Los Andes Errea blanquiazul (2007/08)

El color de la camiseta alternativa de Los Andes, en los últimos tiempos, ha variado bastante. Desde el clásico rojo, pasando el azul francia, hasta el inexplicable azul y naranja a rayas, el violeta o el amarillo chillón. No deja de ser curioso, sin embargo, que en la temporada 2007/08 la empresa Errea haya decidido cambiarle los colores de los finos bastones rojos por el azul, formando de esa manera una casaca alternativa que no tenía demasiado sentido. Menos para usarla contra Armenio.

Langenheim Juan

Juan Carlos Daniel Langenheim

Delantero surgido en la cantera de Ferro Carril Oeste, que pese a su ruidoso apellido no supo mantenerse en la Primera División del fútbol argentino y debió buscar mejor suerte en el ascenso, donde tampoco explotó.

Debutó con la camiseta Topper y el escudo grande en el pecho en la anteúltima fecha de la temporada 1985/86, con un empate 1 a 1 ante River, en el Monumental. Ese día vio también como se estrenaba en la máxima categoría el baldosero Marcelo Pastorini, el clon del Piojo López.

Tuvo esporádicas apariciones hasta mediados de 1988, cuando se retiró con 14 partidos y 1 gol (a Gatti, en la victoria 2 a 1 ante Boca) en un currículum que repartió por varios lugares hasta que lo llamaron de Recursos Humanos (?) de Temperley (1988/89), donde conoció a Salvador Azerrad, Marcelo Bottari, Hugo Molteni y al gran Vicente Cortina Durá, entre otros.

Su trayectoria, hasta donde pudimos averiguar, se completó con pasos por Ituzaingó (1989/90) y Deportivo Merlo (1991/92), en la Primera B, alejándose rápidamente de los primeros planos, aunque no de su pasado, porque googleando encontramos a un tal Juan Carlos Langenheim practicando Ferromodelismo. Cómo marca la escuela de Griguol (?).

Talleres 1 – Los Angeles Galaxy 2

Si algún dia un lector tiene la suerte de visitar las instalaciones de Los Angeles Galaxy, nos podrá contar si en las vitrinas está la preciada (?) Copa Ciudad de Córdoba, que alguna vez el conjunto norteamericano obtuvo tras su visita por tierras argentas.

Sucedió en marzo de 2000, cuando los yanquis, que tenían figuras como Mauricio Cienfuegos y Paul Caligiuri, jugaron un amistoso ante Talleres, en el Chateau Carreras. El albiazul esa noche guardó a la mayoría de sus titulares porque unos días más tarde tenía el clásico ante Instituto, pero igualmente puso en la cancha a algunos nombres reconocibles, como Díaz, Lillo, Cabrera, Sarmiento, Pronetto, Córsico, Silvio Suárez, José Luis Marzo y Jorge Ciancaglini.

Precisamente fue el ex arquero de Banfield el que cometió un error a los 36 minutos, para regalarle el gol a Myers, aunque un rato más tarde el árbitro le otorgó un penal a los locales y el Loco Marzo puso el empate. A los 3 minutos del segundo tiempo, Verbe aumentó para los de Estados Unidos, poniendo cifras definitivas. Y sí, Los Angeles Galaxy se quedó con la copa.

Fuera de stock: el resultado moral de la revista Sólo Fútbol

¿Cómo olvidarla? La Sólo Fútbol fue una revista que marcó a toda una generación ávida de información y estadísticas, que en épocas donde la internet era menos que un sueño, se sumergía semana tras semana en unas ásperas y descoloridas páginas que detallaban lo que ocurría hasta en el bajofondo del ascenso argentino, ahí donde los cronistas de El Gráfico nunca llegaban.

Entre las muchas secciones y tips que hicieron de la Solo Fútbol una publicación única, se destacaba el «Resultado moral«, una pequeña aclaración dentro de las síntesis de los partidos, que le daba al lector la pauta de qué tan justo había sido el marcador final. Leer que tu equipo había perdido 1 a 0 era de por sí un garrón, pero enterarte unas líneas más abajo que en realidad había merecido ganar 2 a 1, podía dejarte más tranquilo. O todo lo contrario.

