Fuera de stock: las vinchas patrocinadas

Si hacemos un repaso por la historia de la humanidad nos daremos cuenta de que la mayoría de las cosas de este mundo son cíclicas. Aparecen, se instalan, se convierten en cotidianas, pierden vigencia, desaparecen…y vuelven a aparecer. Así con todo. Y por supuesto que el mundo del fútbol no es la excepción.

Allá por comienzos 90 nos vimos sorprendidos por una costumbre que pronto ganó varios adeptos entre los futbolistas de nuestro país: la vincha. Sí, el tradicional accesorio para el cabello de las damas, de un día para el otro pasó a formar parte de la escenografía futbolera. Y la vincha tuvo, junto a las pulseras y las calzas, sus quince minutos de fama gracias al impulso de aquella generación fluo que comandaron Gabriel Amato, el Turco Mohamed y Fernando Gamboa.

Aquel furor noventoso, que afortunadamente murió y que rápidamente olvidamos, regresó un día sin que nos diéramos cuenta. Porque todas las modas regresan, pero a veces lo hacen camufladas para no levantar sospechas. Eso fue lo que sucedió entre 2007 y 2008 con el auge de las vinchas patrocinadas, una práctica que apareció tímidamente en la frente de los jugadores y que en cuestión de meses se transformó en un artículo de primera necesidad para varios planteles.

Huracan de Parque Patricios fue, sin lugar a dudas, la vedette que marcó esa época. Del equipo que salía a la cancha todos los fines de semana, podían identificarse fácilmente a 6 ó 7 jugadores con vinchas sponsoreadas, entre los que se destacaban Ángel Puertas, Eduardo Domínguez, Carlos Arano, Federico Nieto, Franco Mendoza, Andrés Franzoia y Patricio Toranzo.

Detrás del Globo, equipos de Primera División como San Lorenzo, Independiente, Gimnasia y Rosario Central también fueron protagonistas de la tendencia, de la mano de futbolistas como el Cuqui Silvera, el Rayo Menseguez, el Gordo Núñez, Ignacio Piatti y el Chino Vizcarra.

Y así como los jugadores se fueron contagiando la vinchuca (?), las empresas también comenzaron a subirse al exitoso método publicitario que no requería demasiada inversión. Marcas de ropa como Fiume, Andreina Disegni, A+ y Porcobello fueron apareciendo en los las cabezas de los futbolistas.

Para mediados de 2008 el uso de la vincha estaba totalmente instalado, pero no duraría mucho. Los sponsors oficiales de los clubes, como era de esperarse, pusieron el grito en el cielo y desde la Asociación del Fútbol Argentino prohibieron exhibir leyendas comerciales mediante ese método.

De esa abrupta manera se terminó una época que nos dejó una marca. O varias (?).

Atlético Tucumán sin sponsors 2009

El ascenso de Atlético Tucumán a la máxima categoría, a mediados de 2009, significó una gran alegría para sus hinchas, principalmente, pero también para los empresarios que venían bancando al equipo. La vidriera de la Primera División no es lo mismo que la de la B Nacional, lógico. Por eso muchos de los anunciantes se entusiasmaron con la idea de ver sus marcas en la camiseta del Decano.

Sin embargo, el estreno del cuadro tucumano en la máxima categoría no fue el deseado. Y no sólo porque cayó 3 a 1 ante San Lorenzo, en el Nuevo Gasómetro. El dato de color estuvo en la pilcha de Atlético, totalmente limpia de chivos, solo con los bastones celestes y blancos, el escudo y el logo de Topper. Una belleza que apenas duró…1 partido.

Ya para la fecha siguiente, luego de que mandaran a estampar la indumentaria, los tucumanos volvieron a lo de siempre: 6 publicidades en la camiseta y 3 en el pantalón. Por lo menos zafaron las medias (?).

Especiales: André Catimba, el brasileño que (no) jugó con Maradona

Carlos André Avelino de Lima (André Catimba)

El sol de enero de 1980 calentaba el cemento porteño cuando, en el más absoluto silencio, llegó al país un brasileño raro, muy raro. ¿Su nombre? Carlos André Avelino de Lima, más conocido como André Catimba.

Sus antecedentes eran temibles. Había debutado en el Ypiranga de Salvador, su ciudad natal, a mediados de los años 60. Después, había jugado en el Galícia y en el Vitória, donde mostró sus dotes de goleador implacable, convirtiéndose en el segundo máximo anotador de la historia del club.

André Catimba confirmó luego su chapa de romperredes en otros equipos como Guaraní y Gremio. En el conjunto de Porto Alegre marcó un recordado gol ante el clásico rival, el Inter, que quedó en la historia por varias razones. Por empezar, la conquista definió el Campeonato Gaucho de 1977. Pero lo más importante, sin lugar a dudas, fue el acrobático festejo que quedó inmortalizado en una gran foto. Casi se rompe todo en la caída.

A esa altura, el hombre nacido en la ciudad de Salvador lo tenía todo. Dinero, fama y un futuro enorme. Pero lo perdería abruptamente. Pisando los 30 años, comenzó la curva descendente de su carrera y terminó recalando, extrañamente, en Argentinos Juniors.

