Especiales: Walter Mery y El Lute Oste, los primeros Messi (?)

Se dice que los pioneros nunca se llevan la gloria. Ellos se dedican a transgredir las normas y a romper los paradigmas, para que las generaciones venideras disfruten las mieles del éxito gracias al camino por ellos allanado.

En los albores de la década del noventa, dos jugadores argentinos mostraron sus condiciones en el Barcelona sin exigir hormonas de crecimiento, guita ni otras excentricidades (?). Con nosotros: Walter Mery y Roberto El Lute Oste.

El tema se inició en agosto de 1991, cuando la dirigencia Culé se planteó la por aquellos días innovadora idea de traer jugadores extranjeros para nutrir a sus equipos juveniles. Como conejillo de indias se utilizó al plantel del Barcelona B, el paso necesariamente previo al primer equipo catalán.

La metodología a implementar era clara: uno o dos jugadores por semana para poder examinarlos bien a todos. El que anduviese bien, se quedaría. El que no, muchas gracias y hasta nunca.

Aquel exigente jurado le bajó el pulgar al croata Ivica Molnar, a los finlandeses Jyrki Huhyamaki y Jukka Runhanen, al yankee Henry Gutiérrez, al uruguayo Paolo Balla, a los brasileros Gilmar Da Silva y Ronaldo Alexaidre Alves y hasta al paraguayo Miguel Ángel Benítez, entre otros.

Y así, de la mano de los empresarios José María Minguella y Horacio García, llegó Walter Mery a la Ciudad Condal. El tipo jugaba de volante ofensivo y decía haber sido internacional con Newell’s en la Copa Libertadores dato que, por supuesto, era tocuén. Había sido Leproso si, pero sólo en divisiones menores. En nuestro país había jugado para Instituto de Córdoba y para el Deportivo Maipú de Mendoza, siempre en categorías del ascenso.

Volviendo a La Masía (?), Walter Mery sorprendió gratamente volanteando y asistiendo al hispano – danés Thomas Christiansen y al hispano – holandés Johan Jordy Cruyff, siempre con Pep Guardiola a sus espaldas. Tomá mate. El diagnóstico de los entrenadores fue claro: “el argentino se queda”.

Aunque, por tratarse de un jugador extranjero, Mery debía pasar por un último filtro para poder quedarse: El Flaco Johan Cruyff, quien, en estos casos, siempre tenía la última palabra. El técnico holandés lo vio jugar un rato y fue contundente: “el chaval se queda”. Pero claro, había un problemita en el que nadie había reparado hasta ese momento. Aquel “Chaval” tenía 24 años, por lo cual no tuvieron otra alternativa que despacharlo al finalizar la práctica. La ilusión de Walter Mery duró cuatro gloriosos e inolvidables días.

El otro jugador que también tenía guardado el secretito es Luis Roberto El Lute Oste, quién con 20 años apareció por Barcelona justo cuando Mery se estaba despidiendo. El delantero, que venía de pelearla en Atlanta y Defensa y Justicia, también llegó como una apuesta de empresarios porteños desesperados por agarrar un pleno.

“Me encuentro bien aunque sigo a la espera de que el míster me comunique algo respecto a mi situación”, le confesó El Lute al diario El Mundo Deportivo en su edición del 4 de septiembre de 1991.

Tras diez días de entrenamientos al delantero le llegó la mala noticia. El Barcelona había decidido no ficharlo por no mostrar nada extraordinario que no se viera en la plantilla Culé. De esta manera, El Lute se quedó con las ganas de hacer buenas migas con Guardiola, Pinilla y Mariano Angoy y se volvió al país para jugar en Nueva Chicago. Un año después Oste se sumó a San Lorenzo y se sacó las ganas de vestir la blaugrana (?), para luego completar una trayectoria en miles de equipos y categorías que lo llevó a estar posteado en este sitio y hasta a recibir el indulto.

¿Y Mery? Tras la negativa del Barca, el jugador estuvo un mes entrenando en el under para Sadabell, donde le cerraron las puertas el día del cierre del libro de pases. Ahí desapareció de todo registro hasta el día de hoy. Si no lo encontramos para fin de año, desde En Una Baldosa le deseamos una Mery Christmas (?), esté donde esté.

