¿Cómo te dicen?: Carlos «Corky» Mac Allister

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Acuérdense, lectores: en los primeros noventa todos usábamos epítetos como “retrasado”, “retardado”, “deficiente”, “síndrome”, “down” y “mogólico” en el afán de denigrar, lastimar o burlarnos; aunque, en ese momento, claro, ninguno sentía que estaba en falta, tanto por nuestra escasa edad como por el medioambiente que nos acobijaba.

En ese contexto, no fue de extrañar que todos adoptemos la palabra “Corky” como una nueva bala para lanzar a discreción, amparados en el protagonista de la serie estadounidense “La Fuerza del Cariño”. ¿Quién era? Un joven con síndrome de down quien -junto a su familia- le hacía frente, capítulo a capítulo, a la discriminación, a la ignorancia y a la falta de oportunidades.

Además, el personaje (encarnado por el actor Chris Burke) lidiaba con los problemas típicos de todo adolescente como el enamoramiento, las amistades, andar solo en autobús y el estar siempre a cargo de su hermano Carlos Patricio Tyler.

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La llegada de Carlos Javier Mac Allister a Boca Juniors, a mediados de 1992, significó, para el mainstream futbolero, la aparición de un nuevo personaje digno de destacar: colorado, petiso, pecoso, pelado, rústico, poco atlético, avejentado pese a sus 24 años. El tipo, cuanto menos, era especial, dicho en contraste de compañeros y rivales.

Y fue precisamente por esos días cuando el relator Marcelo Araujo sorprendió a todos quienes estábamos hacinados en una estación de servicio mirando fútbol codificado: “ahí la tieneee coooorky… ahí la llevaaa coooorky… despejaaa coooorky… ¡Bien Corky!”. Las risas se multiplicaron y aquel hecho no pasó desapercibido. Para nadie.

Desde aquel momento y dicho por el propio Colorado, el lateral fue victima del activo y feroz bullying del Beto Márcico, El Manteca Martínez y Blas Giunta, quienes lo hostigaron día y noche con su supuesto parecido físico al actor norteamericano, llegando, incluso, a cantarle el tema con el que Telefe musicalizaba el envío: “I Will Always Love You” interpretado por Whitney Houston.

Fue el propio Mac Allister quien le puso freno a las cargadas cuando un día se encontraba enfermo y decidió escupir dentro de la taza donde Blas Giunta estaba tomando café. Ahí terminó todo en la interna. Aquel Boca tenía otras razones por las cuales pelearse. Así y todo, el apelativo “Corky Mac Allister” ya estaba instalado en nuestro fútbol de manera clandestina. ¡No vaya a ser cosa que alguien te escuche riéndote de eso!

“Pará, Turco, no seas boludo… despertate HDP”

En 2015, Carlos Javier Mac Allister fue designado Secretario de Deportes de la Nación por el Presidente electo, Mauricio Macri, quien en 1996 lo había echado de Boca por ser el autor intelectual de la estrategia para llegar a un acuerdo por los premios económicos.

Así es, nuestro protagonista llegó al gobierno amparado en alguien que en el pasado le había hecho bullying. El final ideal para la serie…

Barroso Gastón [Actualización 2015]

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Gastón Adrián Barroso (El Gato)

A ver, repasemos: Claudio Borghi, Diego Latorre, Ariel Ortega y Lionel Messi ¿Qué pasa con esos cuatro? Por diversas razones, todos y cada uno de ellos fueron señalados al comienzo de sus respectivas carreras con el apelativo de “El Nuevo Maradona”, más allá que el clonar futbolísticamente a alguien es prácticamente imposible y que luego los antes mencionados brillaron con luz propia, como el resto de los individuos de este planeta.

A partir de hoy, a esa lista le vamos a sumar a alguien que desde un medio deportivo español recibió la madre de las comparaciones futbolísticas cuando aún no era mayor de edad y que luego no decepcionó, por que básicamente en la Argentina nadie esperaba nada de él. Nacido el 1 de noviembre de 1971, con nosotros: Gastón Adrián Barroso.

Enganche habilidoso y asistidor, El Gato se inició en Argentino de Quilmes y con apenas 15 años pasó a Boca Juniors por expreso pedido del Pato Pastoriza. Tras cinco años jugando para la Reserva, Barroso tuvo su debut y despedida de manera oficial en la octava fecha del Apertura ´91, cuando Oscar Washington Tabárez lo hizo ingresar por Antonio Mohamed durante los últimos ocho minutos de la victoria 2 a 0 sobre Platense.

