Cataldo Juan Carlos

Juan Carlos Cataldo
Nació en 1968 y luego de realizar las inferiores en River Plate logró llegar a su ansiado debut en primera en 1987. Pero como bien es sabido, en esas épocas por Nuñez se apostaba poco a los jóvenes y la necesidad de comprar figuras era constante. Con apenas 3 partidos no dudó en pasar a Ferro (1990-1993), donde quiso hacer sus primeras armas, aunque sólo estuvo presente en 7 oportunidades. Que haya pasado a Atlético Tucumán (1994) no habla muy bien de sus rendimientos, y menos aún que al año ya andaba por otra división menor, en Defensores de Belgrano (1995-1996) y luego más abajo, en Colegiales.
Dejó la actividad y se unió a su hermano Walter, director técnico, como ayudante de campo de Central Ballester, Colegiales, Villa Dálmine y Acassuso. En su nuevo puesto alguna vez fue suspendido por cuatro fechas por agravios contra un árbitro y parece que no aprendió la lección, pues al tiempo volvió a ser expulsado por tres partidos.

Cucu

Biaconi Bo Germán

Germán Daniel Biaconi Bo
Seguramente toda su carrera en inferiores y las primeras armas en la primera división de Argentinos Juniors lo invitaban a soñar con una trayectoria a lo grande, como varias de las figuras que salieron de dicha institución y que por su depurada técnica llegaron a lo más alto del fútbol mundial. Pero en uno de sus dos partidos en el equipo mayor contra Ferro en 1992, le tocó reemplazar a Traverso y utilizar la camiseta número 13, algo que quizás le jugó en contra para el resto de su carrera. Es que apenas un par de partidos le alcanzaron para no jugar nunca más, al menos en primera y según un buen rastreo, tampoco en divisiones de ascenso.
Nunca más se supo de él y una duda persistirá por siempre ¿será pariente de Víctor Bo?

Cucu

Lauría Calvo Nicolás

Nicolás Fernando Lauría Calvo
Nombre largo si los hay, de esos que el relator Marcelo Araujo le ponía mucho énfasis cuando lo nombraba. Apareció en Argentinos Juniors (1993-1996) luego de hacer las inferiores, con lo que todo eso implica. Sin embargo su destino no sería el de una transferencia a un grande y luego al fútbol europeo. Durante los tres años apenas participó en 26 partidos y marcó sólo 6 tantos, aunque se dio el gusto de hacerle uno a River en la Supercopa de 1993 en Mendoza. Un año después tuvo otra chance para convertirle al Millonario, pero insólitamente falló frente a Goycoecha en uno de los primeros partidos entre ambos equipos que fueron sospechados en definiciones de campeonato. Se dio el gusto de jugar con futbolistas de la talla de Pizarro, Germano y Zermattén entre otros. Temporadas después integró el plantel que perdió la categoría en el 6 a 1 en contra frente a Central, pero se quedó en el club cuando volvieron a la A. En ambas etapas tuvo muy poca participación, por eso abandonó la institución y pasó a Banfield (1996) donde jugó 7 partidos con figuras como Zen Bonacorsi, Ciancaglini, Berza, Viqueira, Pobersnik y Zapatilla Sánchez.
Probó por el interior, más precisamente en Colón (1997) donde apenas estuvo en 2 encuentros, uno frente a Danubio de Uruguay por la Copa Conmebol, aquella que se definió entre Lanús y el Mineiro bajo una lluvia de golpes y patadas.
En 1997 creyó que iba a ser su año. Pasó imprevistamente al Colo Colo de Chile solamente como ¿refuerzo? para la Copa Libertadores. Junto a él, llegaron para competir el puesto en ofensiva Lukas Tudor, Manuel Neira y Richard Zambrano. De acuerdo a los amigos de La Rompieron, «su llegada se concretó de la mano de un dirigente chileno muy corrupto llamado Jorge Vergara, más conocido como el Guatón. Jugó algunos partidos amistosos y en la Copa sólo lo participó con los suplentes en los encuentros contra los equipos venezolanos, en épocas en que cualquiera los goleaba. También participaron de esas formaciones José Yátes, un arquero malísimo, y un central brasileño catastrófico llamado Paulao».
Para 1998, ya resignado con ir al Mundial, estuvo a prueba en Estudiantes de La Plata, pero parece que no la pasó porque lo agarraron copiándose. Ahí entendió que su bienestar lo podría encontrar en el ascenso. A mitad de año cayó en Arsenal de Sarandí (1998-1999) y se dio el placer de reemplazar una vez a Domingo Acevey. Luego pasó por Juventud Antoniana de Salta (1999-2000) e Independiente Rivadavia de Mendoza (2001).
Su última aparición pública fue en diciembre del 2003 cuando jugó como invitado en la reinauguración del estadio de Argentinos Juniors. Su equipo, el combinado de 1996-97, venció al del 1984-85 por 3 a 2. Chiche Sosa lo mandó a la cancha en la segunda etapa. Claro, de suplente, como en toda su carrera.

