Independiente 2 – Roma 1

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Si alguien se pregunta por qué Independiente de Avellaneda ganó sólo dos títulos locales en los últimos quince años, su estadio fue demolido para levantar uno nuevo que viene bastante frenado en su estreno y sufrió a Ducatenzeiler como presidente, Ruggeri como técnico y al colombiano Moreno como jugador (?), tal vez encontremos la respuesta para tanta malaria mirando un poco qué pasó en mayo de 1994: la Copa Doctor Carlos Saúl M*n*m. Ni más ni menos.

Y la Copa se jugó en la Argentina. Así fue como tras ganarle al Nápoli 3-2 en cancha de Vélez, el Rojo se enfrentó a la Roma en Mar del Plata. El partido terminó 2-1 a favor de los de Avellaneda pero el resultado no fue tan festejado como sí lo fue el regreso de Gustavo López a las canchas tras ocho meses de parate. En la foto vemos el momento previo a su segundo gol.

No faltará quien salga a espadear con que el Rojo ganó ese año torneo local y Supercopa. Y es verdad. Pero siendo un poco rigurosos, ¿cuántas Copas Carlos M*n*n tendría que haber jugado para que los campeones hubieran sido el Huracán de Cúper o el Boca de Menotti?

Independiente 2 – Japón 0

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En julio de 1989 aprovechando el receso por la Copa América, la selección de Japón aterrizó en la Argentina para jugar algunos partidos amistosos.

Tras perder 2-1 con Estudiantes y empatar 2-2 contra Boca en la Bombonera, se midió con Independiente en el hoy demolido estadio de la Doble Visera. Fue un jueves muy frío, en donde el Rojo, último campeón del fútbol local, le ganó a los nipones 2-0 y sin despeinarse.

Pese a la virginidad de triunfos, los asiáticos se fueron muy contentos. Y Kenzo Yokoyama, ex arquero internacional y técnico de la selección en ese momento, lo hizo saber: «…el año pasado cuando Bilardo estuvo en Tokio, le preguntamos como podríamos aprender de los argentinos y él nos dijo que lo mejor era que viniéramos a jugar acá. Como estamos eliminados del Mundial 90, decidimos viajar y así aprovechar estos días antes de los próximos Juegos Asiáticos. Nuestro mejor partido fue contra Independiente, quien era el rival más esperado por nosotros porque pusimos en práctica los movimientos tácticos que buscamos mejorar. La gran diferencia entre un jugador japonés y un argentino es la técnica individual, pero también existe otro punto muy importante: la disciplina. En Japón el comportamiento es primordial, y lamentablemente los argentinos que actúan en nuestro país no se destacan precisamente por eso…».

Luego del palito de Kenzo tras algunas piernas fuertes de los jugadores de Independiente, la delegación japonesa abandonó rápidamente el país y se fue a Brasil, en donde siguió aprendiendo y acumulando derrotas. Eso sí, cargaron en sus bolsos un lindo recuerdo al llevarse la receta de un postre que causó sensación en el campamento oriental: los ñoquis con dulce de leche. En la foto, vemos luchar por la pelota a Ihata y Reggiardo.

Central error de utilería 1985

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La feroz maratón que parece darse cita en el Gigante de Arroyito, no hace otra cosa que demostrar las chispas que se sacaron Rosario Central y Racing en 1985 por ver quién subía primero a la A. De más está decir, que en ese rubro ganó la Academia rosarina.

Pero evidentemente tanta energía (?) puesta en el objetivo principal, dejó al Canalla bastante desatento en cuestiones más básicas. Como por ejemplo, que sus once jugadores usen el mismo juego de camisetas.

El contraste entre la Topper con publicidad que luce Scalise y la Topper sin publicidad que lleva Chaparro da prueba de eso.

