Ávila Leandro

Leandro Ignacio Ávila (Picho)
Talento pulido en las inferiores de Independiente con perspectivas de que se convirtiera en el número cinco del Rojo durante muchos años (hasta jugó en selecciones juveniles). Sin embargo, en la etapa final el plan falló. Le pusieron a un histórico como Cascini por delante y tuvo que comer banco como loco. En 1999 sólo jugó 4 partidos y en 2000 le costó bastante jugar como titular, aunque llegó a hacerlo.
Con el tiempo los dirigentes confesaron que todo había sido producto de un malentendido. El chico no poseía excelentes condiciones futbolisticas. Pero entusiasmados por una cuestión dialéctica creyeron que sería «el dueño de la pelota» por el apellido que portaba.
Está claro que nada de eso ocurrió. Cansado de esperar oportunidades, en 2002 comenzó a replantearse su futuro, y optó por irse a otra institución. Pero eligió mal y se fue a Chacarita, donde volvió a ver nubladas sus chances con la presencia de Rosada. El ex Boca le tapaba el lugar (obvio, es volante tapón) y sólo pudo ingresar en cuatro partidos, de las diez veces que fue al banco.
No contento con eso, se quedó para completar el préstamo sin chistar pero también le tocó ser suplente en el Clausura 2003. Al finalizar su estadía funebrera pasó a la CAI de Comodoro Rivadavia, donde mostró algo de su depurado trato de pelota, pero también fue utilizado como recambio. Finalizó la temporada en buen nivel y a mediados de 2004 cayó en Olimpo de Bahia Blanca, para volver a probar las mieles de la Primera División. Pero apenas si le sintió el gustito de lejos. El Goyo Pérez no lo tuvo en cuenta y a principios de 2005 tuvo que marchar junto a Facundo Imboden, Alexis Cabrera, Luis Rueda y Sebastián García.
Ese mismo año se sumó al Éspoli de Ecuador, pero días antes de su debut se lesionó y los dirigentes se vieron obligados a rescindirle el contrato. Con la mala leche a cuestas armó las valijas y se volvió a Argentina para incorporarse a San Martín de Tucumán, en el Torneo Argentino A. Aún permanece allí, rezando para que no incorporen a otro volante central.

UPDATE

Sigue jugando en el Santo tucumano, donde comparte plantel con Javier Lavallen, Luís Rueda, Matías Saad, Esteban Gil; estaba siendo habitualmente titular pero se lesiono en un pie frente a Chacarita.

Juan Pordiosero

Cáceres Silva Ricardo

Ricardo Daniel Cáceres Silva (Gusano)
«El Heredero de Gorosito». Asi lo presentó el Diario Olé en una nota publicada en abril de 1999. Con 17 años casi cumplidos, este paraguayo la rompía semana a semana en las inferiores de San Lorenzo e incluso llegaron a tantearlo para que se nacionalice argentino (entrenó y todo con el Sub 17 albiceleste).
En aquél entonces, el público del Cuervo no entendía por qué no le daban más chances en reserva luego de las buenas actuaciones que tenía jugando en la Sexta división (Boca le había echado el ojo y los dirigentes azulgranas tuvieron que pagarle viáticos y premios para que no se fuera).

-¿Vos estuviste alternando banco y titularidad en la Reserva. ¿Por qué volviste a la Sexta?
Es que estuve lesionado. Los técnicos me habían mandado a la Sexta para retomar el rítmo futbolístico, porque me había salido un sobrehueso en el pie derecho, muy doloroso. No pude caminar durante casi todo febrero. Por suerte ya me curé totalmente. Ojalá me sirva para volver a la Reserva.

– Sos enganche y hacés varios goles (NdR: venía de hacerle 3 a Colón, en Santa Fe). ¿Por qué no jugás de punta?
-Porque me gusta más la posición de enganche, o de volante por izquierda o derecha. Soy un jugador habilidoso. Mi ídolo y espejo es Enzo Francéscoli, aprendió mucho de él, incluso la forma de pegarle a la pelota en los tiros libres. Yo soy derecho, como él.

-A pesar de que naciste en Asunción, entrenaste un tiempo con Pekerman.
-Si, fue el año pasado (1998). Estuve en la Sub 17 durante seis meses y me preguntaron si podía nacionalizarme. Después no me llamaron más porque hasta los 18 años no puedo hacer el trámite. ¿Si me llaman de Paraguay? No se que haría….

En esa misma nota para el diario deportivo, Cáceres Silva dio detalles de sus llamativos dibujos en la piel:
-Tengo tatuados varios animales, un león, un duende (en el caso de que sea un animal), un dragón y un escorpión. Me los hice por gusto, no tienen ningún significado especial. También tenía cuatro aritos, dos en cada oreja…Pero el Profe Marcelo Rosenblatt me dijo el primer día de la pretemporada que me los sacara, que Ruggeri ya había retado a unos cuantos pibes.

