Sosa Hernán

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Hernán Fernando Sosa

Mucho antes de que Ariel Alcami nos deslumbrara en Atlanta con sus famosos pero ineficientes laterales al segundo palo, otro marcador de punta se destacó por la potencia de sus brazos en la Primera División del fútbol argentino. He aquí el recuerdo para el Negro Sosa, uruguayo que vistió sin pena ni gloria la casaca de San Lorenzo de Almagro.

Jugaba en Bella Vista de su país, junto a Rubens Navarro y Heber Bueno, cuando el Bambino Veira los fue a ver y quedó maravillado con el nivel de los tres y se los llevó para el Cuervo en 1983. «Conmigo quedó encantado, porque me habían fracturado la nariz a los diez minutos e igual seguí todo el partido. Después me hablaron algunos dirigentes. Yo ya tenía todo arreglado con Luis Cubilla para irme a Olimpia de Paraguay y le tuve que explicar a él que quería ir a un equipo que me agradaba más«, dijo Sosa años más tarde.

La experiencia en el Ciclón, sin embargo, no fue del todo buena. Ni bien llegó tuvo una lesión en la rodilla derecha y ese primer año jugó muy poco. Ya para 1984 se había adueñado de la camiseta número 4 pero así y todo le costaba que le aplaudieran otra cosa que no fueran los saques de banda: «Desde chico, trataba de darle importancia a una jugada que en teoría no la tiene. El Bambino, recuerdo, me ordenaba sacar con la mano al punto de penal, para que la bajara algún delantero«.

Disputó 48 partidos oficiales en estas tierras y después se fue a triunfar a…Costa Rica. Usó los colores del Alajuelense (disputó la Interamericana de 1987 ante River) y antes de dedicarse de lleno a la dirección técnica, recomendó a algunos jugadores centroamericanos a otras ligas más importantes. «A Eduardo Bennett lo conocí mientras jugaba en el campeonato hondureño. Me sorprendió la potencia que tenía y la fuerza de su remate. Le pregunté si quería ir a la Argentina y me dijo que sí. Entonces hablé con Miele y le mandé un video. Cuando hizo sus primeros goles, me emocioné mucho. Eso llevó a que siguiera enviando cassettes«, contó.

Desde el año 2000, se ha ido convirtiendo en un Beto Pascutti del ascenso tico, dirigiendo equipos como La Fortuna, Brujas, Guanacasteca, Cartagena, Santacruceña, San Carlos, Grecia y Carmelita. Y en este último club, creemos, la gente lo debe haber recibido muy bien, sobre todo después de haber leído el diario local que tituló «Sosa llega a robar«.

Bove Cristian

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Cristian Guillermo Bove

Dicen que «un tropezón no es caída«, pero estamos seguros de que después de conocer la historia del ex arquero Cristian Bove muchos empezarán a sospechar de la veracidad de esa frase.

Desde 1988 a 1993 formó parte de los planteles de Talleres de Córdoba, teniendo su punto cumbre en el Apertura 1991, cuando disputó sus únicos 5 encuentros en la máxima categoría, de los cuales sólo un par disfrutó en la cancha de principio a fin.

Mantuvo la titularidad en las dos primeras jornadas de aquel torneo, ante Independiente y Chaco For Ever, pero luego perdió el puesto a manos de Víctor Hugo Civarelli, a quien luego reemplazaría en el entretiempo de un partido frente a Ferro, correspondiente a la sexta fecha.

Una semana más tarde, el 7 de abril de 1991, Bove integró la formación inicial del conjunto cordobés que visitó a Vélez, en Liniers. Y sin saberlo, estaría protagonizando la jugada más recordada de su vida.

La letra fría dice que al arquero lo rajaron luego de recibir un gol de Christian Bassedas. La leyenda, sin embargo, es más amplia y cuenta que Bove salió disparado a protestar por la nulidad del tanto, con tanta mala suerte que se tropezó y cayó sobre el juez de línea. Inmediatamente fue expulsado y a partir de ahí, perdió la posibilidad de triunfar en Primera. Baldosero deluxe.

Su puesto fue ocupado por el ya homenajeado Pato Domínguez, que agarró el arco y no lo largó hasta la última fecha, en un partido ante Unión de Santa Fe, cuando le mostraron la tarjeta roja y propició de esa manera la triste despedida de Bove, que volvió a vestir el buzo de la T sólo por 3 minutos y luego vegetó un tiempo largo en la Reserva.