Barcelona 1 – Argentina 0

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Con la excusa de ajustar detalles de cara a España 82, el 1 de septiembre de 1981 la selección Argentina se presentó en el Camp Nou para enfrentar al Barcelona. Pero el amistoso, organizado para homenajear al jugador Carlos Rexach, sirvió a otros fines más intangibles: promocionar a la escuadra nacional en la Madre Patria mediante la entrega de folletos, souvenires y pelotas.¿Para qué? Para sentirse más locales que nunca en el Mundial que se venía encima.

Sin embargo, la previa despertó bastante bronca con los directivos catalanes, ya que según parece el hotel dejaba bastante que desear. Y el propio Olguín destapó la olla: «…la cama en la que yo dormía tenía como diez centímetros de menos. Me costaba descansar. Menos mal que era verano…».

Pasado el mal trago, Argentina salió a la cancha, disimuló bastante el cansancio de la gira, fue al frente, creó seis situaciones claras pero faltando diez minutos la embocaron con un gol de Simonsen en offside. Tras la derrota bien menottiana (?), siguieron algunos problemas organizativos ya que los jugadores tuvieron que esperar el micro una hora para volver al hotel.

Los once que mandó el Flaco a la cancha fueron Chocolate Baley, Olarticoechea, Olguín, Passarella, Tarantini, Barbas, Gallego, Maradona, Cucurucho Santamaría, Ramón Díaz y Valencia.

Cuciuffo 1988

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En tren (?) de dividir a las personas en dos grupos, podríamos decir que están los que se quedan sin reacción ante situaciones imprevistas y están los otros, los que toman el toro por las astas y actúan. Acá, en este último grupo, podemos incluir sin dudas a José Luis Cuciuffo.

Defensor cordobés que el 2 de marzo de 1988, demostró velocidad de reflejos. Y bastantes huevos. Porque esa noche, Boca recibió a Gremio por la ida de los octavos de final de la desaparecida Supercopa, y en plena cascoteo gaúcho, faltando cinco minutos el Loco Gatti descolgó una pelota del ángulo, cayó y se sacó el hombro de lugar.

Como el Pato Pastoriza había reventado los cambios metiendo a Musladini y Hoyos, Cuciuffo salió disparado al banco, le pidió buzo y guantes al suplente y se mandó para el arco de Casa Amarilla.

Los brasileños no tuvieron mucho tiempo de probarlo a fondo pero no por eso dejaron de llenar de centros el área de Boca para ver qué pasaba. El cordobés respondió, mantuvo el cero y puso su granito de arena para que el partido termine 1-0 a favor del xeneize.

Toninho a River 1993

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A mediados de 1993, antes del comienzo del Apertura para ser más exactos, desembarcó en Núñez el brasileño Toninho. Que no era Cerezo, pero para no ser menos, su incorporación a River también fue fallida.

El Bíblico, tal como lo apodaban, hasta entrenó dos veces con el plantel profesional millonario. Pero no lo convenció del todo a un Passarella que, antes de bajarle definitivamente el pulgar, le ofreció extender la prueba para poder medirlo mejor.

Y el brazuca no sólo se ofendió sino que le saltó la térmica: «..yo no estoy para hacer pruebas en ninguna parte. Mis goles son suficientes para firmar cualquier contrato…». Bueno, evidentemente, no.

Especiales: el hijo de Rudy Chernicoff

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A mediados de la década del ochenta, la revista El Gráfico dedicó varios centímetros de espacio para presentar en sociedad al hijo del humorista Rudy Chernicoff. De nombre Javier y acusando 15 años de edad en su DNI.

La nota, con un olor a chivo tremendo por la inminente presentación del espectáculo unipersonal de Rudy llamado “El señor del baño”, se encargó sin embargo de manijear bastante al volante por izquierda que, según decían, se afirmaba cada vez más en la séptima de Argentinos Juniors.

Para los que ya están pensando mal del Semillero del Mundo, vale aclarar que el surgimiento de Javier Chernicoff no puede endosarse de ninguna manera al Bicho, ya que en realidad había arribado dos años antes procedente de Atlanta y por expresa recomendación de Silvano Espíndola.

