Quilmes 1997/98

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Este team repleto de figuras en decadencia no es tan recordado entre los grandes fracasos de Quilmes sólo porque lo que vino un par de años después, con las 5 finales perdidas, fue insuperable.

En la foto, arriba: Mauricio López, Sergio de Bonis, Damián Teres, Rafael Dudamel, Fabricio Fuentes, Luis Velázquez y el Galgo Gustavo Dezotti. Abajo: Néstor Lorenzo, el Yaya Rossi, Lalo Colombo y Lorenzo Frutos. Ese día, el Cervecero goleó 4 a 1 al Deportivo Italiano, con un dato fundamental: uno de los goles lo convirtió el arquero venezolano, de penal.

El equipo (que también tenía a Sciutti, Morello, Knuttsen, Gerk y Claudio Graf, entre otros) nunca terminó de acomodarse, luego llegó el bajón, el cambio de DT (se fue Yudica, arribó Trullet), el ingreso de algunos juveniles, la clasificación a la zona Campeonato, la eliminación a manos de Talleres, el acceso al octogonal por un ascenso a Primera; y una pecheada más, de local, ante Aldosivi de Mar del Plata.

(Gracias Mane Klasesmeier)

Belgrano «el equipo somos todos» 1999

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Quizás teniendo como referencia el caso de «Huracán es de Primera», en 1999 Belgrano de Córdoba aprovechó la ida de su sponsor, Lotería de Córdoba, y cosió un parche en su camiseta con la leyenda «el equipo somos todos«. La movida duró poco. O sea, hasta que apareció un nuevo auspiciante y el equipo volvió a ser de los jugadores (?).

(Créditos a lo Belgrano)

Menemismo, kirchnerismo, se igual

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En los ya lejanos y entrañables 90’s, Marcelo Araujo era el relator de los partidos importantes, tenía un fuerte vínculo con el poder político, se vestía mal y solía gritar los goles del Cuqui Silvani. Si algo no se le puede achacar a Marcelingui es la falta de coherencia. Pasaron casi 20 años y nada ha cambiado.

Maradona a Peñarol 1997

Corría el verano de 1997 cuando Diego Maradona encontró en Peñarol de Montevideo la oportunidad de cumplir un sueño postergado en su carrera: disputar la Copa Libertadores. Si bien ya casi era un ex jugador y arrastraba varios meses de inactividad, el Dié seguía siendo atractivo para cualquier equipo con ganas de sumar protagonismo. Por eso el hijo del Presidente del Manya, Juan Pedro Damiani, encabezó las negociaciones y dio la cara ante los medios para explicar los riesgos de la aventura…que finalmente se frustró. El lunes 17 de febrero de 1997 la comisión directiva del club uruguayo aprobó la contratación pero esa misma semana Maradona rompió relaciones: «A mí no me van a apurar como a un novato. Hablé ayer a la tarde con Damiani y estaba todo bien. No sé qué pudo haber pasado, pero para mí que se les cayó algo y le quieren echar la culpa a Maradona. Pero si se cayó lo de Peñarol, no me voy a morir por eso. A mis 36 años no voy a ir a entrenar todos los días, por más que sea Peñarol, Boca, Liverpool o el Milan«. Y agregó sobre su posible regreso al Xeneize de Macri: «Yo no coqueteo con nadie. A Boca le dije que no porque tuvo tiempo suficiente durante el verano. Además yo no puedo jugar donde está el cartonero ese«. Por supuesto, terminó firmando con Boca.

(Gracias Archivo 10)

Ceballos Isidro

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Isidro Ceballos

De baldosero a secretario. No, no es el título de una película chota de Francella. Se trata de la historia de Isidro Ceballos, un puntero izquierdo con poco gol que pasó por el fútbol de Primera División sin demasiada suerte y que terminó dedicándose a la política con algo más de suceso.

Nacido en La Rioja, asomó en el fútbol de Buenos Aires con Independiente de Avellaneda, a pesar de no haber debutado oficialmente. Compinche de su coterráneo, la Vieja Reinoso, estuvo en el Rojo en la temporada 1986/87 pero le fue imposible hacerse un lugar entre delanteros como Barberón, Franco Navarro, Percudani y Cartamán.

Pasó luego a Instituto de Córdoba (1987 a 1989), donde le dieron más oportunidades. En La Gloria disputó 44 partidos y convirtió 4 goles, ganándose la posibilidad…de bajar al Nacional B. Siempre en la Docta pero con la camiseta de Belgrano (1989/90), añadió 24 encuentros y 4 goles a su currículum.

En silencio, regresó a sus pagos y empezó a crecer en el deporte, pero desde otro lado. Fue jugador, entrenador y coordinador de fútbol de Américo Tesorieri, club apodado El Pistolero. Y sin armas pero con esfuerzo, Ceballos se introdujo en la política hasta convertirse en el secretario de Deportes de La Rioja. Bajo esa función, hace unos días tuvo que sancionar a un entrenador de tenis que se agarró a trompadas con un colega. Y sí, faltaba el toque disparatado (?). De otra manera, no estaríamos hablando de una película chota de Francella un baldosero.

Colón suplente con parche titular 1998/99

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Tras finalizar el convenio publicitario con el Banco Suquía, Colón de Santa Fe arregló con Milkaut y resolvió, de manera eficiente, el cambio de sponsoreo en su camiseta tradicional: colocó una parche de la empresa láctea cuyo fondo bicolor se adaptaba perfectamente al diseño.

El problema surgió con la casaca suplente, de la marca Lotto, que tenía un degradé de negro a blanco que dificultaba un poco la inclusión de una publicidad. Al parecer, el utilero del Sabalero ni se calentó en buscar una solución más prolija y le adosó, así como venía, el parche rojinegro de la pilcha titular.

Ortiz Pablo

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Pablo Pascual Ortiz

Tener Pascual como segundo nombre no es un obstáculo fácil de saltear para nadie, mucho menos para los futbolistas. Julián Alastuey, por ejemplo, se fue rápidamente del fútbol de Primera División para terminar manejando un camión. Roque Córdoba tuvo debut y despedida en un partido olvidable de Boca. Alberto Garrido trazó una trayectoria pobre, por no decir insignificante. Edgardo Mazzeo pasó fugazmente por Argentinos Juniors, labura en una empresa metalúrgica y es fan de la baldosa (?). El único que más o menos la pudo pilotear fue Sebastián Rambert, gracias a un arreglo que hizo con Dios.

La historia de Pablo Ortiz no escapó a la norma pascualense. Surgió en las inferiores de Talleres de Córdoba como un volante derecho con llegada y sin desprecio por la marca. Debutó en Primera en 1983 y ese mismo año fue convocado para integrar una pre selección juvenil que participaría de la Copa Havelange, en México.

Después de semejante año de presentación, en 1984 Ortiz tuvo más rodaje y llegó a completar 16 partidos y 1 gol con la camiseta albiazul. ¿Y después? ¿la explosión? No, todo lo contrario.

A mediados de 1984 bajó a la Liga Cordobesa para defender los colores de Estudiantes de Río Cuarto. Y ya que estaba, también lo hizo en el Campeonato Provincial. En 1985, siempre con el conjunto celeste, disputó 4 encuentros en el Nacional, los últimos en la elite.

Tras un paso por Alumni de Villa María, regresó a Estudiantes, donde jugó distintos campeonatos hasta 1988, cuando desapareció del mapa, confirmando su baldoseridad. Ojo, no le echamos la culpa a él. Sabemos que tener Pascual como segundo nombre es un certificado para aparecer en este sitio.