Cucu

Oliva Fernando

Fernando Nicolás Oliva (La Lora)
Nació en 1971 y con el correr de los años se fue transformando en un tradicional volante del fútbol cordobés, de esos talentosos que por diversos motivos no llegaron a nada. Para no perder la costumbre en dicha provincia de que los jugadores se pasan de club a club constantemente sin importar colores ni pasión, él no fue la excepción.
Arrancó en Instituto donde marcó muchos goles de gran factura, pero la fama le llegaría por su paso al fútbol japonés cuando era aún un mercado cerrado para nuestro país e irse solía resultar exótico.
En 1998 mientras jugaba para el Shimizu FC S-Pulse la IFFHS presentó la lista de los 50 goleadores del año ubicándolo en la misma posición que Viola, Batistuta, Jorge Dely Valdes, Guivarch y Del Piero.
Resignando unos buenos billetes optó por intentar su consagración. En 1999 retornó al país, pero para recalar en otra vereda, la de Talleres a préstamo. Para ese entonces Osvaldo Ardiles, conocedor del fútbol nipon de despachó elogiando a Oliva. «Antes del Mundial se lo recomendé a Daniel Passarella, pero no tenía tiempo para verlo. Oliva fue el mejor jugador de la Liga. Me animaría a afirmar que Nakata no está en el mismo nivel. Oliva creció, está más maduro y tuvo tres años excepcionles en Japón. Los argentinos se van a sorprender cuando lo vean jugar porque es un jugador de Selección».
La cuestión es que jamás fue ni convocado ni preseleccionado ni siquiera observado por el Kaiser y mucho menos por Marcelo Bielsa. Quizás el Pitón tenía algunos intereses económicos que jamás trascendieron. Pero volviendo al fútbol en si, durante su paso por la T, tuvo buenas actuaciones y participó de la obtención de la Copa Conmebol. Compartió plantel con Astudillo, Gigena, Cuenca, Ciancaglini, Humoller, Páez, Maidana, Albornós, Garay, Trobbiani, Pino, Lillo, Medina Bello, Zelaya y Canobbio entre otros. Sin embargo algunos problemas disciplinarios le jugaron en contra.
El 2001 lo encontró nuevamente en Japón, pero su conexión con la entidad cordobesa seguiría por años. Es que el club dueño de su pase pidió la quiebra de Talleres por una deuda original de 300 mil pesos que se fue acrecentando. Recién en el 2004 la dirigencia tallarín salvó el remate de la sede social adelantando dinero en efectivo y presentando los avales que garantizaran el plan de pago.
Años más tarde definitivamente se quedó en nuestro país ya sin pena ni gloria. Luego de dos años sin jugar volvió a Instituto y no fue ni por asomo lo que La Gloria esperaba de él. Pero la idea de seguir en actividad lo llevó a calzarse la camiseta del General Paz Juniors 2003 para terminar sus días como jugador en el Sportivo Belgrano de San Francisco dirigido por Daniel Primo que jugó el Argentino B del 2004.
Retirado de la actividad y siendo entrenador de juveniles de Agencia Córdoba Deportes reflexionó sobre su trayectoria y dijo que no se arrepentía de muchas cosas y que se dijeron demasiadas cosas sobre él, “pero yo sólo traté de jugar el fútbol y nada más».
“Sé que muchas personas que estaban cerca mío cuando tenía plata, hoy ya no están, pero no importa, a mi lado tengo a las personas que quiero y con eso me alcanza”, agregó.
Asimismo desmintió problemas financieros a causa de gastos innecesarios y justificó con que tuvo problemas con los bancos y “por culpa del corralito casi quedo en la lona, perdí mucho dinero”, concluyó.