Un año después, en octubre de 1992, Barroso se despidió del Xeneize en la derrota 1-3 contra el Sevilla. Esa tarde, El Maestro puso a habituales relevos y El Gato ingresó por El Beto Carranza en los últimos 20 minutos, tal su carácter de suplente de suplente. Al menos, pudo ver de cerca a Diego Maradona sin comprender por que la gente coreaba el nombre del 10 de los españoles y no el de él (?).

Tras salir campeón del torneo preliminar de 1992 y después de la gira por España de 1993 en la que no ingresó, El Profesor Habegger le dijo que no lo iba a tener en cuenta y el volante se exilió en Belgrano de Córdoba (1993/94), donde no actuó ni un solo segundo. Luego bajó hasta el Nacional B y allí tuvo un buen rendimiento en All Boys (1994/95), teniendo su pico de productividad en la victoria por 3 a 1 sobre el Estudiantes de La Plata que arrasó en ese torneo.

Aceptándose ya como un jugador del ascenso, El Gato también anduvo por Atlético de Rafaela (1995/96), otra vez All Boys (1996/97) y luego en la Primera B luciendo las camisetas de Almirante Brown (1998/2001), Defensores de Cambaceres (2002) y Deportivo Laferrere (2003/04). Además, en 2003 estuvo en el Olmedo de la Segunda División ecuatoriana.

Y así acabó la carrera deportiva de Gastón Barroso, quien en sus momentos de melancolía debe trasladarse mentalmente hacía mediados de 1988, cuando se encontraba de gira por España con los juveniles Xeneizes e inesperadamente fue protagonista de la por entonces preciada contratapa del diario catalán El Mundo Deportivo. Y de ahí extraemos los siguientes fragmentos para ayudar a la memoria y al ego del Gato.

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“Me sorprendió que me llamasen así. Hasta ahora nunca me habían comparado con Diego Armando. Ni siquiera nos parecemos físicamente. Él es morocho y yo más bien tirando a rubio. Lo que sucede es que ambos somos futbolistas eminentemente técnicos… mi ídolo es el Beto Alonso… mi sueño es pertenecer algún día al F.C. Barcelona”.

Evidentemente, no se le cumplieron algunos sueños pero al menos a Gastón Barroso no le dieron positivo tres controles antidoping. Algo es algo…

Castro Javier

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Javier Esteban Castro (Saviolita)

Una bendición. Eso significó la aparición de Javier Pedro Saviola, allá por 1998, tanto para River Plate como para todo el fútbol argentino y hasta mundial. Es que de aquel adolescente nadie tenía ningún dato, no sobrevolaba rumor sobre sus habilidades deportivas y tampoco había formado parte de seleccionado juvenil alguno. Nada. Y un buen día, claro, apareció y nos dejó con la jeta abierta a todos. El resto es conocido y soñado: goles, títulos, Selección Argentina, publicidades con Verón (?) y traspaso a Europa en más de 20 millones de verdes. Grosso.

Una maldición o al menos un apresuramiento fue el que, lamentablemente, hizo Godoy Cruz Antonio Tomba en 2002 con la aparentemente máxima aparición de esa institución en toda la historia: lo anunció como “el” delantero del futuro; lo intentó convertir en un emblema de Mendoza y le adjuntó como una cruz el apellido del añorado Conejo –en diminutivo- a instancias de su primer nombre, de su posición en la cancha, de su evidente endebles física y de la edad de su debut con el primer equipo. Señores… brindamos esta afectuosa bienvenida a En Una Baldosa para Javier Saviolita Castro, nacido el 20 de junio de 1986.

Veloz, pícaro, habilidoso, el pibe tuvo una quincena vertiginosa en noviembre de 2002. Primero debutó en el Nacional B contra Almagro, después convirtió su primer gol frente al Deportivo Español y luego fue convocado por Hugo Tocalli para la Selección Sub 17. Por esos días, cualquier información vinculada a los mendocinos pasaba por el hacer o el dejar de hacer del querido Saviolita. Un verdadero Youtuber antes de You Tube, tal es así que en el verano de 2003 hubo escenas de histeria colectiva cuando entregó alimentos para un comedor junto a Oscar Ahumada de River Plate antes de un encuentro amistoso.

