Palos Luciano

Luciano Ramón Palos (Lulú)

Baldosero desde la cuna misma, no pudo escaparle a la justicia poética e irremediablemente terminó debajo de un arco. Como si fuera poco, al juego de palabras con su apellido le agregó una carrera con nada de gloria y mucha termez. Con ustedes, el gran Luciano Palos.

Nacido el 8 de junio de 1976 en Rosario, se formó en las inferiores de Newell’s y en 1999 subió a Primera División. Para entonces ya usaba el número 22 en la espalda y entrenaba con las juveniles de Pekerman, con la que había sido campeón del Mundialito de Uruguay ’98. Como suplente, obvio.

Detrás de Sebastián Cejas, finalmente tuvo su oportunidad cuando Terremoto se lesionó en un partido ante Racing y tuvo que hacerse cargo del arco en el segundo tiempo.

Su debut como titular se produjo recién en el Clausura 2001, torneo en el que atajó sólo 4 encuentros, hasta que Cejas retomó su lugar. Igual, a Luciano le alcanzó ese lapso para vender humo, rosarino style:

¿De quién sacaste el look? (NdR: al tono rojizo de su pelo se le suman varios anillos y dos tatuajes, ambos promesas por las convocatorias al Sub 20 y Sub 23)

-(Risas) No, no lo saqué de nadie. Lo del pelo es por el cloro de la pileta. Siempre me tiño de negro y por la natación me queda el pelo hecho bolsa. Por eso aparezco un mes de un color y al siguiente parece que me hubiera hecho algo raro.

-En el club, ¿te dicen algo?

-No, pero en su momento habían hecho circular el rumor de que era stripper. En este ambiente se habla tanto que ya no sabés donde estás parado.

-Me imagino que en Central te lo van a hacer sentir cuando vayas para el clásico…

-Seguro, pero hay que ver si juego. Como Cejas no perdió nunca, a lo mejor lo negociamos con Ribolzi y me quedo en el banco.

El técnico no esperó tanto y lo volvió a mandar al banco un partido antes del duelo ante los Canallas. La chance de ser titular le llegaría al torneo siguiente, pero apenas pudo mantener el puesto 8 fechas. Entre 2002 y 2004 siguió alternando el arco con Diego Luque, Oscar Passet y Darío Sala. Hasta incluso, siendo titular, se dio el lujo de rechazar el número 1 porque la consideraba mufa.

Pero lo que parece eterno, es efímero. Cuando se pensaba que tenía la vaca atada, un día llegó el Tolo Gallego y le anotó en un papel uno de los motivos por el que debía buscarse otro club. Palos no entendió un carajo. Se lo mostró a unos compañeros y tampoco. Lógico, el papel decía Pocrnjic. Igual terminaría atajando Justo Villar.

Sin chances de jugar en el equipo de sus amores y un tanto aburrido de entrenarse sin un incentivo, salió en busca de diversión y la encontró. Lástima que todo terminó mal.

Resulta que un día conoció a unas jovencitas por internet y aparentemente las invitó a tomar algo fresco (?). Las crónicas de la época dicen que se encontraron en una estación de servicio y de ahí no sabemos cómo, pero terminó en un hotel de esos que tienen televisores con soporte, ceniceros pegados a la mesita de luz y conserjes que no dan la cara. ¿Raro, no? Bue, la cosa es que después de un rato donde el arquero seguramente les contó a las chicas lo duro que tenía el pito es ganarse la confianza del entrenador, se escuchó un ruido, se abrió la puerta y cayeron familiares y amigos de una de las chicas. Lulú al toque debe haber pensado la buena convocatoria que tenían las orgias por MSN (?), pero no. La gente no llegaba para sumarse a la fiesta, sino a cagarlo a palos. No cagarlo a él, lo que capaz le hubiese calentado, vaya uno a saber. Estamos hablando de fajarlo. Sí, le dieron una paliza y terminó internado en el Sanatorio Británico. De paso le hicieron mierda el auto. Tremendo.