A todo esto, ninguno de aquellos dieciséis purretes evaluados permaneció más de diez días en el plantel y la dirigencia fue ampliamente cuestionada por gastar más de un millón de pesetas en alojamiento y alimentación para los futbolistas. ¿Qué para que hicieron las pruebas? Sólo para disfrutar el malicioso placer de hacer ilusionar gente al pedo. ¿Qué duda cabe?

Segurola y Habana: El Chanchi Estévez Vs. Cardetti


En infinidad de ámbitos se suele afirmar, con total justicia (?), que casi todos los colorados, los rengos, los jóvenes calvos y los petisos son tremendos hijos de puta. Dicho esto, claro está, en un sentido totalmente callejero, mundano u arrabalero, por así llamarlo.

A los antes mencionados se los sindica de usar un hiriente e injustificado humor negro al extremo en todos lados; de estar siempre a la defensiva para contraatacar con una crueldad meditada ante cualquier comentario que se les haga y de intentar irse siempre a las piñas, más aun, si su contrincante es una persona que, intuyen desde el vamos, jamás les va a meter una mano. Son victimas de una especie de resentimiento de adoquín. Y concientes de ello, lo usan para beneficio y deleite personal, claro. Ahora bien, cuando chocan dos especimenes de esta clase ¿terminan abrazados? Por lo general si, aunque a veces suceda lo contrario.

Diciembre de 2001, el mes de los 250 pesos por semana, nos dejó otra clara muestra de ello, aunque en este caso se trataba de enanos. El día 2 de ese mes mientras Roberto Parra ganaba Gran Hermano; Los Pumas lograban otra derrota digna ante los All Blacks; Pelé le decía al mundo que nuestra Selección compartiría el grupo F con negros, pálidos y albinos y la prensa nacional lloraba la imposibilidad de un Argentina – Francia en la final del Mundial (?); en el Cilindro de Avellaneda se jugaba un nuevo clásico. Aunque no era un clásico más, claro.

Esa tarde, en un partido casi sin precedentes, se enfrentaron por la jornada 16 del Apertura: el miedo paralizador contra el cagazo irrefutable. Aunque estaban disfrazados del River del restituido Ramón Díaz y del gerenciado Racing de Mostaza Merlo. Y los dos equipos estaban atemorizados. Uno tenía temor de hilvanar su tercer subcampeonato al hilo y el otro tenía chances claras de salir campeón luego de 35 años, situación que les daba, a los racinguistas, la misma cantidad de ilusión como de cagazo.

El clima bélico entre el puntero, Racing, y su escolta a 5 puntos, River, se inició el fin de semana anterior en La Noche del Domingo, donde Maximiliano Estévez, en compañía de José Chatruc, le afirmó a Gerardo Sofovich: “A Comizzo le voy a hacer un gol con el culo”. El Chanchi no pudo esperar hasta el partido y comenzó a mostrar su orto ahí mismo ya que le sacó una moto al Ruso jugando al Jenga, vehículo que ambos futbolistas se terminaron disputando en una paradójica apuesta al campeón de la Copa Mercosur (el fanático de Huracán, Estévez, le fue a San Lorenzo y Chatruc, quién luego jugó en El Cuervo, se inclinó por el Flamengo).

Martín Cardetti siguió echándole nafta al fuego y afirmó que ese Racing era una escueta sombra de su River y que a ellos siempre les hacía goles, como los dos que les hizo el día de su debut con La Banda. En un clima de final del mundo ambos equipos salieron a la cancha y se seguía notando el pánico. Basta con repasar la tensión con la que Cambiasso y Bedoya gritaron sus tantos y como Merlo le pidió el final del partido a Baldassi tras el 1 a 1 aunque aún faltaban 5 minutos y el descuento. Tal era el miedo que empataron.

Y victima de ese miedo al que algunos llaman estupidez y otros llaman viveza, sobre los 90 minutos, El Chanchi comenzó a burlarse del Burrito Ortega cuando estaba por ejecutar un tiro libre. Estévez le fruncía la cara, se tocaba las axilas, le jadeaba como un animal. El mensaje no era del todo claro. Mono, gorila, orangután, macaco, primate, cavernícola. Sólo el diminuto delantero lo sabe.

