Leiva Guillermo

Guillermo Néstor Leiva (El Bombardero de Bakú)
Delantero de currículum más que dudoso (por no decir mentiroso). De esos que tienen un legajo impecable que invita a pensar «¿Y por qué carajo no juega en el Milan?».
Por referencias, Guillermo Leiva es un goleador implacable, con personalidad y sin conflictos para ponerse cualquier camiseta. Pero si repasamos su carrera, notaremos un nivel descendente bastante pronunciado que lo llevó de los flashes de la Primera División a la Primera B en poco menos de cinco años.
Se inició en Vélez Sarsfield, donde llegó a debutar profesionalmente en 1998, de la mano de Marcelo Bielsa. Segun el propio Leiva cuenta, hizo 3 goles en los pocos partidos que jugó. Pero el único dato oficial indica que sólo disputó un encuentro, sin tantos, y encima lo expulsaron (ante Gimnasia). Es más, algunos afirman que debutó como marcador de punta.
Estuvo también en Los Andes, donde fue resistido y sólo se destacó haciéndole dos goles a El Porvenir (no llegó ni a palos a hacer 14 tantos en la temporada , como él mismo describe en su CV).
El equipo de Gerli se entusiamó con ese muchacho que le había arruinado la tarde y compró el buzón al año siguiente. Con la cara de piedra habitual se puso la casaca albinegra (99-2000), donde entró casi siempre como suplente para jugar escasos minutos y comió mucho banco. Sin embargo, en algunas notas contó que hizo 17 goles (al mejor estilo Pelé, debe haber contado hasta los que hizo jugando en el patio de la casa). En el Porve compartió plantel con Fernando Dubra, Nico Cambiasso, Diego Monarriz, Enrique Colliard, Fernando Cinto y Andrés Garrone.
En la 2002/2003 fichó para Platense, donde llegó a hacer dupla con Gonzalo Bergessio, pero casi ni jugó en la última parte y para el Clausura 2004 se desvinculó. Como la mentira tiene patas cortas, el curro se le fue terminando en la Argentina y decidió probar suerte en el extranjero, donde era mucho menos probable que revisaran sus inigualables estadísticas. A principios de ese año se sumó a Unión Magdalena de Colombia, un conjunto que tenía muchos inconvenientes con el descenso (de hecho perdió la categoría el año pasado). Está de más decir que pasó inadvertido. Ni bien se abrió el período de fichajes, armó el bolso y se fue a un lugar bien remoto: Azerbaijan. Allí integró el equipo de Dínamo de Bakú, donde, según él mismo cuenta (a ésta altura ya sabemos que debemos creerle poco) salió campeón de la Liga, convirtiendo 12 goles en 24 partidos. También contó que ese club es el preferido del «Genio de Bakú», Gary Kasparov, varias veces campeón mundial de ajedrez.
Raro fue que con un promedio de medio gol por partido no se haya quedado un par de añitos más para hacer la tan mentada diferencia económica.
En enero de 2005 apareció de nuevo por estos pagos y se incorporó a Flandria para disputar el torneo de la Primera B. Para dejar bien en claro que es un grosso y tratando de que los periodistas locales sintieran que estaban frente a Batistuta declaró «cuando sos goleador en todos lados te exigen; uno trata de hacer lo mejor porque si a vos las cosas te salen bien le va a ir bien también al equipo. Todo Nº 9 tiene que hacer goles sino después la gente lo reprueba«. En el Canario tuvo que pelear un lugar con delanteros como Gustavo Artaza, Martín Gorozo y el «Chivo» Castellón.
El último verso lo metió en julio del año pasado, cuando aclaró que seguía jugando en Primera B porque se le habían frustrado unas pruebas en el Hércules y en el Elche a causa de un desgarro. «No se dio por una cuestión de suerte y por eso no tengo problemas en seguir una temporada más en Flandria. Era buena la oportunidad, porque yo había estado en lugares en donde el idioma no me favorecía y era difícil adaptarse. España era otra cosa, pero no se pudo dar«.
Ya saben, si en algun diario leen que Guillermo Leiva está a punto de pasar al Real Madrid, fijensé si no acaba de arreglar para un equipo de la segunda división de Australia que le ofrecía más guita. Todo puede suceder en el fabuloso mundo de este futbolista fantasioso.

