Florin Raducioiu a Newell´s (1997)

Se podría afirmar que sólo se trató de un caso evidente de “Delirio de grandeza” pero, a decir verdad, un club que vio nacer a Lionel Messi y que tuvo entre sus filas a Diego Armando Maradona puede soñar con contratar a cualquier otro espécimen de nuestro querido planeta fútbol. Llámese como se llame.

Lo concreto es que, a mediados de 1997, Newell’s intentó fichar al delantero rumano Florin Raducioiu, aquel compañero de aventuras de George Hagi en los mundiales de Italia y Estados Unidos y que acreditaba pasos por el Verona, el Brescia y el mismísimo Milan de Fabio Capello.

Tal era el metejón del entonces presidente Leproso, Eduardo López, con Raducioiu que él mismo se puso al frente de las negociaciones con sus colegas del Espanyol de Barcelona, a quienes ya les había comprado un delantero de segunda selección como el búlgaro Velko Iotov.

“Que subime un poco la oferta”, “que haceme un descuentito”, “que ya te regalé a Pochettino”. Finalmente los directivos llegaron a un acuerdo que, a la distancia, suena como un verdadero negocio chino: 800 mil dólares más el pase del juvenil Walter Samuel por el destartalado delantero rumano.

Cuando los dirigentes de ambos clubes estaban por estrecharse las manos, surgió un inconveniente que sería definitorio en esta historia. La mujer de Raducioiu no quería saber nada con irse de Barcelona ni, mucho menos, con venirse a vivir a la Argentina.

Por esa razón el pase quedó en la nada y al final Samuel se fue a Boca, Newell’s contrató al Carucha Müller, Raducioiu firmó con el Stuttgart de Alemania y su mujer… su mujer se quedó un par de años viviendo solita y sola en la gigantesca ciudad de Barcelona.

Un verdadero amor moderno (?).

¿Cómo te dicen?: «Perro» «Mago» «Ciruja» «Basura» Garré

Más allá de sus discutidas condiciones futbolísticas, Oscar Alfredo Garré fue un tipo afortunado. A la suerte de ser el jugador con más presencias en la Primera de Ferro, donde salió campeón de los Nacionales 82 y 84, le sumó el hecho de haber integrado la lista de la Selección Argentina campeona del Mundial de México 86.

Pero además de eso y para envidia de la mayoría de los protagonistas de nuestro fútbol, Garré fue uno de los pocos players que se dio el lujo de ostentar ¡cuatro apodos oficiales!

El primero de ellos, “Perro”, nació en las inferiores del Oeste y es consecuencia del parecido estético que un compañero notó entre la cara de Garré y el rostro de un can. Nada que no suceda en las mejores familias (?). El segundo de ellos surgió por la misma época y fue un poco más controversial: “Mago”.

Con sólo verlo caminar la cancha, se percibía que Oscar Garré no era merecedor de ese mote reservado a talentosos capaces de realizar ilusionismo con el balón, levitación sobre el campo de juego y escapismo de defensores contrarios.

Todo lo contrario, en el caso de Garré, el apodo derivó de su capacidad para golpear –y en muchos casos lastimar- a los delanteros rivales sin que el árbitro se diera cuenta de las agresiones que el defensor realizaba. Una delicia de pibe. Aunque intentó engañarnos con el apodo, Oscar Alfredo Garré siempre fue un Muggle.

Pero hay más. Cuando asomó en Primera División se lo conoció con otro nickname: “Ciruja”, el cuál se debe a que Garré salía temprano de trabajar y luego se tiraba a dormir, cuál homeless, debajo de las tribunas de la cancha de Ferro, a la espera que arrancase a entrenar el primer equipo.

Del origen del último de sus apodos, “Basura”, no recaudamos mucha data. Sin embargo, creemos que alguien -que puede ser Márcico, Saccardi o Arregui- tuvo la visión del triste desempeño que iban a brindar las selecciones Sub 17 dirigidas por el bueno de Oscar Alfredo Garré.

Clarividencia, que le dicen.

Guaymas Marcelo

Marcelo Ezequiel Guaymas (El Cabezón, Guaymallén, El Burrito II)

Como esos jubilados que van a dejar sus billetes a la agencia donde el día anterior salió la grande, una moda se impuso en la muchachada jujeña durante los noventa y principios de este siglo: buscar a algún pibe que la rompiese, invertir unos mangos y llevarlo a Buenos Aires para pasar definitivamente al frente. Tanto el mecenas como el joven representado.

