Hernán Hugo Pedraza
Estudiantes de La Plata vivía una situación muy distinta a la actual en 1996. Bajo la filosofía de «correr, jugar, meter y pensar«, el Profe Córdoba sumaba adeptos día a día y pretendía continuar con su revolución. Es por eso que para el Apertura de ese año llegaron 13 nuevos jugadores al Pincha: Jorge Priotti, Fabio Nigro, Humberto Biazotti, Lionel y Mauro Scaloni, Pablo Quatrocchi, Pablo La Grottería, Claudio González, Fernando «ya no sos igual» Verón, Tony Gómez, Gustavo Raggio, José Fernández y…Hernán Pedraza, el protagonista de esta historia.
Hijo de Hugo Rubén Pedraza, aquel volante que actuó en Estudiantes y Gimnasia en los 70’s, intentó seguir los pasos de su padre pero empezó por el final. Y eso no podía terminar bien.
Su paso por el León fue un verdaderon papelón. No llegó a destacarse ni en un entrenamiento pero, así y todo, el técnico, quizás para justificar su condenable incorporación, lo mandó a la cancha como titular en un partido ante Gimnasia de Jujuy. Para devolverle tan noble gesto, Pedraza tuvo una pésima actuación que coronó con una expulsión a los 18 minutos del segundo tiempo. Ah, ganaron los jujeños 2 a 0.
Después de aquella negra y lógica jornada, al Profe Córdoba no le volvieron las ganas de poner a Pedraza en el mediocampo pincha. Tampoco en el banco, ni en el hotel. Lo mandó a entrenar con un grupo de jugadores colgados y allí estuvo hasta mediados de 1997, cuando se le venció el préstamo y volvió al under, donde había vestido los colores de Nueva Chicago (1994/95) y Germinal de Rawson (1995/96).
Lo que vino después fue fácil. Puso el piloto automático y pasó por el Nacional B con Huracán Corrientes (1997/98); por Primera B con Argentino de Quilmes (1999 a 2001), Atlanta (2001/02) y All Boys (donde fue dirigido por Caruso y apretado por la barra en la 2002/03); y por el Argentino A, B y C con Douglas Haig de Pergamino (2003), Racing de Olavarría (2004 y 2005), Villa del Parque de Necochea (2006 y 2007) y Deportivo Coreano de Lobos (2007/08).
En los últimos años, se había convertido en un jugador referente, capitán, encargado de pelear por la plata de sus compañeros (por ese motivo se fue de Olavarría) y siempre dispuesto a participar de las escaramuzas y a gritar las cosas que tenía ganas de decir. Y tanta malasangre no es gratuita, claro. En las fotos vemos como el tiempo le pasó factura.