Juan Pordiosero

Teres Damián

Damián Pablo Teres
Es difícil. Pero quizás algún memorioso futbolero recuerde bajo que circunstancias este olvidado mediocampista sin llegada estuvo cara a cara con Navarro Montoya, en un Boca-Newell’s de 1996.
Es muy probable que haya sido tras un córner, jugada históricamente aprovechada por aquellos hombres que jamás pisan el área, y que de vez en cuando intentan la «heroica» en medio de esa impunidad que otorga la nula posibilidad de equivocarse.
Teres sabía que esa acción no iba a terminar en gol, pero por las dudas se hizo el «ofensivo» un rato.
Jugó 25 encuentros en La Lepra, entre 1995 y 1997. Y está claro que no marcó ningún tanto. Luego fue cedido a Quilmes, en la B Nacional, y nunca más se alejó del fútbol sabatino (a no ser por su paso por el Torneo Argentino, donde hay actividad los domingos). Quiso volver a Newell’s al año siguiente, pero desde el club lo mandaron a foguearse (como si le hubiese hecho falta) a Argentino de Rosario, en un paquete que incluyó a Ariel Cella Ruggeri, Víctor Toledo y Nicolás Pavlovich.
Sacando ventajas de su escaso carisma para convertirse en referente, en 2000 apareció jugando en la vereda de enfrente. Con los colores de Tiro Federal vivió el ascendente camino del Argentino A a la Primera División (con rotura de ligamentos de por medio), aunque antes de retornar a la máxima categoría prefirió irse con el pase en su poder.
A mediados de 2005 abandonó la institución rosarina y se incorporó al Oggiono (del ascenso italiano), junto a Pablo Bezombe.

Juan Pordiosero

Especiales: Daniel Pendín

Daniel Pendín (Dani Pendín)
Éste es el típico jugador que no logra triunfar en su país (ni siquiera hacer una carrera digna) y tiene que probar suerte en el extranjero. Para muchos, o casi todos, el nombre de este mediocampista resulta completamente desconocido. Tan es así, que ni siquiera llegó a jugar un minuto en la Primera División de nuestro fútbol.
Su carrera comenzó en las divisiones inferiores de Newell’s Old Boys de Rosario. Dueño de un gran temperamento, fue capitán y campeón en tres divisiones menores de AFA y llegó a jugar en la Reserva del club rosarino. Por lo tanto, se sobreentiende que compartió vestuarios con jugadores de la talla de Garfagnoli, Cristian Ruffini , Carozo Raggio e Iván «el terrible» Gabrich.
Luego de fracasar en su paso por el club del Parque Independencia decidió cruzar el charco y probar suerte en Uruguay. Allí lo espero el poderosísimo Huracán Buceo. Y el fútbol le dio el gusto de jugar un partido de primera en su país natal. Eso ocurrió cuando en el año 95 su club se enfrentó con Rosario Central, por la Copa Conmebol, que finalmente obtendría el equipo rosarino. Pendín fue titular tanto en el partido de ida como en el de vuelta (ambos finalizaron con triunfos canallas).
Hecho el intento en el país vecino, decidió retornar para de una vez por todas para armar su carrera en la Argentina. Su nuevo destino fue Central Norte de Salta para disputar el Torneo Argentino A, en donde tuvo buenas producciones que lo llevaron a ser contratado por Central Córdoba y volver a su querida Rosario. En el Charrúa pasó desapercibido, pero el destino y la suerte le prepararon una jugada inentendible y aterrizó en el viejo continente.
En el año 97 comenzó su larga estadía en España jugando para la filial del Oviedo en la Tercera División. Fiel a su rudo estilo, no se dio por vencido y comenzó lentamente a trepar escalones. En el 99 lo recibió el Burgos con el cual peleó por la permanencia en Segunda B. Y finalmente, en 2001, llegó al Xérez, en el que hoy es capitán e incluso tiene una peña con su nombre. Dani Pendín marcó 38 goles en su estadía en el club de la provincia de Cádiz, pero nadie duda de que su trayectoria tiene varios atributos que lo condenan a la baldosa en su máximo esplendor.

Guille (Postero Invitado)