Claro, la aparición rutilante de Ariel Ortega y, sobre todo, los dólares que el periodismo menemist* de la época vinculaba a su figura, eran demasiada tentación como para no probar hacer el intento. El cuñado del mismo Burrito, Roberto Dilacio y, por carácter transitivo, Marcelo Guaymas, fueron exponentes de esta tendencia.

Es que una tarde de 1999, a Dilacio le llegó el dato que en la localidad de Palpalá, cercana a Ingenio Ledesma, había un delantero de 14 años que la rompía en la Primera de Altos Hornos Zapla. Este era Marcelo Guaymas. Entonces, aventurándose a ser empresario, el familiar político del Burrito comenzó el operativo seducción aunque no tuvo que esforzarse mucho ya que, en rigor de verdad, por aquella zona del país todo lo que tenga olor a Ortega es sinónimo poco menos que de Moisés. Guaymas aceptó ser representado por Dilacio, más aún, cuando el propio Ariel apadrinó su llegada a River Plate.

Ya instalado en Capital Federal, este media punta habilidoso comenzó a llamar la atención teniendo de hijo a Boca en todas las categorías juveniles. “Me encanta por que soy de River y odio a estos bosteros” le tribuneó al Diario Olé tras convertirle otros dos goles al Xeneize. Formó parte de un gran equipo de reserva junto a Darío Conca, los hermanos Higuaín, Toranzo y Radamel Falcao, entre tantos otros.

Su chance en la elite le llegó en enero de 2005 cuando, ante San Lorenzo y por el Torneo de Verano, Leonardo Astrada lo mandó a la cancha en una formación que era lo más parecido a estar muerto que vi en mi vida la gran oportunidad para varios de esos jugadores: Saccone; Tula, Gerlo, Fernando Crosa y Franco Miranda; Ahumada, Abelairas, Jesús Méndez y Sambueza; Luciano Leguizamón y nuestro homenajeado quien, según las crónicas de la época, tuvo un debut inexpresivo y fue reemplazado a los 65 minutos por José Sand. El Cuervo ganó ese partido por 3 a 0.

Guaymas se mantuvo en el plantel ese semestre, no vio acción de manera oficial y fue testigo silencioso del affaire Tuzzio – Ameli. A mediados de ese año fue cedido a Atlético de Rafaela y apenas participó en un equipo que salió noveno en la general del Nacional B 2005/2006. De regreso en River, Passarella lo recibió con un beso, un abrazo y la carta de libertad de acción.

A partir de ahí, un desorientado Guaymas se fue a vivir al inframundo con un año en Juventud Antoniana, seis meses en Atlético Tucumán y otro semestre en Alvarado de Mar del Plata, todos ellos del Argentino A. Tras seis meses en Central Norte del Argentino B, en enero de 2009 le llegó la aventura en el extranjero cuando se unió a San José de Oruro de la Primera División Boliviana.

Tras un primer año en donde apenas jugó, en diciembre de 2009 el jugador mostró una mezcla de hidalguía con necesidad cuando declaró: “Tengo la ilusión de quedarme en este equipo. Mi intención es marcharme de Oruro dejando un buen concepto de mi persona, de manera que sería bueno seguir al menos una gestión más”. Se le concedió el deseo pero en agosto de 2010, cuando verdaderamente estaba remontando el nivel, una rotura de ligamentos lo dejó afuera de toda competición durante más de ocho meses.

Reapareció recién a mediados de 2011, con 26 años cumplidos, en su lugar en el mundo: Altos Hornos Zapla del Argentino B y luego, en julio de 2012, se sumó a Talleres de Perico de la misma categoría, donde despunta el vicio hasta el día de hoy.

A todo esto ¿y el cuñado de Ortega? Ah, no. Le soltó la mano cuando lo dejaron libre de River, momento en que, intuyó, que el negocio se venía abajo. Es que, está comprobado, la grande sale una sola vez por agencia en toda la vida.

Fuera de stock: Patoruzú futbolista

Puede llegar a pasar que entresemana, mientras mirás un partido de competiciones sudamericanas, Mariano Closs algún relator pierda la cordura ante cierto voluntarioso jugador al grito de: “¿Qué le pasa a Bilos fulanito? ¿Se cree Patoruzú?”, lo cual genera la automática desorientación de los Niembros miembros de la familia con menos de dos décadas de vida. Así y todo ¿de dónde surge el concepto de creerse Patoruzú?

