Realejos 3 – Rosario Central 3 (1993)

Poco recordada e incluso desconocida para muchos de sus hinchas, es la participación de Rosario Central en el Trofeo Teide, una competición veraniega que tradicionalmente se disputa en Valle de La Orotava, en la isla de Tenerife, España.

El Canalla fue invitado para la XXIII edición de 1993, donde tuvo que debutar, en semifinales, ante la Unión Deportiva Realejos, en teoría un rival accesible, por tratarse de una institución del ascenso (recién había subido a la Segunda B) que no tenía grandes ni medianas figuras. ¿El equipo de Vicente Cantatore? Tenía nombres como Bonano, Balbis, Boggio, Lussenhoff, el Negro Palma y el Chelo Delgado.

El match, sin embargo, no fue un trámite. Más bien fue un partidazo, ante sólo 1500 espectadores, que terminó igualado 3 a 3 (un gol de Palma y otros dos de Gustavo Fabio Medina para los argentinos) y que forzó una definición desde el punto del penal, donde los españoles se impusieron por 4 a 3 y avanzaron a la final, donde cayeron ante el Tenerife.

Fuera de stock: la cerveza Boca Juniors

El fútbol y la birra, dos grandes pasiones populares en nuestro país. ¿Por qué no juntarlas?, se habrá preguntado algún cráneo del marketing, seguramente impulsado por un mercado que ofrecía buenas expectativas de ganancia.

A principios de los dorados años 90, en la Argentina se vivía el furor del coleccionismo de latas. El 1 a 1 cambiario permitía la importación de cualquier tipo de bebida. Desde la yanqui Dr Pepper, pasando por la francesa Orangina, hasta la cerveza japonesa Sapporo. Esas, por nombrar algunas de las más comunes. También existían otras rarezas, intomables la mayoría, que igualmente tenían fanáticos. Generalmente no importaba la calidad del contenido, lo que se valoraba era el envase.

En las repisas o estantes de cualquier casa de familia, rápidamente volaron los libros o adornos, para darle lugar a las latas importadas, pero vacías. Exhibidas como si fuesen trofeos de guerra. Ni más ni menos que envases que habían costado centavos y cuya única función, con el correr de los días, era juntar polvillo. Mugre, bah.

De ese hobby que rozaba el cirujeo también se desprendió otro hábito despreciable, aunque practicado sólo por los ñiños y adolescentes: juntar las chapitas de las latas en un collar. Hasta a un hippie le daría vergüenza, pero en aquel momento estaba aceptado socialmente. Modas son modas.

No fue extraño, entonces, que en ese contexto apareciera la cerveza Boca Juniors, una bebida alcohólica fabricada en Estados Unidos, pero vendida en la Argentina allá por 1993, cuando todavía duraba la efervescencia por el título local conseguido por el Xeneize un año antes.

La colección constaba de latas auriazules de 473 ml, con imágenes que homenajeaban a los jugadores de aquel plantel, como Navarro Montoya, Soñora, Simón, Giuntini, Mac Allister, Mancuso, Márcico, el Manteca Martínez y el Beto Acosta.

Además, existían otras latas blancas (tenían su versión de 355 ml) con la imagen del equipo titular, en la que extrañamente aparecía el baldosero Fabio Talarico y la infaltable mascota xeneize de esa época. Sí, un niño en una lata de birra, aunque esas no tenían alcohol, vale aclarar. Demasiada tierna para ser «La cerveza de la N° 12».

¿Más curiosidades? La lata de Giuntini decía «Giutini». Y como si fuera poco, una leyenda te invitaba a completar la formación del equipo para participar de una sorpresa. Y eso que en Boca todavía no jugaba Chávez. Aunque sí el Mono (?).

Del sabor de la cerveza poco podemos decir, porque nosótros todavía estábamos con el Nesquik (?) y no conocemos a ningún valiente que la haya probado, pero lo cierto es que no duró mucho en las góndolas y pronto pasó al olvido, quizás perjudicada por esa época de Boca, que no volvió a salir campeón hasta 1998.

Más info en:

Las latas de Miguel.
Imborrable Boca.