El resultado moral, por supuesto, estaba supeditado a la capacidad de análisis del periodista que cubría el partido, que de acuerdo a la cantidad de llegadas y al desarrollo del juego le agregaba a la ficha un tanteador imaginario. A veces un equipo que igualaba merecía la victoria, o un 0 a 0 que a simple vista podía resultar aburrido, moralmente se transformaba en un 3 a 1; o un presunto espectacular match con 8 goles en realidad no ameritaba tantos gritos. Ni hablar de los triunfos que quedaban cortos o las victorias ajustadísimas que en la balanza se convertían en un clavado empate 0 a 0.

¿Servía para algo el resultado moral? Tal vez para sentirse mejor espiritualmente (?), en caso de ameritar mejor suerte, claro. Si hasta incluso la revista publicaba una tabla de posiciones con esos marcadores, para que el concepto del merecimiento tuviera una continuidad a lo largo del campeonato. ¿O se pensaban que el Ping Pong de llegadas era un invento de TyC? (?).

Después de haber vivido su esplendor a fines de los 80’s, «La revista que más sabe de fútbol» (así era su slogan) incorporó más páginas a color y hasta cambió su formato a mediados de los 90’s, pero terminó desapareciendo, sólo resurgiendo en forma de revipóster después de alguna consagración. Con la Sólo Fútbol también murió el resultado moral. Totalmente injusto (?).

Sportivo Barracas – Inglaterra Umbro 1994/95

En la temporada 1994/95 Sportivo Barracas hizo una aceptable campaña, llegando a disputar las semifinales del Octogonal por el ascenso a la Primera C, donde fue eliminado por Central Ballester. La curiosidad, sin embargo, no estaba en los buenos resultados, sino en la indumentaria que utilizaba, que no era ni más ni menos que el conjunto alternativo de la selección inglesa.

Camiseta celeste, pantalones y medias azules, todo de la marca Umbro. Asi jugaban Los Arrabaleros, que de vez en cuando sacaban a relucir la casaca tradicional del club, aunque combinándola con el resto de la ropa Made in England.

Eso sí, el arquero usaba el buzo de Argentina, no fuera a ser cosa que los tildaran de anti-patrias (?).

Protti Sergio

Sergio Hugo Protti

Saltar de un colorido buzo Topper con el chivo de la marca automotriz Dacia a un formal traje a rayas, e increiblemente no de forma horizontal, fue cuestión de poco tiempo en la vida de Sergio Protti, un arquero sin demasiado angel que después de revolcarse contadas veces en áreas chicas con mucha tierra decidió meter las patas en la arena política.

Debutó en la Primera de Rosario Central allá por 1987, con el equipo campeón de Angel Tulio Zof. Fue suplente del Doctor Lanari pero se dio el lujo de actuar en la amistosa Copa de Oro de ese mismo año, en los Estados Unidos, junto al América y Chivas de México; Roma de Italia, Vasco Da Gama de Brasil y Dundee de Escocia. Las manos de Protti aparecieron en semifinales, para eliminar a los tanos a través de los tiros desde el punto del penal y luego estuvo en el once inicial que perdió 2 a 1 la final ante los brasileños.

Su suerte, sin embargo, no se modificó demasiado con ese torneo internacional. Siguió comiendo banco a morir y alternando algún que otro partido hasta 1992, cuando redondeó 32 presentaciones en el arco canalla y, casi sin proponérselo, también logró el récord de suplencias en la historia de Central, con 201 encuentros. Otra que el Rifle Castellano.

Pero todo hombre, incluso un baldosero (?), tiene un poco de orgullo. Confiado en sus condiciones, se alejó del lugar donde había sido humito un mito y se sacó las ganas de probar suerte en otra institución. Lanús lo recibió con los brazos abiertos y, para que se sintiera cómodo, lo mandó nuevamente con el buzo número 12 a esperar su oportunidad. Apenas si jugó 4 partidos en 1994, pero en uno al menos pudo ser figura en «La jornada está aquí» de la revista El Gráfico, con escasos 6 puntos.

