Ya desde sus épocas de juvenil en la Primera de Vélez, a Diego Pablo Simeone le decían Cholito para diferenciarlo del Cholo, aquel que vistiera la camiseta de Boca en la década del 60. Con el tiempo y las batallas sudadas en la Selección, el pibe se hizo un hombre de cuchillo entre los dientes y terminó quedándose con el apodo original…aunque también con la camiseta azul y oro.
El contexto para esta foto escondida fue el Trofeo Villa de Madrid, un típico torneo de verano español organizado por el Aleti. Allá por mediados de 2003, el Cholo volvía a su segunda casa, el Vicente Calderón, donde disfrutaba y aún sigue disfrutando las mieles de la idolatría. Enfrente, estaba Boca Juniors, reciente ganador de la Copa Libertadores.
El Atlético de Madrid formó con Burgos; Aguilera, Sergi, García Calvo, Lequi; Novo, Musampa, Simeone, Rodrigo; Javi Moreno y Fernando Torres.
Mientras que Boca alineó a Caballero, Jerez, Perea, Crosa, Clemente Rodríguez; Donnet, Battaglia, Vargas, Villarreal; Guillermo Barros Schelotto y Colautti.
Sin algunos de sus titulares, el conjunto de Bianchi se quedó con las ganas de una nueva copa internacional, cayendo 1 a 0 con gol del Niño Torres. El que no se quedó con las ganas fue Simeone, reconocido hincha de Racing, que al finalizar el partido se puso la camiseta xeneize. Menos mal que después la arregló llevando al hijo a jugar a River (?).
Cómo olvidar aquella tarde consagratoria de Matías Ibáñez con el buzo de Olimpo, sacando absolutamente todo para salvarse del descenso y condenar al Quilmes de Ricardo Caruso Lombardi. Inmborrable.
Y fue precisamente Richard el DT que, seguramente deslumbrado por aquella actuación de 1, se lo llevó prestado a San Lorenzo un año más tarde, haciendo un enroque por Nereo Champagne, que fue cedido al aurinegro.
Más allá de algún amistoso intrascendente, Ibáñez no pudo actuar en el primer semestre, siendo relegado por Pablo Migliore. Pero distinta fue la situación promediando el Torneo Final 2013, cuando el arquero titular fue a prisión y entonces el puesto quedó en sus manos. Era la gran chance.
Su figura, sin embargo, no generaba confianza en el mundo San Lorenzo, así que los dirigentes se movieron lo más rápido posible para contratar a Sebastián Torrico, que en medio del campeonato dejó Godoy Cruz y se se adueñó del arco cuervo. Una movida poco ética para con Ibáñez, pero aún faltaba…
Despreciado en el Ciclón, el arquero se marchó a Argentinos Juniors, a préstamo por un año. Hizo la revisión médica, se puso la camiseta y encaró hacia Bahía Blanca para rescindir con Olimpo. ¿Todo a pedido de quién? De Caruso Lombardi, que por entonces ya era DT del Bicho.
El tema es que unas horas más tarde de que el ex arquero de Olimpo fuera presentado oficialmente en el club de La Paternal, Carusito lo llamó de nuevo para decirle que lo lamentaba mucho, pero que ya tenía todo arreglado con…¡Migliore!
«Le dije a Matías que no rescindiera, porque lo de Pablo estaba avanzado. No hice nada malo. Trato de darle una mano a los dos. Me tiré a Pablo porque lo conozco, no escondí nada, hice todo de buena fe. Matías no se quedaba sin trabajo porque está fichado en Olimpo. Yo lo entiendo porque es un gran pibe, un gran profesional», declaró Ricardo. Un amigazo.
Pero las malas lo terminaron ahí para Ibáñez, porque ya en Olimpo le comunicaron que estaría por detrás de…¡Nereo Champagne! Y eso no es todo, también tenía prioridad su suplente, Darío Capogrosso.
Con tantas idas y venidas de protagonistas que intercambiaban posiciones todo el tiempo, lo más justo hubiese sido que Migliore terminase en Olimpo…y Caruso en Ezeiza.
Pasaron 17 años del lanzamiento del PC Fútbol 6.0, aquel mítico juego que logró marcar una época entre los enfermitos que nos pasábamos todo el día frente a la computadora. Ya homenajeamos aquí mismo a aquella saga que se extendió, con un bache pronunciado, entre 1995 y 2007, pero hoy queremos centrarnos específicamente en aquella gema del Apertura ’98. Y para que la joda sea completa, les traemos el link para que se lo puedan descargar. De nada, putos.
