Barbosa Joel

barbosajoel.JPG

Joel Enrique Barbosa
Con nombre de volante portugués, fue en sus inicios el típico juvenil del Boca Juniors multicampeón que cuando le tocaba ingresar no sólo cumplía sino que a su vez mostraba interesantes rendimientos. Sin embargo, cuando debía dar el salto y asumir la gran responsabilidad, mostraba flaquezas. En esa misma línea podrían ubicarse Cristian Muñoz, Pablo Jerez, César González, Gustavo Pinto, Omar Pérez, Alfredo Moreno, Matías Arce, Julio Marchant, Fernando Navas, Esteban Herrera, Cristian Giménez y Emanuel Ruíz, entre otros.
De todas formas, este lateral derecho o primer marcador central llegó a integrar selecciones juveniles argentinas.
Nacido el 15 de enero de 1983, siempre sufrió la ausencia de amigos en sus cumpleaños por estar en vacaciones y eso lo hizo más fuerte, a tal punto de llegar a jugar en la primera división de uno de los clubes más grandes del mundo con tan sólo 19 años.
Su estreno oficial fue en el 2001 en una inesperada derrota ante Almagro. Esa tarde ingresó en el segundo tiempo en reemplazo del José María Calvo. Precisamente por la presencia del «Pampa» y de Hugo Ibarra, fue que Barbosa nunca tuvo la cantidad de minutos que esperaba y luego de tres años sin continuidad, dejó el club con un total de 26 partidos jugados y sin goles.
Entre medio, disputó uno de los pocos mundiales Sub 20 en el que Argentina no salió campeón. Fue en el 2003 donde tuvo algunos compañeros como Eberto, Mauricio Romero, Colace, Gorostegui y Germán Herrera, entre otros.
En el 2004 pasó a prestamo a Almagro donde disputó 17 partidos en el Apertura y 12 en el Clausura, marcando 1 sólo gol ante Lanús. El grupo humano era muy bueno, pero el rendimiento deportivo no fue el esperado y el descenso se dio por decantación. Así fue que Irigoytía, Baigorria, Homero Sartori, Culio, Mauro Navas y Maxi Castano dejaron de verse cotidianamente.
Con 55 partidos en la A, el jugador volvió a su provincia en busca de un equipo protagonista y si bien lo hizo en la segunda categoría del fútbol argentino, la propuesta de Talleres (2005-2007) no la podía desechar, aún siendo fanático de Belgrano.
En el albiazul tuvo muchos minutos en cancha, pero la campaña fue muy irregular. El equipo se había armado para ser candidato y si bien tuvo chances en el clausura, el objetivo de subir quedó muy lejos y para colmo cayeron en los dos clásicos frente al Pirata.
No obstante continuó en el club, pero a la larga sería una mala descisión. El rendimiento de la T fue impresentable. Plagado de importantes valores para la divisional como Lautaro Trullet, Malagueño, Drangojevich, Claudio González, Garay, Ceballos y Piriz Alvez, finalizó último y por alguna casualidad no terminó jugando el Torneo Argentino A.
Pero al margen de todo, hay un dato que no es menor. Joel lleva el apellido de su madre ya que según el confesó, «mi papá no me reconoció». Y ese es ni más ni menos que Enrique Nieto, ex entrenador de Belgrano. Lamentable.

Cucu

Acosta Miguel Ángel

acostamiguelangel1.jpg

Miguel Ángel Acosta
Central paraguayo que pasó de marcar a Robbie Keane a rasparse el alma en el torneo Argentino A, con cinco temporadas de diferencia.
Se inició en el Sportivo Luqueño de su país y poco a poco fue armando un frondoso currículum. En 1995 recaló en Colo Colo de Chile, donde prácticamente no jugó y tiempo más tarde volvería a intentar en su tierra con los colores de Olimpia. Un paso por el Cruz Azul de México y una vuelta a Luqueño en 1999 lo hicieron más conocido y por eso Talleres de Córdoba lo inscribió cablegráficamente. Como era de suponer, la negociación fue puro humo, (una costumbre en la Docta).
Esa misma temporada se quedó en la puerta de la Copa América que vio errar tres penales a Martín Palermo, por una lesión en el tobillo. También conoció Guatemala tras un breve paso por el Deportivo Municipal.
En 2000 firmó su baldoseridad cuando estuvo a prueba en el Racing de Gustavo Costas, junto a Gabriel Lobos y Eduardo Fuentes, pero ninguno fue tenido en cuenta.
Debido a la lesión de Gustavo Falaschi en la Academia, casi disputa un amistoso veraniego ante Boca en Mar del Plata.
Después desapareció. Pasaron tres largos años hasta que se lo volvió a ver del otro lado de la Cordillera defendiendo los colores de Puerto Montt (2003) durante 19 encuentros, al lado de José Luis Campi.
Al año siguiente recaló en Coquimbo Unido (2004) y para el segundo semestre retornó a tierras guatemaltecas para conocer a Diego Latorre y Dwight «el Portaviones» Pezzarosi en Comunicaciones (2004/2005).
En 2005 pegó la vuelta a Argentina, ya no para probarse en un club de Primera, sino en uno acorde a su nivel. Fue así que en el Torneo Argentino transpiró la camiseta de Sportivo Patria de Formosa.
Ya en el epílogo de su carrera regresó a Paraguay para jugar en Guaraníy General Caballero.
Ni lerdo ni perezoso, no desperdició su único momento de fama y entre 1997 y 1999 disputó 8 partidos con la selección mayor paraguaya.