Además y siguiendo con su buena estrella, fue incluido en la lista de la Selección Argentina que disputó el Sudamericano Sub 17 de Bolivia. Si bien durante ese torneo estuvo tapado por baldosas como Ariel Colzera, Billy Rodas, El Látigo Peirone y el hermano del Hachita Ludueña, nuestro homenajeado jugó casi todos los partidos y tuvo su momento de gloria en la Primera Fase, contra Perú, cuando el entrenador le dijo: “Si te apellidás Castro, te tenés que destacar” (?) y Saviolita marcó su único tanto con la albiceleste.

Acá hacemos un punto y aparte, por que a partir de ahí todo fue barranca abajo para el atacante. Igual que la carrera de Saviola cuando conoció a Romanella Amato, claro que en el caso de Javier Castro sin billetes ni rubia (?). Con un nivel entre decepcionante y lamentable, el mendocino fue perdiendo espacio aunque se mantuvo en El Bodeguero hasta finales de 2005, cuando pasó a préstamo a Guillermo Brown de Puerto Madryn del Argentino A. ¿Y qué pasó en su ausencia? Godoy Cruz ascendió a la División de Honor (?). Toda la leche…

Sin embargo, ese patriarca devenido en secretario técnico, gurú y guía espiritual de los cuyanos llamado Daniel El Gato Oldrá dispuso que Saviolita volviese al plantel del Tomba en el Apertura 2006, para mantener a la familia unida y con la explicita intención de “intentar recuperar al jugador” que ya contaba con extensos 20 años. Un lugar en el banco de suplentes en una derrota con San Lorenzo (0-3) en el Nuevo Gasómetro fue toda la rehabilitación que Javier Castro pudo lograr.

Bajando de niveles más rápido que Mario Bros, Saviolita continuó despuntando el vicio, ya de manera ignota, por Comunicaciones de Primera B (2008/09), Gutierrez Sport Club del Argentino C (2011) y Lujan de Cuyo (2009/10), Guaymallén (2012/13) y Empleados de Comercio de Mendoza (2013/14) del Argentino B. A sus 29 años, Javier Castro está retirado y trabaja en una empresa familiar. Como en el cómic de Superman, la versión bizarra duró mucho menos tiempo que la original…

Trapasso: «In$úa traidor» de Independiente en Alemania

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Palabras, palabras, palabras… dicen, quienes saben y quienes no, que las palabras hieren mucho más que la espada. Por bronca, desamor, descontento, envidia, descargo o por la razón que fuere -siempre de índole negativo- la concatenación de palabras que son enviadas para lastimar suelen acarrear un triste efecto irreversible. Más aún, cuando uno se las dice a otro ser humano con quien, en algún momento, hubo un ida y vuelta de afecto… en el mundo del fútbol, claro, las palabras más dolorosas son las que se escriben, porque logran el preciado don de la inmortalidad.

Hay sensaciones futbolísticas que, por el paso del tiempo y por el advenimiento de nuevos acontecimientos, quedan olvidadas como si nunca hubiesen existido. Porque, como todo, son apenas el reflejo de un momento. Por ejemplo: es muy difícil explicarle a un futbolero que no lo vio en su plenitud la sensación de miedo que daba Javier Saviola en los hinchas rivales. Pánico, para ser precisos. Totalmente contrastable, claro, a la especie de hazmerreír en la que se convirtió durante los primeros meses de su vuelta al fútbol argentino a mediados de 2015.

¿A qué vamos con todo esto? A que desde su aparición como jugador de Argentinos Juniors y como miembro estable de las selecciones juveniles -allá por 1997- todo el mundo sentía que Federico Insúa había nacido para ser jugador de Independiente de Avellaneda. ¿Y en qué se basaba ésta apreciación? En la nada misma, obvio. Tal vez por instinto, por paladar, por fisic du rol o por cualquier otro intangible, tanto periodistas, como hinchas y hasta empresarios y dirigentes sabían que la llegada del Pocho a la Doble Visera era inminente. Y esa sensación vivió durante algunos años…

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El día de la llegada de Insúa a Independiente finalmente llegó a principios de 2002. Y el furioso amor, entre hinchas y jugador, no es que pareció instantáneo sino que se asemejó al desencadenante del deseo de dos niños que crecieron juntos y que esperaron una relativa madurez para darle rienda suelta a su pasión. Misma emoción que se potenció cuando El Pocho se convirtió en el más preciado accesorio de lujo en la obtención del Apertura ’02. Idilio.

