De Lorenzo Martín

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Martín Jorge De Lorenzo
Volante que no supo o no pudo aprovechar las pocas pero buenas ocasiones que le dieron en la Primera de Ferro Carril Oeste. Su debut se produjo en la fecha 11 del Clausura ’92, cuando fue titular en un partido ante Talleres de Córdoba que terminó 0 a 0. De manera consecutiva tendría otras 2 chances de integrar el once inicial de Griguol, pero su rendimiento no estuvo a la altura del momento y comenzó a ingresar en los segundos tiempos, de manera breve y salteada.
Se fue de Caballito con 11 cotejos en el lomo y un tiempo después lo encontramos en el duro mundo del under. En la temporada 1994/95 pasó a reforzar las filas de Atlanta junto a otros jugadores de la talla de Lucho Malvárez y Luis Marabotto, bajo la conducción técnica del Ruso Ribolzi. Su nivel, vale decir, no fue espectacular ni mucho menos. Apenas disputó 12 encuentros y marcó 2 goles, pero tuvo la fortuna de incluir su apellido en la lista de hombres que ascendieron al Nacional B, con figuras como José Luis «para jugar con estos muertos no hace falta comer pastas» Campi, Luis Bonnet y el Cabezón Alcami.
Además sudó casacas en Ferrocarril Midlan (1996/97), Defensores de Belgrano (1997 a 1999) y Argentino de Quilmes (2000/01) en la tercera categoría de nuestro fútbol. En el exterior, para no perder la costumbre, también conoció el bajo fondo cuando pasó al Real Unión de Irún, España (en 2001), y permaneció varios años tratando de memorizar los nombres de sus compañeros Azpilicueta, Etxaniz, Etxarri y Oier Larraínzar.

Olor a pata

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Remera blanca con mangas 3/4, el pantalón más feo del mundo y alpargatas negras. Todo eso se lo podemos llegar a disculpar al Conejo Tarantini, pero tener al lado a Pata Villanueva en los 90’s es algo que no tiene perdón de Dios. Digan que atrás se observan bellas reliquias, porque sino esta foto no merecería ser publicada.

Fuera de stock: El Gran DT (Segunda parte)

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Continuamos desarrollando la historia del concurso que despertó el espíritu táctico y estratégico de millones de personas en todo el país.

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Apertura ’96
Ya se había comprobado que El Gran DT era un entretenimiento popular. Sólo había que sumarle aditivos para que la gente no se aburriera. Para la cuarta edición del juego se amplió el panorama con la incorporación de «La Legión extranjera«, el grupo de futbolistas argentinos que actuaban en Italia y España.

Se podían elegir hasta 3 jugadores del exterior, siempre respetando el límite del presupuesto, que había aumentado a 10 millones. Y no fueron las únicas innovaciones en cuanto a reglamento, ya que además los defensores empezaron a recibir dos puntos por la valla invicta de su equipo y la figura de la cancha sumaba cuatro puntos adicionales, dos más que en la edición anterior.

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Clausura ’97
Las primeras 4 ediciones habían dejado la asombrosa cifra de 4.662.198 participantes, llamativamente importante si se tiene en cuenta qué sólo se aceptaba un formulario por persona. Ante esa restricción, muchos recurrían a los datos de padres, hermanos, primos, abuelos, vecinos y amigos para inscribir a otros equipos.
Para el Clausura ’97 se agregó el «Torneo de Egresados«, destinado a aquellos chicos que cursaban el último año de la escuela primaria o secundaria. Esa modalidad se sumaba a los tradicionales torneos: «Nacional«, «Regional«, «Menores«, «Amigos«, «Bimestral«, «La Recopa» y el clásico «Torneo Fantástico«.


Los diplomados
Los entrenadores que lograban ubicarse entre los primeros 1.000 de cada fecha recibían por correo el diploma de «Maestro en Gran DT«. El que lo lograba dos veces se adjudicaba el de «Doctor» y quien lo hacía en tercera oportunidad era nombrado «Experto«.

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Apertura ’97
Sin grandes cambios, la quinta edición tuvo como incentivo la oportunidad de participar por un viaje al Mundial de Francia ’98. Además, el ganador de cada jornada se llevaba un auto cero kilómetro. Para ese entonces, El Gran DT contaba con un adversario con formato similar: el Super Equipo Budweiser, de la revista El Gráfico.