Una gran sorpresa significó encontrarlo años más tarde en el ambiente político, donde fue elegido una y otra vez como Presidente de la Comuna de Arteaga, una localidad santafesina ubicada a 110 kilómetros de Rosario.

No nos asombremos, entonces, si dentro de unos años lo vemos ocupando un cargo en las altas esferas. Presidente no, sería demasiado. Seguramente lo convence más un lugar Senado de la Nación. Sentado en la banca, claro.

CFNM y el buzo del camión en Extremadura 1996/97

Gracias al hallazgo de Renaldinhos y Pavones, damos cuenta de un caso que tuvo lugar en el extranjero, pero que tiene mucho que ver con el fútbol argentino.

En 1996 el Mono N. Montoya llegó a España para incorporarse al Extremadura, después de una traumática salida de Boca, donde en tiempos de Nike no le habían permitido usar su buzo verde. Y mucho menos cambiarlo con un rival.

Fue así como en su primera temporada en el fútbol ibérico se animó a sacar a la luz el modelo del camión, de la marca Olan, que había estrenado y popularizado defendiendo al Xeneize en 1992. Así lo detalla el blog colega:

Dicho conjunto fue utilizado en algunos partidos durante su primera campaña en el fútbol español, en el Extremadura. Si bien no era de la marca Kelme, que vestía a los de Almendralejo, y tampoco contenía al auspiciante, poco o nada importó como para que en ocasiones el M*n* con él se vistiera. En ocasiones alternó el pintoresco pantalón, mitad blanco con estrellitas amarillas y rombos rositas, mitad azul, con el jersey oficial de porteros del Extremadura de por entonces, de color verde y negro, haciendo de la combinación un tanto estrambótica, casi tanto como los goles que muchas veces encajaba. En el Tenerife, sin embargo, se contuvo (en el Mérida no tanto) y utilizó la equipación correspondiente.

Rodríguez Adrián

Adrián Rodríguez

Si uno repasa la rica historia del River que solía jugar en Primera División, los nombres de los buenos arqueros que tuvo salen de memoria: Amadeo Carrizo, Hugo Gatti, el Pato Fillol, Ángel David Comizzo, el Gato Miguel (?) y muchos más. Pero detrás de esos grandes del arco se esconden las historias de muchos que se marchitaron de tanto esperar una oportunidad o, en el mejor de los casos, tuvieron su chance y no pudieron aprovecharla.

En este último grupo, si somos algo injustos, podríamos incluir el caso de Adrián Rodríguez, un pibe que ni apellido de buen arquero tenía, pero lo fue. Y para suerte o desgracia de su trayectoria, le tocó serlo en un momento muy difícil para la institución. No como ahora que está todo joya (?).

En 1983 una huelga de los jugadores profesionales, que estaban en conflicto con los dirigentes, obligó al Millonario a recurrir a chicos de la Cuarta y la Quinta para armar el equipo de Primera. Así fue como salieron a la luz pibes como Gorosito, Karabín, Nicosia, Dacko, Dalla Líbera, Spotorno, Andreani, De Vicente, Nigro, Mercado, Vittor, Gavazzi, Diéguez, Trillo, Vélez y el protagonista de este post, ni más ni menos que el que tenía que poner la carita entre los palos.

En poco más de un mes Rodríguez jugó 7 partidos: caídas 3 a 0 ante Unión, 2 a 0 con Huracán, 4 a 0 frente a San Lorenzo y 2 a 1 con Racing de Córdoba; victorias 2-1 a Platense (le atajó un penal a López Turitich) y 1 a 0 a Instituto; y un empate sin goles con Independiente. Bastante.

Sin embargo, esos datos en el currículum no le sirvieron para sostenerse. Volvió a estar postergado por Fillol, lo dejaron libre en 1985 y se incorporó al Deportivo Español, donde le salieron arrugas de tanto esperar una lesión o una expulsión de Pedro Catalano. Pobre.

Desde entonces no se sabe más nada de él. Y después dicen que Juan Carr hace bien las cosas (?).