Peralta Yonny

Yonny Michel Peralta Godoy

Uruguayísimo, empezando por el nombre. Limitado, para confirmar su nacionalidad (?). Y raro, por sobre todas las cosas, porque un marcador de punta alto y de pelo largo es una rareza, más allá de su país de origen.

Nacido el 4 de abril de 1988, arrancó en Paysandú FC, pasó por algunas selecciones juveniles y llegó de pibe a España, para probarse en el Sevilla B. Allá dicen que ni jugó, pero de todas formas aparece en su currículum. Ese antecedente ibérico, le permitió asegurarse un futuro en otros equipos de Sudamérica. No sabemos si es bueno, pero conoce Europa, bo.

Desembarcó en Newell’s para el Apertura 2007, en un equipo que tenía jugadores de la talla de Villar, Schiavi, Husaín y Santiago Salcedo. Al charrúa, ni bien cayó le dieron la camiseta número 3, aunque sólo simbólicamente, porque en su lugar solía jugar Ansaldi o hasta el Negro Lucero.

Su único partido en La Lepra fue ante Boca, en la undécima fecha, cuando Caruso Lombardi lo metió por el propio Lucero a los 64 minutos. Fue victoria 1 a 0 del rojinegro en el Parque Independencia y significó la despedida oficial del uruguayo, que antes había ido al banco en un match ante Tigre.

Sin chances, permaneció en la ciudad, pero bajó al Nacional B para vestir los colores de Tiro Federal, a préstamo por 6 meses. Su DT, el Chaucha Bianco, lo quiso elogiar de entrada, pero lo terminó matando: «Peralta es un buen jugador, con proyección, y tendrá sus chances. Llegó en buena forma porque estaba haciendo la pretemporada en Newell’s, aunque tiene un ritmo algo distinto al nuestro, que empezamos antes» (?).

De más está decir que jugó nada en ese semestre, pero al menos conoció a Pillud, Bordicio, Charles Pérez y Armani, entre otros.

En la temporada 2008/09 pasó a San Martín de San Juan, recién descendido al Nacional, a pedido de Pablo Marini, que lo conocía de Newell’s. Y la apuesta pareció salirle bien al DT, porque en su debut Yonny marcó un gol de cabeza que significó el triunfo 1 a 0 ante Atlético Tucumán.

Sin embargo, las sonrisas se terminarían rápidamente, ya que Peralta sufrió una fractura que lo dejó afuera varias semanas y entonces la dirigencia salió a buscar a otro lateral por izquierda. «Si viene un jugador, tiene que ser de jerarquía», dijo Pomelo. Y cayó…Cristian Tavio.

De vuelta en sus pagos, actuó en Durazno FC (2009), Miramar Misiones (2010), Peñarol (2011) y Liverpool (2012), sin destacarse. Es más, en el Manya prácticamente no jugó. Primero, porque estaba por delante el gran Darío Rodríguez. Y segundo, porque preferían inventar a Emiliano Albín en esa posición. Se ve que mucha confianza no lo tenían al Yonny.

Desde hace un par de años, su paradero es una incógnita.

Platense con parches blancos (1988)

Así como sucedió en la temporada 1997/98, una década antes Platense también supo tener una camiseta marrón con un parche blanco que simulaba ser su tradicional franja horizontal.

En esta foto de 1988, observamos a Norberto Callipo, Gustavo Jones y Guillermo Rodriguez, con sus casacas parchadas, aunque no todas a la misma altura. Para completarla, el diseño de los números del pantalón también son bien diferentes.

Créditos a Calala.

Hurtado Jefferson

Jefferson Javier Hurtado Orovio (La Sombrita)

Tan solo uno de los miles de futbolistas de apellido Hurtado que ha dado Ecuador. Vino a la Argentina a mediados de 2011 y casi no tuvo tiempo para dejar su huella. Zaguero, negro, alto. Generaba respeto el simple hecho de verlo parado dentro de la cancha. Claro que todo se venía abajo cuando el tipo se empezaba a mover.