Por supuesto, tras el 1 a 1 final y con todo Racing festejando, Ortega le metió un sopapo a Estévez mientras este era hostigado por Garcé. Cuando El Chanchi intentó ir tras el jujeño más por circo que por otra cosa, Cardetti apareció por ahí abajo y le metió una piña desde atrás. Y parece que esta si le dolió, ya que instantáneamente perdió los estribos y ni se percató que D´Alessandro le metió otro golpe y Coudet una patada. Estévez le tiró una piña a Cardetti pero, por supuesto, se quedó corto.

Y en ese instante, como aquellos que temen ser victimas del mismo veneno con el que tratan de herir a los demás, Maximiliano Estévez le dejó sus inmortales palabras a Marcelo Benedetto, quién justo andaba buitreando (?):

“Pero bueno, estamos bien, seguimos a 5 puntos y bueno se lo quiero dedicar a Cardetti que fue un terrible cagón”.

– “¿A quién?”

– “A Cardetti que es un cagón mala leche y encima la mujer lo hace cornudo”.

Cuando se enteró de los dichos de su enemigo, Cardetti dio su palabra en un clima cercano al velorio y hasta se le quebró un poco la voz.

– “Lo único que quiero decir es que si me tiene que agredir que me agreda a mi pero en este caso está agrediendo a mi esposa y a mis dos hijas, que ahora voy a tener que ir a casa y seguramente comentarle a mis hijas que es lo que dijo este personaje. Así que bueno, nada más que eso. Después se verá en los abogados que dicen”.

Esa misma noche y obligado por Fernando Marín, un ¿arrepentido? Estévez apareció flanqueado por Macaya y Araujo en la apertura de Fútbol de Primera y con visible desprecio congoja le pidió perdón a la familia del Chapulín. Los indulgentes conductores lo felicitaron y mostraron su satisfacción por tan valiente actitud. Solo una vez más se cruzaron Cardetti y Estévez en un campo de juego (Racing – Olimpo, Clausura 2005) pero la cosa no pasó a mayores y apenas se saludaron. Lamentablemente, hasta el día de hoy, todos nos seguimos fumando a Marcelo Araujo.

Por supuesto, en una Argentina con los ánimos tan caldeados como aquella, el Tribunal de Disciplina de la AFA, el Juez de Paz de Avellaneda y el Comité de Seguridad en Espectáculos Deportivos sancionaron a Cardetti, Ortega y Estévez con 5, 4 y 3 fechas respectivamente… en mayo de 2002, cuando Argentina ya se había ido a la mierda, Racing había salido campeón, Cardetti había arreglado su incorporación al Paris Saint Germain tras estar seis meses colgado, River también había salido campeón, Ortega estaba por irse a Turquía y El Chanchi se encontraba lesionado.

Para que nadie diga que en 2001 la justicia tenía los ojos vendados. No, no, eso no sucedió en ningún ámbito.

¿Ganador?

Aguiar Carlos

Carlos Antonio Aguiar Burgos

En ocasiones los sueños, los objetivos y las ambiciones de una persona suelen ser tan, pero tan poderosos que contagian a los demás familiares quienes, de manera inconsciente, terminan subiéndose al mismo tren del entusiasmado. Aunque ninguno de ellos quiera darse cuenta que ese tren está hecho mierda y que se viaja peor que en el Sarmiento. Y encima te punguean.

Ese es el caso del protagonista de este post quien, además de soñar con que la número 5 le de para parar la olla, siempre tuvo al oeste como principal horizonte. Es que siguiendo ese punto cardenal desde su Montevideo natal, se encontraba y aun se sigue encontrando (?) la Argentina. Un país con una liga poderosa. Un país con una liga pasional. Un país cuyo fútbol sirve como trampolín para recalar en los grandes equipos de Europa. En fin, la Argentina, un país donde son una manga de ladrones del primero hasta el último. Así y todo, Carlos Antonio Aguiar seguía entusiasmado.