Tras ese incidente comenzó su carrera errante. Bajó al Nacional B para sumarse a préstamo a Belgrano de Córdoba (2005) y antes de su primer clásico ante Talleres volvió a prender la máquina de demagogia: «Belgrano es como Newell»s, siempre lo dije… Por la gente, la pasión…» (?). Igual no le alcanzó para atajar mucho y tras finalizar el semestre se alejó.

Estuvo cerca de incorporarse a Tiro Federal pero finalmente arregló con Gimnasia de Jujuy (2005/06), donde fue titular por encima de otro grande de los arqueros ladris, José Luis Campi. Después perdería el puesto, ¿o qué se pensaban?.

Para terminar de confirmanos que sería un baldosero deluxe, se fue a ¡la liga rumana! ¿El equipo? Lo de menos: el FC Vaslui (2006), un club que se había fundado en 2002 y que en apenas 3 años llegó a la máxima categoría. Sin embargo Lulú ahí no pudo actuar y se terminó volviendo a la Argentina, donde firmó para Quilmes (2007) tras la partida de José Ramírez.

Ni bien llegó al Cervecero se puso en cuero y mostró uno a uno sus 25 tatuajes. Entre ellos, uno de la mujer de sus sueños. ¿Su novia? No, una que le aparecía mientras dormía (?).

En lo futbolístico no le fue fantástico ni mucho menos. Fue suplente de Damián Gr*ss*, con todo lo que eso significa. Y cuando agarró el arco, por lesión del portero descendente, la experiencia en Primera estaba terminando. Atajó sólo en los últimos 5 encuentros, con el destino de la B marcado.

Su vuelta al ruedo fue en la tercera división, defendiendo los intereses de un Central Córdoba de Rosario (2008) que buscaba llamar la atención con un reality show que nunca salió a la luz. Para ese invento contrataron al Silvio Carrario como DT y sumaron nombres de la talla de Julián Maidana, Gastón Liendo, Jorge Priotti, Javier Cappeletti, el Mariano González trucho y el gran Alejo Gelatini, entre otros. El equipo no iba ni para atrás y entonces a Palos se le ocurrió salir a decir: «Si no ponemos huevos nos van a seguir ganando. Hasta una mujer se da cuenta de que faltó voluntad. Adentro de la cancha nos putean a todos por igual. Si no ganamos nos tenemos que ir a la mierda». El primero que se fue a la mierda fue el Tweety. Y atrás todas las figuras venidas a menos.

Los últimos años encontraron a nuestro ídolo en Chile. Allí atajó para San Luis de Quillota (2009 a 2010), donde descendió junto al Látigo Peirone; y Cobreloa (desde 2011), donde recibió la noticia de que el telo en el que había estado en 2004 debía indemnizarlo por haber dejado pasar a los familiares de las chicas. Tienen razón (?).

Con ese simple ejemplo nos damos cuenta de que la justicia a veces tarda en llegar, pero finalmente llega. Como este post, que tanto tiempo esperamos, y que ahora está acá, con una hermosa foto que, sin proponérselo, nos anticipa su oscuro final.

River/Independiente 3 – Flamengo/Vasco 1

Para las nuevas generaciones que creen que la amistad entre River e Independiente nació en el Mundial de Alemania 2006, es bueno recordarles que hace muchísimos años, cuando lo importante del fútbol pasaba en la cancha y no en las tribunas, ambas instituciones unieron sus fuerzas para jugar un amistoso ante un combinado brasileño conformado por jugadores del Flamengo y el Vasco Da Gama.

Ese suceso, tan llamativo a la distancia, tuvo lugar el domingo 13 de agosto de 1939 en un colmado Viejo Gasómetro. Con nombres de la talla de José Manuel Moreno, Arsenio Erico, Vicente De la Mata, José María Minella y Adolfo Pedernera, el team argentino venció a su par de Brasil por 3 a 1.

Otra curiosidad residió en la indumentaria. El equipo nacional usó una camiseta a mitades blanca y negra, con una banda roja que les cruzaba el alma la panza (?). Algunos años más tarde, incluso, esa ropa fue utilizada en los entrenamientos del Millonario.