“Estoy desesperado, se me va el 10. Quiero llorar…”, esas palabras desequilibradas corresponden al entonces Presidente de Independiente, Andrés Ducatenzeiler, cuando el volante se marchó al Málaga español a mediados de 2003. Y, por supuesto, reflejaban el apesadumbrado sentir de todos los hinchas. El bálsamo al sufrimiento apareció un año después cuando renunció Ducatenzeiler se murió Pastoriza El Pocho volvió a la institución.

Un gol a Almagro a los 10 minutos de su vuelta, dos tantos a Boca en una tarde inspirada y el mismo confiable nivel de siempre, fueron más que suficientes para mantener efervescente el romance con la gente del Rojo, que ya fantaseaba con verlo como el Jedi del Padawan que asomaba desde inferiores: El Kun Agüero.

Sin embargo, nadie en Independiente se preocupó por marcar una tilde en la regla más básica de amor: tener la certeza que la contraparte, al menos mientras dura el enamoramiento, es propiedad de uno. E Insúa no lo era. Y peor aún, nadie se había preocupado por que lo fuera.

Así las cosas, los dueños del pase del Pocho escucharon ofertas, hicieron números y decidieron vender la ficha de Federico Insúa a Boca Juniors, donde jugó la temporada 2005/06, ganó los cuatro títulos que disputó, tuvo un nivel superlativo y además…

Un año después, El Xeneize vendió al volante al Borussia Mönchengladbach por el doble del precio al que lo había adquirido. Y fue ahí, jugando en la Bundesliga, cuando el 26 de noviembre de 2006 un hincha de Independiente dejó en evidencia su despecho durante el partido que el equipo del Pocho perdió 1 a 0 como visitante ante el VFB Sttugart.

“IN$UA TRAIDOR EL ROJO NO PERDONA” fue la inesperada bandera que un hincha de Independiente -que había hecho buenas migas con aficionados teutones durante el Mundial 2006- le dedicó al jugador como esos novios abandonados que van totalmente borrachos a hacer un espectáculo patético años después de muerta la relación. Nada más para decir sobre eso, cada quien digiere el dolor como puede…

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América y Necaxa de México, otra vez Boca Juniors, Busarspor de Turquía y Vélez Sársfield fueron las amantes de Insúa en la época en que fue perdiendo vigor y vitalidad ¿Y qué le quedaba? Volver a los brazos de la ninfa que más lo amó y que encima necesitaba de él. Y así, a comienzos de 2014, después de casi 9 años de recelo y reproches, El Pocho e Independiente tuvieron sus terceras nupcias para intentar que el equipo de Avellaneda abandonase el Nacional B, objetivo que se logró, a duras penas pero se logró.

Sin embargo, apareció un tercero en discordia de nombre Jorge y de apellido Almirón, que apenas utilizó al veterano volante durante escasos 10 minutos. Encima, Insúa cometió la herejía de querer cobrar viejas deudas y, tras depositar dos cheques, el Presidente Hugo Moyano lo echó por teléfono, obligando al Pocho a entrenarse con la Reserva. Punto final.

Si bien hubo un mínimo descontento, los hinchas del Rojo estaban más molestos por la marcha del equipo que por el exilio del jugador. El mundo siguió girando, por más que haya muerto el amor…

“¿Where Shall I Go? ¿What Shall I Do? // Frankly, My Dear, I Dont Give A Damn”
“¿Adonde Iré? ¿Qué haré? // Francamente, Mi Querida, Me Importa Un Bledo”
(Línea final entre Scarlett O´Hara y Rhett Butler, Lo Que El Viento Se Llevó, 1939)

Benítez Luis

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Luis Alberto Benítez (El Chino)

Glorioso. Así fue el debut en Primera División de este ¿Delantero? ¿Atacante? ¿Goleador? Nada de eso. Simplemente jugador que el 26 de marzo de 2004 y frente a Chacarita debutó con la camiseta de Racing Club de Avellaneda al ingresar a los 81 minutos por el colombiano Andrés Orozco ¿Y qué sucedió? Sobre los 90 minutos convirtió el gol de la victoria para que el equipo del Pato Fillol venciera por 2 a 1 a Los Funebreros y quedase como único escolta del entonces líder, Talleres de Córdoba. Soñado…

Así de electrizante fue la presentación en sociedad de Luis Benítez (14/02/1985), que con 19 años, estaba llamado a ser la futura sensación de La Academia. Tal es así que lo pusieron como titular a la siguiente fecha, contra Banfield (1-3). Y fue ahí mismo cuando su estrella se comenzó a apagar. Errante, desorientado, a veces desganado, como quien no encuentra su lugar en la cancha, apenas sumó minutos en otros seis encuentros actuando como suplente.