Tal era su motivación que, desde muy temprana edad, Carlos le trasmitió esa pasión a su hermano menor, Luis Bernardo, con unipersonales que sonaban más o menos así: “¿Ve botija? Del otro lado de este río hay un país donde el fútbol es un verdadero espectáculo y las proezas quedan inmortalizadas en un pasquín prestigioso como El Gráfico. Un país que ganó mundiales modernos y no torneos añejos y mal organizados en blanco y negro. Un país donde Carlos Gardel abrió sus ojos al mundo y la yerba mate tiene calidad y sabor. Un país donde China Zorrilla tiene teatros para actuar, Víctor Hugo tiene radios para relatar y Natalia Oreiro cuenta con un mercado para vender discos. Bueno, ahí, botija, en ese país que respeta los contratos a rajatabla, un día vamos a triunfar nosotros… ta´, bo´, gurí, championes, contigo, chiquilín (?)”.

Y así, con ese deseo como eje, Carlos Aguiar mostró sus dotes de volante de creación en el River Plate charrúa. Sus buenas condiciones le valieron un préstamo de un año en el Skoda Xhanti de Grecia, pero este vínculo fue rescindido tras 2 partidos. De regreso en Uruguay firmó para Racing Club, de la Segunda División. Tras un año en Tercera División con los colores de Uruguay Montevideo y otro en Rampla Junios, a la fatídica edad de 27 años, el sueño de toda su vida finalmente se materializó.

Se enteró que en la Argentina había un club chico, de barrio, que jugaba su primera y, con seguridad, única temporada en la máxima categoría. Con una cancha que no cumplía las normas mínimas de seguridad y con un plantel que era un desfile bizarro entre baldoseros e ídolos regionales venidos a menos. Que no había presión, ni hinchas, ni barras, ni periodistas, ni duchas calientes. Y encima con un técnico chileno. “Es cumplir el sueño de jugar en Argentina, pero en un equipo de Uruguay” pensó el jugador. Y de esta manera, Carlos Aguiar y Tiro Federal de Rosario cruzaron sus destinos.

Debutó en la victoria 2 a 1 sobre Newell’s por la 2° fecha del Clausura 2006. Lo curioso es que su equipo hizo las veces de local en ¡El Coloso del Parque! Y encima, utilizando el vestuario visitante. Bienvenido a la Argentina. En la siguiente jornada Aguiar sorprendió marcándole un gol a Luchetti a 15 segundos de iniciado el encuentro pero Banfield terminó ganando por 2 a 1. Fue titular en 2 derrotas más y luego perdió su lugar en el primer equipo para alegría de Alejo Gelatini. Siendo recambio ingresó pocos minutos en otros 5 encuentros, pero no alcanzó para torcer el destino de un equipo condenado desde el vamos. En la jornada 16, tras la renuncia del DT Oscar Del Solar, la dirigencia se cargó a 15 jugadores entre los que se encontraba El Uruguayo. Un total de 9 partidos y un gol fueron el punto final de un sueño, si, pero sueño cumplido al fin.

Con el corazón más contento que Palito Ortega, Aguiar continuó marcando tarjeta en Rampla Juniors (2006/2007), Liverpool (2007), Académica Coimbra de Portugal (2007/2008), Fénix (2009/2010), Huachipato de Chile (2010/2011) y otra vez en Fénix (2011) donde volvió para colgar los botines y cuidar los intereses de su hermanito Luis Bernardo quién, a mediados de 2012, se sumó a San Lorenzo de Almagro para comprobar en carne propia las bondades de esa tierra prometida. Aquella en donde los héroes se inmortalizan en la tapa de El Gráfico, Víctor Hugo es incuestionable, Natalia Oreiro revienta los charts, los contratos se respetan a rajatabla y, por supuesto, las viejas son peores que los tuertos.

“Ta´, bo´, gurí, championes, contigo, chiquilín (?)”.

River Plate 3 – Glasgow Rangers 2 (2002)

A mediados de 2002, mientras el país se venía a pique, River Plate se fue a hacer una gira por los Estados Unidos con la ambición de escaparle al invierno, sumar algunos dólares y, ya que estaba, presentar a su nuevo directo técnico: Manuel Luis Pellegrini Ripamonti.