Cucu

Vidal Claudio

Claudio Marcelo Vidal (El Gomita)
Hijo del recordado Goma, al que no le quedó otra que aceptar su diminutivo y tratar de emular a su padre, sin embargo y como casi siempre sucede en estos casos, el apellido le pesó y su trayectoria distó demasiado de lo que soñaba en un inicio.
Sus primeros toques y gambetas los tiró de niño en el club Franja de Oro de Pompeya, algo así como filial de Boca en la actualidad, de la que han salido futbolistas como Carlitos Padra, el Pipi Romagnoli, Huguito Morales, Gastón Casas, el Chanchi Estévez, Omar Gallardo y Daniel Dobrik entre otros.
En 1994 apareció en la primera de Ferro (1994-1997) marcando algunos goles importantes como para ganarse la titularidad, pero jamás logró explotar y luego esperar su desarrollo durante tres años bajó a la B Nacional. Es que vale recordar que fue opacado por los lujos de Diego Bustos y los goles de Gustavo Reggi.
En San Martín de Mendoza sólo permaneció durante la temporada 1998-1999 y lo curioso es que a partir de allí, apenas consiguió ofertas de clubes de mucho menor calibre. Obviamente en divisiones más bajas comenzó a desnivelar. Vistió los colores de Midland (2000) en Primera C, Sacachispas (2001), Lamadrid (2001-2003) y San Martín de Burzaco (2004) de donde luego de varias lesiones se fue con la excusa de la renuncia del entrenador que lo había llevado. Su último registro fue en Almirante Brown de Arrecifes (2004) por el Argentino A.
Claudio Vidal, aquel nene que cuando no la pasaba, sus compañeritos le reprochaban al grito de: tirámela Goma!

Cucu

Centurión Diego

Diego Centurión
Uno de esos delanteros paraguayos toscos, grandotes, que por más que nunca haga un gol de cabeza se dirá que va bien de arriba. Alguna vez cayó a prueba y quedó en Olimpo (2003), donde no llegó a debutar ni integrar el banco de suplentes. Venía de jugar en el Guaraní de su país, algo que poco le sirvió como antecedente para convencer a Enzo Trossero. Y aunque su tiempo en Bahía fue efímero, dejó un tendal.
Se mandó dos «perlitas» difíciles de olvidar. La primera, fue él quien chocó con Mauro Laspada en un entrenamiento del que resultó ileso, pero no así el Pelado, quien se fracturó el peroné y sufrió la rotura de los ligamentos del tobillo derecho quedando afuera más de un campeonato. Los hinchas pusieron el grito en el cielo y pasó a ser el enemigo público número uno, aunque el defensor haya retornado antes de lo esperado con un peso de aproximadamente 105 kilos. Haberse metido con el caudillo parecía la metida de pata más grande, salvo mandarse una más jodida como pedirle plata a los compañeros y al tiempo abandonar la ciudad sin devolver un mango.
Anduvo «haciendo la América» por los Lagartos de Tabasco (2003) y la Universidad César Vallejo de Perú (2004) donde hizo varios goles pero una lesión de ligamentos lo dejó fuera del equipo.
Curiosamente repitió su fórmula y estuvo a prueba en Gimnasia de Jujuy para el Apertura 2005, modalidad que utilizó también en Unión Española de Chile con Alfredo Cano Benítez, el mismo con el que recaló por Bahía.
Diego Centurión, un vago que jamás pasó una prueba.