Marcelo (especial de Selajugaron.com)

Let’s Spend the Night Together

En aquel momento sonaban los hits del disco Steel Wheels. Faltaban dos años para que se editase Flashpoint y Roon Wood ya no aguantaba más. Cansado, agobiado y fastidiado por el acoso de sus fans, se refugió en un hotel ecuatoriano y haciéndose pasar por un argentino grasa se dispuso a cargar un termo con el whisky más caro que hubiese detrás de la barra. En el camino, se cruzó con algunos jugadores de Racing que lo gastaron: «¡Attadía chupamedias!, ¿Otra vez haciéndole mandados a Basile?«.
El Flaco Lamadrid (linda camisa y alpargatas amarillas), el Pato Fillol (¡Qué peinado!) y Horacio Cordero jamás se enteraron que ese señor de remera rayada, malla horrible, medias de toalla y zapatillas atadas a los tobillos era un impostor. O mejor dicho, el guitarrista de los Rolling Stones.

(Click en la foto para agrandar)

Juan Pordiosero (Gracias Lita)

Wise Evans

Evans Wise
Típico producto de la CONCACAF, estuvo en la Argentina durante algunas semanas pero nadie lo notó. Eso sucedió en enero de 1998, cuando hizo una pretemporada en Tandil con el plantel de Gimnasia y Esgrima La Plata.
Nacido en Trinidad y Tobago, se inició en el club local Culture United y luego de una experiencia en el SG Egelsbach de Alemania (1995/96) pasó al fútbol de los Estados Unidos, donde vistió los colores del Tampa Bay Mutiny (1996/97 y 1998/99) y el New England Revolution (1997/98).
En el interín, probó mejor suerte en nuestro país. Entrenó en el Lobo de Griguol a la par de Sava, Dueña, Cantarutti, Bahl, Sagorak y Tarabini, entre otros. Sólo se recuerda que jugaba de delantero y que terminaba agotado al terminar las prácticas. Su tarea no engrupió a nadie y antes de que se hiciera conocido emprendió el viaje de regreso.
Su trayectoria voló bajito otra vez en tierras germanas con las camisetas del SSV Ulm 1846 (1999 a 2001), SV Elversberg (2001/01), Wacker Burghausen (2002 a 2004) y Waldhof Mannheim (desde 2005). A pesar de haber integrado siempre equipos de menor jerarquía, eso no fue un obstáculo para que lo hayan convocado más de 15 veces a su Selección. Incluso pudo hacer algo que muchos de sus compañeros en Gimnasia jamás hubiesen soñado: jugar un Mundial. Evans entró algunos minutos en Alemania 2006, enfrentando nada más y nada menos que a Inglaterra.
No deja de ser curioso que si uno googlea «Evans Wise», una de las primeras fotos que aparece es la de una lápida que lleva su nombre. Podriamos hacer cualquier comentario maligno. Pero en este caso la realidad nos supera.