Primero y principal, Patoruzú es un personaje de historietas argentino creado en 1928 por Dante Quinterno. Sindicado como El Último de los Tehuelches, representaba a la justicia a ultranza, a la bondad y a la ingenuidad todo en un mismo envase, casi como Pepe Romero. Su primera aparición fue como personaje secundario en la tira Las Aventuras de Don Gil Contento publicada, ese mismo año, por el desaparecido Diario Crítica.

Con varios cambios en la estética y en la personalidad del personaje, y tras pasar por los diarios La Razón y El Mundo, Quinterno se llevó al Indio al semanario Mundo Argentino, junto a su otra gran creación: Julián de Montepío, después rebautizado como Isidoro Cañones (El Padrino).

Brillando con luz propia y con varios hitos en su haber, como por ejemplo anuarios recopilatorios desde 1937, una película en 1942 («Upa en Apuros») y la aparición de «The Adventures of Patoruzú» en el diario P.M de New York, en el año 1956 «Las Andanzas de Patoruzú» se convirtió en una tira mensual y luego, a raíz de su popularidad exponencial, se transformó en una publicación quincenal.

Y así fue como en 1964, El Cacique incursionó por primera vez en el ambiente del fútbol. En el número 116 y bajo el título de “La Copa del Mundo”, Patoruzú protagonizó una historia que iba a quedar grabada a fuego en el inconsciente futbolero colectivo nacional.

Simbólicamente, los personajes principales eran invitados a unirse a la delegación argentina. Patoruzú como jugador, su hermano Upa como mascota Garcé como dealer y El Padrino como aguatero. En una historia repleta de intrincados misterios y emulando a Branco, los jugadores argentinos bebían del saboteado bidón de Isidoro y caían todos intoxicados quedando una sola opción de recambio: ¡El mismísimo Indio, Canejo!

Enfrentándose él sólo al equipo rival y encima sin aditivo, nuestro héroe conseguió una cómoda victoria por 23 a 0. Pero además de atajar, gambetear y tocarle la concha a Florencia Raggi marcar goles de todos los colores, Patoruzú creó un término que se iba a trasladar, súbitamente, de la tinta a la tribuna: Tirar los centros e irlos a cabecear. Aquella figura ilustrativa nació en las páginas de esta historieta.

Hacía principios de los 70, Dante Quinterno se tiró a chanta cansó de hacer guiones originales y todo lo que se publicó de ahí en más fueron reediciones de las historias de los 60, por lo cual la aventura futbolera volvió a ver la luz infinidad de veces más aunque, obviamente, con un sutil cambio de títulos.

“!!Superfutbol!!” (1979), “¡Tatatata! ¡Goooool!” (1989) y “Goleada Tehuelche” (1994) eran la misma historia con pequeños cambios en los diálogos y en los dibujos, la cual llegó a la casa de los Closs las diferentes generaciones de argentinos.

Una mención especial merece la historia “El Fútbol del Demonio”, en donde Patoruzú se metió con el flagelo de la violencia en las canchas. Aunque usó sus puños para dirimir cuestiones de tablón y pareció salir victorioso, esa cruzada El Indio la perdió por goleada.

Obvio, los golpes no conducen a nada. Hubieras probado inventando una tarjeta de dudosa utilidad y oscura subvención para censar y reconocer a los barrabravas. Aunque pensándolo bien, insinuar en acabar con la violencia con un simple padrón es un guión de lo más berreta e inverosímil. Amalaya…

Re Partidos: Bélgica – Corea del Sur en Italia ´90, un dolor de ojos

En el afán de buscar historias donde no las hay poco recordadas o inéditas, nos topamos con este partido que, por diferentes variables, fue un verdadero Pearl Harbor a las retinas.

La victoria Argentina en México ’86 fue la reivindicación de un fútbol especulativo, amarrete y tácticista, que valoraba la subordinación y el orden por sobre la inspiración y las libertades individuales pese a que, paradójicamente, aquella Selección de Bilardo contaba con el mejor y más desequilibrante jugador que vio cualquier edición de la Copa del Mundo: Giusti Maradona.

Como siempre, las vueltas olímpicas marcan tendencia. Entonces, durante el lustro siguiente, tanto equipos de liga como selecciones se dedicaron a plagiar ese modelo, adaptándolo, levemente, a la figura de algún jugador, ya sea por cualidad, negocio o clamor popular.

