Lugar, año y dimensión desconocida. Club Atlético Nueva Chicago.
Archivos Mensuales: agosto 2009
Gisela (de Gago)
Argentina Sub-20 1992
Con algunos jugadores que habían participado del Mundial Sub-17 de 1991 y otros que prometían en sus respectivos clubes, al año siguiente del escándalo de Portugal, Mostaza Merlo armó una Selección Sub-20 que, observada a la distancia, no deja de ser sorpendente. El 14 de mayo de 1992, el combinado juvenil argentino enfrentó, en el Gigante de Arroyito, a su par de Rosario que contaba con figuras como Federico Lusenhoff, Pedro Aguírrez, Claudio Enría y Gonzalo Belloso.
El team albiceleste (con camiseta azul) formó con Pablo Cavallero; Ariel Zapata, Chaile, Azconzábal y PJ Potenzoni; Cecilio Galeano, Almeyda, Cristian Favre y Mauro Amato; Sebastián Rambert y Latrechina. En el segundo tiempo, entraron Akselman, Claudio Husaín, el Bocha Cameroni y Maxi Cuberas, mientras que Javier Lavallén, Darío Silenzi, Arruabarrena, Guillermo Sumich (?), Gustavo Lombardi y R. López (?) quedaron en el banco, siendo espectadores preferenciales de la victoria 1 a 0 de Argentina con gol de Pascualito Rambert.
Fuera de stock: atarse los cordones por encima del tobillo
La costumbre se inició en épocas de imágenes en blanco y negro, allá por la década del ’50 y del ’60, pero se popularizó recién en los 70’s, cuando los futbolistas comenzaron a salir más asiduamente en televisión y a protagonizar publicidades de botines en los medios gráficos.
Por aquel entonces, amarrarse los botines del modo convencional (como cualquier zapato o zapatilla) parecía demodé. La nueva tendencia obligaba a atarse los cordones sobrepasando la imaginaria línea de los tobillos.
Había distintas escuelas, claro. Estaban los que hacían una simple vuelta y anudaban de la manera más sencilla para sentirse sueltos; Y estaban también los fundamentalistas, que empezaban aprisionando el pie con nudo marinero a la altura de la lengüeta y seguían enroscando la pierna aprovechándose del largo del cordón, obteniendo un verdadero matambre listo para presentar batalla. Todo eso multiplicado por dos, claro. Los jugadores utilizan ambas piernas. Bah, todos no.
Como era de esperar, la moda que impusieron los futbolistas dentro de la cancha, no tardó en trasladarse a las calles, las plazas y los potreros. Los pibes de cualquier barrio de la Argentina querían usar los cordones como sus ídolos, por supuesto. Pero eso generó más pérdida de tiempo que otra cosa a la hora de hacer un picado. Nunca faltaba aquel imprudente que con tal de imitar a Mario Zanabria o la Rana Valencia podía perder más de 10 minutos en ajustarse los botines, dejando a su equipo en inferioridad numérica. Imperdonable.
Decadencia y muerte de la costumbre
Hacia finales de los 80’s el uso de este método comenzó a sentir el paso de los años. De 11 jugadores que salían a la cancha, sólo 2 ó 3 se animaban a mantener la tradición. Encima, ya iniciados los 90’s empezó a circular con más fuerza el rumor que decía que «atarse los cordones encima de los tobillos corta la circulación…un chico que vivía acá a la vuelta perdió las dos piernas y después se murió«. Ese fue el fin de esta práctica tan particular, que dio paso a los vendajes por encima de las medias, fomentada por el Tata Martino primero y el Gatito Mignini después. Pero esa es otra historia.
Desde acá un simple recuerdo para los que se ataban los cordones por encima de los tobillos. Ese simple acto, por más que parezca una boludez, también forma parte del fútbol que nos tocó ver y que tanto queremos.
Fernando Chalana
Pelé debutó con un pibe XIX
Siempre una de más
No es un afiche inédito de la película Ciudad de Dios, no. Es el mismísimo Ariel Ortega en la despensa «El Burrito» de su Ledesma natal. Dice la leyenda que cada vez que Orteguita volvía a su pueblo en su lujosa 4×4, parientes y amigos salían a la calle a gritar como desaforados «¡Ahi vino!» «¡Ahi vino!«. Y también a modo de despedida, quizás, cuando Ariel se volvía para Buenos Aires gritaban «¡No hay vino! ¡No hay vino!». Costumbres del interior.
Gracias Brianeloy
Tigre 1980
Esta camiseta adidas de Tigre a primera vista presenta una disposición cuanto menos, extraña. Pero observándola con atención nos damos cuenta que el diseño remite al escudo de la institución que el pasado lunes cumplió 107 años de existencia. Se utilizó en 1980, año en que el popular cuadro de Victoria no pudo sostener la gran campaña del año anterior que lo había devuelto a la máxima categoría después de 11 años de ausencia, paso por la C incluido en 1971. La escena corresponde al partido correspondiente a la 27ª fecha del Metro de ese año: en el viejo estadio de Guido y Sarmiento, Tigre sufrió un contundente 4-1 que lo condenó a retornar al fútbol de los sábados. Andreuchi remata y convierte el segundo gol de Quilmes, pese a los denodados esfuerzos de Oscar Alfredo Márquez, Andrés Rebottaro y el recordado arquero Sergio García, campeón mundial juvenil en 1979.
Martín