Por aquellos días y a modo de halago, al Chileno se lo sindicó desde nuestro medio como El Pékerman Trasandino, mote que al aludido jamás le causó orgullo y que el tiempo finalmente descartó ya que, a diferencia del Tachero, El Ingeniero jamás dirigió clubes tan pedorros.

En fin, por el cuarto partido de aquella gira El Millonario venció por 3 a 2 al Glasgow Rangers de Escocia con goles de Celso Ayala, Víctor Zapata y Maxi López, descontando Arveladze y Amoruso para los británicos.

Aquel poco recordado partido se jugó en el mítico Giants Stadium de New Jersey, donde se realizaron varios recitales de Amnesty, Pink Floyd finalizó su última gira (The Division Bell) y The Police se despidió para siempre de los escenarios.

Claro, ese mismo Estadio Mundialista que fue demolido a mediados de 2011, mas o menos para la misma época en la que River se fue al descenso y el Glasgow Rangers desapareció del mapa.

Lo que se dice, un auténtico suicidio en masa.

Segurola y Habana: Tuzzio Vs. Ameli

La humillación, afirman quienes saben, es la cómoda antesala del odio. Y aunque las humillaciones -en sus diferentes variables- son recursos de uso casi cotidiano, las más temidas y dolorosas viven dentro de la psiquis de cada uno de nosotros y pocas veces se materializan o, por lo general, elegimos mirar hacía otro costado… Hasta que un día elegimos ya no hacerlo más.

Ser nena y que tu mamá le cuente a todo el mundo que te transformaste en señorita; ir al telo y que el amiguito jamás se levante; poseer un doctorado y que en tu trabajo te usen de mucama; estar conociéndote a vos mismo y que tu hermana abra la puerta; sufrir un accidente en la calle y tener la ropa interior sucia, son algunas de las situaciones más temidas por el ser humano promedio occidental. Humillación, vergüenza, pudor. A todas estas sensaciones las atraviesa la misma emoción: el miedo.

Sin embargo ¿Hay algo que genere más miedo que un hermano por elección, de esos por los cuales darías la vida se acueste con tu señora, la madre de tus dos hijos? ¡Por supuesto! Que se entere todo el mundo ya que el traidor es tu compañero de zaga en uno de los clubes más importantes de Hispanoamérica en un medio tan machista y arcaico como el fútbol. Llegan a Segurola y Habana: Eduardo Tuzzio y Horacio Ameli. Horacio Ameli y Eduardo Tuzzio.

Todo comenzó en 1998 cuando Alfio Basile los juntó en la zaga de San Lorenzo de Almagro. Tuzzio intentaba ser ese referente del fondo que El Cuervo había perdido tras la partida de Oscar Ruggeri aunque, claro esta, con marcadas diferencias tanto en el temple como en la personalidad. Para equilibrar sus falencias llegó Ameli, quién regresaba al país tras dos años en buen nivel en el Rayo Vallecano de España. La onda, la química y el entendimiento fueron totales, tanto dentro como fuera del verde césped. Tal es así que fueron titulares durante tres años y grandes baluartes en la obtención del Clausura 2001, ya con Manuel Pellegrini al timón del equipo.

Además ambos jugadores absorbieron la representación del plantel y se quedaron muchas noches haciendo cuentas y luchando contra Miele por el dinero que le adeudaba al grupo. “Peleamos por la plata nuestra, la de nuestros compañeros y la de los que se fueron”, era la frase de cabecera del Coco. Ese hecho los juntó y los hizo todavía más íntimos. En ese contexto, de incipiente aunque falsa fraternidad, el rosarino le presentó a Tuzzio a una ex novia suya, sin imaginar que este la terminaría desposando y convirtiendo, a la brevedad, en madre de dos preciosos niños.

La vida siguió su curso (?) y en 2003 El Ingeniero Pellegrini los volvió a juntar. Aunque esta vez en River Plate y a la inversa, ya que Tuzzio fue hacia el lugar donde ya se encontraba su compadre. Tras dos años en niveles aceptables, donde ganaron el Clausura 2004, una bomba de insólita envergadura estalló antes del partido contra Banfield por los cuartos de final de la Copa Libertadores 2005.