Nacido en Guayaquil en 1987, se formó en las inferiores del Barcelona (2008 a 2011) y asomó la cabeza bajo una era llamada La Renovación, en la que el club invirtió mucho dinero en jugadores e infraestructura, pero sin conseguir logros deportivos.

En junio de 2009, cuando era todavía una promesa, a la Sombrita le detectaron un problema en la rodilla izquierda, así que tuvo que ir a cuchillo. El tema es que en agosto del mismo año, cuando se estaba recuperando, los problemas volvieron y otra vez tuvo que ser intervenido quirúrgicamente. ¿Alguien dijo roto?

El 2010, sin embargo, fue el gran año de Jefferson, que pudo compilar las jugadas suficientes como para armar un buen DVD y mandarlo a nuestro país, donde lo vieron los dirigentes de Argentinos Juniors. Así fue como, en el segundo semestre de 2011, el marcador central llegó a La Paternal y se puso a las órdenes del entrenador Pedro Troglio.

Debutó en la primera fecha del Torneo Apertura, siendo titular en el empate 1 a 1 ante Unión, en Santa Fe. Después lo mandaron al banco y volvió a jugar un puñados de partidos más, aunque no con mucha fortuna. En un match ante Tigre, por la octava fecha, sufrió un golpe y se resintió su famosa rodilla. ¿Resultado? Le diagnosticaron un síndrome meniscal y nunca más volvió a actuar en el Bicho.

Entre el campeonato y la Sudamericana, el ecuatoriano disputó 8 partidos para Argentinos. ¿El dato? Su equipo no ganó ni una vez.

Tras finalizar su contrato, a mediados de 2012 se incorporó al Deportivo Quito de Ecuador, pero apenas jugó 12 encuentros. Lo curioso es que, a esa altura, los clubes de su tierra seguían confiando en su potencial.

Fue al año siguiente que pasó a El Nacional, donde no tardó en tener problemas con el DT Carlos Sevilla, quien lo acusó de fingir lesiones y lo borró del equipo. “Tuve un dolor en el abductor y por ello no pude jugar un partido. Él me dijo que me hago el lesionado por el tema económico. Eso me molestó ya que no es verdad y le reclamé”, contó Hurtadito.

En ese 2013 también tuvo que entrar nuevamente a quirófano, aunque no por su rodilla, ya que se resistió al robo de su celular y fue herido de bala en un brazo. Toda la suerte, toda.

Con su carrera cada vez más en bajada, intentó tirar el ancla en el Deportivo Cuenca (2014), pero apenas si se puso la camiseta en 10 ocasiones y encima no cobró durante varios meses. Una vez más, le mostraban la puerta de salida.

En este 2015, la Sombrita firmó para el Deportivo Azogues, de la Serie B. Es probable que se vuelva a repetir la historia, con alguna lesión, falta de pago o alguna situación desgraciada que alimente su desdicha. Lo mismo que vimos en Argentina.

Porque casi todos los ecuatorianos que pasaron por nuestro país, por no decir todos, han hurtado.

River 1 – Lyon 3 (2007)

En julio de 2007, River Plate participó de la tercera edición de la Peace Cup, un torneo de caracter amistoso en Corea del Sur, del que participaron varios equipos de todo el mundo y que otorgaba 2 millones de dólares para el campeón.

El conjunto argentino dirigido por Daniel Passarella se impuso 1 a 0 en sus dos primera presentaciones, ante el Reading de Inglaterra y el Shimizu S-Pulse de Japón, con sendos goles de Matías Abelairas, lo que hablaba a las claras de la jerarquía de la competición (?).

En la última fecha del grupo, el Millonario debía solamente empatar ante el Lyon de Francia para acceder a la final…pero las cosas no fueron sencillas. El team galo se puso en ventaja de entrada, con un tanto de Benzema, y pese a que Marco Ruben igualó las cosas un rato más tarde, luego llegaron los goles de Ben Arfa y Kallstrom. Además, el árbitro coreano Kim Dong expulsó a Augusto Fernández.

Fue 3 a 1 para el Lyon, que dos días después se quedaría con el trofeo al vencer 1 a 0 al Bolton inglés.