En el sinuoso camino al fútbol grande, Javier conoció cara a cara a Fernando Batista, hermano menor del Checho, y tras compartir con él algunos entrenamientos, se ve que en algún momento de su adolescencia, tiró todo por la borda y siguiendo el mandato familiar se volcó a la bohemia. Obviamente jamás llegó a asomar la cabeza en el fútbol, pero de todas maneras se las arregló bastante bien para darle sin asco a la batería y por lo menos hacer ruido en serio.

Martínez Pandiani Jorge

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Jorge Adrián Martínez Pandiani (Cachito)

La eterna (?) discusión de si la salvación económica puede darse más fácil baldoseando que agarrando los libros, parece llegar a su fin cuando hurgamos un poco en la historia del homenajeado de turno. Y el veredicto, para que tengan en cuenta las futuras generaciones de futbolistas no tocados por la varita, es contundente. Hay que estudiar.

Con la pregunta resuelta acerca de si conviene patear la caprichosa o patear para tomarse el bondi a la facultad, el tema pasa por saber qué estudiar. Para los indecisos, una opción podría ser tomar el ejemplo exitoso de tipos como Cacho Martínez Pandiani.

Defensor temperamental, nacido a comienzos de la década del sesenta y surgido de las inferiores de Racing en los inicios de los ochenta, su camino al fútbol grande fue mucho más mediático que lo habitual. Porque llevar el brazalete de capitán todos los martes en el Torneo Proyección 86 le hizo, por lo menos, ser un apellido conocido. Obviamente no ganó él solo ese campeoato juvenil en 1983. Lo hizo acompañado de Zubzuck, Héctor Fernández, Williner, Garzete, Jorge Acuña, Anciart, Marcos Leiva, Gaby De Andrade, Gustavo Calderón y el Torito Raffo. La formación base que usó la victoria ante la Lepra en la final como trampolín para pegar el salto.

Pero en el tsunami que fue la Academia ese año, la mayoría no pudo hacer pie en primera. Y el caso más emblemático es tal vez el de Martínez Pandiani. Debutó oficialmente en el incendio que fue la última fecha del Metropolitano 1983 entrando a los once del segundo tiempo por Lozano. Esa histórica visita al hoy demolido estadio de la Doble Visera (que incluyó en el combo derrota 0-2, vuelta olímpica del Rojo y retirada a los vestuarios como jugador descendido), paradójicamente, debe ser uno de sus recuerdos más atesorados. Porque ese partido, en realidad esos treinta y cuatro minutos, fueron sus únicos en la máxima categoría. Aunque lo de máxima categoría es una forma de decir, ya que ese partido Racing lo afrontó con el pasaje a la B comprado.

La experiencia de yirar en el ascenso debe haber influido seguramente en la ruta elegida. En 1985 se fue a Los Andes, en 1987 le empezó a dar más bola a los libros a tal punto que fue bañado en harina y huevos al recibirse de abogado y un año más tarde, con apenas 24, colgó los botines. La temprana retirada le hizo reflexionar bastante sobre su fugaz paso en el fútbol: “…sin dudas nos perjudicó el momento que vivía el club y la falta de una base en la Primera. En ese entonces, a los chicos se les exigía ser salvadores. El Torito Raffo, un nueve de área y goleador, hizo tres o cuatro goles en la misma cantidad de partidos, pero después no repitió eso y lo sacaron. A Gaby De Andrade, otro talentoso, le pasó lo mismo y al cuarto partido lo mandaron a San Miguel. A Horacio Williner y a Garzete los mandaron a Lanús y a mí a Los Andes. Recién con el Coco Basile se revirtió la crisis, pero ya era tarde. Casi todos nos habíamos ido…”.

Tras consolidarse como abogado y poner su estudio sobre la avenida Mitre en Avellaneda, sospechamos que debe haber tenido en el laburo toda la suerte que le faltó en el fútbol. Y a las pruebas nos remitimos tras su inesperada reaparición en el verano de 2008 haciendo unas compritas en Mar de las Pampas. La verdad, parece que mal no le va.