De esta manera, varios equipos cambiaron su idiosincrasia: Inglaterra dejó de jugar a los centros, la Holanda de Leo Beenhakker olvidó el romanticismo y Brasil experimentó en su mediocampo con Dunga, un señor sindicado, por aquellos días, de encarnar al certificado de defunción del Jogo Bonito. Ni que hablar de Francia, que apostó al Catenaccio y se quedó afuera de todo. En ese tablero global, equipos utilitarios como Irlanda, Checoslovaquia, Escocia, URSS, Yugoslavia y Rumania equipararon fuerzas y fueron protagonistas de diferentes competiciones con mayor o menor suerte.

Italia ’90 fue el punto cúlmine de esa manera de sentir el fútbol, con un Mundial aburrido, con pocos goles y espectáculos lamentables. Aunque la canción, los penales del Goyco, los goles del Cani y las lagrimas de Diego nos hagan sentir lo contrario. Italia ’90 fue aberrante. Y si los de arriba no daban el ejemplo… ¿Qué se le podía pedir a los de abajo? En ese mar de intrascendencia, se encontraban Bélgica y Corea del Sur.

Los equipos antes mencionados tenían la obligación de abrir el Grupo E, donde también se encontraban España y Uruguay. Los asiáticos contaban con lo de siempre: un grupo de futbolistas toscos y elementales, donde sólo destacaba la figura del Caballo Loco Kim – Joo Sung. Por su parte, los europeos presentaban a algunos de los héroes que habían logrado el cuarto puesto en el ’86, aunque ya desgastados como equipo y como grupo: Eric Gerets, Franky Van der Elst, Enzo Scifo, Michel De Wolf, Georges Grun y Jan Ceulemans, entre otros.

Sin embargo, quien se llevó toda la atención fue el legendario Michel Preud’ Homme. El arquero, quien sufría de glaucoma, había padecido una infección en sus ojos en la previa al Mundial, lo cual le impedía usar sus lentes de contacto habituales. Como solución, el portero le solicitó a la FIFA el permiso para utilizar unos anteojos plásticos ahumados para protegerse de los rayos ultravioletas.

Contrariamente a lo que se suponía, el organismo aprobó la petición del arquero, dejando, eso sí, la última palabra a criterio de los diferentes árbitros. Preud’ Homme, feliz como una diva, se paseó con sus nuevos juguetes tanto en entrenamientos como en ruedas de prensa. El genial portero del Malinas estaba seguro de, ante Corea del Sur, hacer historia grande en las Copas del Mundo. Aunque de una manera periférica, claro.

Lamentablemente para él, aquel 12 de junio lloviznó molestamente sobre Verona y fue el propio arquero quien desistió de la idea de usar los anteojos, ya que era peor el remedio que la enfermedad. El resto de los partidos de Bélgica en ese Mundial fueron en horario nocturno, excepto uno: ante España por primera ronda. Entonces, ¿Por qué no usó sus gafas Preud’ Homme? Simplemente, por que no lo dejó el Pichi Loustau quien, por ese hecho, fue señalado como el principal responsable de la derrota belga con perdida del primer lugar en el grupo incluida.

En 1994 el arquero volvió a solicitar aquella extravagancia a la FIFA pero, en esa ocasión, le dieron un no enorme como sus cataratas. Será en la próxima vida, Michel…

El que tenía problemas peores en los ojos, no pidió nada y jugó como un campeón fue el delantero surcoreano Lee Tae – Ho. Es evidente que los asiáticos son todos iguales y que apenas se le ven los ojos. Por eso, al ver su figurita nadie se percató que al jugador le faltaba el ojo izquierdo y que en su lugar tenía una canica, sin (?).

En efecto, Tae Ho había sufrido una patada en la cara en 1988 defendiendo al Daewoo Royals, su equipo de toda la vida. En principio, el atacante perdió la visión de dicho ojo y meses después fue necesario vaciarle el globo ocular, pese a lo cual su técnico, Lee Hoe – Taik, lo incluyó en la lista mundialista.

Y así, el tuerto Lee Tae Ho ingresó a los 63 minutos del partido ante Bélgica y hasta le remató dos tiros a Preud’ Homme. Claro, estaba en juego una caja de Colirio (?). De esta manera, el surcoreano hizo historia al ser el primer jugador con una mutilación facial en disputar una Copa del Mundo y el segundo con un faltante físico después del uruguayo Héctor El Divino Manco Castro. ¡Como para que Salvador Cabañas sueñe con Brasil 2014!