Tras más de un año cocinándose en la reserva y gracias al escaso poder de gol de Carlos Luna, Osvaldo Miranda y Santiago Malano, El Chino volvió a Primera para jugar otros cuatro partidos durante el Apertura 2005 ¿Y? Y eso… Luego de otro año colgado, participó en cuatro encuentros del Apertura 2006 por la ausencia del Colorado Sava y hasta marcó su último gol en Primera, al convertirle un penal a Banfield (derrota 2-3).

El débil Santiago Wanderers de Chile fue el lugar donde se exilió durante todo 2007. Y ni bien llegó al país trasandino, Benítez vendió algo de humo aunque sin demasiada convicción: “Soy un centrodelantero que se mueve por todo el frente de ataque, aprovecho mucho el juego aéreo y sé jugar con los pies. Quiero romperla en Chile”. Una lesión en la clavícula en su primer amistoso retrasó su debut oficial, por tal razón apenas jugó un par de partidos y su contrato fue rescindido una vez que el conjunto caturro descendió de categoría. Todo mal.

Tras vegetar todo 2008 en la reserva de Racing, el Chino fue a parar al Olmedo de Ecuador, donde durante un año convirtió 4 goles en 17 partidos, fue compañero de Santiago Bianchi y no dejó un gran recuerdo entre los aficionados.

¿Y qué le quedaba a nuestro héroe después de esa lúgubre experiencia en el exterior? Volver a Racing Club, claro, donde al cabo de dieciocho meses apenas se metió a correr durante 8 minutos en un empate 0 – 0 frente a Tigre por el Apertura 2010, ante la total indeferencia de sus propios hinchas, quienes ya habían olvidado su hazaña juvenil.

A mediados de 2011 y ya sin nada que perder, Benítez superó una prueba de Caruso Lombardi y se sumó a Quilmes, para dejar a todo el mundo boquiabierto en su primera aparición pública: “He jugado como centrodelantero, pero yo soy cinco… soy un volante central de buen manejo que cuando tiene que meter, mete”. Cierren todo…

Lo cierto es que durante esa temporada en el Nacional B solo apareció durante unos minutos frente a Boca Unidos. Aunque, eso si, pudo darse el gusto de jugar como volante de contención contra Deportivo Riestra por los 32° de final de la Copa Argentina 2011 ¿Y cómo jugó? Re bien, fue reemplazado a los 30 minutos.

Un par de minutos frente a Atlanta por los 16° de final de aquella competición y un asalto sufrido en una panadería fueron las últimas noticias que tuvimos del Chino Luis Benítez, quien con 27 años desapareció completamente del mapa tal vez en búsqueda de su verdadera posición. Suerte con eso…

Salazar Néstor [Actualización 2015]

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Néstor Fabián Salazar Díaz (Palmira / Tigrillo)

Atacante colombiano nacido el 19 de diciembre de 1973 en la cuidad de Palmira (de allí viene su apodo) con una incurable adicción por cambiar de camiseta y decepcionar cada una cierta cantidad de tiempo, generalmente no mayor a un año.

Tras pasar, con suerte dispar, por diferentes categorías vistiendo los colores de Palmira FC (1994), Bucaramanga (1995), Deportivo Cali (1995), Tuluá (1996/98), Valledupar FC (1999), América de Cali (2000) y Nacional de Medellín (2001), la chance de actuar en el Fútbol Argentino le llegó a mediados de 2002, luego de estar seis meses sin jugar en Junior de Barranquilla por una grave lesión en los aductores.

Y así, con el cuerpito maltrecho y el Apertura arrancando, Palmira se apareció un día por Gimnasia y Esgrima de La Plata (2002), gracias a la insistencia de Carlos Ramacciotti, a quien se le había frustrado por poco el fichaje del Rafa Maceratessi, quien prefierió irse a probar a la Segunda de Inglaterra.