Para entonces, al pibe ya le gustaba mucho la velocidad y recibía los consejos del entrenador: «En Talleres, Omar Pastoriza nos dijo que las motos y el fútbol no se combinan porque un accidente de cualquier jugador resiente al equipo. Y ese se me quedó grabado. Por eso, mientras jugué, nunca manejé una moto. Cuando me retiré, todo cambió«. Claro, antes de abandonar la pelota, Cristian probó suerte en el exterior con el Benidorm FC del ascenso español y San José de Bolivia; y regresó a la Argentina para pasar por Almagro, Andino de La Rioja, y clubes cuyanos como Alianza, Trinidad, San Martín y Unión, donde colgó los botines en 2003.

Radicado en San Juan, se empezó a dedicar tibiamente a las motos, pero rápidamente se dio cuenta de sus condiciones y se inscribió en la categoría Promocional. En el 2005 salió campeón en el campeonato sanjuanino y un año más tarde repitió el título pero en Juniors. En 2007, para no ser menos, obtuvo el campeonato de Seniors, llamando la atención de algunos medios (1,2) que destacaron su pasado ligado al fútbol, que también tuvo un breve capítulo como entrenador de arqueros, en 2005, cuando laburó en San Martín de San Juan junto al Viejo Sosa y el gran Cosme Zaccanti.

Especiales: el hijo de Suñé

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Diego Suñe (El Chapita)

La revista Goles los juntó, en 1993, como parte de una producción que reunía a los más promisorios hijos de futbolistas reconocidos. Así fue como el Chapa Rubén Suñé, aquel mítico capitán del Boca del Toto Lorenzo, posó junto a su heredero pelilargo y lanzó: «tiene buenas condiciones para jugar en los cuatro puestos del medio. Inclusive, puede ser líbero«.

A Diego le gustaba desempeñarse como volante ofensivo y cumplía esa función en la Cuarta División de Vélez Sársfield, donde sufría los cuestionamientos de ser hijo de: «hay veces que te beneficia y otras que te perjudica; sobre todo, cuando intentan compararte con tu viejo y te dicen ‘si fueras la mitad de lo que fue él…’. Además, tenés que soportar todo el día tener un segundo técnico«.

Mientras tanto, su padre se mostraba algo caliente: «En Boca, a Diego lo rebotaron pero no pienso decir quién fue porque no soy ningún buchón. Esa persona ya no está en el club«. Duro.

En efecto, el pibe hizo las inferiores en el Fortín y por poco no llegó a debutar en Primera. La leyenda cuenta que el Chapita entrenaba un día junto a su amigo Fernando Pandolfi cuando Carlos Bianchi los vio y los probó junto al plantel profesional. La suerte, el tiempo, el lugar y el talento (aunque seguramente no el esfuerzo) pesaron en la balanza para que el Virrey se decidiera por el Rifle, que a partir de ese momento inició su carrera futbolística, luego absorbida por la musical.

Desaparecido del ambiente, algunos dicen fue el mismísimo Suñé chico el que se dedicó a la música y entonó un éxito a comienzos de los 90’s que decía algo así como «Tonta, como quieres que te quiera, que te quiera, si me tienes trabajando; tonta, tonta«. Pero no, no fue él.

En los últimos años lo encontramos abocado a las ligas amateurs. En 2006, por ejemplo, salió en esas notas pagas del Diario La Nación cuando su equipo, Banco Provincia Azul, derrotó 1 a 0 a La Cascada F (?) y se convirtió en uno de los punteros (?) de la categoría Mayores Junior A (?) de la Asociación Intercountry de Fútbol de Zona Norte (?). Suñé, por supuesto, fue figura.

Unos meses más tarde, jugaron la revancha y el team del ex Vélez pecheó de manera gigante, cayó 5 a 2 y perdió la punta a manos de su rival. Ah, a Suñé ese día lo echaron. Pero al menos la nota sobrevive en un grupo de yahoo, y no en un diario.

Se fue Coyette, no somos nada (?)

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Repasamos los hechos más importantes del mundo baldosero en los últimos días:

 

– La noticia que nunca quisimos dar (?): se retiró Walter Coyette. El jugador con la baldoseridad más discutida en la historia de este sitio, abandonó el fútbol según se supo en la últimas horas, aunque todavía no es oficial. Estamos esperando que lo digan en cadena nacional (?).

