Valentín Hilario Filippini
Que un jugador haya perdido la titularidad por la aparición de unas inoportunas paperas, habla a las claras de la «bizarrez» que acompaña a algunas personas hasta debajo de la cama.
En este caso en particular, sus nombres, además, lo condenaron a ser un item singular en el tradicional repaso de cualquier formación.
Identificable desde lejos por su pelada prolijamente cuidada, este carrilero por izquierda llegó a
Newell’s desde su Paraguay natal para el Apertura 2000 y luego de una temporada con participación mesurada (con gol a Lanús incluido) desapareció casi por absoluto.
El «casi» se lo debe al fútbol paraguayo, que lo cobijó nuevamente y le dio la chance de ser titular durante los útimos años. En Rosario hizo un culto del perfil bajo, jugando poco (fue hasta suplente de Neicer Reasco) y hablando menos, en un plantel que tenía a Diego Luque, Sergio Almirón, Diego Quintana y Sebastián Cobelli como relevos constantes. Lo curioso es que resignó el puesto cuando aún tenía chances de renovar el contrato, por culpa de unas paperas desubicadas que le hicieron perder los últimos dos partidos del torneo Clausura de 2001 (en su reemplazo, tomó la posta Leonardo Ponzio). En mayo de ese año, se lo había mencionado como posible refuerzo del Levante de España pero incluso él mismo se sorprendió y dijo no saber nada del tema, aunque reconocía su ilusión «
porque jugar en Europa sería un gran paso para la carrera de uno«.
Pero el paso lo dio hacia atrás, y en lugar de evolucionar futbolísticamente, regresó al club de sus inicios,
Guaraní, que le dio la chance de actuar con algo mas de regularidad. Hoy continúa en ese equipo del fútbol paraguayo, junto al ex jugador de Racing, Hernán Barcos.
Juan Pordiosero