Tras rebajarse a revisar el celular de su mujer para comprobar que los rumores que le había acercado otro compañero eran ciertos, Tuzzio se abalanzó a los golpes sobre Ameli y tuvo que ser separado por cuatro compañeros. El damnificado (?) llamó a una reunión con todo el plantel, cuerpo técnico y dirigentes y allí blanqueó, con lujo de detalles, todo lo acontecido. La decisión del grupo -en voz de Marcelo Gallardo- fue darle vacaciones a Tuzzio y separar instantáneamente a Ameli del equipo, del plantel y de la institución, pero contó con la negativa de Astrada quién, aunque luego fue sindicado de haber manejado la situación con altura, lo único que no quería era poner como titulares a la dupla Gandolfi – Fernando Crosa.

A las pocas horas el chisme estalló en todos los medios gracias a Jorge Rial, quién hasta afirmó que uno de ellos había comparado un chumbo para matar al otro (?). Con todo el mundo posando su mirada sobre los zagueros y pese a que el Chipi Barijho se mofó los noventa minutos, River venció en esa serie al Taladro. Pero la situación ya era insostenible. Tras ser barridos por el Sao Paulo en semifinales, ambos jugadores fueron excluidos del equipo con ¿suertes dispares?.

Por un lado Ameli se vio condenado a entrenarse con los juveniles y hasta estuvo a punto de volver al plantel cuando asumió Mostaza Merlo quién, político como siempre, afirmó: “para mi, todos empiezan de cero”. Ahí fue cuando Gallardo mostró ser el macho alfa de la manada, ya que fue él quién le puso freno a esta idea del entrenador. En enero de 2006 El Coco logró un préstamo de seis meses en el club que lo vio nacer, Colón de Santa Fe, donde jugó 5 partidos en un pobre nivel y hasta hizo un gol en contra en la derrota ante Boca. Tras este breve paso siguió entrenándose en soledad hasta mediados de 2007, cuando finalizó su vinculo con El Millonario. La crucifixión, el olvido y la afirmación de que se trataba de un mal tipo, fue la peor humillación que el mundo del fútbol le brindó a ese jugador que se animó a hacer lo único que no debía animarse a hacer.

Por otro lado, un sentimiento sobreprotector desde la interna del fútbol abrazó a Eduardo Tuzzio quién, tras exiliarse un año en el Mallorca, volvió a River y ganó el Clausura 2008. Tras ser señalado como el principal responsable del último puesto Millonario en el Apertura de ese mismo año, en 2009 el jugador se unió a Independiente, donde ganó y fue elegido el mejor jugador de la Sudamericana 2010. Sus últimos cartuchos los gasta en la titánica tarea de salvar al Diablo del descenso sin poder, con 38 años a cuestas, separarse de ese mundo que lo humilla, jornada a jornada, por ser el menos viril en una tierra donde todos la tienen más larga y más gruesa. Además de erguida mayor cantidad de tiempo, claro.

Dando por descontado que, sintiendo empatía por alguno de los personajes de esta historia, cada uno de ustedes va a contar su situación más humillante en esta vida, sólo resta preguntar…

¿Ganador?

Bottinelli: Adidas Questra


Lanzamiento: 1992 con motivo de la implementación de la Línea “Adidas Questra” (que incluía el balón oficial) a utilizarse en el Mundial USA ´94.

Retiro del Mercado: 1996 cuando, por la realización de la Eurocopa en Inglaterra, Adidas decidió volcar todas sus fichas al desarrollo y comercialización de la línea Predator. Con el tiempo y, claro esta, con notables diferencias, salieron otros exponentes de esta franquicia entre los que se destacan: los Questra Lii MG, los Questra Traxion, los Questra III TRX FG Mens y hasta una línea de zapatillas.

Modelos oficiales: Fernando Redondo, Ronald Koeman, Paul Ince, Jürguen Klinsmann y Thomas Hässler.