Tae Ho no volvió a ver acción en esa Copa y tras el Mundial se retiró. Luego se convirtió en director técnico y recibió varias distinciones como “ejemplo de vida”. Muy lindo, aunque todos se olvidan de la peor parte: los tuertos no pueden ver cine en 3D. Será en la próxima vida, Lee…

Ah, nos olvidábamos de algo. En el que fue elegido como el peor partido de Italia ’90, Bélgica le ganó a Corea del Sur por 2 a 0. Un asco. Aunque a varios ya le dolían los ojos de antemano…

Publicado en simultáneo con Un Mundial Para En Una Baldosa

¿Cómo te dicen?: «Facebook» Menéndez

A mediados de 2010 y al estar tapado por otros delanteros, el entonces jugador de Lanús, Cristian Menéndez, aceptó pasar a préstamo al Emelec de Ecuador, donde ni bien llegó, un confuso episodio le hizo ganar un curioso y original apodo: “Facebook”.

Todo comenzó cuando en una cuenta a su nombre en dicha red social apareció el saludo del jugador hacia todos sus contactos por el día del amigo: “En desearles feliz día a todos pq no salude a nadie pq no tengo manera de comunicatme pq estoy en Ecuador y la re puta madre que los parió a estos ecuabolivianos del orto…” (SIC).

Por supuesto, el jugador se excusó argumentando que esa cuenta se la había creado un amigo y que a este se la habían hackeado. Inmediatamente sufrió el rechazo de toda la sociedad ecuatoriana y hasta se creo una cuenta para que todo aquel que se hay sentido ofendido por sus palabras lo pueda insultar con tranquilidad (?).

Aunque cumplió buenas actuaciones con El Ballet Azul, el rubio fue etiquetado de racista y un muro impenetrable lo separó del cariño popular, pese a lo cual Emelec le envió la solicitud para renovar el préstamo, cosa que no fue aceptada. Luego añadió a su biografía un paso por Libertad de Paraguay y a principios de 2013 cambió su estado a jugador de Quilmes. Bien, pero bien lejos de otros países sudamericanos. Eso, a Cristian Menéndez le gusta.

Schiavi a la Roma (2001)

Pareció que se habían alineado los planetas. El primer capitulo fue en la semifinal de la Copa Libertadores 2001 cuando, indignado con la dirigencia por temas monetarios, Jorge Bermúdez encabezó la protesta en contra del tesorero Orlando Salvestrini.

Paguen y cállense y Salvestrini al psicólogo eran las leyendas que tanto el trío de colombianos como Traverso e Ibarra, mostraron por la pantalla de T y C Sports desde los vestuarios del Parque Antártica, donde Boca acababa de vencer al Palmeiras por penales. Este hecho le aseguró al Patrón una rápida salida al Olimpiakos de Grecia, en donde conoció a Adriana Karembeu.

El segundo capitulo tuvo como protagonista a Rolando Schiavi llegando a Boca, pese a que se había confirmado su pase a San Lorenzo y al clamor de los hinchas Xeneizes quienes preferían a Horacio Ameli.

El tercer capitulo tuvo como locación el Estadio Olímpico de Roma, donde Boca llegó para jugar un amistoso contra el flamante campeón de Italia, estipulado en el pase de Walter Luján Samuel. Mientras Batistuta se desgarró las cuerdas vocales festejando su gol, Antonio Barijho se las rebuscó para dejarnos otro inigualable paso de comedia (?). En una jugada intrascendente arremetió contra la humanidad del marfileño Saliou Lassissi, provocándole fractura de tibia y peroné al jugador que había llegado hacía dos semanas a los Giallorossi a cambio de 10 millones de dólares.

La cuarta escena de este culebrón (?) fue en el despacho del presidente de la Roma, Franco Sensi, quien no estaba seguro si cagar a piñas al delegado de Boca contratar a Burdisso, Cufré o a ese lungo “cuevero” que anuló a Delvecchio, decantándose, finalmente, por esta ultima opción. Cuentan las crónicas de la época que Sensi ofreció 4 millones de dólares pero desde La Boca le pidieron 5, sin percatarse que ya estaban cometiendo El Timo del Siglo quintuplicando los 800.000 dólares que le habían pagado tres semanas antes al Semillero del Mundo.

Así y todo, los dirigentes de Boca apalabraron a Julián Maidana para reemplazar al Rolo, sumando de esta manera un nuevo pase frustrado en la carrera del ex Talleres, junto a las diez que derribo una leyenda urbana.

