San Lorenzo arlequín 2005

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Lo de San Lorenzo en el 2005, ya repasamos alguna vez, lejos estuvo de ser elegante. Ese año el Cuervo vistió más de 10 camisetas diferentes, manteniendo a Lotto como proovedor, pero alternando el sponsor.

No es raro, entonces que en ese contexto haya presentado una casaca suplente ajena a la tradición del club. Los colores, vale decir, estuvieron bien, pero el diseño, acompañado por las medias rayadas, era un mamarracho.

Para colmo, fue utilizado fugazmente (ante Gimnasia y Argentinos Juniors) en ese Apertura ’05, siendo reemplazado unas semanas más tarde por el modelo alternativo que se había dejado de usar unos meses antes.

Under ladrón: Tiago Gaucho

Tiago Roberto Stragliotto (Tiago Gaucho)

Mediocampista brasileño nacido en agosto de 1984 que por esas cosas del fútbol y los negociados cayó en la Argentina para jugar un partido con la camiseta de Ferro Carril Oeste en 2003, coincidiendo con la época en la que Gustavo Mascardi llenaba de paquetes al club de sus amores y prometía llegar a la Copa Libertadores en poco tiempo, obviando que estaban en el Nacional B.

Desconocemos si el pibe era fanático de David Bisbal o si se dejaba el pelo así de puro guapo, pero al menos pudimos comprobar que antes de sumarse al Verdolaga había estado en el plantel profesional del Gremio de Porto Alegre (2002).

Su experiencia en nuestro país fue insignificante. Se lo recuerda poco, como un integrante más de esa runfla de extranjeros con escaso nivel que deambuló por Caballito en esa temporada 2003/04. Después, Tiago regresó a su tierra para actuar en São José de Rio Grande do Sul (2004/05) y agregó pasos por América de Río de Janeiro (2006), Criciúma (2007), Ceará (2008) y ABC de Natal (2009).

Como si fuera poco, reincidió en sus penosas experiencias en el extranjero. En la temporada 2005/2006 paseó su ensortijada melena por el Támpico Madero de México y en 2008 tuvo la cara de piedra para firmar con un club de Indonesia que se llama Pelita Jaya.

Para rematarla, la gente que lo maneja (o él mismo, vaya uno a saber) subió este video a internet, donde se da la pauta de que el ex Ferro sólo admira a David Bisbal por el cabello. Para la música, como podemos apreciar, se queda con Ricky Martin.

Especiales: el hermano de Burruchaga

elhermanodeburru

Julio César, el Burru chico

Si bien todavía faltaban dos años para su coronación en el Mundial de México, Jorge Luis Burruchaga ya era una figura de primer nivel en aquel lejano 1984. No sería raro entonces, que haya rezongado un poco cuando ese año la revista El Gráfico lo convocó para una nota de color que ni siquiera ocuparía media página. El siguiente diálogo es producto de nuestra imaginación, pero podría haber sido real:

¿Y qué tengo que hacer?

– Nada, vos nos acompañás a la cancha, te acercás al alambrado, mirás a la cámara, te sacamos la foto y listo. Ni las manos de los bolsillos tenés que sacar.

– Mmhh, ¿tengo que pagar la entrada?

– No, entrás con un carnet de prensa.

– Y bue, dale.

La idea era que el hombre de Independiente fuese testigo del segundo partido oficial de un pibe de Arsenal de Sarandí que tenía su apellido. Ah, dato casi insignificante: era su propio hermano, de 20 años, también nacido en Gualeguay.

«Anda bien, tiene manejo y es guapo, por lo que cuentan acá en Arsenal. Yo solamente lo había visto jugar en los potreros, pero es distinto«, decía Burru, ya de verdad, casi desligándose del tema y mirando el reloj para rajarse lo antes posible.

Julio César Burruchaga era volante derecho, aunque también jugaba de 4. En su debut, una semana antes frente al Deportivo Morón y sin la mirada de su familiar más famoso, había actuado como centrodelantero. La polifuncionalidad y el parentezco no le sirvieron de mucho, a decir verdad, porque sólo disputó 8 partidos en la segunda división (el más importante, como titular, ante Racing) y desapareció del mapa. «No quiero equivocarme, pero puede ser mejor que el hermano«, decía su técnico, Rodolfo Motta. Y antes de que la tintura le empezara a penetrar el cerebro, lo que es peor.

Gargantita Latorre

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El tipo, hay que reconocer, siempre fue un estratega. Y no importaba si jugaba de enganche o bien de punta. Daba lo mismo. Diego Latorre siempre tuvo esa capacidad de pensar bien qué hacer…y qué decir. Podía anticiparse un segundo a la jugada y definir de manera brillante, y también podía elaborar un concepto bien egoista para finalmente declarar «el equipo jugó mal, pero por suerte yo anduve bien«.

No es extraño, entonces, que a comienzos de la década del ’90 ya se hubiese estado cuidando la garganta para, 15 años después, poner su voz al servicio de las transmisiones televisivas. Un profesional con todas las letras. Y vistiéndose casi que también: U-N-H-I-J-O-D-E-M-I-L-P-U-T-A.