Nos remontamos al verano de 1999. Internet era muy reciente y para unos pocos. Tener un Pentium II era la papa. Con monitor de tubo, obvio. El menemismo apuraba los últimos corchazos de champagne, al mismo tiempo que la Alianza de De la Rúa se preparaba para dar otros corchazos unos años más tarde. En la tele, todavía duraban los festejos por el título conseguido por el Boca de Bianchi. Ya nos habíamos olvidado un poco del Mundial de Francia, pero no del todo. Teníamos los muñequitos de Coca Cola. Odiábamos a Passarella. No sabíamos exactamente a qué jugaba Bielsa. Un peso era un dólar.
En ese contexto ideal para intentar distraerse, salió al mercado el nuevo PC Fútbol, la versión argentina de la empresa española Dinamic Multimedia. No era la primera, claro. Había debutado en 1995 y luego tuvo un singular éxito con la edición 5.0, aquella de 1997 que traía relatos de Marcelo Araujo y un multimillonario e inentendible presupuesto para Gimnasia y Tiro de Salta. Sin embargo, ninguno de sus antecesores ni sucesores, causó tanto fanatismo como el PC Fútbol 6.0, el juego que nos cambió la vida.
Con relatos de Víctor Hugo Morales y los planteles del segundo semestre de 1998, el juego daba la posibilidad de ser director técnico o presidente de los 20 equipos de Primera División, pero también de los del Nacional B. Era un juego de mánager y había que entenderlo como tal. Por lo tanto, no era tan importante la destreza a la hora de manejar el joystick o el teclado (se podía jugar el partido), como sí lo era la viveza y la capacidad de gestión (?) para administrar el club, mantener las finanzas, comprar buenos jugadores y seleccionar una táctica adecuada. Después de eso, modo resultado y a otra cosa.
La gracia, sin dudas, era empezar desde abajo, haciéndose cargo de un equipo del ascenso y arreglándose con poco. Si a uno le iba bien en la tabla de posiciones, podía darse el lujo de traer a préstamo a jugadores de Primera o del exterior. Eso sí, después la economía quedaba en números rojos y al tercer partido en esa condición, la directiva no tenía problemas en rajarte.
Otro ítem importante era el estadio. Desde las vallas publicitarias, hasta el precio de las entradas o el merchandising. Todo era válido para recaudar. Desde ya que uno podía apostar a agrandar las tribunas o a mejorar los accesos, pero todo eso tenía un costo y podía verse reflejado en el andar del equipo, yéndose al descenso. Nada que no hayamos visto.
Contratar jugadores era todo un laburo. Uno podía contar con la ayuda de un secretario o un ojeador, pero lo más fácil era ir a buscarlos personalmente (?). Liga por liga, equipo por equipo, puesto por puesto. Así es como uno podía tirarse un tirito por el gordo Ronaldo, el mejor del juego con 95 de media, o bien terminar contratando a Poorters, el futbolista del Lierse de Bélgica con el puntaje más bajo: 8. Lo peor era cuando Poorters rechazaba la oferta (?).
En ese abanico de posibilidades, se destacaba la figura de Juan Manuel Suligoy, un desconocido delantero que en la vida real era suplente en Atlético Rafaela, pero que en el PC Fútbol tenía un promedio de 91 puntos. Inexplicable.
Por supuesto que Suligoy terminó convirtiéndose en un emblema de los baldoseros y es por eso que hace unos años los entrevistamos, para que nos contara por qué razón aparecía entre los mejores del juego. Después lo invitamos a un Encuentro Baldosero, pero nos dejó plantados, alimentando la teoría de que siempre fue un jugador virtual
También había otros buenos valores en los equipos del Nacional B, como Grecco (Olimpo), Watson (Godoy Cruz), Gareca (Arsenal) y Alianello (Douglas Haig), que aseguraban buenos rendimientos a un bajo costo. La otra opción, un poco más descabellada pero mucho más divertida, era contratar para la temporada siguiente a figuras en su último año de contrato, ofreciéndoles sueldos altísimos, impagables. De esa manera, uno se podía asegurar al Mono Burgos, al Negro Ibarra, a Roberto Carlos y a Kluivert (?) en Arsenal, para finalmente renunciar en plena pretemporada, antes de que el balance diera 50 millones de pérdida y Don Julio nos mandara a matar.
Todo esto para empezar, claro, porque luego la carrera de uno podía ir mejorando, llegando a dirigir en Primera División, donde las figuras estaban más al alcance de la mano.
Los equipos grandes, por supuesto, contaban con ventaja en cuanto a calidad de plantel, lo que hacía mucho más fácil las cosas a la hora de reemplazar a un lesionado. Pasa en la vida, pasa en los jueguitos…
La cuota de surrealismo también tenía lo suyo. Uno podía reforzarse bien con Gimnasia, por ejemplo, e intentar el milagro. O agarrar a Unión o a Platense e ir por la Intercontinental. Fuera de joda, eso era posible. Pero a la cuarta vez que lo hacías, el juego comenzaba a aburrir (no existía la chance de dirigir en el extranjero) y entonces uno prefería empezar una partida nueva para sentir la humidad y la adrenalina del ascenso. Adictivo.
