Gimnasia y Tiro cuadriculada 1997

La última temporada de Gimnasia y Tiro de Salta en Primera División dejó joyitas en cuanto a indumentaria se refiere. Antes de firmar con la multinacional Lotto, el Albo jugó los primeros partidos de la 1997/98 con algunos diseños inéditos que vieron la luz por única vez. Uno de ellos, confeccionado por Topper (con esa marca logró el ascenso) fue utilizado en medio (sí, medio) partido ante Vélez, en el estadio José Amalfitani. La camiseta cuadriculada que luce el Indio Ortíz sólo fue vista en un tiempo, ya que en los 45 minutos restantes se usó la tradicional celeste y blanca a rayas verticales.

Juan Pordiosero

Watari Takashi

Takashi Watari
Que un simple traductor de idiomas se convierta en un refuerzo clave de un equipo que participa de la Copa Libertadores es lo mismo que un cualunque diccionario «Japonés-Español/Español-Japonés» se transforme en un best-seller de primera necesidad.
La historia de Takashi Watari no salió de un cuento de hadas. Pertenece al rico itinerario del fútbol sudamericano. Y aunque cueste reconocerlo, representa la decadencia de las instituciones y el desesperado afán por conseguir dinero, sea como sea.
Nacido en Japón, llegó a nuestro país en 1991 para perfeccionarse como futbolista en las inferiores de Boca Juniors, donde ganó algunos admiradores por su particular habilidad. De entrada lo trataron bien y le hicieron firmar un contrato como profesional. Incluso jugó en Reserva pero después lo cedieron a préstamo a Dock Sud y cuando regresó lo dejaron libre.
Lejos de La Candela, el lugar donde supo vivir durante varios meses, volvió a su tierra y recién muchos años después pudo retomar el vínculo argento. Se reencontró con la gente de Boca en 2000, cuando el equipo de Carlos Bianchi visitó el país nipón para disputar la Copa Intercontinental ante el Real Madrid. Allí hizo buenas migas con integrantes del cuerpo técnico y unos días después acordó su retorno a la Argentina con la intención de ayudar en la adapación del refuerzo de oriente, su compatriota Naohiro Takahara. En ese año 2001 vivió de todo. Compartió prácticas con los profesionales, hizo excentricidades (en un entrenamiento fue al arco, tiró un escorpión y lo apodaron René, por Higuita) y hasta se sentó en el banco de suplentes en un partido oficial en el que Takahara estuvo entre los 16.
También fue blanco perfecto para las gastadas. Carlos Ischia recordó alguna vez una anécdota: «Watari llegó un día al entrenamiento con el pelo recién cortado y la verdad que era un desastre. Para solucionar el tema, le dije si quería que lo rapara. Me contestó que sí, y al día siguiente traje la maquinita y lo pelé antes de la práctica. Sin dudas que le quedó mejor que lo que tenía en la cabeza«.
Si bien muchos jugadores como Guillermo Barros Schelotto, Tévez y Calvo alguna vez destacaron su buen manejo de la pelota, nadie lo tomó demasiado en serio. El asiático jugaba de número 5 y se miraba en el espejo de Sebastián Battaglia. «Tengo un estilo similar al de Seba. Marco, juego y le doy la pelota a los habilidosos«, dijo el ponja en una nota publicada en el Diario Olé. Y su ídolo le devolvió la gentileza: «Me acuerdo de que era rapidito cuando jugaba con nosotros. Pero la verdad es que es una sorpresa, no me imaginaba que él quería seguir jugando al fútbol. Ojalá que le vaya muy bien».
Fortaleció aún más la relación cuando al año siguiente los Xeneizes jugaron ante el Bayer Munich y él viajó como traductor. Igual, en ese viaje la rompió especialmente por conseguir productos electrónicos a muy buen costo.
Sin más laburo en Boca, se fue a Nueva Chicago en 2002 para hacer lo mismo con otro coterráneo, llamado Ishi Zuka Keisi, que necesitaba adaptarse. Finalmente no quedó, pero Watari tiró el ancla con algo de humo («Yo soy hincha de Boca, pero me gustaba mucho el San Lorenzo en el que jugaban Pipo, Cacho Borelli y Chapa Zapata. Por eso, hoy disfruto de tirar pared con ellos en las prácticas. Es un sueño. Y espero que no se termine«) y permaneció para hacer la pretemporada del verano 2003 a la par del equipo de Gorosito. Increíblemente, el DT lo aprobó futbolísticamente pero no llegó a debutar y se volvió a Japón para actuar en el Tochogi, de la segunda división.
Sus días en el continente americano parecían haber muerto pero a comienzos de este año le llegó una propuesta interesante. Una empresa de Tokio dedicada a la venta de maquinaria pesada en gran parte de Asia (PrivCore), firmó un acuerdo con el Sporting Cristal de Perú gracias al nexo establecido por el representante del jugador japonés Masakatsu Sawa, que pasó por el club (convertido en sociedad anónima) en 2005.
El contrato representaba el abono de 150 mil dólares para los limeños, más la cesión de un jugador, sin costo alguno, al que solo le debían brindar movilidad y vivienda. A cambio, la camiseta celeste pasaba a tener la publicidad japonesa, que buscaba abrirse mercado por estos pagos. Watari fue el dichoso futbolista elegido para cerrar el pacto. Y no solo eso, sino que además se dio el lujo de integrar la lista de buena fe de la Copa Libertadores con 32 años. Fue al banco en algunos partidos (también en el torneo local) pero no ingresó. A mitad de año se fue del Cristal pero antes tiró un poco de demagogia («Cuando estaba en la reserva, en el primer equipo jugaba Solano y también Maradona. Con Pereda sí tuve amistad porque a él le decían el Chino y a mí Japonés«) y vivió una experiencia única: jugó el partido homenaje al Diego que se realizó en Lima, en mayo de este año.
Entre sus objetivos, está el de incentivar la práctica del deporte en su país. «Quiero llevar enseñanzas. Japón avanzó, pero sigue 50 años atrasado. Me gustaría volver y poner una escuela de fútbol, la escuela de Argentina, la mejor del mundo. Allá no se trabaja como acá. Por eso, todo se aprende en la cancha. Y yo siempre me fijé en los argentinos. Son únicos. También hay muchos brasileños, pero no tienen carácter y, al poco tiempo, se vuelven como si nada«. Y sí, para declaraciones políticamente correctas, nadie como Watari.

