Zanetti a River 1994

Javier Adelmar Zanetti a River. 1994
El Pupi brillaba en Banfield y los equipos grandes compraban todo lo que daba vueltas. En ese entonces Davicce pretendió ceder a Silvani más un millón de dólares por el pase. Zanetti salteó un paso y se incorporó directamente al Inter de Milán donde hoy es el capitán.

Cucu

Alvarado 1994

Durante los 90’s varios fueron los esfuerzos por revivir el fútbol de Mar del Plata. Algunos solventados por proyectos serios y otros no tanto. A fines de 1993, la empresa Telemarket se hizo cargo del fútbol de Alvarado y puso a uno de sus representantes, César Luis Menotti, como coordinador. El Flaco se encargó de designar a su mano derecha, Cayetano Rodríguez, como director técnico del equipo marplatense que de golpe se iría llenando de refuerzos . Llegaron jugadores como Silvio Rudman, Juan Barbas, Germán Cáceres, Hugo Musladini, la Rata Rodríguez y el uruguayo Obdulio Trasante (campeón de América con Peñarol).
De movida todo parecía ir bien, sobre todo después de ganar un torneo amistoso en el que participaron el Yokohama Marinos de Japón (con Zapata y Ramón Díaz) y Newell’s Old Boys (se especuló hasta último momento con la presencia de Maradona pero no jugó). Pero después, en la dura realidad del fútbol del interior, todo se hizo más difícil. El equipo, que generalmente jugaba de noche en el Estadio Mundialista y convocaba mucha gente, decepcionó cuando quedó eliminado en la segunda fase del Torneo Regional 1993/94.
El arquero de ese inolvidable conjunto, el gran Néstor Lo Tártaro, declaró alguna vez: «Era un equipazo. Hubo tipos como Hugo Jenkins y el Flaco Menotti que nos estafaron. El único que dió la cara fue Eduardo Metzguer. Nadie nos había dicho que para cobrar teníamos que ganar. Lo que le hicieron a Barbitas fue inadmisible«.
Juan Pordiosero

Monarriz Diego

Diego Oscar Monarriz
Volante surgido de San Lorenzo de Almagro (1987-1992) con gran similitud física al actor Luis Machín, conocido por su «tapa a grrosca» y pasos en Son Amores, Felicidades, Padre Coraje y Montecristo.
Si bien permaneció durante varios años en los planteles superiores azulgranas, jamás tuvo demasiado lugar y debió permanecer a las sombras habiendo sido promesa por su juego atrevido y gambeta corta. Sus últimas apariciones fueron de la mano del «Nano» Areán dejando un saldo de 36 partidos jugados y 1 gol.
Según un sitio web, habría tenido un paso por el Rangers de Sudáfrica y por el fútbol mexicano, datos que no se lograron comprobar. En cambio, sí que jugó en Belgrano de Córdoba (1995), aunque esto es sólo una forma de decir, ya que participó en apenas 4 encuentros.
Ya para 1997 recaló en El Porvenir donde se convertiría en un baluarte. Se vistió de albinegro hasta el 2001 ascendiendo al Nacional B y compartiendo vestuarios con Garrafa Sánchez, Dubra, Raúl Antenor García, Lago Estalote, Forestello, Colliard, Cinto y Aróstegui, entre otros.
Jugando allí tuvo una bizarra historia. Además de asemejarse al personaje televisivo antes mencionado, tuvo su lado artístico mientras realizaba el precalentamiento en un partido ante Arsenal. El entrenador Leonardo Madelón lo mandó a alistarse para ingresar y mientras alongaba vio un micrófono y se puso a cantar. «Creía que estaba desenchufado», pero por varios segundos salió al aire por Radio Rivadavia. Le cortó su sueño un agitado productor que bajó corriendo desde la cabina a avisarle que estaba siendo escuchado por miles de oyentes.
Retirado de la actividad encontró una buena opción, ser director técnico de divisiones inferiores de San Lorenzo, donde trabajó junto a Juan Barbas y Gabriel Rodríguez y llegó a dirigir la reserva. Y tuvo suerte, porque en el 2006 pasó a entrenar divisiones juveniles de River Plate.

Cucu

Gallego José

José Francisco Gallego
El apellido que le tocó por herencia no fue otra cosa que una invitación para probarse en las filas del Deportivo Español, la institución que le dio la oportunidad de hacerse mínimamente conocido. En realidad la fama efímera se la concedió la revista El Gráfico, cuando en noviembre de 1997 lo convocó para una producción fotográfica en la que el jugador debía mostrar su dorsal, el 40, por aquel entonces el número más alto en la historia del fútbol argentino. Igual, él estaba chocho con su camiseta. «Creo que por ahí otro no me hubiera gustado tanto«, declaró el pibe.
Como recién se había inaugurado el sistema de numeración que eliminaba la tradición del 1 a 11, los futbolistas tenían para elegir, siempre y cuando respetaran el límite de dos dígitos (tampoco se podía usar el 00). El utilero de Español se lo tomó muy a pecho e incentivó a sus muchachos para que se divirtieran con la elección. Así fue como Carrario se quedó con la 1, Gustavo Dalsasso con la 2, Juan Martín Parodi con la 6, el Pepe Basualdo con la 9, Sandro Guzmán con la 10, Wilson Nuñez con la 34, Sebastián Fuentes con la 38 y José Gallego con la 40. El muchacho de la foto no llegó a debutar pero integró ese bizarro plantel que quedó para la posteridad.