Calce, Estabilidad, Sensibilidad y Durabilidadad: No sé, nunca me los puse (Que van a mandar, que van a mandar…).

La de Cal: Esta línea vino a romper con la hegemonía de los clásicos y aburridos modelos World Cup, Copa Mundial, Profi y Kaizer 5. Además fue la primera vez que, con objetivos promocionales, una marca hizo una contratación masiva de jugadores a escala mundial. En el aviso vemos a Fernando Redondo vendiéndolos con… ¡un par de World Cup puestos! Se me chispoteó decía Gómez Bolaños.

Los Questra fueron los primeros en los que se modificaron las clásicas tres tiras. También fueron los últimos en ser fabricados íntegramente con cuero de ternera (por si alguien no lo sabia, cada vez que vemos a alguien patear con un botín Adidas hay un pedazo de canguro recubriendo el pie del jugador). Además, tras su lanzamiento, el resto de las empresas redoblaron sus esfuerzos tanto en desarrollo como en marketing y calidad. Luego de los Questra, “el juego” cambió para siempre.

La de Sand: Adidas se encargó, desde siempre, en proveer el equipamiento a la selección de su país de origen: Alemania. Teniendo a todo el plantel dentro de su escudería, los encargados de marketing eligieron a Hässler, Klinsmann, Bodo Illgner y Rudi Völler para utilizar ¿los Questra? No, algo peor (?).

Los jugadores antes mencionados fueron utilizados como conejillos de indias de la primitiva nueva línea Predator, aún en etapa de desarrollo. De hecho, se sindicó a este experimento como uno de los causantes del pálido juego exhibido por los teutones hasta octavos de final.

Entonces, argumentando poca estabilidad, falta de precisión en los remates y sin mediar aviso a los encargados de Adidas, los players cambiaron sus botines para el encuentro ante Bulgaria por Cuartos de Final. Otra vez los viejos y queridos Questra.

Y ahí los vemos a todos en el gol de Stoitchkov que los dejó afuera del Mundial. Völler y Klinsmann saltaron antes de tiempo, Hässler se escondió detrás de la barrera e Illgner se quedó completamente atornillado al suelo. Al final, se hubieran quedado con los Predator, che…

Manchester United 2 – Boca Juniors 0 (2002)

Un verdadero duelo multimedia (?) fue el que protagonizaron, allá por agosto de 2002, el Manchester United del inmortal Alex Ferguson contra el Boca Juniors del vilipendiado Oscar Washington Tabárez, en el marco de ¡la UEFA Champions League!… o al menos, eso fue lo que nos mostraron en el cine.

El partido, a beneficio de UNICEF, contó con toda la parafernalia de un típico match de la Premier League, a saber: puteadas para los visitantes, pierna más que fuerte los noventa minutos y, por sólo dos Libras, un programa oficial para conocer mejor a aquellos aborígenes jugadores que habían llegado de la tan lejana Argentina.

Pero, además, el encuentro marcó el debut de Rio Ferdinand con la casaca de Los Diablos Rojos y los regresos de David Beckham y Juan Sebastián Verón tras sus tan publicitadas vacaciones en Corea y Japón, donde, casualmente, se había jugado un Mundial de fútbol.

A los bifes, el United le obsequió una paliza histórica al Xeneize, venciéndolo 2 a 0 con tantos del holandés Ruud Van Nistelrooy. Sin embargo, son más recordados algunos acontecimientos tales como: la caricia con el codo que le regaló Tévez a la cara del Colorado Scholes y el “arrugue” de Verón cuando se le fue al humo el entonces pibe Nicolás Burdisso.

Cumpliendo con los requisitos de un Repartido que se precie de ser tal, el encuentro quedó inmortalizado ya que, durante años, una instantánea de Schiavi y Solskjaer ilustró la portada de los Pro Evolution Soccer piratas y, además, la película “El Día Después de Mañana” incluyó imágenes del encuentro, siendo vista esta cinta por más de 50 millones de espectadores a lo largo y ancho del planeta. Y, precisamente, en la escena del partido se vio lo más tétrico de este clásico del cine catástrofe.