Al colombiano le ofrecieron uno de esos contratos acordes a la época, que estipulaba que cada dólar que recibiría durante un año iba a ser cambiado automáticamente por 3,50 pesos. El Tigrillo pensó un segundo y retrucó: «Está bien, pero voy a estar 2 meses recuperandome y sin jugar. Si me los pagan, hay acuerdo…». Todavía no sabemos quien estafó a quien…

En El Lobo, nuestro amigo recién debutó por la octava fecha, cuando fue titular en una derrota ante San Lorenzo (0-1) en El Bosque, exhibiendo habilidades propias de un amateur. Después acumuló minutos basura siendo suplente durante un par de encuentros y volvió a la titularidad en la victoria por 2 a 1 frente a Newell´s, donde marcó su único tanto en estas tierras (foto). Fue tanta la incredulidad, que la hinchada Tripera desató instantáneamente un euforico canto hacía el entrenador del equipo rival, dadas las bizarras noticias de entonces.

Palmira Salazar volvió a ingresar como suplente en algunos partidos más y en enero de 2003, cuando pidió revisar los números de su contrato, fue invitado gentilmente a volverse a Colombia. Escasos 8 encuentros por campeonato, otro por Sudamericana y un mísero gol dan fe de su estadía en La Plata.

Centauros Villavicencio (2003), Nacional de Medellín (2004), América de Cali (2004/05), Deportivo Pereira (2005), Deportivo Quito de Ecuador (2006), Deportes Quindío (2006). Boyacá Chico (2007/08), Deportivo Pasto (2009), Real Cartagena (2009/10), Independiente Santa Fe (2010) e Itagüi (2011) fueron los lugares donde siguió buscando su lugar este «Twetty Carrario Berraco«.

Inesperadamente, el nombre del Tigrillo Salazar cobró furiosa actualidad cuando, en octubre de 2015, la FIFA intimó a Ecuador para que el Deportivo Quito cancele una deuda de 97.000 dólares con el jugador bajo amenaza de dejarla afuera de las Eliminatorias.

¿Y qué pasó? A las pocas horas comenzaron los pagos y la Selección Bananera le ganó por 2 a 0 a la Argentina de Martino en el Monumental… pero atentis (?), que si la Federación no le descuenta 6 puntos a La Academia en el torneo doméstico, todavía puede haber desafiliación para Ecuador y podremos escritorizar los puntos que legalmente perdimos en la cancha… lo que no lograron Tévez, Agüero y Pastore nos lo puede brindar Palmira Salazar… ¿Quién lo hubiese dicho?

Hässell Mariano

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Mariano Ángel Hässell

“Ja… Jaja… Jajajaja… En el Mundial Sub – 20 de Holanda 2005 jugaban adelante Pablo Vitti con Cachete Oberman y Messi y el Kun Agüero eran suplentes ¿Podés creer? Ja… Jaja… Jajajaja…”. Ese mini monólogo, mezcla entre chiste sin convicción junto a noticia que a nadie sorprende, es repetido hasta el hartazgo -tanto por periodistas, tuiteros como hinchas- cada vez que se repasan los primeros pasos de La Pulga de Barcelona Rosario en la Selección. Sin embargo, hay una prehistoria de la que nadie habló ni habla y que tiene como protagonista  estelar a nuestro homenajeado del día: Mariano Ángel Hässell.

Nacido en Campana el 14 de Febrero de 1986, Hässell arrancó a jugar al fútbol haciéndole honor a la fecha de su nacimiento; ya que enamoraba como un delantero o enganche talentoso, vertical y habilidoso. Desde ya, fue el Macaulay Culkin de San Lorenzo de Almagro en todas las etapas formativas y también obnubiló a Pékerman, Tocalli, Tojo y a todos los demás responsables de las categorías juveniles de AFA, quienes empezaron a edificar un equipo alrededor de sus virtuosas patas.

Pese a eso, Marianito tuvo su primer revés deportivo en 2003, cuando quedó afuera del Sudamericano Sub 17 de Bolivia en beneficio de Gustavo Rodas, Hässell off (?). Así y todo, tuvo su revancha cuando a los pocos meses fue incluido en la lista del Mundial de la categoría en Finlandia, en desmedro del eternamente quilomberísimo Billy. Hässell Baink (?).