Dezotti Adrián

Adrián Eduardo Dezotti (El Galguito)
Un claro ejemplo de jugador desaparecido del primer plano nacional, que cada tanto es encontrado de casualidad en los campeonatos de ascenso o ligas del extranjero. Adrián Dezotti asomó en la Primera de Vélez Sarsfield en 1991. Como portaba el mismo apellido que «El Galgo» y también jugaba de delantero, muchos creyeron que podría repetir la carrera del ex futbolista de Newell’s. Pero nada de eso ocurrió. Apenas dio chispazos de su calidad por la punta derecha en 3 partidos del torneo local.
Siendo muy joven abandonó Liniers y comenzó una disparatada carrera que tuvo puntos altos, bajos e inimaginables. Bajó al ascenso y jugó en Talleres de Remedios de Escalada. Luego probó las mieles de un equipo importante y se fue a Colón de Santa Fe, donde según él, recogió «los mejores recuerdos«. En la temporada 1993/94 anotó 14 goles para el Sabalero y terminó cuarto en la tabla general del Nacional B. En el club santafesino fue compañero del Flaco Vivaldo y Chupete Marini, entre otros.
Luego le llegaría la gran oportunidad de su vida: Los Andes, la institución que lo hizo minimamente conocido en el país. Se le recuerdan buenas actuaciones, sobre todo en la temporada 97-98, cuando convirtió varios goles, haciendo un gran dupla con Marcelo Blanco. Estuvo en Lomas de Zamora hasta 1999, cuando Olimpia de Paraguay pagó su préstamo. Allí no se destacó, pero si dejó un regalito. En la Copa Libertadores de ese año le anotó un gol al Palmeiras, en Brasil, que decretó un 1 a 1 que le dio algo de esperanzas al club paraguayo, aunque luego no se clasificaría a la segunda ronda (terminó cuarto en su grupo).
Regresó al Milrayitas y participó del ascenso a Primera, a mediados de 2000. Ni se le cruzó por la cabeza la idea de volver a la máxima división y se incorporó a All Boys, que estaba en el Nacional B. Un par de goles lo catapultaron (o lo hicieron rajar) nuevamente hacia el fútbol extranjero.
Sin dejar muchos rastros, anduvo por el Deportivo Quito de Ecuador. Pero sin lugar a dudas, su verdadero lugar en el mundo lo halló en España, donde pudo convertirse en empresario. En 2002 jugó para el Melilla, pero no le fue tan bien. Estuvo lesionado varias fechas gracias a una fuerte infracción de un jugador del Algeciras llamado ¡Espejo!. De esa manera, no hacía falta que se peinara mal para que le preguntaran «¿Que pasó, te peleaste con el espejo?».
Tuvo mejor suerte en el Granada, donde no alcanzó el rótulo de ídolo gracias a su forma de ser. Pero si anduvo bastante bien. En la 2004-05 se destapó. Anotó 13 goles en 37 partidos y terminó como máximo artillero del equipo en la temporada. Agrandado y con ganas de cobrar más, se hizo el vivo con la dirigencia. El equipo español tenía la intención de renegociar su contrato y se lo hizo saber a Dezotti, pero éste prefirió jugar a las escondidas. Primero dijo que sólo se sentaría a hablar con el Presidente del club y luego, una vez acordada la reunión, no concurrió a la cita. Allí vivió grandes momentos, junto a sus compañeros argentinos, Fernando Figini y Pedro Rómoli, figuras de la segunda B.
Luego se fue a Italia (no hay demasiados datos) y en 2005 regresó a España y se puso la camiseta del Vandalia (2005), otro equipo del ascenso. Incluso tuvo su tarde de gloria cuando le hizo un gol a su ex equipo, el Granada, en un partido de la Primera División Andaluza.
Y como si fuera poco el abuso hacia la honestidad de la gente, un edicto del Área de Medio Ambiente, Salud y Consumo publicado a fines de 2004, notificaba que Adrian Eduardo Dezotti había comprado un bar (llamado «La Tahona» , sito en Plaza Albert Einstein núm. 3 bajo Edif. Elvira II) que estaba fuera del Reglamento de Protección contra la Contaminación Acústica en Andalucía. Asimismo, se le informaba que tenía hasta el 19 de marzo de 2005 para poner en condiciones el local y adaptarse a las reglas.
No hay ninguna información que indique que haya ido preso, así que se presume que puso el bar en la más absoluta legalidad. Eso queremos creer.Juan Pordiosero

 

Billordo Lino

Lino Mauricio Billordo
Marcador central de inmejorable nombre que subió con Huracán de Corrientes a Primera, siendo fundamental en el trayecto previo. Desde 1997 a 1999 disputó 50 encuentros con los colores del conjunto correntino en la B Nacional y logró el ascenso a la máxima división. En el medio, tuvo la oportunidad de jugar en la A, pero todo se le hizo cuesta arriba y no encontró un hueco para poder mostrar su fútbol. Integró el plantel de aquel conjunto que tenía al Gato Sessa, el Coco Reinoso, Josemir Lujambio y Cosme Zaccanti, pero no pudo disputar ni un minuto.
En la temporada 2000/01 se fue a Talleres de Remedios de Escalada y jugó bastante tiempo en la la B Metropolitana. Aún permanece en esa inestitución y aunque se destacó a medias (primero fue puteado y en este último tiempo bastante respetado), dejó un dato de color a fines de 2002. En la última jornada previa a las vacaciones, el conjunto de Escalada perdió ante Estudiantes de Caseros por 1 a 0. Hasta ahí todo normal. Lo curioso es que Billordo y su compañero Héctor Santillan tardaron más de la cuenta en el control antidoping (no podían llenar el recipiente con la cantidad necesaria) e hicieron fastidiar a los dirigentes que los acompañaban.
En septiembre de 2004, una luz de nostalgia y esperanza se abrió en la carrera del defensor correntino. Textil Mandiyú lo tanteó para jugar el Torneo Argentino B. Pero la propuesta no lo convenció y prefirió quedarse para pelearla en Talleres. Se perdió de entrenar al lado de Juan Céspedes.