Juan Pordiosero

López Carlos Romeo

Carlos Romeo López
Si de apariciones fantasmales hablamos, la del defensor Carlos López debería integrar cualquier top ten del fútbol mundial. Ya se sabía que con ese nombre tan común debía hacer un esfuerzo extra para trascender. Pero casi que no pudo intentarlo.
Su debut y despedida se produjo en un partido de 1994, cuando el técnico Rodolfo Della Pica promovía todo lo más o menos digno que veía en la cantera de Racing.
Así fue como le tocó estar en cancha junto a Nacho González, Germán Arangio y Leandro Aureli, entre otros.
Nacido en Avellaneda, el 23 de junio de 1976, se especula que los padres se alegraron con su nacimiento a pesar de que ese mismo día privaron a María Estela Martínez de Perón, junto con otros 35 peronistas, de sus derechos políticos en la Argentina.
Y si, no hay demasiado para contar. Él tampoco ayudó mucho.

Juan Pordiosero

Deportivo Italiano (1989)

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El submundo del ascenso tiene historias que a veces trascienden el plano nacional. Un caso curioso fue el de Deportivo Italiano, que se hizo conocer en el exterior jugando la tradicional Copa Carnevale.

Sucedió en enero de 1989, cuando el conjunto azzurro fue invitado a la edición número 41 del torneo internacional para juveniles que se disputa en la ciudad de Viareggio, Italia.

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Para la cita, el técnico Osvaldo Crosta armó un equipo con lo mejor de la cantera del club y le sumó dos refuerzos de lujo: Darío Franco y Gabriel Batistuta, que por entonces asomaban en Newell’s.

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Nadie se dio cuenta del histórico momento, pero sería la presentación del Batigol en tierras tanas. ¡Y vaya si se presentó! Con 3 tantos fue el goleador del equipo, que finalizó el torneo de forma invicta (en los 90 reglamentarios) tras perder por penales y en semifinales con el Torino, que sería el campeón.