La mafia de las medias de toalla

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Dicen que Menotti revolucionó el fútbol mexicano. Y habrá que creer. Al menos esta foto es la clara evidencia de que logró introducir con éxito el look sindicalista noventoso: mocasines marrones, medias blancas y jean azul. Ese día lo secundaron sus compatriotas Rogelio Poncini y Oscar Dean, pero dicen que a la semana siguiente el arquero suplente, no contento con imitar la cruzada de pierna, pidió un conjunto similar para estar a tono con el cuerpo técnico.

Talleres genérica de Olan 1997

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Cuando dejó de utilizar indumentaria Penalty, Talleres de Córdoba arregló su situación con Olan con la esperanza de mejorar las condiciones a la hora de vestir. Como no podía ser de otra manera tratándose de los Tallarines, los primeros modelos fueron genéricos, de esos que se vendían en packs de 15 casacas para armar un equipo de barrio. Como se observa en la imagen, la pilcha azul tenía el logo de la marca sobre el corazón y un parche con la publicidad. ¿El escudo? Bien, gracias.

Sisca Eduardo

Eduardo Domingo Sisca

Fe de erratas. Cuando en el post Gustavo Scolari hicimos mención a la formación xeneize más baldosera de la historia, debimos haber puesto «más baldosera de los 90’s». Nobleza obliga, hay otras alineaciones en décadas anteriores que merecen ingresar en la discusión.

Por caso, el 11 de noviembre de 1984 Boca Juniors se vio obligado, por una huelga de profesionales, a presentar juveniles en un clásico ante River. Ese día Mario Zanabria tiró a la cancha a Marcelo Medina; Schinocca, Hugo Ávalos, Fornés, y Latorre; Valente, Sisca, Angarola y Rafael Horacio Herrera (luego reemplazado por Aranda); Gustavo Torres y Vales (Denny Ramírez).

Sisca era un volante ofensivo que, como muchos, no pudo saltear la mediocridad de esa época en el club y terminó jugando en el ascenso sin demasiado reconocimiento. Había debutado en 1983 con un empate 1 a 1 ante Vélez Sársfield. En total se puso la camiseta azul y oro en 17 oportunidades y no hizo goles.

Para la temporada 1987/88 pasó a Belgrano de Córdoba con la necesidad lógica de agarrar continuidad. Pero de nuevo se dio la cabeza contra la pared, porque sólo le otorgaron participación en 15 encuentros de la temporada.

Para hacer un poco más decorosa su trayectoria en el Nacional B, añadió un paso por Defensa y Justicia (1989/90), donde apenas alcanzó la cifra de 12 partidos jugados.

Su apellido, inevitablemente, trae recuerdos de una era bien decadente de la historia de Boca, que en nada se parece a este presente lleno de títulos y jugadores que están en la cresta de la ola.

Ferreyra Buenaventura

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Buenaventura Ferreyra

Los dirigentes de Vélez Sársfield se enamoraron del plantel de Paraguay en el Mundial de México ’86, a tal punto que al año siguiente contrataron a varios jugadores que integraron ese dichoso plantel. Con la zona liberada, nombres como Isidro Sandoval, Jorge Amado Nunes y el protagonista de esta historia, se fueron mimetizando con la fauna de Liniers pero no lograron destacarse.

Ferreyra había llegado con chapa de buen centrodelantero tras el camino recorrido con las camisetas de Guaraní (1984/85) y Deportivo Cali de Colombia (1986/87). Su andar por el Fortín, sin embargo, estuvo muy lejos de lo esperado. Entre 1987 y 1988 disputó 30 partidos y sólo marcó en 2 oportunidades, ganándose el pasaje de ida (y con la vuelta anulada) a alguna parte del Universo.

Además de haber jugado en el fútbol español, anduvo por Oriente Petrolero de Bolivia, donde aparentemente funcionó porque a comienzos de este año lo volvieron a contratar para que sea entrenador, función que ya había desarrollado en otros clubes de su país, como Guaraní y Sol de América.

Está terminando el post y no hicimos ningún chiste referente su nombre. ¿Crecimos? ¿Somos adultos y ahora apostamos por el humor fino e inteligente? Nada de eso. Simplemente no se nos ocurrió algo que valiera la pena.

Porque tenemos a guante

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Si alguna vez se indignaron e insultaron a un jugador por utilizar camiseta de mangas cortas y guantes, pidan las disculpas del caso y reseteen su nivel de enojo porque esta foto es la prueba fiel de que siempre hay algo más vergonzoso que lo ridículo. El Capé Sarría, ingenuo como pocos, pensó que iba a salir a la cancha lo más campante, con un guante rojo y uno blanco, sin que nadie le dijera nada. ¡Iluso! Casi una década más tarde En Una Baldosa remueve los archivos para hacer justicia. ¡Cárcel, Señores! ¿Hacen falta más pruebas? Pueden pedirnos más.

Racing celeste y rosa 2005

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Algunas marcas como adidas y o la inolvidable La Academia, habían intentado meter discretamente el color rosa en la camiseta de Racing, en homenaje a uno de los primeros uniformes de la institución. Pero nadie fue tan lejos como Topper, que en el 2005 sacó un modelo alusivo a los comienzos de la historia racinguista, sin medir consecuencias.

La casaca, rosa y celeste a cuadros (aunque en realidad el rosa era casi salmón), sólo salió a la cancha en un partido ante Instituto por el Apertura ’05. Después de la derrota 3 a 2 (dos tantos de Bergessio para los cordobeses), fue considerada mufa y nunca más se la vio por Avellaneda.

Scolari Gustavo

Gustavo Hernán Scolari

La formación más baldosera de la historia de Boca Juniors salió a la cancha el 12 de agosto de 1997, cuando le tocó enfrentar a Gimnasia de Jujuy en la Tacita de Plata. Aquel día el Xeneize dirigido interinamente por Esteban Pogany alineó a Sandro Guzmán, Carlos Zapella, Walter del Río, Aníbal Matellán y Germán Gallo; Raúl Peralta, Diego Cagna, Luis Calvo, Rubén Cantero, Suchard Ruiz y Pedro González. Otros jugadores como Ariel Rosada, Diego Herrera y nuestro homenajeado, también ingresaron durante el transcurso del 0 a 0 frente al Lobo jujeño.

Scolari reemplazó a Peralta y alcanzó a disputar sus primeros y últimos 30 minutos que, analizándolos a la distancia, no le sirvieron de mucho porque no volvió a jugar un partido de Primera División. ¿Y del ascenso? Parece que tampoco.

Dicen que llegó a integrar el banco de suplentes de Atlanta, pero no debutó con la camiseta del Bohemio. También se comenta, aunque los grandes medios intentan ocultar esa información, que estuvo jugando en una liga under de nivel incalificable.

Su nombre escrito en un plantel de panzones nos lleva a pensar que sigue dándole a la pelota en torneos empresariales, donde seguramente no faltará la oportunidad de contarle a sus compañeros que actuó en Boca. Y ante la lógica pregunta «¿Y con quién jugaste?«, la respuesta «Cagna y Matellán» debe ganar por varios cuerpos de ventaja sobre «Zapella y Gallo«.

(Gracias Cazador)