Fuera de stock: las vendas por encima de las medias

Durante gran parte de los 80 y los 90, cuando el fútbol todavía era mucho más estético en el juego que en la indumentaria, los tobillos de algunos jugadores fueron protagonistas de una tendencia que hoy nos parece lejana y hasta nos genera algo de nostalgia: las vendas por encima de las medias. Es buen momento de recordarlo.

Si hay algo que diferencia a los futbolistas profesionales de los amateurs, además de que no tienen que pagar para jugar (salvo que los dirija el Richard), eso es el cuidado físico, que muchas veces implica la prevención en partes del cuerpo que son más sensibles o que simplemente están más expuestas a las lesiones. Los tobillos, en ese sentido, forman parte del podio entre las zonas delicadas.

La mayoría de los jugadores se vendan, por no decir todos. Sin embargo, no todos lo hacen de la misma manera. Existen diferentes técnicas y también puede variar la cantidad de vueltas, la presión que se ejerce sobre el pie (intentando no cortar la circulación sanguínea), si es interna, si es externa, y un montón de variables más, sin tener que llegar necesariamente al colmo de Pablo Michelini, que siempre prefería vendarse la cabeza antes que los pies (?).

Vendarse por encima de las medias (o usar tobilleras, en su defecto), fue una de las prácticas que más prendió entre los futbolistas de hace 20 o 25 años. Por comodidad, necesidad o simplemente por moda, algunos jugadores de nuestro país probaron el extraño método. Algunos, lo hicieron un par de veces hasta que se dieron cuenta de que no los favorecía en nada. Otros, por el contrario, lo adoptaron como un ritual más y utilizaron ese tipo de vendaje por el resto de su carrera. Y quedaron en la historia, claro.

Juan José El Yaya Rossi, aquel que brillara en Newell’s y Banfield, fue uno de los más representativos adeptos de esta costumbre. No era el único que usaba las vendas por encima de las medias en La Lepra, pero sí uno de los que se nos viene a la memoria recurrentemente.

Otro al que es muy difícil recordar sin los tobillos blancos (y la rodilla sana) es al Negro José Luis Villarreal. El ex de volante de Belgrano, River y Boca, mantuvo el estilo, incluso en el final de su carrera, cuando las nuevas generaciones miraban con cara rara y algo de desprecio a esa tendencia que venía del siglo anterior.

El Chino Carlos Daniel Tapia, actor de reparto en el Mundial 86, fue protagonista de las medias vendadas en la década del 90. Después tuvo que ver como su hija aparecía en #ElProgramaDeFantino, pero ese es un tema que otro día desarrollaremos (?).

El actual técnico de la selección argentina, Gerardo Martino, fue otro prócer de este hábito en los 80 y 90. Imaginarse al Tata sin las vendas visibles es muy difícil. Recién en el tramo final de su trayectoria, en el Barcelona de Ecuador, se lo pudo ver con las medias impolutas.

Sin ser un especialista en la materia, Diego Armando Maradona jugó varios partidos con el vendaje externo, tanto en Boca como en el Nápoli. Y también en Newell’s, como muchos de sus compañeros en esa época. Incluso uno puede recordar jugadas históricas en las que el Diego le dio a la pelota vendado de esa manera: la rabona frente a Islas, por ejemplo. Y cómo no mencionar su penúltimo encuentro en la Selección, ante Grecia, donde las vendas blancas acompañaban a los botines totalmente negros.

Hay algo fundamental que no mencionamos: para que las vendas blancas se hayan destacado, siempre fue necesario la utilización de medias de otro color. El contraste de equipos con medias oscuras, favoreció a algunos jugadores de esa época. Y si uno ve, por ejemplo, los partidos del Mundial 94, se dará cuenta de que Maradona también usó vendas por encima de las medias ante Nigeria.

Para destacarse, en ese caso, había que hacer la gran Sensini y clavar unas tobilleras azules. Porque incluso teniendo al Diego al lado, algunos intentaban ser diferentes.

Con los años, la costumbre fue desapareciendo de las canchas nacionales, aunque algunos pocos intentan revivirla cada tanto. En tiempos donde se privilegia lo estético por sobre cualquier otro aspecto, parece difícil que aquella tendencia vuelva para instalarse. Igual, no perdemos la esperanza y confiamos en la justicia, que tiene los ojos vendados.

Fabbiani a River de Puerto Rico (2010)

Le dijo que no a Vélez, firmó con River, fue ídolo, decepcionó, lo colgaron, se desvinculó, se casó, se separó. De haber sido el futbolista argentino con más exposición mediática, en 2009, Cristian Fabbiani pasó a estar totalmente a la deriva, sin muchos equipos importantes que requirieran sus servicios. Fue así que, a comienzos de 2010, una posibilidad jamás pensada se le cruzó en el horizonte: River Plate…de Puerto Rico.