La gestión de su contratación la realizó el empresario Juan Fischer, quien se comunicó con los dirigentes brasileños y enseguida abrochó el pase con el Bicho. A su llegada, André se incorporó a los entrenamientos y declaró: «Esta es una excelente oportunidad para conocer a Maradona, a quien considero un genio del fútbol. En Argentinos tengo contrato por un año y el técnico Miguel Ángel López ya me habló como para que comience a pensar que jugaré el Metropolitano saliendo de titular desde el primer partido. Conozco el juego que acostumbra hacer el equipo y creo que me adaptaré rápidamente a sus características ya que Gremio también practica un fútbol agresivo y vistoso. Me siento muy bien de estar en la Argentina…a pesar del calor».

¡Un brasileño quejándose del calor! Increíble, aunque no tanto como el chamuyo que armó el mismísimo jugador, años más tarde, para relatar su paso por Argentina. Si bien no disputó ni un partido oficial con el Bicho, André se encargó de contar en Brasil que había jugado con Maradona…y nada de Argentinos Juniors. ¡Decía que había jugado en Boca!

Sin wikipedia para chequear la información ni chat online, el cuento fue pasando de generación en generación y al día de hoy, si uno googlea André Catimba, se dará cuenta de que en todas las biografías del Big Fish brasileño figura un supuesto paso por Boca, junto al Dié.

Semejante mentira merecía el reconocimiento. Desde En Una Baldosa, nos sacamos el sombrero.

Deportivo Español 2 – Rayo Vallecano 2 (1979)

El estadio de Ferro Carril Oeste, eterna guarida de aquellos clubesque por distintas circunstancias no tienen cancha, también ha visto pasar por su gramilla una infinidad de partidos a beneficio, o simplemente amistosos de cualquier índole, prescindiendo incluso del dueño de casa. Juega equipo A contra equipo B. ¿Dónde lo hacemos? ¿En la cancha de C? No, en la cancha de Ferro.

El Arquitecto Ricardo Etcheverri también fue el escenario elegido en diciembre de 1979 para el duelo entre el Deportivo Español, flamante campeón de la Primera C, y el Rayo Vallecano, conjunto ibérico que contaba con el uruguayo Fernando Morena.

A pesar de que el Potrillo se sacó una foto con el arquero Pedro Catalano, el que se llevó la mayoría de los flashes fue el otro delantero de los españoles, Alvarito, quien anotó dos tantos en el empate 2 a 2 frente a los argentinos, que ese día, ante los pocos espectadores que se habían acercado a Caballito, celebraban su ascenso a la Primera B.

Juan Rodríguez 2009

Una pésima jornada fue la que tuvo el Deportivo La Coruña el 17 de enero de 2009, cuando visitó tierras catalanas para enfrentar al Barcelona en el Camp Nou. Messi, Henry y Eto’o se encargaron rápidamente de liquidar el partido en el primer tiempo, con un 3 a 0 que se hizo imposible de remontar para los de Cataluña.

Ya en la segunda mitad, llegó el cuarto gol a través de Henry y a pocos minutos del final se fue expulsado el arquero visitante, Aranzubía. Sin más cambios y con cierto orgullo para defender, el volante Juan Rodríguez se colocó el buzo y los guantes para tratar de contenerle un penal a Samuel Eto’o. Finalmente el milagro no se produjo y el Depor perdió 5 a 0. Al menos Rodríguez puede decir que atajó contra el Barsa y Messi no le hizo ni un gol.

(Gracias Capitán (tan) Argento)

Gimnasia y Esgrima (CU) sin marca 2002

La final por el ascenso a Primera División de la temporada 2001/2002 dejó más de una rareza para esta sección. No sólo Arsenal dio la nota al sacar a relucir unas camisetas con una década de antigüedad, sino que además su rival, Gimnasia y Esgrima de Concepción del Uruguay, mostró una indumentaria bastante particular en el partido de ida, en Entre Ríos.

La casaca utilizada por el Lobo tenía toda la pinta de haber sido confeccionada sobre la hora, ya que carecía de marca y además le faltaban los sponsors en las mangas y en la espalda. Ya para el partido de vuelta, en Sarandí, Gimnasia volvió a su habitual camiseta titular, de la firma Titán y perdió la chance de ascender. El que no se perdió la posibilidad fue Leguizamón, que seguro esa tarde también cambió la camiseta (?).

El rock ha muerto

«La idea es hacer una nota con los cuatro al mismo tiempo, porque representan la revolución del fútbol argentino. estaría bueno que se vengan vestidos con un look bien rockero«, propuso el periodista de la revista El Gráfico y los citó para hacer la entrevista.

Todos tomaron nota de la recomendación y llegaron a lugar pactado para mostrar lo que significaba el rock en el fútbol. Por un lado, Diego Latorre, 21 años, jugador de Boca, camisa cuadrillé y cadenita a la vista. Por suerte, se cubrió un poco con una campera negra de Miami Heat. La campera negra, aunque de cuero y bien ramonera, también fue la prenda elegida por otros dos entrevistados: Antonio Mohamed, 20 años, delantero de Huracán y, a juzgar por el pañuelo, fanático de Axl Rose. Un poco más austero lo del Ratón Sergio Zárate, 21 años, hombre de Vélez, sin más señas particulares que sus rulos largos.

Sólo nos falta definir en quién se inspiró, para vestirse y posar, el Chacho Claudio Cabrera, 26 años, volante de Argentinos y una decena de operaciones encima. A lo mejor, el único rock rock que escuchaba era el que le hacía la rodilla.

Gracias a Esférico Balón.