
Gabriel Ricardo Rodríguez
Un nombre muy común. Demasiado. Merecedor por defecto del pormenor más cruel para un futbolista que busca reconocimiento: la indiferencia. ¿Cómo puede ser que casi nadie recuerde a este enganche con más de 20 partidos en la Primera de un club grande? Las razones apuntan siempre a lo mismo, el nombre.
Llamarse Gabriel Rodríguez lo condenó a la penosa tarea de romperse el lomo para ser uno del montón. Y a pesar de su esfuerzo, vale decirlo, en nuestro país no lo logró.
Disputó 23 encuentros con la camiseta de San Lorenzo, entre 1991 (debutó en un 0 a 0 ante Argentinos Juniors) y 1994, compartiendo jornadas con Mario Ballarino, Marcelo Maydana y el Yayita Rossi.
Con aspecto de veterano, pese a sus cortos 21 años, vivió varias experiencias en el club. Una de ellas fue ser prestado a una institución de la Primera B, el Deportivo Armenio (1993/94), junto a Bangert, Adrián González y Walter Sanfilippo, entre otros.
Afuera fue prolífico. Jugó, jugó y jugó. Pasó por el Atletico Tambetary de Paraguay, metió un brochet de equipos en Perú (Sports Boys, Deportivo Pesquero, UPAO, Deportivo Municipal y Cienciano) y actuó dos años en el Hakoaj Ramat Gan de Israel.
El envejecimiento, evidente en su rostro, lo hizo abandonar la actividad a muy temprana edad y en 2006 ya estaba dirigiendo a Sol de América de Formosa, en el Torneo Argentino B. Se puso contento cuando le comentaron que entre sus jugadores iba a tener a uno de los tantos Chaparro que andan dando vueltas por la provincia. Pero él, curtido en esto de homónimos y sosias, preguntó: ¿Es aquel de Ferro? Y ahí recibió la respuesta imaginada. No Gaby, el más conocido baldoseó en Huracán. Y conformate con eso que ya es es bastante.
Juan Pordiosero