Sin embargo, los retos no hicieron mella en el espíritu curioso del volante ofensivo y años más tarde quiso probar si podía ver más «duendes» sin tener que tatuarselos. El tiempo le hizo realidad ese deseo, pero antes peregrinó por el ascenso gracias a los sucesivos préstamos que San Lorenzo le ofrecía para saciarle sus ganas de jugar.
En julio de 2001 pasó a Almagro, en la B Nacional, que estaba bajo la conducción de Ginarte. Poco duró poco ya que al año siguiente volvió al Ciclón y jugó el torneo de Reserva (le hizo un gol a Boca, en 2002)
En julio de 2003, sin chances de debutar en Primera, se fue al Deportivo Morón en busca de continuidad, pero allí encontraría un bajón más. Arrancó siendo titular en el Apertura, e incluso tuvo buenas actuaciones, pero luego su nivel cayó bastante y quedó relegado. Para el Clausura 2004 de la Primera B, las oportunidades se le achicaron (el DT sólo lo puso un ratito en los tres primeros partidos del año, aunque hizo un gol ante Argentino de Quilmes). Pero él se terminó de enterrar. El 21 de febrero se jugó el clásico entre Morón y Almirante Brown. El Gallito perdió ese día 2 a 1, como local, y el paraguayo ingresó a los 16 minutos del segundo tiempo por su compañero Mercier. Hasta ese momento fue un partido como cualquier otro, aunque con la tristeza elocuente que supone la derrota en un clásico. Pero todavía había más.
Luego del partido, a Cáceres le tocó realizar el control andidoping. Y días más tarde recibió la noticia menos deseada: le había dado positivo.
En marzo de ese año se dio a conocer la información (esa misma semana también ocurrió algo similar con Cordone y Esteban González) y en abril se supo la sustancia y la pena: por haber encontrado en su muestra un derivado de la marihuana, recibió una sanción de tres meses (El Gusano ni se tomó la molestia de ir a declarar). El club, además, tuvo que pagar el equivalente a 75 entradas generales en concepto de multa.
Cumplió la condena y ese mismo año se incorporó a Laferrere. Con el tiempo pudo jugar con Cecilio Galeano, Cubito Cáceres, el Mono Claut, el Pampa Biaggio y Garrafa Sánchez, de quien llegó a ser el suplente natural.
Hoy, con menos competencia en el puesto pero con un dolor que lo debe seguir acompañando en cada rincón del estadio de Lafe, trata de reconstruir una carrera que comenzó plagada de buenos augurios y con más de un duende dando vueltas por el aire.

Juan Pordiosero

Cotera Alfredo

Alfredo Nicolás Cotera
Marcador central que se destacó más por su pelada y por su apellido que por sus condiciones futbolísticas. Debutó en la primera de Huracán de Parque Patricios en 1997 y completó 16 encuentros hasta 1998. No convirtió ningún gol ya que ese no era su fuerte (todavía los hinchas quemeros están tratando de descifrar cuál era su virtud). Compartió el plantel con experimentados como Carlos Bustos, Chacoma y Giuntini, y otros pibes como Orsi, Mhamed, Toedtli y Gastón Casas.
La crisis institucional lo obligó a dejar el club y comenzó una carrera internacional de alto vuelo. Primero estuvo en Millonarios de Colombia (1999-2000), luego en el Monza de Italia (2001) y la 2002-03 la jugó para la Universidad de Concepción, donde había llegado para hacer unas pruebas y convenció por su nivel pero por sobre todo por su baja cotización que se adaptaba al escaso presupuesto del club chileno.
Desde 2004 está en el Haladas de Hungría, y según parece, no tiene intenciones de regresar.