¿Partida nueva? Ya te dieron ganas, seguro. Acá abajo tenés el link para que te puedas descargar el juego, con todas las instrucciones para instalarlo a cargo de LaPcfutbolería:
Una costumbre que suele darse en verano: la presentación oficial de una nueva y extraña camiseta de Boca Juniors. En el inicio de 2012, al menos tuvo un justificativo histórico, porque la casaca remitía a una de las primeras de la institución, que combinaba el blanco y el negro, aunque con bastones mucho más delgados. Los números, además, eran amarillos.
La prenda Nike, confeccionada con poliéster reciclado de botellas de plástico (?), salió por primera vez a la cancha en el empate 0 a 0 ante San Lorenzo, en Mar del Plata. Unos días más tarde, la particular vestimenta fue utilizada en la derrota 1 a 0 ante Independiente, con un agónico gol en contra que hicieron entre Franco Sosa y Schiavi, reciclado de madera (?).
Con semejante historial (el Xeneize no pudo hacer ni un gol), la camiseta estilo Juventus fue guardada y no volvió a aparecer.
Allá por la década del 70, cuando la Copa Libertadores de América todavía no contaba con la participación de equipos de otra confederación, el duelo entre clubes argentinos y mexicanos no dejaba de ser una rareza. Y sobre todo si el partido ¡se hacía en Estados Unidos!
En agosto de 1978, Talleres de Córdoba llegó a Los Ángeles para, de alguna manera, representar al fútbol campeón del mundo. ¿Su rival? Los Tigres de la Universidad Autónoma de Nueva León. Sin embargo, el choque era anunciado desde los afiches como ARGENTINA VS. MÉXICO, como para enganchar a algún yanqui desprevenido con ganas de ver a dos seleccionados. Improbable igual, ya que por esos tiempos la pelota número 5 no despertaba demasiado interés por aquellas tierras. Incluso menos que ahora.
Tras ser recibido y homenajeado en el Concejo Deliberante de L.A., el plantel hizo su primera práctica en suelo norteamericano, al mismo tiempo que el DT, Roberto Saporiti, declaraba a la revista El Gráfico: «Esta gira es un desafío. Hay que volar mucho, descansar poco, jugar en climas diferentes, cambiar de comidas. Me gusta. Así se curten los grandes equipos, así se hacen profesionales». Después de 33 horas de no tocar una cama, a los jugadores les tocó descansar.
Mientras tanto, el organizador del partido, el empresario Arturo Guerra, decía: «Pagamos 32 mil dólares los pasajes de Talleres y 7 mil los de Tigres; 20 mil por la promoción del encuentro; 10 mil por la seguridad, 10 por ciento por el alquiler del estadio y otro 10 por la Federación de Soccer. Usted supondrá que estoy loco, teniendo en cuenta que aquí el fútbol no interesa. Pues bien, sí, debo estar loco». A eso, había que sumarle 16 mil dólares por el cachet de los cordobeses y otro tanto para los mexicanos. ¿Mucha plata? Esperen, que todavía falta.
Llegó el día esperado, con 40 grados de temperatura, según relataba el periodista Carlos Ferreira. Ambos equipos salieron al campo de juego del Coliseum y regalaron 18 pelotas a las tribunas. De entrada, los jugadores se confundieron con las marcas del campo de juego, propias del fútbol americano. De hecho, el arquero de la T, Rubén Guibaudo, cometió dos manos por no saber dónde terminaba su área. De terror.
Con el buen juego de Valencia y la Pepona Reinaldi, los cordobeses se pusieron en ventaja en el primer tiempo. Sin embargo, los mexicanos igualaron en la segunda mitad y hasta desperdiciaron un penal.
Fue empate, 1 a 1. No ganó nadie. Y mucho menos el organizador: con menos de 5 mil entradas vendidas a 9 dólares cada una, recaudó 45 mil dólares con toda la furia. Bien, ahora descuenten todo lo que tenía que pagar. Y sí, el tipo estaba loco.
La idea no era mala: rendir tributo a las grandes glorias de la institución, llevando los nombres de los jugadores que habían dignificado la camiseta. El tema es que la época escogida para implementar la campaña no fue la ideal. Sin estadio propio y con un plantel limitado en cuanto a calidad, el homenaje parecía más bien un manotazo de ahogado a la historia.
Corría febrero de 2009, cuando la empresa Puma se hizo cargo de la indumentaria de Independiente y entonces aprovechó la movida para lanzar unas ediciones especiales. La primera fue una casaca con estilo retro y diferentes insignias conmemorativas que lucían cada uno de los jugadores. Se estrenó en la primera fecha del Clausura ’09, en el empate 0 a 0 ante Vélez, en la cancha de Huracán.