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Clausura ’98
El sexto capítulo empezaría a marcar el final del juego que supo atrapar multitudes. Sin variantes desde lo lúdico, perdió relevancia a medida que se iba acercando Mundial. Los premios seguían siendo interesantes pero no así la propuesta.

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Apertura ’98
Una versión casi inédita. No son muchos los que recuerdan que hubo una séptima y última edición de El Gran DT. Ni siquiera conservamos la revista, pero sí algunas planillas con equipos que incluían acertadamente a rendidores players como Chilavert, Palermo y Rolfi Montenegro; y también a rotundos fracasos como Darío Husaín y Javier Lux.

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Las publicidades
Si algo caracterizó al concurso fue la saga de avisos televisivos que presagiaban una nueva edición. En la primera, hubo tres spots muy recordados. En uno, un chico aconsejaba a Navarro Montoya sobre qué palo elegir para tirarse, mientras que en el otro, un fanático riverplatense le pedía a Francéscoli que se la pasara al Cuqui Silvani. También en 1995 hizo su presentación La Gorda (Susana Cortínez) que se hizo conocida luego de tocarle la cola a Pascualito Rambert.
Luego vendrían publicidades con Fabbri, Cagna, Garnero, Gustavo López, los hermanos Barros Schelotto, Carlos Bilardo, el Bambino Veira, Carlos Bianchi, Pablo Aimar, Diego Placente, Lionel Scaloni, Juan Román Riquelme y Gabriel Batistuta; personajes de la política como Graciela Fernández Meijide, Carlos Ruckauf, Chacho Alvarez, Antonio Cafiero y Jesús Rodríguez, y hasta la inclasificable Mariana Nannis, quien pedía a «Claudito Paul» en su equipo.

Así fue como terminó el juego que marcó a toda una generación a mediados de los 90’s. Entre el entusiasmo inicial y el olvido final, pasaron miles de planteles, jugadores, goles, expulsiones, puntajes, cambios, especulaciones y cálculos que sirvieron para entretenernos un rato. ¿Quién no confió en la capacidad goleadora de Pedro Barrios? ¿Quién no se tentó con la posibilidad de tener a Batistuta? ¿Quién no se hizo el guacho pistola poniendo a un desconocido que sólo costaba 30 mil pesos? ¿Quién no tuvo un equipo en El Gran DT?

Juan Pordiosero

Ver Primera parte.

González Roberto

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Roberto Ariel González
Era un pibe normal. Demasiado. Llevaba un nombre de pila muy común y un apellido popular. Tenía que ser muy bueno para diferenciarse del resto. Y eso conspiró contra su estabilidad en el fútbol. Tras 10 partidos en la Primera de Rosario Central (1994/95), el volante se miró a los ojos con su compañero Mario Gori y ambos se preguntaron: ¿Por qué no nos vamos a robar a Estados Unidos?
Así fue como se metieron dentro de un paquete que habían armado los representantes Ricardo Schlieper y Jorge Balbis. La idea de poblar la liga yanqui con jugadores latinoamericanos parecía ser la salvación de varios. Pero no fue todo color de rosa.
Luego de algunas pruebas, Gori quedó en el plantel del Miami Fusion y un tiempo más tarde, ya defendiendo al DC United, fue acusado de violación.
Nuestro homenajeado, en cambio, no superó la evaluación para ingresar al maravilloso mundo de la MLS y se perdió de actuar en el mismo país donde triunfan Darío Sala, Juan Carlos Toja y Carlitos Marinelli. Después desapareció entre la multitud, como cualquier Roberto González.

Juan Pordiosero

De la escuela de Saccardi y Corbatta

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Quédense tranquilos que las manchas verdes son producto de una error en la impresión de la revista El Gráfico a principios de los 90’s. Ahora bien, de la indumentaria que lucen los bilardistas entrenadores nadie se puede hacer cargo…ni siquiera ellos.
Vayamos por partes. Humbertito Grondona le pidió prestado el saco gris a su padre y no le importó que le quedara grande. Mucho menos se calentó por ponerse una corbata decente.
Lo de Miguelito Russo se comprende un poco más. Ni soñaba con ser técnico de Boca, recién empezaba como DT y no tenía guita ni para hacerse la dentadura nueva. Por eso, interpretamos, entró a una feria americana con 2 mil australes y se fue chocho con una camisa celeste, un saco marrón y una corbata digna de payaso de circo.

Juan Pordiosero