Juan Pordiosero

Distéfano Juan José

Juan José Distéfano (El Tano)
Surcó el sector izquierdo de la defensa de Racing durante casi 4 años. Se proyectaba sin tener noción de sus limitaciones, pero se proyectaba. Su cabellera larga y enrulada se hizo conocer en la época de Cacho Borelli, Cosme Julián Ubaldo Zaccanti y Abelardo Vallejos, entre otros. Llegó a disputar 75 partidos (1 gol) con la camiseta de La Academia, desde 1990 a 1994, cuando el Pato Míguez se adueñó del puesto (después se lo cedería a Javier Soca).
Sin chances en Primera eligió caminar el under. Jugó para San Martín de Tucumán y para Almagro, en la B Nacional. En el Tricolor compartió plantel en la temporada 1998/99 con jugadores importantes como Lucas Pusineri y Panchito Maciel, pero tambien con otros como Fernando Cinto, Marcelo Couceiro, Marcelo Trapasso, Gerardo Rivero, Pedro Sallaberry, Pablo Solchaga, Alejandro Milano, Cristian Akselman, Damián Grosso, Alejandro Farías, Jose María Kesseler, Matías Toranzo, Walter Parodi, Lino Arce y Julián «en el PC Fútbol la rompía» Alianello.
Distéfano fue capitán de esa «deformación» y uno de los que más partidos jugó. Según dicen también estuvo haciendose el manguito en el Avezzano de Italia.
Además tiene un pasado ligado a la Selección. En 1991, integró el equipo argentino que jugó e hizo papelones en el Mundial juvenil de Portugal. Allí tuvo de compañeros a José María Bazán, Roberto Mogrovejo, Fernando Regules y a una larga lista de consagrados.
Como habrán percibido, siempre estuvo bien rodeado.

Juan Pordiosero

Roberto Gaucho

Roberto Juceli Weber (Roberto Gaucho)
Algún que otro desprevenido lo confunde y lo seguirá confundiendo con aquel brasileño Gaucho que jugó para Boca las finales ante Newell’s, en 1991. Sin embargo, no se trata de la misma persona. Aunque por nombre, nacionalidad y rendimiento en nuestro país, podría decirse que hubo pocas diferencias entre uno y otro.
Nacido en la ciudad de Santa Rosa, la tierra de Xuxa, Roberto Gaucho llegó en 1995 con antecedentes que invitaban a pasarse por el Palacio Ducó para verlo jugar. Además de ganar la Supercopa con el Cruzeiro (también le hizo un gol a Boca en la Libertadores de 1994), venía actuar en su selección y muchos creyeron que con ese dato le bastaba para romperla en Huracán.
Jugaba de puntero izquierdo y a su llegada prometió demostrar características de los verdaderos grandes. «Siempre voy al frente, en eso me parezco mucho a Batistuta. También tengo algo de la habilidad de Caniggia y cabeceo bien» afirmó cuando pisó Buenos Aires.
Y continuó con su verborragia: «Tengo que recuperar un poquito la fuerza. En las dos semanas del carnaval, el jugador brasileño no se entrena. Y por supuesto, yo tampoco lo hice«.
Y si el brasuca estaba entusiasmado, ni hablar de la gente del Globo. Héctor Cúper, DT del conjunto de Parque Patricios por aquél entonces declaró «Es rápido, con buenos desplazamientos y buen trato de pelota. Hace goles de zurda, de derecha y de cabeza. ¿Qué más se puede pedir?».
Semejantes halagos en su presentación presagiaban un éxito para los Quemeros. Pero no fue así. Roberto Gaucho sólo disputó 9 encuentros con la camiseta de Huracán y convirtió un solo tanto.
En una producción que publicó El Grafico en 2005, su ex compañero, Marcos Gutiérrez, habló de aquella efímera estrella de Brasil: «Con Corbalán nos turnábamos para llevarlo y un día que teníamos doble turno nos quedamos a comer por Caballito. Cuando se hizo la hora de volver al club, el negro tiró ‘tomemos una cervecita y no vayamos. Estamos corriendo mucho’. ¿Qué?. Con Hugo ni lo pensamos, pero para él se ve que era normal. Siempre renegaba en lo físico«. Pero a la hora de los elogios, El Anguila tampoco se quedó corto «Le pegaba a los corners como si fueran tiros libres. No hizo ningún gol olímpico, pero insinuaba bastante«.
En el Globo marcó un antes y un después. Y para ser más claros, nada mejor que un ejemplo que grafica la situación. En marzo de 1995, en un partido ante Boca, Cúper lo sacó e hizo debutar a Gastón Casas, que le dio mucho más rédito al elenco de la Quema.
Antes de sumergirse de lleno en el anonimato, volvió a Brasil para jugar de nuevo con Ronaldo en su querido Cruzeiro (la leyenda cuenta que Roberto Gaucho le servía en bandeja varios goles al Fenómeno). Pero el «gordo» ya se había marchado hacía rato y tuvo que conformarse con compartir el equipo con Dida y Palhinha, entre otros . Allí estuvo hasta 1998, cuando los dirigentes decidieron cortar por lo sano un problema que Gaucho no podía resolver. En un partido ante Gremio, el atacante había sufrido una rotura de ligamentos que lo tuvo a mal traer durante el resto de sus días. Comenzó a hacer tratamientos para ponerse en forma pero nunca lo logró. Y encima, muchos lo acusaban de despilfarrar dinero en la noche y en médicos que nunca lo terminaban de curar (se operó varias veces con magros resultados).
En 1999 firmó para el Miami Fusion (Fugis para los brasileños) de Estados Unidos pero al no poder recuperarse de su inconveniente físico tuvo que rescindir contrato.
En su país también vistió los colores de Guarani de Campinas, Coritiba, Criciúma y Vasco (en épocas de Zagallo).
Hoy tiene una escuelita de fútbol en Joinville SC.