– ¿Se acuerdan del Gordo Gustavo Sandoval? Salió campeón de la Liga Cañadense de Fútbol con la Asociación Deportiva Everton Olimpia.

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– El grosso de Zapatilla Sánchez debutó como comentarista deportivo en las transmisiones partidarias de Defensa y Justicia que se escuchan por la FM 97.7. Además, está laburando en las inferiores del Halcón con las categorías ’96, ’97 y ’98.

– Y hablando de ex futbolistas devenidos en comentaristas, Martín Terán cumplió esa labor en el partido entre Atlético Tucumán (el equipo de Granero y Barone) e Independiente. ¿Notaron que el fútbol y la TV últimamente le están dando mucho laburo a los baldoseros? Que sigan así.

Si tenés más información que creas merecedora de este espacio, dejala en los comentarios, comunicate por e-mail o a través de nuestro formulario de contacto.

Da Silva Eduardo

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Eduardo Da Silva Díaz (Dito)

Volante uruguayo de ojos achinados que llegó a la Argentina cuando en su país ya era una ex promesa que había empezado a perder aceite. Lo que hizo acá no hizo más que ratificar esa condición y después de algunos años decidió abandonar el fútbol.

Oriundo de la localidad de Artigas, se formó en el Peñarol local y luego pasó a su homónimo de Montevideo, donde estuvo entre 1985 y 1991, dándose el lujo de ganar una Copa Libertadores y jugar 5 partidos para su Selección, incluido uno ante Argentina por la Copa América de 1987 y un amistoso frente a Argentinos Juniors.
Condiciones, según cuentan, tenía. Lo que conspiraba contra el Dito da Silva eran las lesiones, que no lo dejaban tranquilo.

Recaló silenciosamente en nuestro país para disputar el Apertura ’92 con Talleres de Córdoba. Quizás para sacarse de encima ese estado de mute, en la primera jornada se despachó con una expulsión ante Platense, en Vicente López, al minuto del segundo tiempo. Ese día, para colmo, también debutaba con dos goles el pibe de los botines Converse, Carlos Graff. La baldoseridad estaba asegurada.

Al charrúa se le complicó volver al primer equipo. En la octava fecha jugó por segunda vez, cuando ingresó por el Pastor Mario Bevilaqua en un match ante Estudiantes y recién en la decimoquinta volvió a la titularidad. Ojo, tampoco el Pato Pastoriza era un enamorado de su juego. Da Silva era el hombre que el DT siempre sacaba en el complemento.

En total, disputó 10 encuentros para los Tallarines y después regresó a su país, donde finalizó su trayectoria con la casaca del Basáñez (1994/95). En la actualidad es comentarista de un programa radial partidario de Peñarol.

(Gracias Jason y Diego)

Vázquez Diego

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Diego Marcelo Vázquez

Marcador de punta golondrina que se hizo un tiempito para mostrar sus condiciones en la Primera División, cuando vistió la camiseta de Huracán entre 1997 y 1998. Ahí pudo conocer lo que era entrenar con grandes como el Turco García, Rolando Cristante, Pedro Barrios y otros un tanto desconocidos como Víctor More, Lucas Nohra, Mario «no me comí a Capristo» Conti y Miguel Reynoso.

Antes y después, se dedicó a completar su currículum con equipos de toda índole. De nuestro país y del exterior. Importantes y no tanto. Su idea, al parecer, siempre fue jugar al fútbol, sin distinción de colores.

Asomó en el Nacional B en el primer equipo de Arsenal (1996/97), donde disputó 2 partidos. Después, recaló en el Globo de Parque Patricios y jugó 7 encuentros que le dieron la experiencia y la chapa suficiente para volver al ascenso con camiseta de All Boys (1998/99), donde hizo 22 apariciones. Ese fue su período de mayor regularidad, porque después le costó encontrar la titularidad.

En Tigre (1999/2000) apenas entró a la cancha en 7 oportunidades y ahí fue cuando decidió probar en otras ligas, lejos de Capital Federal. Primero se entretuvo en el Torneo Argentino B con Alvarado de Mar del Plata (2000). Cerca del mar disputó 25 partidos y tomó valor para expandirse internacionalmente. Se fue a Estados Unidos y se unió al Miami Sunblast, en 2001. Allí no hizo falta que de esforzara demasiado para alcanzar la suma de 33 partidos. Es más, cuando se aburrió se fue al Pomigliano de Italia, en 2002. En el ascenso tano jugó 18 partidos y luego continuó en el under, pero con el Sion de Suiza, histórico conjunto que le dio la chance de vestir su casaca en 12 ocasiones durante 2003.

