Minero Agustín

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Agustín Marcos Minero
Podriamos simplificar su carrera diciendo que no llegó a más en el fútbol porque le gustan mucho las minas. Pero no, sería un error. En primer lugar, está comprobado que ese fanatismo no atenta directamente contra las posibilidades de consagración. En segundo término, esa asociación apellido-síntesis es terreno exclusivo de nuestro postero crack y estaríamos invadiendo.

Las causas de la no consolidación del delantero Agustín Minero en la Argentina deben buscarse en ese espíritu aventurero que lo ha llevado a explorar distintas ligas del Mundo sin preocuparse por el nivel deportivo. Arrancó de chico en las inferiores de Instituto de Córdoba, donde se mostró como un valor interesante, a tal punto que (según su ficha en My Best Play) tuvo convocatorias a la Selección sub 20. Casi paralelamente, conocería la fama el día que le tocó debutar en Primera, nada más y nada menos que enfrentando a Boca en la Bombonera. En esa jornada entró por Silvio Rissio a los 37 minutos del complemento y a penas fue un espectador privilegiado cuando 2 minutos más tarde Martín Palermo puso el 2 a 0 definitivo.

Nunca más volvió a asomar el cogote en ese plantel que tenía a otros delanteros como Pablo Corti, El Pucho Castro, Mauro Amato y Miliki Jiménez.
Ya en el Nacional B, tuvo otros 6 encuentros en los que incluso marcó 2 goles que poco le sirvieron para pasar a otro club de similar envergadura. Lo cobijó la liga local durante la temporada 2002/03, ya que defendió los colores de Universitario de Córdoba y después abrió el paño internacional con sus pasos por el Vigor Senigallia (2003/04), Pergolese (2004/05), Lucrezia (2005/06) y Fermignanese (2006/07), todos de Italia.

Cansado quizás de que todos le hablen como Gino Renni, rumbeó para España con intenciones de actuar en la Liga de las Estrellas pero un gaita precavido lo paró en seco y le dijo «no aceptamos más paquetes argentinos, ya hicimos bastantes excepciones con Colusso, el Drogba blanco y ese muchacho atolondrado que jugaba en la Real Sociedad«.
Así fue como en lugar de caer en el Barcelona o en el Racing de Santander, nuestro homenajeado terminó jugando 4 partidos en el Deportivo La Unión y el resto de la temporada 2007/08 en el Thader de Rojales, ambos del ascenso ibérico. Y encima el gallego lo engañó, porque en España siguen aceptando mentiras.

Chacarita negra Envión 2000

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¿Hubo algo más feo que el logo de Envión? Sí, varios logos de Envión en una camiseta. Chacarita utilizó en la temporada 1999/2000 dos modelos que se destacaban por su fealdad. El primero de los alternativos, blanco con vivos rojos y negros, salió a la cancha en varias oportunidades, mientras que su versión en negativo se mostró ante Los Andes, en la fecha 15 del Apertura 2000.

Fuera de stock: la numeración de Español

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En la temporada 1997/98 la Asociación del Fútbol Argentino habilitó la designación de un dorsal fijo para cada jugador de Primera División. Hasta ese momento, la numeración se limitaba al uso correlativo del 1 al 11 para los titulares y del 12 al 16 para los suplentes. Así fue como se le dio el pie a una de las máximas locuras colectivas que se recuerde en los 90’s.

A pesar de la novedad, la mayoría de los planteles mantuvieron cierta cordura, a excepción de algunos caprichos personales, como el de Julio Zamora, que quería usar la 27 en honor a su amigo Carlos Hermosillo, o el de Sebastián Abreu, que se quedó con el 13, su número preferido.

Los que se definivamente se fueron al carajo fueron los jugadores del Deportivo Español que, impulsados por un utilero jodón, terminaron tomándose con gracia la elección de la casaca.

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«Cuando vi la lista que había confeccionado el utilero me puse furioso. Con el 1 aparecía Carrario y con la 10, yo. No entendía nada. Primero me sorprendí: yo odiaba ese número, no lo quería. Pero ahora estoy feliz. Realmente tiene un sabor especial«, declaraba unas semanas más tarde el arquero Sandro Guzmán a la revista El Gráfico.

El rey del Amor a la Guita, que por ese entonces creía ingenuamente que Rios Seoane le pagaría mil pesos por gol convertido, daba su punto de vista: «¿Por qué el 1? No sé: me parece extravagante, medio raro. No es nada en contra de Sandro, al contrario. Después de todo, él se quedó con la 10. ¿Qué más puede pedir?«.

Desde los medios de comunicación no tardaron en prestarle atención a la bizarrez que se observaba en la cancha cada vez que jugaba el Deportivo Español. La mencionada revista El Gráfico entrevistó al ignoto José Gallego, que en ese momento era dueño del número más alto, el 40. Y Juan Pablo Varsky, desde la pantalla de TN Deportivo, solía arengar al pibe Sebastián Fuentes (el Nº 38) para que convirtiese un gol. ¿Por qué tanto interés? Quería musicalizar ese instante con el clásico tema de Divididos. Se quedó con las ganas.

Otros futbolistas del conjunto gallego, como Juan Martín Parodi, pudieron cumplir el sueño de toda la vida: «A ese número lo quería desde chiquito. Cuando jugaba en las inferiores de Nacional de Montevideo, nos peléabamos con Fabián O’Neill, uno de mis mejores amigos, por usarlo. Cuando él se fue a Italia, lo pedí pero no me lo quisieron dar. La temporada pasada -cuando llegué a Español- no me animé. Pero este año, con un poco más de experiencia, cuando supe que se podía usar cualquier número, no lo dudé«.

Las razones de Osvaldo Canobbio, en cambio, iban por el costado timbero. «Al 23 lo juego a la quiniela desde siempre y también lo tengo entre los seis números del Quini. Me encanta porque siempre me dio satisfacciones«, decía el charrúa, sin aclarar por qué el número no le daba suerte cuando enfrentaba a un arquero.

También agregaron su cuota de bizarrez, el Pepe Basualdo con la 9, el arquero Gustavo Dalsasso con la 2, el Coco Reinoso con la 33, Carlos Moya con la 35, Armando González con la 37 y muchos otros que se aprovecharon de la novedosa reglamentación y fueron distintos por un rato. Ah, un dato casi irrelevante: a fin de la temporada se fueron al descenso.

La Baldosa en Grecia

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El Cabeza-tour nos trae esta vez imágenes de Grecia. Un poco de Ios, otro poco de Atenas, Partenón, Mar Egeo y la sensación de que nuestro enviado no hace otra cosa que tomar sol. Nos contó, además, que tuvo que borrar algunas fotos por la insistencia de un policía que lo amedrentó al grito de «¡Respect to place!» frente a las ruinas griegas. Ya sabemos que es mentira, seguro que el uniformado lo quiso detener por la baranda que desprendía la remera baldosera.

Ver también:
La Baldosa en Nueva York
La Baldosa en Turquía