Baldosa vieja: Roberto Viola

Roberto Eduardo Viola

El fútbol y la política han estado unidos desde siempre, tanto en democracia como en dictadura. La utilización del deporte por parte de los gobiernos peronistas, el polémico mundial organizado por el EAM ’78 o la foto de los campeones del mundo con Raúl Alfonsín son muestras de la unión entre ambas actividades. También hay nombres propios relacionados con las dos funciones, como Omar Palma (el Negro fue intendente de Ibarlucea, Santa Fe) o los actuales casos de Carlos Mac Allister y Héctor Baldassi.

Si bien el futbolista Ricardo Viola nunca tuvo plena participación en labores vinculadas a la política, su nombre y apellido nos remite a un presidente de facto que tuvo nuestro país en 1981. Se trata ni más ni menos que de su padre, quien fuera condenado, con el regreso de la democracia, por los crímenes cometidos durante su mandato. ¿Tuvo alguna vinculación con el fútbol? Sí. ¿Cómo? A través de Atlanta, el club donde jugó su hijo.

Las frías estadísticas marcan que el mencionado jugador debutó en Primera División el 23 de diciembre de 1972, en una empate 3 a 3 frente a Banfield en el Viejo Gasómetro y jugó hasta 1974 un total de 12 partidos en el Bohemio, convirtiendo 3 goles (todos por el Nacional ’74, integrando un plantel conformado por futbolistas amateurs que disputó el certamen por un conflicto que la dirigencia mantuvo con los profesionales), fue expulsado en una ocasión y el entonces arquero de San Martín (Mendoza), Enrique Reggi, le atajó un penal.

A principios de 1975 tenía que firmar su primer contrato pero quedó libre. Recaló en Defensores de Belgrano, en Primera B, donde actuó entre 1975 y 1976 (28 presencias y 4 goles). Paradójicamente, en el segundo año de su paso por el equipo rojinegro, ya funcionaba justo enfrente de la cancha donde entrenaba y jugaba el campo de concentración más grande del país, dependiente de la marina y emplazado en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA).

La conexión Atlanta – Viola (h) – Viola (h.d.p.) fue fundamental para la obtención de nuevas tierras a favor de Atlanta. Las gestiones iniciadas por la institución en 1978 llegaron a buen puerto y, hacia 1980, se redactó un anteproyecto para la cesión de una extensión de más de cinco hectáreas en Villa Madero (partido de La Matanza), cerca de la autopista Riccheri. Las tierras eran propiedad del Estado nacional. En marzo de 1981, el mismo mes en que Viola pasó a ser presidente, el Poder Ejecutivo resolvió por decreto N° 555 la entrega del terreno. Las autoridades del Bohemio incluso lograron que el presidente de la Nación les concediera una audiencia en la Casa Rosada y, más tarde, recibieron la visita del intendente porteño, brigadier Osvaldo Cacciatore.

La relación de la dictadura con el club de Villa Crespo no se limitó a este suceso. Antes, hubo otro acontecimiento mucho menos feliz pero, lamentablemente, habitual por aquellos años. Se trata del secuestro y desaparición del socio Jorge Toscano, el 30 de enero de 1978. Este militante peronista había jugado al básquet en Atlanta, siendo compañero de… Robertito Viola, quien también practicó este deporte (fueron entrenados por León Najnudel) antes de dedicarse a la número cinco. Aún antes del golpe militar de 1976, el hijo del dictador sufrió un suceso similar, cuando una ex novia (Liliana Cuiña, estudiante de psicología) fue asesinada por la Triple A.

La vida futbolistica de Viola (h) no ofrece más datos luego de sus actuaciones en el Dragón. Un paso intrascendente por las canchas y un parentesco peculiar lo han hecho merecedor de estas líneas, una muestra más de la conexión del fútbol y la política. Un caso con un contexto particular. Bienvenidos sean los baldoseros en todas sus formas. Pero, a otros hechos, les decimos NUNCA MÁS.

Claudio Otermín al Valladolid (1985)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Quizás porque no era un buen poeta.

y no pudo dejar la pelota quieta

hasta que él termine una jugada.

Quizás porque no era un buen artista

y no le dicen ‘Tu transferencia esta lista’

y firmara, orgulloso, este contrato.

Quizá porque no era de la nobleza

no tuvo suerte en tierras Ibéricas

y regreso al fútbol argentino.

Quizás porque no tuvo un buen representante

Por eso se le cayó el pase

No enfrentará al Barcelona ni a los madrileños

Quizás porque no era un buen soldado

no atacaba ni por el frente ni por el costado

cuando discutían en los entretiempos.

Quizás porque no fue nada de eso

es que el traspaso nunca fue un hecho.