Pero como muchas otras historias que pintan como cuentos de hadas y después mueren en el intento, a Diego Vázquez le bajaron las ilusiones de Champions League o Intertoto (?) de un hondazo, cuando regresó a la Argentina y se sumó a Atlanta, en la temporada 2003-2004. Fue titular todo el año en el Bohemio y luego encadenó momentos en Estudiantes de Buenos Aires (2004), Deportivo Marquense de Guatemala (2005), Colegiales (2005/2006) y Deportivo Merlo (2006). Dicen que además actuó en Honduras, cosa que no pudimos comprobar aunque no sería extraño. Lo que sí es bastante raro es que un tipo como él, que siempre se las arregló para seguir jugando, hoy esté desaparecido con apenas 33 años.

Lazio 3 – San Lorenzo 0

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Después de haberse consagrado campeón del fútbol argentino tras 21 años de espera, San Lorenzo inició, en 1995, una gira por Europa que le permitió enfrentarse a poderosos equipos. En su debut, el Cuervo perdió 3 a 0 ante Lazio de Italia en el Olímpico de Roma y encima sufrió las lesiones de Ruggeri (corte en la cabeza) y el Ruso Manusovich (desgarrado).

Fuera de stock: la lambada de Roger Milla y sus imitadores

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El Mundial ’90, para muchos de los que hacemos y leemos esta página, nos marcó de una manera especial. Pasan los años y seguimos diciendo como viejos chotos que jamás habrá una canción como Un Estate Italiana, que no se podrá igualar la emotividad de los penales atajados por Goyco, que nunca jugamos tan bien como lo hicimos contra Brasil…Bueno, esto último no, pero la idea era esa (?).

Otra imagen inolvidable de ese Mundial es la de Roger Milla celebrando los goles con un particular baile en el banderín del córner. La prensa especializada, apoyándose en el éxito musical del momento, no tardó en adosarle el nombre de «lambada» a esa danza protagonizada por el delantero camerunés.

Y vaya si habrá sido significativo ese festejo que durante la primera mitad de la década del ’90 surgieron cientos de imitadores en todas partes del Mundo y, por supuesto, también en la Argentina.

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El baile de Milla, cosa de turcos

Por entonces, el fútbol de nuestro país comenzaba a contaminarse de vinchas, colitas, pulseras, calzas y cuanta cosa fluo anduviese dando vuelta por ahí. Evidentemente, el ámbito local era una esponja que chupaba todo lo que sonara jóven, moderno y atractivo. En ese contexto, el desembarco de la lambada estaba asegurado.

No se recuerda quién fue el primer valiente de nuestros campeonatos en festejar un gol de esa manera, pero Claudio García y Omar Asad fueron los más distinguidos bailarines en aquellos tiempos.

Años de furor y lógica desaparición

Durante los primeros meses posteriores al Campeonato del Mundo, los jugadores argentinos casi no homenajearon al goleador africano, quizás por un excesivo respeto o también por un temor a quedar como plagiadores ante una sociedad futbolera que todavía tenía fresco el recuerdo de Italia ’90.

La moda de festejar en el banderín del córner recién se empezó a popularizar por estas pampas a mediados de 1991 y se extendió incluso hasta 1994, obteniendo su pico de fama cuando el Turco Asad lo hizo ante el San Pablo de Brasil en la final de la Copa Libertadores.

El ocaso del fenómeno, para algunos, estuvo relacionado con la llegada del Mundial de USA ’94 y la aparición de nuevas celebraciones, con coreografías ensayadas y la participación de dos o más jugadores. Para otros, en cambio, la muerte del festejo de Roger Milla, o mejor dicho, del festejo de sus imitadores, se debió exclusivamente a la pereza de los propios futbolistas que comenzaron calcando los movimientos del camerunés y con el pasar de los años terminaron haciendo una versión acelerada, reducida, que ni siquiera contemplaba la posibilidad de usar el banderín del córner como pareja de baile. Por eso, entre otras cosas, nos quedamos sin lambada.