron dejar una marca consistente en la elite de nuestro fútbol cuando tuvieron la pequeña posibilidad de hacerlo.

Damián Gustavo Yáñez
El mayor y el más prolífico. Delantero en sus comienzos y volante ofensivo después, se inició en Talleres de Remedios de Escalada, donde conoció el rigor del Nacional B, gracias al técnico Norberto D’Angelo, que lo promocionó en 1990. Allí, en su segunda casa, estuvo hasta 1994, cuando pasó a All Boys junto a su hermano Diego. En Floresta dejó la puerta abierta para retornar varios años después, con mucha más experiencia. A la temporada siguiente pasó a Chacarita (1995/96) y a pesar de que se trataba de una institución importante nadie imaginó que de ahí saltaría al fútbol grande.
Su carrera tomó ribetes inesperados cuando increíblemente Racing incorporó a los dos Yáñez, quizás con la intención de que se convirtieran en los futuros Barros Schelotto. Por supuesto que eso no ocurrió. La actuación de ambos fue breve, por no decir insignificante, aunque Damián se dio un gustito. Tuvo su momento de gloria en la decimocuarta fecha del Torneo Clausura 1997, cuando convirtió su único gol en la Primera División, en un partido de noche ante el Deportivo Español y fue tapa del Diario Olé al día siguiente. Se recuerda la conquista de cabeza en la primera pelota que tocó (el partido estaba chivo y La Academia no podía abrir el marcador) y el correspondiente festejo a lo Bebeto, típico de una persona que está esperando un bebé en la familia.
Luego peregrinó por el fútbol chileno, una tierra bastante generosa a la hora de recibir futbolistas argentinos. Jugó en Cobreloa (1997/98) y luego en Temuco (1998/99). Regresó con cierta chapa y se puso los colores de Defensa y Justicia (1999/2000) en la B Nacional. Su anunciada vuelta a All Boys (2000/02) no fue la mejor. El equipo perdió la categoría y se tuvo que conformar con jugar otra vez en la Primera B. Resignado, quiso subir con el Deportivo Morón (2002) pero no pudo. Armó el bolso y cruzó la cordillera de vuelta para actuar en el Cobresal de Chile (2003). Continuó con su aventura sudamericana en el Aurora de Bolivia, donde incluso disputó la Copa Sudamericana de 2004 y coronó su pasaporte con una participación en la Copa Libertadores con el Olmedo de Ecuador (2005), junto a sus compatriotas Juan Manuel Zandoná, Fernando Rodríguez y Vicente Principiano.
A mediados del año pasado regresó al club de sus amores pero por esas circunstancias que ligan a la violencia con el fútbol, tuvo un percance que quizás lo hizo arrepentir de su vuelta al fútbol argentino. En febrero de 2006, Talleres visitaba a San Telmo por una nueva jornada de la Primera B, cuando la parcialidad local comenzó a tirar piedras sobre la reducida parcialidad del conjunto de Escalada. Varios proyectiles cayeron sobre la humanidad de Yáñez que, al querer huír, fue agredido y cayó desde la parte superior de la platea, sufriendo varias heridas. El infome médico determinó que el futbolista presentó traumatismo de cráneo sin pérdida de conocimiento, con una herida cortante de tres centímetros en la región occipital, una herida cortante de 1 centímetro en arco superciliar derecho y escoriaciones en ambas rodillas.
Hoy sigue en el equipo (incluso hace goles) y comparte el plantel con grossos como Lino Billordo y Hernán Ricotta.

Diego Yáñez
La pose de hombre asaltado que adoptó para la foto de la revista El Gráfico fue en realidad un presagio del gesto que muchos hinchas de Racing practicaron cuando lo vieron entrenar. Evidentemente no tenía nivel para jugar en Primera División. Pero por esa insana costumbre en los 90’s de comprar todo lo que andaba revoloteando, el hermano menor de los Yáñez cayó en el paquete. Y no solo eso, sino que además le ganó de mano a su hermano y se incorporó primero, en 1995, cuando la gestión de Otero y Lalín auspició la llegada de refuerzos por doquier, como Bernardo Ragg, Ricardo Echazú, Walter Viqueira, Mariano Armentano y el Twetty Carrario, entre otros. Nunca jugó en La Academia y la tuvo que luchar en el ascenso, su hábitat natural.
Antes y después de su frustrante paso por Racing actuó en Talleres de Remedios de Escalada e incluso vistió los colores de Barracas Central (1999/2000), en la Primera C.
Juan Pordiosero