En marzo de ese año, el Ogro se estaba entrenando en Lanús, cuando recibió una oferta del cuadro boricua para jugar en el Campeonato Internacional del Caribe y una liga de los Estados Unidos. «Nuestra intención es hablar con él para invitarlo a jugar el campeonato, esperemos que este disponible porque sería muy importante para nosotros», decía Steven Álvarez, el presidente de la institución fundada el 1º de enero de 2007, en la ciudad de Ponce.

Finalmente, Fabbiani se quedó en la Argentina y no pudo ser dirigido por Walter Fabián Zermatten. Pero eso no es lo más grave, ya que se perdió la gran oportunidad de aparecer entre las celebridades del blog Mipuertoricoqueridogracias (?). Una pena.

Goyén con buzo de Italia (1981)

Si hay alguien que supo explotar comercialmente la imagen del arquero, ese es Carlos Goyén, el ex hombre de Argentinos Juniors y Atlético Rafaela, que luego de ser modelo de la marca Reusch, se dedicó a representarla institucionalmente en Latinoamérica. Sin embargo, antes de estar sponsoreado por la firma de origen alemán, el golero uruguayo mostró algunas rarezas.

En 1981, mientras defendía la valla de Independiente de Avellaneda, Goyén utilizó un buzo gris con cuello azul de Dino Zoff, el arquero de la selección de Italia.

Especiales: El hijo trucho del Palomo Usuriaga

Carlos Albeiro Usuriaga

Esa brillante generación de jugadores colombianos que hizo historia sin ganar nada en la primera mitad de los años 90, escupió hijos futbolistas que, dos décadas más tarde, intentaron y siguen intentando hacer su propio camino, incluso tomando el fútbol argentino como trampolín. No es casualidad, claro. La nuestra es la tierra del 5 a 0, aquel gran hit cafetero que nos marcó para siempre. A nosotros, pero principalmente a ellos.

José Valencia, el hijo del Tren, pasó por Olimpo y actualmente viste los colores de Rosario Central. Sebastián Rincón trata de seguir los pasos de su papá, Freddy, con la camiseta de Tigre. Alan Valderrama se probó en Racing y en Platense, gracias al apellido de su padre; mientras que Carlos, otro descendiente del Pibe, juega en Colombia y luce la misma porra de rizos rubios. Y ni hablar de todos los parientes del Tino Asprilla que se han dedicado a esto, aprovechando el lazo familiar.

Otros hijos de cracks colombianos noventosos, como Luis Alberto Perea, Leo Stefano Álvarez, Santiago Tréllez y Aldair Valenciano, también juegan al fútbol en su país y en el exterior, aunque no han pisado suelo argentino. Todavía…

Allá por el 2009, llegó a Avellaneda un jugador jovencito al que nadie conocía, pero que físicamente hacía recordar a Albeiro Usuriaga, aquel talentoso delantero que fue vital para esa camada (metió el gol de la clasificación a Italia ’90), aunque no pudo disputar ningún Mundial. El parecido, por supuesto, no era casualidad. El muchacho aseguraba ser hijo del Palomo, tenia casi el mismo nombre e incluso llevaba el mismo peinado. Sólo le faltaba triunfar en Independiente.

Fue así como el Palomito llegó al Rojo, en busca de revivir todo eso que había conseguido Albeiro: un título local, una Supercopa y una Recopa. Pero lo que se encontró, principalmente, fue el cariño de la gente, que recordaba (y sigue recordando) los goles y las gambetas del Usuriaga mayor, asesinado por sicarios en 2004, por involucrarse sentimentalmente con la ex mujer de un delincuente.

“El es muy reconocido, hizo una historia muy grande aquí y me gustaría repetirla. Me siento muy orgulloso de él, y quiero que él se sienta orgulloso de mí allá arriba, jugando en Independiente”, declaraba Carlos Albeiro, que se paraba de 9 y venía de hacer inferiores en Deportivo Cali, hasta que un contacto lo ubicó en la Argentina.

De entrada, lo hicieron practicar con la Tercera, dirigida por Cayetano Rodríguez, aunque su sueño era integrar el plantel del Tolo Gallego y que lo llamaran Palomito.

Después de dos semanas, en Independiente se dieron cuenta de que el pibe no era tan bueno como decía. De hecho, el parecido con el Palomo sólo se remitía a lo físico. No gambeteaba, no desbordaba, no metía goles, nada de nada. Muchas gracias y hasta pronto.

Hasta que un día, a alguien se le ocurrió investigar un poco más allá de lo que salía en los diarios, para encontrar la verdad: no se trataba del hijo de Usuriaga…¡Era el sobrino! Un estafador.

El Palomo tuvo una vida muy intensa, en la que le sucedió de todo, pero no tuvo hijos. Sí sobrinos, como Carlos Albeiro Ríos Usuriaga, fanático de su tío, al punto de querer imitarlo en todo y llegar a decir que era su hijo, sapo que la prensa argentina se comió sin dudar.

El 5 de noviembre de 2011, el Palomito fue asesinado en circunstancias similares a las de su tío. Una tragedia que pasó desapercibida en el mundo del fútbol, pero que de alguna manera lo terminó emparentando a su falso padre. Quiso repetir la historia y lo logró.