Juan Pordiosero

Ríos Guillermo

Guillermo Ríos
No fue el primer futbolista en estar tras las rejas. Tampoco será el último, pero cada historia en particular merece ser contada.
Guillermo Ríos (cuyo segundo nombre es un misterio, para algunos es David, para otros Julián) es un defensor que conoció las mieles de la Primera División en el Clausura 2003 enfundado en los colores de Chacarita. En silencio, disputó unos pocos partidos y llamó la atención por un hecho extrafutbolístico.
Debutó en el empate en cero ante Lanús por la decimoquinta fecha del mencionado torneo. Aquel día compartió una bizarra línea de 4 con Furios, Precone y Tomatito Pena. Ese partido fue el último dirigido por Carlos Babington que terminó presentando la renuncia.
Ya con Oscar Manis como DT disputó los últimos 4 encuentros del campeonato como titular jugando ocasionalmente al lado de Pablo Aguilar, Oscar Giménez, Patricio Arce y el Coio Almandoz, bajo el ala protectora de Carlos Fernando Navarro Montoya. De los últimos 12 puntos en juego el Funebrero logró sólo 1, producto del empate ante Racing y las derrotas ante Gimnasia LP, Olimpo y Newell’s.
En el Apertura 2003, con la dirección técnica de Néstor Craviotto, Ríos fue titular ante Banfield pero en el entretiempo fue reemplazado por Carlos Moreno. Debido a la presencia de los impasables Arzeno, Cogliandro, Azconzábal, Unyicio y el juvenil Rodríguez Pagano, en los 18 partidos restantes ni siquiera integró el banco de suplentes.
En la despedida del equipo de San Martín de la Primera División quemó sus últimos cartuchos disputando 3 partidos.
El 25 de julio de 2004, Ríos debía viajar con el plantel de Chacarita hacia Mar del Plata para participar de la pretemporada con vistas al torneo de la B Nacional, del cual iba a formar parte.
Sin embargo, el sábado 24, cuando se predisponía a visitar a un familiar en el Hospital Nacional Baldomero Sommer de General Rodríguez fue detenido. Efectivos de la Delegación Departamental de Investigaciones de Mercedes le encontraron marihuana (suficiente como para armar 30 porros) oculta en su ropa interior y terminó preso.
Los uniformados advirtieron cierto nerviosismo en la cara del jugador que intentó huír pero fue apresado en el intento. Dos días después fue liberado por tratarse de un delito excarcelable.
Allí comenzaría su calvario, en Chacarita le cerraron las puertas y permaneció colgado (nunca mejor dicho) durante toda la temporada 2004/2005.
Reapareció en Patronato de Paraná al año siguiente. Arrancó como titular pero con el pasar de las fechas perdió el puesto. Para colmo en el clásico ante Parana formó parte de una trifulca, le partieron el labio y se fue expulsado. A comienzos de 2006 tendría una nueva oportunidad de jugar, pero no rindió y desapareció del mapa.
A partir de este momento podríamos intuír en qué invertía su tiempo, leyendo la revista Un caño, soñando con que lo llamen de algún equipo falopa del ascenso español para jugar con el ex San Lorenzo Iván Fassione, con pegar un pase a Bolivia o Colombia, etcétera.
En fin, todas nuestras teorías se desvanecieron cuando lo encontramos en marzo de este año, intentando hacer un buen papel con los colores de Estudiantes de Concordia, en la provincia de Entre Ríos.
¿Qué paradoja, no? Justo un Ríos que le gustaba andar con los ojos chinos.

KeyserSoze

Bihurriet Rubén

Rubén Emilio Alfredo Bihurriet (Pampita)
No es el tipo de historias que nos gusta contar, pero el caso de Rubén Bihurriet necesitaba un recuerdo que necesariamente implica el relato de su trágico final.
Nacido en la localidad bonaerense de Trenque Lauquen, llegó a las competitivas divisiones inferiores de Newell’s Old Boys de Rosario y con esmero logró mostrarse como un puntero derecho con llegada al gol.
Al margen de contar en el plantel con delanteros de peso como Julio Zamora y prometedores como Gabriel Batistuta, el Piojo José Yudica lo hizo debutar en Primera en el Clausura 1990.
Si bien alcanzó a disputar algunos encuentros (por ejemplo el famoso clásico con los pibes con gol de Domizzi), vio complicada su situación y después de 5 partidos y una conquista, pasó a préstamo a otro equipo de la ciudad, Central Córdoba. En el Charrúa (23 cotejos y un tanto) formó parte de un buen equipo que perdió la chance de ascender a Primera en un partido ante Gimnasia y Tiro de Salta, en 1993.
Su carrera continuó luego por Ferro de Concordia y la liga rosarina, cuando le salió la oportunidad que marcaría fatalmente su destino: viajar a Colombia para probarse en el Deportes Quindío.
La posibilidad de tener una experiencia internacional, con la lógica diferencia económica que eso suponía, terminó inclinando la balanza en la cabeza del ex Newell’s, que llegó a la ciudad de Armenia junto al atacante canalla Diego Montenegro y al empresario Darío Campagna, que un año antes se había retirado del fútbol después de haber estado internado en terapia intensiva después de recibir un duro rodillazo que le perforó un pulmón.
El domingo 24 de enero de 1999 los dos muchachos argentinos jugaron para los titulares en un partido amistoso ante el Once Caldas. A pesar de la derrota frente al subcampeón colombiano, el técnico se quedó conforme y aprobó la contratación de ambos. Al día siguiente, los jugadores entrenaron por la mañana, almorzaron junto a Campagna en el Hotel Armenia Plaza y se fueron a sus habitaciones para esperar a César Pinzón, el presidente del Quindío. A las 2 y media de la tarde de ese fatídico lunes debían firmar sus contratos.
Sin embargo, casi una hora antes del momento en el que empezarían a cambiar sus vidas encontrarían el final, y de la manera menos imaginada.
De repente, un fuerte y prolongado temblor se apoderó de todo. De las casas, de los automóviles, de la gente. El edificio de siete pisos donde se hallaban se derrumbó a raíz de un sismo que dejó miles de muertos y toda la región destruída. Los tres argentinos fallecieron. “Yo estaba entrevistando a Bihurriet cuando empezó el temblor y la comunicación se cortó”, dijo Ciro Díaz, periodista de Radio Caracol. Todo lo que vino después fue silencio. Eterno, profundo y doloroso.

Juan Pordiosero