En principio, es extraño que un relator de la bienvenida a los 63 minutos con el partido 3 a 1 a favor de ¿los visitantes? ¡Si, los visitantes! Ya que, aunque claramente se trata de Old Trafford, se lo presenta como Glasgow, Escocia, donde el Celtic, con su curiosa camiseta azul y oro (?), recibe al Manchester United. Además, el personaje escocés que mira el encuentro –demasiado enfervorizado para haberse subido a la trasmisión a mitad del segundo tiempo- grita el gol de Los Diablos Rojos, en un típico caso de doblecamiseteo extremo o, al menos, antipatridismo (?) feroz.

Y por último, aunque fue glorioso un remate apenas desviado de Héctor Bracamonte ¡desde mitad de cancha!, el director prefirió incluir una escena que mostraba toda la rapidez de reflejos del Pato Abbondanzieri. Con razón perdieron el Oscar a los Mejores Efectos Especiales. ¡Pintate un mechón, Roland Emmerich!

Segurola y Habana: Caruso Lombardi Vs. Fabián García

Enfrentamientos históricos, peleas memorables, duelos personales. De eso se trata esta nueva sección: Segurola y Habana, la esquina de En Una Baldosa. Esperemos que dure más que 30 segundos (?).

Hay momentos que quedan, a perpetuidad, grabados a fuego en el inconsciente colectivo. ¿Qué hacías cuando te enteraste del doping positivo del Diego en USA 94? ¿Dónde estabas cuando cayeron las Torres Gemelas? ¿Con quién andabas cuando palmó Néstor? ¿Con quien te abrazaste cuando se murió Julio Grondona? ¿Y cuando Bergoglio se transformó en Sumo Pontífice?

En fin, en el Olimpo de situaciones inmortales –aquellas que generan tantas sensaciones como personas haya en la Argentina- ningún hecho se compara a este que, de tan triste, ya se transformó en glorioso. ¿Un día de Furia? ¿Street Fighter? ¿El final de Rocky V? No. Ricardo Caruso Lombardi contra Fabián García en las calles de Constitución y con trasmisión casi en directo para todo el país.

El grotesco sucedió el lunes 14 de mayo de 2012, cuando el incorregible Ricky fue a los estudios de T y C Sports para dar una entrevista en el programa Estudio Fútbol. Tras despuntar su pasión de estar frente a las cámaras y, ya que estaba, despotricar contra los árbitros, el fixture y la opinión futbolística del resto de los humanos, el entonces técnico de San Lorenzo salió del canal en búsqueda de su automóvil, el cuál había dejado en el estacionamiento de en frente. Fue allí donde se cruzó con Fabián García, el ayudante de campo de su antecesor en el banco Cuervo, quién se estaba limpiando caca de perro de sus zapatos, sin (?).

García, con la sangre en el ojo por la sospecha que El Tano había hecho una vieja y querida “cama” para quedarse con el puesto de Leonardo Madelón y que, además, se sentía ofendido por algunos dichos de Caruso sobre la falta de preparación física del plantel, fue el primero en acertar un golpe tras los insultos de rigor.

El ayudante de campo se fue con dirección a la esquina y al rato llegó el técnico, quién en el camino se arrepintió de usar una silla para partírsela por la cabeza a su contrincante. El resto es historia conocida, ya que en ese momento llegaron las cámaras para dejar testimonio de un bochorno histórico e inolvidable de nuestro fútbol: “Te viniste condosotre” (x5), Vasir en canaigua” (x5), “No me midas” (x4), “Mataste a uno” (x4) y el sopapo a la gorra del policía se trasformaron en remera, hashtag y objetos de culto in eternum.

A la hora de hacer memoria y balance (?), hay que decir que aunque el técnico aparentó llevarse las de perder -ya que se ligó al menos un tortazo histórico, envejeció un par de años ante semejante ataque de nervios y quedó como un mitómano al sostener, hasta el día de hoy, que en realidad García lo atacó con una patota- el ayudante de campo de Madelón quedó estigmatizado por un hecho policial de antaño y no volvió a laburar. Así que ya sabemos quién perdió: el fútbol. Sólo resta preguntarle al soberano (?):

¿Ganador?