Con la camiseta número 10 en sus espaldas y llamado a ser la manija del equipo, Hässell mostró un nivel discreto tirando a apático tanto en la victoria por 2 a 0 sobre Australia en el debut (sustituido a los 54 por Fernando Gago) como así también en el triunfo sobre Costa Rica por la Segunda Jornada (reemplazado a los 56 por el hermano del Hachita Ludueña), quedando relegado al banco de suplentes.

Para peor, por esos días Hugo Tocalli recibió el famoso video con las habilidades futbolísticas de un pibe argentino al que nadie conocía y sobre quien, decían, era muy superior a la estrella de la España que nos eliminó de la competición, el catalán Fabregas, que a la postre sería Balón de Oro Sub 17. “Y yo le dí la camiseta de Maradona a Mariano Hässell en una Copa del Mundo” se habrá torturado el entrenador…

El enganche volvió a ver acción con apenas 4 minutos en el empate 1 a 1 contra Colombia por el Tercer Lugar y hasta convirtió el penal que les dio la victoria a los argentinos en la definición. Después volvió al Cuervo para instalarse en la memoria de sus hinchas como una decepcionante promesa que jamás se materializó. Más aún cuando, en enero de 2006, Gustavo Alfaro le dio la chance de debutar frente a Racing por el Torneo de Verano y Marianito vio la roja 17 minutos después de ingresar. Nunca más fue tenido en cuenta.

Tras un año a préstamo en el sospechoso Locarno de la Segunda División de Suiza (2006/07), Hässell regresó a San Lorenzo y, a sabiendas que Ramón Díaz no le iba a dar bola, le compró al club la totalidad de su pase por 25.000 dólares. Extrañamente, se sumó a Newell´s Old Boys (2007/09), donde solo apareció 10 veces por la reserva. Como suplente.

Luego de probarse sin éxito por Fénix de Montevideo, Instituto de Córdoba y Argentinos Juniors, Hässell bajó hasta Primera B y allí superó una evaluación en Sarmiento de Junín (2009), donde en un semestre solo jugó a la pelota un par de veces. Esa temporada la terminó en Comunicaciones (2010) con un rendimiento equitativo entre escaso e irremontable.

Otra vez el sospechoso Locarno de la Segunda División de Suiza (2010/12), Vaduz de Liechtenstein (2012/13) y otra vez el sospechoso Locarno de la Segunda División de Suiza (2013/2014) fueron los siguientes destinos donde deambuló la ex promesa.

Desde mediados de 2014, Mariano Hässell defiende los colores del FC Chiasso –también de la B helvética-, donde es dirigido por el tano Gianluca Zambrotta, quien seguramente le debe comentar a sus conocidos: “Ja.. Jaja… Jajaja… En el Mundial Sub-17 de Finlandia jugaba éste con la 10 mientras mi ex compañero Messi se andaba inyectando hormonas de crecimiento ¿Podés creer? Ja… Jaja… Jajajaja…”.

Son decisiones: La camiseta de Boca de 30.000 dólares

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Ah, los noventa… Siempre los amados noventa. Época horrenda y hermosa, donde todos teníamos un pequeño Men*m instalado en nuestra existencia. Pese a estar en las antípodas futbolísticas del riojano que marcó esa etapa desde la Presidencia de la Nación, Boca Juniors tampoco fue ajeno a esa tendencia: jugadores sobrevalorados desde el precio pero que poco podían dar desde lo futbolístico; modernización de ese templo llamado La Bombonera, pero solo en las zonas que servirían como cocina del “Toma y Daca”, tanto empresarial como político del siguiente milenio. Y, por si eso fuera poco, la camiseta más cara de la historia del fútbol mundial. ¿Ley de convertibilidad? Eso no afectó a las casacas del Xeneize regenteadas por el inefable Carlos Salvador Bilardo.

El año 1996 comenzó con Mauricio Macri asumiendo la Presidencia de Boca Juniors y con el arribo del Doctor como director técnico luego del trágico descarrilamiento del segundo ciclo de Silvio Marzolini. Ambos claro, como las caras visibles de la Reforma del Estado Xeneize.

La primera medida del Ingeniero fue derribar los viejos palcos. La primera determinación de Bilardo fue, sin dirigir ningún entrenamiento, desafectar del plantel al Beto Márcico, a Roberto Cabañas y a Blas Giunta, quien días después recibió el indulto. Menemismo al palo.

