Tapia al Nantes 1986

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Luego de una más que buena temporada en el xeneize y ya convertido en Campeón del Mundo tras su participación en México 86, la dirigencia de Boca se salía de la vaina (?) para convertir el Chino Tapia en una carretilla llena de dólares que taparan los mil y un agujeros que había en la economía del club.

Por eso, a mediados del segundo semestre de 1986, ante la supuesta desesperación del Nantes de Francia por asegurarse a Tapia y un empresario de turno que iba y venía frotándose las manos, Don Antonio Alegre tiró de la cuerda más de lo aconsejable. ¿Y qué pudo haber pasado con una operación que ya estaba prácticamente hecha y les cerraba a todas las partes? Tapia tuvo que seguir en Boca un año más y recién en 1987 se mudaría a Francia, pero no al Nantes sino al Brest.

Japón 2 – Boca 3 (1982)

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Apenas cuatro días después del empate 1-1, Boca volvió a verle la cara (?) al seleccionado de Japón. Y si en el primer partido en Tokio, el frío había pegado fuerte, ni hablar de lo que pasó esa noche del miércoles 20 de enero de 1982 en Kobe, ciudad portuaria a más de 500 kilómetros de la capital. La fresca del mar hizo bajar la térmica drásticamente.

Pese a lo bravo del clima, el estadio Kobe Chua, sin tribunas atrás de los arcos, reunió a 13.000 espectadores que enseguida salieron de su habitual formalidad. ¿Por qué? Porque antes de los 25 del primer tiempo y en jugadas aisladas, Japón se había puesto dos goles arriba. Primero con un tiro libre y luego con una escapada de Nomura que atorado por Mouzo y desde la raya de fondo se sacó la pelota de encima y la puso entre el primer palo y Gatti. Sorpresa total.

Pero el segundo tiempo mostraría otro partido. Boca ajustó clavijas y se adelantó veinte metros. Pero además de inclinar la cancha jugó casi perfecto. Krasouski cortó todo, Mouzo y Ruggeri apoyaron en mitad de cancha, Cacho Cordoba se mandó en todos los tiros, Trobbiani fue y vino, Perotti picó y exigió a todos y Diego… Diego hizo el resto jugando a un nivel pocas veces visto en Boca.

Enseguida, a los cuatro minutos, un zurdazo cruzado de Maradona puso el descuento. Pero el vendaval en que se había transformado Boca, tuvo su jugada bisagra: una contra japonesa se iba derecho al gol pero fue cortada por el Loco Gatti saliendo fuera del área y tirándose en palomita. Locura en el estadio y gritos más fuertes que en los goles locales.

Los defensores asiáticos no hacían pie y aguantaban lo que venía. Que era mucho. Primero Gareca reventó el palo. Al toque, el Mono Perotti quedó mano a mano pero el arquero Taguchi le sacó un gol imposible. Diego hizo jueguitos ante un defensor y metió una tijera que no fue gol de milagro. Los japoneses ya no querían mas lola y se limitaban a patearla para adelante.

A los 36 Taguchi voló abajo, se pegó la cabeza contra un palo y le sacó el empate a Diego. Hasta que se vino toda la estantería abajo y en un sesenta segundos Boca dio la vuelta el partido y puso a salvo el invicto de la gira. A los 40, Gareca empujó al gol una obra maestra de Diego y a los 41, una triple pared Maradona – Trobbiani lo dejó a Diego entrando al arco con pelota y todo. Los nipones a esa altura parecían postes que ni levantaban la mirada del piso. Sobre el final Perotti se perdió el cuarto y enseguida lo impensado. Una multitud invadió el campo de juego buscando abrazar a los jugadores de Boca.

Otros hinchas directamente fueron a la puerta del estadio y esperaron religiosamente la salida del micro para seguirlo en bicicleta bajo una tenue nevizca en lo que fue una caravana conmovedora. Ya en el hotel el boom Maradona seguiría a niveles impensados y no por los cientos de autógrafos que tuvo que firmar el diez de Boca. Cuando hablamos de niveles impensados nos referimos puntualmente al mechón de pelo que tuvo que dejarse cortar para dejar un recuerdo.

Maggia Diego

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Diego Norberto Maggia

Volante ofensivo nacido en diciembre de 1970 en San Justo (Provincia de Buenos Aires), arribó a La Candela porque era hincha de Boca o porque La Candela quedaba muy cerca de su casa. O tal vez por las dos cosas. Lo importante es que arribó a La Candela y transitó el camino de las inferiores en la complicada década del ’80. Así que tuvo, como mínimo, un escenario difícil.

