Daniel Alejandro Stremiz (El Zorro)
Nacido en Cruz Alta, la frontera entre Córdoba y Santa Fe, entendió que Renato Cesarini podría ser el lugar adecuado para formarse como jugador y pegar el salto a primera división. Antes lo había hecho en su ciudad en el Newberton, que actualmente se separó y son dos clubes diferentes, Newbery y Everton.
Se unió a esa institución donde hizo las veces de volante ofensivo o enganche. Si bien soñó con una posibilidad de Newell’s o Central, increíblemente quedó en River Plate, pero nunca jugó. Por ello desembarcó en Gimnasia y Esgrima de La Plata por la relación que tenía su anterior club rosarino con los entrenadores Ramaciotti y Sbrissa.
En 1993, justo el año de su debut, consiguió algo que con el tiempo tomaría mayor importancia: ser campeón con el Lobo de la Copa Centenario. De ese plantel, vale recordar a aquellos que quedaron en el olvido como Darío Ortiz, Pablo Talarico, Jorge Gregorutti, Fernando Galetti, José Montelongo, Joaquín Saffores y Hugo Zwenger, entre otros.
Sin embargo, jamás pudo afianzarse en los mens sana a pesar de permanecer hasta 1996. Justamente ese año tenía todas las ilusiones de romperla, pero la llegada de Márcico le quitó protagonismo y Griguol no le dio la continuidad necesaria como para demostrar sus condiciones.
Fueron 31 partidos en total y dejó el club. Lo quiso Quilmes, pero recaló en Los Andes donde participó de 23 juegos y marcó 2 goles.
Ya con 30 años se retiró jugando para el Antofagasta de Chile, aunque en el medio volvió a Gimnasia, al menos a entrenar.
Extrañamente viajó a Europa para probar suerte y realmente se le dio, ya que terminó siendo mozo y encargado del restaurante «El Gaucho» en Milán, propiedad de Javier Zanetti, Andrés Guglielminpietro y Nelson Vivas.
A partir de ello tomó notoriedad, colaboró en la Fundación PUPI y hasta participó en esos amistosos de verano en los que las figuras del pueblo hacen algo a beneficio. Allí se encontró en más de una vez con Demichelis, Berizzo, Vojvoda y los hermanos Hernán y Darío Franco.
Hoy, y a pesar de que la foto muestre lo contrario, es un «buen mozo».
Cucu