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Con un plantel que incluía a Maradona, Caniggia, La Brujita Verón, Navarro Montoya, El Kily González y a Néstor Fabbri, entre otras destacadas figuras, la cosa marchó más o menos bien hasta la octava fecha de aquel Clausura, cuando enfrentaron a Gimnasia de La Plata, precisamente, la tarde que se inauguró La Bombonera del nuevo milenio. ¿Y qué pasó? El Lobo ganó 6 a 0 robándose la fiesta. Y fue ahí cuando -cuenta la leyenda- un Bilardo encolerizado prendió fuego la camiseta rival que había cambiado Alphonse Tchami ¿Cuál era? Nada más y nada menos que la del Beto Márcico.

Tras comerse la orteada de su vida, El Narigón mando un mensaje más que claro para intentar apaciguar a quienes decían que había reaccionado así por sus genes Pincharratas: “La camiseta de Boca no se cambia por nada del mundo”. Pero había un pequeño detalle, claro: en ese equipo estaba Maradona, cuya opinión era Mayoría Automática. Entonces, Bilardo volvió sobre sus pasos para que El Diez no se le pusiera del culo: “El único que puede cambiarla es Diego, por que es conocido en todo el mundo y tiene que salir con 20 o 30 remeras todos los partidos porque todos quieren la de él”.

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Tras terminar en cuarto lugar durante ese torneo, Bilardo se dispuso a armar su tan mentado “Dream Team”, previa desafectación de Fabián Carrizo, El Colorado McAllister y El Mono Navarro Montoya, quien días después fue indultado. Menemismo al palo.

Con la llegada de refuerzos (Cagna, Latorre), refuerzos que no anduvieron (Rambert, Cedrés, Sava, Cáceres, Toresani, Pompei, Pineda) y refuerzos falopa (Guzmán, Guerra, Carrario, Lorenzo), Boca fue una auténtica comparsa que tuvo su punto más álgido cuando cayó por 1 a 0 frente al Independiente de Menotti. Y ahí, tras comerse otra orteada histórica y dolorosa, Bilardo hizo un patético berrinche frente a las cámaras cuando le prohibió a Christian Dollberg cambiar su camiseta con su amigo de la infancia, Raúl Cascini.

Pero la cosa no quedó ahí, durante esa semana un todavía atormentado Bilardo habló desafiando las leyes de La Cámara de Comercio y la economía mundial: “La camiseta de Boca vale 30.000 dólares, lo que sale un auto. Ahora la utilería la voy a manejar yo. Si un jugador la quiere cambiar que lo haga, yo después lo denuncio por robos y hurtos. Si Cascini quiere la camiseta que vaya a una casa de deportes. Hay que enseñar que la camiseta de Boca es sagrada y no se cambia ganes, empates o pierdas ¿Cómo la vas a comparar con la de Independiente, Ferro o Gimnasia? ¡Qué se la den a las señoras, hijos o se le lleven ellos, pero acá no la cambia más nadie! !Por que el equipo es Bo-ca!”.

Además, dejó una sentencia imposible de acatar en los días de la pizza con champagne: “No me gusta que los chicos usen remeras que dicen Houston, Texas o Nueva York. Debe haber un sentimiento patriótico”.

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El asunto de la millonaria camiseta de Boca llegó al súmmum de la pelotudez cuando el desafiante indultado Navarro Montoya –quien había perdido su kiosquito del Buzo con el camión- cambió su vestimenta con la de su antiguo suplente Arturo Marcelo Yorno, la tarde que debutó Juan Román Riquelme.

Tras estar una semana con la sangre en el ojo (el Mono llegó a ir a entrenar con el buzo de Yorno) y después de una bochornosa derrota por 3 a 1 frente a Banfield, Bilardo se la cobró acabando con los días del colombiano en El Xeneize y allanándole el camino a la fama baldosera a Sandro Daniel Guzmán, nada más y nada menos.

Tras aguantar un par de jornadas más con un pobre rendimiento, El Doctor abandonó Boca con un compromiso: que Navarro Montoya no volviese, bajo ningún punto de vista, a integrar el primer equipo. “No vaya a ser cosa que yo sea el único que pague el precio”, declaró. Por supuesto que no, El Mono también lo pagó. Aunque puede que le haya salido un poco más caro que treinta lucas verdes.

El que depositó Olan, recibirá Olan… El que depositó Topper, recibirá Topper…