Juan Pordiosero

Garay Alberto

Alberto Eduardo Garay
Nadie le puede quitar ese antecedente tan baldosero. Haber salido en un album de figuritas siendo un desconocido a comienzos de los 90’s, debería ser un requisito más. Eso lo enaltece. Después de su paso por River (tres partidos en la temporada 1990-91) su carrera entró en un barranco que lo llevó a defender distintas casacas del ascenso. En el Nacional B jugó para Sarmiento de Junin. En Primera B para Leandro N Alem. Y en la Primera C para Colegiales y Lamadrid. Pero donde verdaderamente valoraron a este volante con quite y gol fue en Ituzaingó. Allí fue referente y capitán, convirtiendose en un baluarte del equipo en campañas que quedaron en la historia. En 2001 fue partícipe clave del ascenso a la Primera B, luego de que el club perdiera tres finales de manera consecutiva. En aquella ocasión «El León» derrotó a Laferrere por 3 a 0 y logró el título. Garay marcó el segundo gol aquella tarde y Freddy Vera hizo el tercero. Lo que se dice una jornada inolvidable.
Se presume que Passarella no lo va a llamar para su nuevo ciclo en River.

Juan Pordiosero

Cortés Diego


Diego Fernando Cortés Bernal (El Chicho)
Si, aunque usted no lo crea, este muchacho podrá contar que vivió un superclásico de cerca. Y no porque haya pagado una platea de $100, sino porque entabló un gran relación con Jorge «El Patrón» Bermúdez, su compatriota y colega que lo llevó a Boca Juniors en el verano de 2001. Y no sólo presenció gran parte del duelo sentado en el banco de suplentes junto a Carlos Bianchi, sino que además pudo jugar unos minutos, a modo de regalo, por el extenso viaje que se había mandado para conocer la Argentina.
Eso sucedió el 6 de febrero de 2001, cuando Boca y River se enfrentaron en un clásico veraniego disputado en el estadio Malvinas Argentinas de Mendoza. El Virrey optó en esa ocasión, como en otras tantas, por poner jugadores sin experiencia. Y llevó un banco de suplentes muy baldosero: los juveniles Mauro Astrada, Da Silva, Verón, Alcorsé, Matías Arce (que venía de tener sus 15 minutos de gloria), La Paglia (que ya no era tan pibe) y el colombiano Cortés, que había llegado a los Xeneizes por recomendación de Jorge Bermúdez, que lo conocía de la ciudad natal de ambos, Armenia. El Patrón le había conseguido una prueba pero no imaginó que le tocaría tan pronto la oportunidad a su pollo.
A los 34 minutos del segundo tiempo, Cortés, un lateral derecho que poco había mostrado en su tierra, ingresó por otro juvenil bostero, Diego Cepeda. Como si le hiciera falta un dato más decadente a ese encuentro, el macht lo ganó Boca 1 a 0 con gol de Esteban Herrera. Ese fue el comienzo y el final del olvidado colombiano en nuestro país. No pasó la evaluación del cuerpo técnico y por ende no quedó en el plantel.
En su país había jugado para el Deportes Quindío (1998-2000). Luego de su experiencia argentina recaló en la segunda división de fútbol uruguayo. Fichó para el Liverpool e incluso quedó en la historia al marcar el gol que le dio el título al conjunto de Montevideo. Volvió a Colombia para vestir los colores de Millonarios, a comienzos de 2003, donde tuvo un buen rendimiento durante los primeros partidos pero luego se fue apagando. El segundo semestre lo encontró jugando en el Deportivo Pasto. Allí pareció afianzarse pero en 2005 pasó a Los Pumas del Casanare, un particular conjunto colombiano. Este año se reintegró al Deportivo Pasto.

Juan Pordiosero (Gracias Bestiario)

Ciencia y Rock

Agradecemos en primer lugar, a la revista MUY INTERESANTE por la reseña que hizo sobre nuestro sitio en el número que está en la calle. Una vez más, nos sorprende que la página gane terreno en ámbitos inimaginables como esta publicación dedicada a la ciencia y a la tecnología. Para ver el informe pueden comprar la revista o hacer click acá.
Por otro lado, queremos extender el agradecimiento a Santiago, el cantante de la banda platense EL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO, por habernos votado como mejor sitio web en una encuesta realizada por el Suplemento Jóven del diario El Día de La Plata.

En Una Baldosa