Los arqueros, mientras tanto, lucieron buzos blancos con los escudos de los dos clubes. Ojo, los brasileños tampoco se quedaron atrás y vistieron casacas verdes con la cruz de malta que identifica al Vasco.

¿Querés debutar? Vas bien

Imagínense si Pelé, tan hincha de Racing como Lennon y Mark Zuckerberg (?), hubiese venido a la Argentina a comienzos de los 80’s para dirigir a La Academia. Ante la crisis futbolística, sin dudas hubiese metido mano en las inferiores. Y entre tanto purrete prometedor, seguramente hubiese tenido un elegido para hacerlo debutar.

No es que hayamos pensado en él, pero como no tenemos fotos de todos los juveniles de esa época tuvimos que publicar una del Flaco Lamadrid a sus tiernos 16 años. Ojo, con esto no queremos decir nada (?).

Argentina 1 – Benfica 0 (1982)

Despidiendo la gira preparatoria que lo depositaría en el Mundial de España ’82, la selección argentina enfrentó en mayo de ese año al Benfica de Portugal en el Estadio Monumental.

El partido, aburrido en exceso porque los jugadores argentinos se cuidaron las piernas para poder fracasar bien en la Copa del Mundo (?), se definió con un gol de Mario Kempes a los 3 minutos del segundo tiempo.

Muñiz José María

José María Muñiz

La década del ’80, esa que le tendría preparado un descenso a la vuelta de la esquina, tuvo un primer capítulo agridulce para Racing Club, que en ese 1981 incorporó jugadores de la talla de Berta y Van Tuyne para tratar de quedarse con un título local después de 15 años.

Otro que llegó a La Academia por ese entonces fue José María Muñiz, un delantero uruguayo que había actuado en Nacional y brevemente en la selección celeste. Con eso ya le alcanzaba para jugar en ese Racing. Mal, pero jugar al fin.

Junto a nombres como Vivalda, Olarticoechea, Calderón, Carrasco y Barbas, el conjunto de Avellaneda terminó en un digno 5º puesto en el Metropolitano que se terminó llevando el Boca de Maradona. Distinto fue lo que pasó en el Nacional, donde terminó último en su zona, después de haber ganado sólo 2 de los 14 partidos. En ese momento el fantasma del descenso empezó a coser la sábana.

Muñiz, por su parte, apenas disputó 17 encuentros y no convirtió goles. Armó el bolso y se fue a tocar puertas. Él dice que además de haber vestido las camisetas de Rentistas y Rampla de su país, lo recibieron en Jorge Wilstermann de Bolivia, y Vasco Da Gama de Brasil, antes de radicarse en Ecuador, donde actuó para Universidad Católica. Aparentemente se retiró ahí en 1986, para poner una parrilla que con el tiempo se transformó en un clásico del ambiente futbolero. Todo esto en teoría, porque en rigor de la verdad, no le creemos nada.

Miren esta entrevista que le hicieron hace algunos años en El Aguante, donde el propio Muñiz miente descaradamente al decir que salió campeón de América con Uruguay en 1975 (ese año el que levantó la Copa fue Perú). Pero eso no es nada. Sólo basta llegar hasta el final para comprobar que es un autentico simulador. ¡Tiene una foto trucha junto a Pelé y Maradona! ¿Especialidad del parrillero? ¡Chorizo!

Silvinho 1985

En Brasil, se sabe, todos quieren jugar de delantero, o a lo sumo de marcador de punta. Esa tradición los ha llevado, entre otras cosas, a formar equipos maravillosos con arqueros chotos. Es por eso que el acto de colocarse los guantes sin haberse preparado para hacerlo, alcanza el rango de heroico por aquellas tierras.

Un brasileño que se sacrificó por la causa fue Silvinho, un puntero izquierdo del Vasco da Gama que en 1985 debió ponerse el buzo de su compañero Acácio, expulsado a 3 minutos del final en un partido ante el Bangu. En ese lapso Silvinho no tuvo demasiado riesgo, pero en su improvisado rol tampoco pudo hacer mucho para igualar el marcador. Su equipo perdió 1 a 0.