 

Los años 80’ llevaron a Claudio Otermín,  volante ofensivo surgido de Sarmiento de Junín, a probar suerte al Real Valladolid español. Tras una breve experiencia en el Mallorca entre 1982 y 1983, y con pasado en Nueva Chicago, el O’Higgins chileno y Gimnasia de La Plata, este jugador armó su bolso y se aventuró en una prueba en el conjunto blanquivioleta. Todo parecía indicar que la travesía encontraría su cierre con un final feliz: Otermín aparentemente había conformado al entrenador Vicente Cantatore y prácticamente ya era jugador del RV. Posó incluso para la foto con la casaca de su nuevo equipo quedando inmortalizado en aquellas figuritas europeas ochentosas donde se mostraba al jugador en acción en primer plano a la izquierda (al bueno de Otermín le pudieron haber puesto un mejor fondo, no lo podemos negar) acompañadas de una foto de perfil con el apellido del representado en cuestión a la derecha, simulando ser el gráfico de una intro de serie policial yankee de un par de años atrás.  Sin embargo, y a pesar de Otermín, Cantatore y las figuritas, el traspaso se caería abruptamente y el futbolista seguiría su carrera en el fútbol francés.


(Gracias a Cazador)

Bravo Cristian

Cristian Fernando Bravo

Uno puede llegar a irse de viaje, tener un prolongado matrimonio o hasta poseer una carrera futbolística respetable y, sin embargo, no tener nada interesante para contar. O puede tener un breve aunque escaso paso por cada una de aquellas situaciones y ser un anecdotario con patas, de esos que te animan cualquier asado o furiosa previa de sábado (?). No por meritos deportivas en si, claro. Sino por diferentes hechos y variables que aderezaron aquellos efímeros días. El precoz caso de Cristian Fernando Bravo es uno de ellos.

Este volante central categoría ´78 hizo las inferiores en Platense y a los 20 años le tocó subir a Primera División para integrar aquel más que condenado Calamar que incluía baldoseros de pura cepa (Walter Coyette, Guillermo Santo, Claudinho, Raúl Atenor García, Enrique Colliard, Paulo Miranda) y jugadores medio pelo que estaban tirando sus últimas fichas (Cancelarich, Spontón, Mandrini, Lenguita, Váttimos, El Chivo Peinado).

Con este desolador panorama, a Bravo le llegó la posibilidad de debutar -como titular y con un glorioso dorsal 34 en su espalda- por la decimosexta jornada del Apertura ´98; jornada en la que cayeron por 2 a 1 ante Colón como visitantes y donde lo primero que vio al saltar al campo fue la ovación que las dos escuetas hinchadas le brindaron al Profe Córdoba, quien dirigía su último partido en Platense y se encontraba en un comprensible estado de trance por la reciente desaparición física de uno de sus hijos.

Dos jornadas después y ya bajo la conducción de Raúl Grimoldi, Bravo volvió a ocupar el mediocampo en la derrota 1 a 0 con River Plate, para ser testigo privilegiado de un Monumental semi vacío por el descontento Millonario tras el primer título del Boca de Carlos Bianchi. Era otro mundo, claro (?). Luego participó de la victoria por 3 a 2 sobre Estudiantes en la última fecha de aquel torneo, donde marcó su único gol y el mar de lágrimas se los llevó Aníbal Hay quien, a Dios gracias, se retiraba del referato.

Al siguiente torneo agarró El Negro Marchetta, llegó El Popeye Herrera y sus chances de jugar se redujeron considerablemente. Con el regreso de Grimoldi, Bravo volvió a tener algo de acción y así pudo completar 10 partidos y dar fe de Martín Palermo convirtiendo un penal con ambas gambas. Luego asumió Carlos Rodríguez y, de esta manera, finalizaron los días de Cristian Bravo en Primera División y, al parecer, también en el fútbol, ya que todos los intentos de dar con su paradero conducen hacía otros homónimos que nada tienen que ver con aquel pibe de Platense.

Un destino demasiado extraño para quien alguna vez ganó “El Mejor Gol de la Fecha” del extinto Fútbol de Primera.

Carreño a River (1984)

No, no, para nada. Quédense tranquilos. No se trata del ex delantero de Boca. Solo comparten el apellido. Y que ninguno de los dos jugó en River, aunque este estuvo más cerca. Se trata de un delantero uruguayo que estuvo a prueba en el Millonario a fines de 1984, cuando se empezaba a gestar el gran equipo de Héctor Veira

Aunque la imagen sea borrosa, se pueden sacar algunas conclusiones: el túnel es el del Monumental, el pantalón deja asomar el número 7 y posiblemente el 7 ya se lo había entregado al Bambino en el vestuario se lo ve algo preocupado (?). Es que los U$S 50.000 de su pase eran inalcanzables para la tesorería del club, o por lo menos eso fue lo que le dijeron antes de que Daniel Carreño regresara a Montevideo Wanderers.

Cipolletti 1 – Argentina (Sub-20) 2 (1977)

La imagen da cuenta de la formación de la Selección Argentina Sub-20 en su visita a Cipolletti, donde enfrentó al equipo local. Esa tarde del 8 de abril de 1977, no sería una más para Diego Armando Maradona. Pelusa había debutado en el equipo juvenil de Cesar Luis Menotti esa misma semana, en un amistoso frente a un combinado de Chascomús. Pero contra El Capataz de la Patagonia convertiría su primer gol con la camiseta que lleva el escudo de AFA, obviamente de manera extraoficial.

«Maradona, con un desconcertante cambio de piernas dentro del área, desequilibró a sus marcadores y entrando raudamente con un disparo a ras del suelo decretó el dos a uno” fue el tibio análisis del diario Río Negro, ignorando que en aquellos días comenzaba a hacer historia una resonante estrella del fútbol mundial.

(Gracias al blog «Cipo Pasión»)