Rouillet Marcelo

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Marcelo Alejandro Rouillet

Tan baldosero como el taxi de Allegue o el sexto dedo del Nachi Medina, el apellido Rouillet está emparentado emocionalmente con ese grupo de pibes que apareció en la Primera de River Plate a comienzos de la década pasada de la mano de Daniel Passarella.

Lateral izquierdo y dueño de una frondosa melena de rulos, tuvo su debut y despedida en la octava fecha del Apertura ’90, cuando ingresó por el Pipa Higuaín en la victoria 4 a 0 sobre el San Lorenzo de Saporiti, con goles de Ramiro Castillo, el Polillita da Silva y el Mencho Medina Bello en dos oportunidades.

En algún momento, su nombre sonó en un paquete de futbolistas que iban a pasar a Gimnasia La Plata a cambio de Rolando Mannarino, pero la transferencia quedó en la nada. Después, como Matías Díaz de Borbón, Gabriel Del Valle Medina y Sebastián Ablín, desapareció de los primeros planos.

Volvió a asomar la cabeza en la temporada 1992/93, cuando jugó con el Deportivo Armenio en la Primera B. Un año más tarde, bajó a la Primera C para actuar en Tristán Suárez. Y allí formaría parte, en la temporada 1994/95, de una defensa que ayudaría al arquero Alejandro Otamendi a permanecer 1115 minutos con la valla invicta y romper de esa manera el récord que estaba en poder de Daniel Tremonti, de Barracas Central.

En la final del octogonal de la misma temporada, marcó un gol ante Berazategui que significó un importante empate como visitante que luego, con victoria en la cancha del Lechero, se transformaría en el ascenso a la Primera B. Como premio, en la 1996/97 dio sus últimas señales en esa categoría y, a juzgar por la foto y la información que manejamos, decidió ponerle coto a su carrera.

(Gracias Manute)

Pernía Gastón

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Gastón Alberto Pernía

Los Pernía son como los Gatti, cuando pensás que los conocés a todos siempre aparece uno nuevo que agiganta el mito. En este caso, vamos a repasar la trunca carrera de otro hijo futbolista de aquel recio marcador de punta que tuvo Boca en los 70’s. No nos referimos a Mariano ni a Leonel, sino al menos exitoso de los hermanos deportistas: Gastón.

Nació en Tandil el día de los inocentes de 1973 y por lo tanto, nadie se lo tomó en serio. Su viejo, tal vez para incentivarle la práctica del fútbol como hizo con los demás, lo llevó a Boca Juniors, donde Silvio Marzolini le bajó el pulgar. «Temía que pensaran que estuviera allí por amistad, aunque nosotros nunca fuimos amigos. Ver a Gastón con la camiseta de Boca sigue siendo un sueño«, decía el Tano en 1993.

Por entonces, su hijo actuaba como lateral izquierdo en la Reserva de San Lorenzo de Almagro, donde ya habían planeado desprenderse de él. De hecho, ese mismo año lo cedieron al Deportivo Armenio gracias al famoso convenio que incluyó una camiseta con el escudo de ambas instituciones.

Mientras tanto, su padre insistía: «Técnicamente es un jugador de características parecidas a las mías, no es un exquisito. Es muy disciplinado y le gusta mucho trabajar en la parte física; además, se cuida como debe para poder rendir«. Vicente, se notaba, quería lo mejor para su pibe.

Lo raro es que después de muchos años de pocas certezas sobre su paradero, a comienzos de 2001 reapareció de forma brillante. Estaba en su casa de Tandil, medio aburrido, cuando se enteró que Boca estaba entrenando en la ciudad. Y bueno, no le costaba nada, así que se mandó.

El 22 de enero de ese año jugó para el Xeneize un amistoso ante Gimnasia La Plata. El equipo dirigido por Bianchi ganó 1 a 0 y alineó a Muñoz; Sergio Páez, Joel Barbosa, Gastón Pernía e Imboden; Marchant, Pinto, Javier Villarreal y La Paglia; Adrián Guillermo y Esteban Herrera. Equipazo.

El sueño se le terminó pronto, claro. Y entonces se dedicó a ganar dólares en Estados Unidos. ¿Con el fútbol? No, con el Indoor Soccer. Y jugando con las camisetas del Chicago Storm, Orlando Sharks o directamente entrenando chicos de una escuelita de Florida ha sabido sobrevivir. Lo que no le vamos a permitir son estas declaraciones sobre la actividad que practica. La verdad, nos parecen un exceso:

 

«En este juego si te desconcentras, si pestañeas un poquito despacio, te hacen un gol…Inclusive las paredes son un jugador extra que hay que saber usarlo, es un juego que lleva adaptación…Yo creo que es el mejor deporte del mundo».

 

Talleres con parche violeta 1992/93

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No es que la firma Lurocard se haya adelantado una década a La Nueva Seguros en esto de poner un cartel violeta en cualquier camiseta del fútbol argentino. Lo que sucedió por entonces es que los parches azules del sponsor comenzaron a perder el color con el correr de los partidos y al cabo de unas cuantas lavadas terminaron generando un contraste llamativo, algo a lo que Talleres de Córdoba ya nos tiene acostumbrados.