Juan Pordiosero

Saca la mano Antonio…

Siempre creímos que Uruguay era una especie de «provincia» nuestra, por su aproximación, similitud del dialecto y hasta la idiosincracia…pero parece que no es tan así, al menos para Antonio Alzamendi.
Es que el delantero abusó del uso de chinelas de concentración con medias, más conocidas como Adilets. La moda cambió y en la actualidad se utilizan las famosas havaianas con cualquier tipo de ropa, pero en esa época no, y menos de ese estilo.
Para colmo las combinó con un jogging de ciré y para decorar la fotografía, agregó a su familia que parecen sacados de un capítulo de Chespirito.
Lo único rescatable del charrúa fue la bondad para con sus hijos en vestirlos iguales sin ser mellizos y no privilegiando a uno sobre el otro.

Cucu

Romanello Gustavo

Gustavo Luis Romanello
Extraordinaria y desprestigiada trayectoria la de este delantero rosarino nacido en 1972 que recorrió práticamente todo el continente y jugó en clubes increíbles.
En 1991 hizo su aparición en Argentinos Juniors, época en la que a cada juvenil había que seguirlo de cerca porque posiblemente la iba a romper. Pero este no fue el caso, y luego de estar una temporada apartado de las grandes luces, bajó de categoría para jugar en Villa Dálmine (1992-1993).
Apenas una campaña le bastó para buscar un nuevo destino. Luego pasó por Defensores de Belgrano (1993-1994) y posteriormente por Deportivo Italiano (1994-1995). Finalizada esa temporada, emigró para nunca más volver.
Su primer desembarco fue en México, en el exótico Inter de Tijuana, donde duró poco tiempo. Ese mismo proceso se repitió en el fabuloso Montreal Impact de Canadá (1996) y en el curioso Rochester Rhinos de alguna división yanqui, fundado ese mismo año.
Con el inicio de una nueva temporada llegó otro club. Esta vez unos kilómetros más abajo, en el Marathon de Honduras. Claro, allí también estuvo poco, ya que a mitad de 1997 pasó a formar parte del plantel del mítico Deportivo Vida de ese mismo país.
Allí fue «una muerte» y terminó repartiendo su talento entre Bolivia y Venezuela. En esas tierras se hizo un nombre y reiteró el estilo deambulador. De hecho se la pasó yendo y viniendo. El año 1998 lo hizo jugando para Oriente Petrolero y en 1999 jugó la Copa Libertadores con el Deportivo Táchira , haciendo dupla delantera con el argentino Diego Herrera.
Luego recaló en en el que sería su amado Unión Central de Tarija donde llegaría a formar una cooperativa con los compañeros para poder cobrar. Con ese equipo tuvo el primero de sus cuatro perídos en 1999 y el segundo en 2002. En el medio defendió los colores del Marical Braun (2000) y de los venezolanos Deportivo Italchacao (2000) y Estudiantes de Mérida (2001), junto a Emerson Panigutti.
Increíblemente regresó a Unión y a los seis meses interrumpió su estadía con un semestre en Gimnasia y Tiro de Salta (2002).
De nuevo en Bolivia, se alejó del conjunto de Tarija y en 2004 se vistió con la camiseta del Aurora en compañía de Julio César Valdivieso y Leandro Grech. Dejó un gran recuerdo no tanto en lo futbolístico sino en lo disciplinario.
En un partido en el que el Bolívar les empató agónicamente, el Pelado corrió al juez de línea y lo frenó en seco con un pechazo para luego gritarle y empujarlo. El árbitro lo expulsó y él atinó a manotearle la tarjeta, pero como no pudo, le metió la mano en el bolsillo y le robó la lapicera. Finalmente y luego de forcejear y agredir a policías, se fue hasta las cámaras de televisión para gritar que los árbitros habían recibido un soborno. Fue preso y horas después de concluído el partido, salió de la celda que compartió con «hampones y cacos» según el sitio Bolivia.com y pidió disculpas y aseguró que las horas detenido le servirían de enseñanza.
Empecinado, al año siguiente retornó a Unión, en dónde curiosamente fue arquero suplente en un juego. «Después de tantas idas y venidas decidí radicarme en Tarija, porque me casé con una tarijeña y tengo una hija maravillosa, que se llama Bianca. Yo estoy nacionalizado y mi futuro está en esta tierra, pese a que el fútbol es el peor de los que estuve por culpa de los dirigentes, y a que extraño a mi familia que está radicada en San Nicolás«.
Sin embargo no fue todo tan así, porque se volvió a ir. Pasó por Universitario de Sucre (2005) y Destroyers (2006) con Luiz Sampaio y Murilo Casagrande.
Cerca del retiro tiene un claro objetivo: «tal vez, me postule como presidente de Unión Central«.

Cucu