El ultimo capitulo sitúo a Schiavi de vuelta en Casa Amarilla, para después conocer a La Raulito, salir campeón de todo.

Así siguió la vida de los otros protagonistas:

Jorge Bermúdez: Tuvo otro hitazo televiso al llorar con la camiseta de Newell’s sobre los hombros de Tití Fernández.

Gabriel Batistuta: Se perdió en el ostracismo, hoy se lo conoce como El Papá de Thiago.

Antonio Barijho: Consiguió en Roma comprador para la cadena de Winston Bogarde.

Saliou Lassisi: Volvió a su tierra y fue extra en Diamante de Sangre.

Julián Maidana: Se le cayeron cuatro pases más…

Bogado Diego

Diego Iván Bogado

Afirman, quienes frecuentan el fútbol amateur de River Plate, que este pibe realmente era un pichón de crack. Tal es así que Marcelo Fracaso Bielsa lo llevó como sparring a la Copa América de Perú 2004. Lateral derecho por instinto, pero también lateral izquierdo o volante por ambas bandas, para resumir sus cualidades deportivas en los dominios de Alan Schlenker se afirmaba: “Es como Clemente Rodríguez… pero rubiecito, claro”.

Nacido el 23 de febrero de 1986, Diego Iván Bogado apareció en la primera del Millonario a mediados de 2006, cuando el equipo de Passarella ganó la ansiada Copa Diario Uno al vencer por 3 a 1 a Independiente Rivadavia en Mendoza, en aquel partido que marcó el regreso del Burrito Ortega al club de Núñez.

Se mantuvo entrenando con el primer equipo y volvió a ver acción recién un año después en el marco de otra copa. El 25 de mayo de 2007, River perdió en su estadio la Copa Volkswagen ante el Wolfsburgo alemán. Esa tarde El Millonario jugó con la reserva y lo más recordado es la minita que se ganó el auto que se sorteó en el entretiempo. Bogado fue titular junto a Fernando Pellegrino, Matías Díaz, Matías Menseguez y Tulio Etchemaite, entre otros.

Una vez destituido El Kaiser, nuestro homenajeado tuvo su única oportunidad de firmar la planilla de Primera División. Fue por la última fecha del Apertura 2007, cuando El Tapón Gordillo lo llevó al banco de suplentes en la derrota ante Banfield por 2 a 0. Esa tarde, en la que River hizo de local en el Amalfitani ya que el Monumental estaba hecho un chiquero tras los recitales de Soda Stereo, Bogado fue suplente del colombiano Carlos Valencia y, por supuesto, no disputó ni un solo segundo.

Con la llegada de Simeone, el jugador estuvo en los planes junto al resto de los proyectos que, por aquellos días, pedían cancha a gritos. Lamentablemente, los únicos gritos que se escucharon de Bogado fueron lo que tiró cuando se cortó el tendón de Aquiles en una práctica. Tras una larga recuperación y sin entrar en los planes de Gorosito, ni de Astrada, ni de Cappa, ni de nadie (?) su nombre desapareció por completo de los primeros planos. ¿Qué hizo Bogado durante ese tiempo? Se recuperó de la lesión, entrenó en soledad y contó su historia en una entrevista casera en la que no deja de mover los pies en un claro signo de ansiedad.

En junio de 2010 se le ofrendó el pase y tras entrenar con los jugadores libres de Futbolistas Argentinos Agremiados, a fines de ese año pasó al Bogor Raya FC de Indonesia, junto a los también ex River Oscar Alegre y Luciano Rimoldi. Allí consiguió regularidad, fue modelo para publicitar los encuentros y hasta participó de la campaña “Change The Game” de la liga Premier de ese país.

Tras seis meses en el PS Mojokerto Putra, a mediados de 2012 volvió a la Argentina para una prueba en Atlético Tucumán, pero Ricardo Rodríguez le bajó el pulgar. Perdido por perdido, se sumó a Atlético Policial de Catamarca del Argentino B. Allí comenzó de gran manera, tal es así que a los tres meses le surgió la posibilidad de irse al Treviso de la Tercera División de Italia. Bogado no lo dudó y abandonó el equipo de la noche a la mañana. Lamentablemente, el transfer internacional jamás llegó a destino y el jugador volvió con el caballo cansado al club de Catamarca, donde se mantiene, hasta el día de hoy, luchando por intentar volver a ser eso que nunca fue pero que pudo haber sido. ¿Se entendió? Yo tampoco…