Juan Pordiosero

Li Guoxu

li

Guoxu Li
Aunque cueste creerlo y recordarlo, el caso de Yao Li, el chino que estuvo a prueba en Boca, tuvo su segundo episodio, aunque con otro protagonista. Se trata de Guoxu Li, otro jugador del mismo país oriental que pisó suelo argentino, en marzo de 2004, para medir sus condiciones en nuestro fútbol.
En su club, el Chongqing Lifan, lo habían largado porque habían contratado a un jugador de mejores características en su posición (lateral y volante izquierdo). Gracias a un convenio que el Presidente xeneize Mauricio Macri firmó con dirigentes de China, el arribo de Guoxo Li se hizo posible. La organización de partidos amistosos y la venta de algunos jugadores argentinos, formaban parte del negociado que permitía que llegaran futbolistas orientales a La Boca.
El primer dato que arrojó su currículum sorprendió (y mucho): ¡tenía 26 años! Aunque otros aseguraban que tenía 30. Con esa edad era previsible que no triunfaría. Durante el primer mes vivió en un departamento en pleno barrio chino y entrenaba con los juveniles. En sus último días en el país pudo practicar con la primera y se dio el lujo de reventar algunas pelotas en los picados informales, para la risotada de sus compañeros que le festejaban cada intervención.
Luego regresó a China y en agosto de 2004 Boca lo inscribió cablegráficamente, cuando todo el mundo esperaba a Martín Palermo (que finalmente llegó tiempo más tarde). No se sabe por qué no volvió a la Argentina.

Juan Pordiosero

Silva Vullen Carlos

Carlos Ernesto Silva Vullen
Arquero uruguayo que será recordado por haber sido suplente de Navarro Montoya a comienzos de los 90’s. Iniciado en Morón, pegó el salto al fútbol grande cuando tocó la Primera División con Quilmes en 1991. En el cervecero jugó 18 partidos hasta perder la categoría,en 1992. Ese mismo año pasó a Argentinos Juniors, donde no tuvo la misma regularidad y sólo defendió la valla en 7 ocasiones. Sin embargo, nada de lo hecho en esas instituciones pudo superar lo que hizo en Boca Juniors (1993-94), ya que alcanzó a estar cerca de media centena de partidos en el banco de los suplentes. Desde ese mísero lugar, pudo darle brillo a su carrera, y soportó hestoicamente que intentaran quitarle el puesto Marcelo Yorno, Esteban Pogany y Héctor Larroque.
En 2002, cuando Menotti dirigía Rosario Central, el entrenador Julio Villa se hizo cargo de la reserva y lo llevó a Silva como ayudante de campo (incluso hizo de DT en el debut del cuerpo técnico en el club rosarino).
Un año más tarde se sumó al equipo de trabajo de Ángel Cappa y laburó como entrenador de arqueros, aunque tambien lo ponían de árbitro en los partidos informales que hacían en los entrenamientos.
Se desconoce si en la jugada de la foto (o figurita) armó bien la barrera.

Juan Pordiosero

Zaniratto Fernando

Fernando Zaniratto (Lucho)
Otra promesa tripera que quedó en el camino. En 2001, Carlos Timoteo Griguol tenía que sacar a Gimnasia de un pozo futbolístico y apostó por varios juveniles de la cantera del Lobo. Armó una defensa 100% de inferiores, y puso a Zaniratto junto a Herner y Licht (el arquero era el Toto Hernando). Pero la experiencia no fue buena. Al poco tiempo, el Viejo se fue del club y las chances de «Lucho» se complicaron.
En junio de 2002, quedó libre junto a Darío Cavallo, otro futbolista que no era tenido en cuenta por el técnico Ramaccioti. Pasó a Tiro Federal de Rosario, en el Argentino A. Allí, pese a sufrir algunas lesiones, pudo jugar con regularidad y compartió vestuarios con Misetich, Hernán Heinze, Cristian Daniele, Garfagnoli, Hugo Romeo Guerra, Walter «Pescadito» Paz y Erie Banduini. En junio de 2003 consiguió el ascenso al Nacional B, siendo uno de los pilares, gracias a su polifuncionalidad (juega de marcador central, lateral por derecha y volante).
En junio de 2004, aprovechando que Griguol estaba trabajando de nuevo en Gimnasia, se apareció por Estancia Chica y pidió permiso para entrenar. De esa manera cumplió el sueño de volver al club que lo vio nacer.
Actualmente defiende los colores de La Palma Alghero, del ascenso italiano.

Juan Pordiosero