En la segunda jornada, ante San Martín de Tucumán, el Rojo se presentó con el mismo diseño de camiseta, pero con una variante: en el pecho aparecían los apellidos de las leyendas del club.
Ese día, en La Ciudadela, Independiente homenajeó a Santoro (Assman); Clausen (Moreira), Trossero (Rodríguez), Villaverde (Tuzzio) y Pavoni (Mareque); Pastoriza (Vittor), Bertoni (Mancuello), Burruchaga (Fredes) y Bochini (Montenegro); Agüero (Higuaín) y Erico (Núñez).
¿Cómo le fue al Rojo? Perdió 3 a 0 ante los tucumanos, con un triplete de Cristián Canío. ¿Las glorias? Agradecidas (?).
¿Una camiseta con la cara del Presidente? ¡¿No será demasiado?! Claro que no, esto es Argentina.
Fundado en 1962, el Club Deportivo Armenio logró tocar el cielo con las manos un cuarto de siglo más tarde, cuando ascendió a la Primera División, categoría en la que logró resonantes victorias ante River Plate (3 a 2, con un triplete de Wensel) y Boca Juniors (1 a 0 en La Bombonera, en lo que sería el último partido de Gatti). Sin embargo, esa buena época duró poco. Y mucha gente se lo atribuye a la figura de Carlos Saúl Menem, amigo de Armando Gostanián, Presidente del club y polémico funcionario del riojano más famoso.
El empresario, apodado cariñosamente por Il Carlo como «Gordo Bolú«, de boludo no tenía nada…o sí, depende cómo lo veamos. Siendo Director de la Casa de la Moneda (1989 a 1999), se manejó con la impunidad propia de aquellos años, aunque más tarde fue procesado por enriquecimiento ilícito y en 2015 fue condenado a 5 años de prisión y a devolver 800 mil dólares de una coima. Tranqui.
Otro hit durante su gestión en el menemato, fue la creación de los Menemtruchos, unos billetes sin valor que originalmente tenían la intención de homenajear al Presidente de la Nación, pero que terminaron siendo utilizados para diferentes transacciones en algunos países limítrofes, ante su gran parecido con nuestra moneda nacional. Sí, estaban hechos con el mismo papel y hasta llevaban una marca de agua con el escudo argentino.
La relación entre Gostanián y Menem ya había sido bastante visible en 1987, cuando Armenio estaba por subir a Primera División. Por aquel entonces, el hombre de las patillas grandes confesaba: «Soy amigo, casi hermano, de Gostanián. Siempre que puedo vengo a ver a Armenio. Y si no puedo, me lo llevo para La Rioja. Hace unos meses, organicé un partido contra la Selección de mi provincia y ganaron. El vino riojano les ha caído bien». Todavía no había empezado la era de la pizza con champagne, pero faltaba poco.
Luego de dos temporadas en Primera, el club de la colectividad armenia bajó al Nacional B en 1989 y muchos de sus hinchas temieron lo peor, sobre todo cuando a Gostanián se le ocurrió un acto de obsecuencia casi al mismo nivel de los billetes truchos: estampar la cara de Menem en la camiseta.
Con esa casaca de la firma Puma, Deportivo Armenió disputó algunos partidos de la temporada 1989/90, pero no le fue muy bien que digamos: salió último y descendió a la Primera B, categoría de la que nunca más pudo salir. ¿Culpa de Carlo? No lo podemos asegurar.
Lo que sí es comprobable, es que Gostanián siguió fiel a Menem, ya que en 2001 le cedió su quinta en Don Torcuato para que el ex Presidente cumpliera 167 días de arresto domiciliario. Una especie de cárcel de dos pisos, con parque, quincho, piscina y el suficiente espacio para recibir a las más afamadas visitas. Comodidades que cualquier otro mortal no podría pagar ni con 20 millones de Menemtruchos.
Tener la camiseta limpia, el sueño de cualquier hincha del fútbol mundial, que suele agotar esas ediciones limitadas de casacas retro o actuales, pero carentes de sponsors. Ante todo, los colores. Pero, ¿qué pasa cuando la ausencia de publicidad no es bien resuelta? Acá, un caso.
Allá por el 2001, Banfield subió a Primera División con el fugaz auspicio de Ayuda Express. Muchos pensaron que ese mismo anunciante continuaría en el regreso a la máxima categoría, pero no fue así.
En la primera fecha del Apertura, el Taladro recibió a Newell’s Old Boys con una camiseta Nanque que se destacaba por un gran rectángulo blanco a la altura de la panza. Un desesperado y desprolijo pedido de sponsor, que estuvo a tono con lo que ocurrió adentro de la cancha, donde los rosarinos aplastaron con un lapidario 5 a 0.