Cucu

Paulo César

Paulo César Martins Souza
Por nombre, este bien podría ser el caso de un portugués, pero se trata de un brasilero que llegó a Newell’s Old Boys a mitad de julio del 2002.
Su puesto, lateral izquierdo generó mucha esperanza, pues bien son sabidas las condiciones y estilo de los carrileros de su país. Con 32 años este oriundo de Sao Borja fue recomendado por Ricardo Rocha y recaló en la Lepra que en ese entonces dirigía Julio Zamora con un contrato a préstamo por un año.
Su único antecedente importante había sido el Gremio de Porto Alegre campeón (1995-1996) con Scolari como entrenador, porque luego vistió las camisetas de pequeños clubes como el Sao Caetano cuando estaba en el ascenso, Curitiba, Santa Cruz y Náutico.
«Me gusta mucho atacar, ir del medio hacia adelante. Claro que para eso debo trabajar mucho en el aspecto físico porque me falta un poco. Quiero estar bien para jugar siempre atacando. También cuando es necesario defiendo para ayudar al grupo, pero mi característica más fuerte es apoyar en la ofensiva».
Demás está aclarar que su compromismo con la defensa era mínimo y hasta peligroso. Jamás jugó, apenas fue una vez al banco y su estadía por Rosario fue un verdadero fracaso, otro más del fútbol brasilero en Argentina.

Cucu

Fernández Leonardo

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Leonardo Andrés Fernández
Generalmente este es un sitio de consulta permanente para saber que es de la vida de varios jugadores que pasaron sin pena ni gloria nuestro venerado fútbol argentino. Pero a veces también se nos presentan dudas y no podemos responder a todas. Es que hay futbolistas que se nos escapan de las manos, o mejor dicho de la memoria.
Tal es el caso de Leo Fernández, delantero que surgió en Argentinos Juniors (1989-1990) donde jugó 38 partidos marcando 3 goles y que creyó tocar el cielo con las manos cuando pasó al River (1990-1991) de Passarella donde no tuvo malos números (8 partidos y 3 goles).
Su carrera pintaba bien, pero una vez abandonado Nuñez ni Interpol supo de él. En 1994 retornó en un paso fugaz a La Paternal para esconderse nuevamente en el anonimato.

EDIT. Actualización a cargo de Doctor_JR

Surgido de la cantera de Argentinos Juniors, llegó de empalme Villa Constitución, Santa Fe y debutó en Primera en 1989 con 19 años cumplidos. Tras su primera temporada en la que tuvo un desempeño apenas discreto como suplente de Antonio Vidal González, Mauro Airez y Silvio Rudman, pasó en 1990 a River a préstamo a cambio de la vuelta en la misma condición del Checho Batista a Argentinos.
En el Millonario tuvo un comienzo soñado, convirtiéndole los dos goles del triunfo 2-1 sobre Talleres en Córdoba y a la semana siguiente, el tanto del empate en uno de River contra Racing en el Monumental. Sin embargo, sólo 8 partidos en el equipo de la banda roja y vuelta a Argentinos para el Clausura 91, donde recién vuelve a jugar en la Liguilla pre-Libertadores y convierte el gol de la victoria del Bicho en cancha de Boca ante el local, que acababa de perder la final de la temporada ante Newell’s Old Boys.
Recién en 1993 tendría su momento en el Bicho. En el Clausura de ese año, Chiche Sosa le confió la Nº 9 durante 18 de los 19 partidos del torneo. Y él le respondió con 1 gol contra Huracán, partido que Argentinos perdió 2 a 1. Para el Apertura 93, cuando el Bicho se fue a jugar de local a Mendoza, Fernández quedó relegado y tras jugar su último partido en la 1ª fecha del torneo, quedó libre al final de la temporada. Pasó al Nacional «B» para jugar en Nueva Chicago, pero sólo lo hizo en un encuentro. Se fue al Deportivo Cuenca de Ecuador y buscó su revancha un par de años después en el ascenso, más precisamente en Cipolletti de Río Negro. 4 partidos en la temporada 96/97 es lo último que se conoce de este jugador.

Cucu