Sin embargo todas sus ilusiones y sueños deben haber tocado techo el 16 de julio de 1989, en ocasión de un partido amistoso contra un Combinado de General Sarmiento. Esa fría jornada, en la cancha de Juventud Unida y bajo el arbitraje de Carozo Mastrángelo, el Cai Aimar puso en la cancha a Merlo; Ivar Stafuzza, Juan Simón y Erbín; Berti, Fabián Carrizo, dos que todavía eran amigos como Marangoni y Villarreal; Latorre, Graciani y Walter Pico. Pero en el segundo tiempo entraron una banda de pibes formada, entre otros, por nuestro homenajeado, Giraldi, el Nachi «seis dedos» Medina y Tilger, a los que se sumó el plus (?) de dos relegados como el Coya Gutiérrez y la Porota Barberón. La cosa es que en el medio de tanto cambio hecho por el técnico, Maggia se dio el gusto y pisó por primera y última vez un campo de juego con la camiseta de Boca puesta. Y hasta tuvo el honor de retirarse victorioso si tenemos en cuenta que el partido terminó con un triunfo 2 a 0.

No habría nunca más una mísera oportunidad para que saque conejos de la galera. No volvió a tener chance alguna de frotar la varita y hacer el gol que tanto habrá soñado. Un rato en un amistoso y desaparición absoluta. Pero ojo. Según cuentan algunos entendidos en el tema, pudo vérselo años más tarde defendiendo la camiseta de San Telmo.

(Publicado casi (?) en simultáneo con Imborrable Boca)

Lozano Carlos

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Carlos Luis Lozano

Cuando vemos casos como el del homenajeado de turno es difícil no pensar que hay tipos que están predestinados a algo en esta vida. Para bien o para mal. Pero ya que hablamos del tema, ¿qué es exactamente el destino?

Para Wikipedia es el poder sobrenatural que, según se cree, guía las vidas de cualquier ser de forma necesaria y a menudo es inevitable o ineludible. En la cultura occidental la mayoría de las religiones han creído en formas de destino, especialmente relacionada con la predestinación.

También podríamos agregar que el Destino es una pizzería de puta madre que está a metros del monumento al Cid Campeador en Buenos Aires. Pero ese es otro tema. Acá la cosa pasa por ver cómo el destino fue arriando a Carlos Luis Lozano hasta meterse de lleno en su vida. Y ya veremos por qué.

Delantero que debutó en el fútbol grande con la nueve de Racing y ya con 25 años en el DNI. Concretamente su estreno fue el 3 de abril de 1983 por el campeonato Nacional y con derrota 1-0 ante Huracán en Parque Patricios. Pero tras el partido no llamó tanto la atención sus andanzas de cuarto volante como sí lo fue su avanzada edad, cosa que provocó unas cuantas preguntas. Ante la insistencia sobre el tema, en los mismísimos vestuarios del Tomás Ducó tuvo que pelar la verdad y no sólo hablar de su edad sino de cómo hizo para aterrizar en Racing sin pisar las divisiones inferiores: “…es verdad, jamás jugué profesionalmente al fútbol. Estaba interviniendo en los campeonatos internos de GEBA, me vieron y me llevaron para que me probase Rogelio Domínguez. Le gusté y me hicieron el primer contrato. Antes trabajaba en una compañía financiera, ganaba más o menos lo mismo que ahora en Racing, pero el fútbol tira. Lo único que me falta es ponerme a punto físicamente, después todo es lo mismo, el juego no cambia…”.

Durante ese fatídico año para La Academia, formó parte de distintas formaciones que lucharon pero no pudieron torcerle el brazo a ese mismo destino que lo catapultó a la fama. Y el cierre, cruel e innecesario, fue a todo trapo. Descenso consumado, derrota 2-0 en la Doble Visera y vuelta olímpica de Independiente. Motivos de sobra para desaparecer de la faz de la tierra luego de una trayectoria de 8 partidos oficiales y mucho vestuario con gente como Campos Aquino, Matuszyck, Sarulyte y Urán.

En resumen, parece muy jodido escaparle al destino. Pero no por eso es cuestión de pedirle milagros o usarlo de excusa descaradamente o incluso andar escuchando a cualquiera sobre el tema.

Japón 1 – Boca 1 (1982)

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Tras la esperada victoria ante Selangor y el batacazo de un Nelson Iturrieta ganador del torneo interno de natación, el plantel de Boca dejó atrás los agobiantes 34 grados de Kuala Lumpur, viajó diez horas en avión, hizo noche en Hong Kong y aterrizó en un feroz invierno desatado en Tokio. De hecho, la primera mañana que los jugadores asomaron sus narices por la ventana del hotel, se llevaron la sorpresa de ver caer algunos copos de nieve y todo. Igual vale aclarar que el brutal cambio de temperatura era lo que menos importaba en esa gira a principios de 1982. Lo importante era acumular partidos para juntar plata.

Con las prioridades bien definidas, el 16 de enero Boca se presentó en el estadio Olímpico de Tokio para medirse con la selección local. Tras exclusivas conferencias de prensa con Diego en el aeropuerto, en un shopping y en la cancha antes y después del partido, el amistoso fue promocionado casi como un Japón – Maradona.

Sin embargo, tanta manija con el fin de empezar a instalar el fútbol en ese rincón del mundo, no produjo resultados concretos. Al momento de mover del medio, había 25.000 japoneses soportando una temperatura de 2 grados, quietos, en silencio y prolijamente sentados en las tribunas. La única señal de que algo importante iba a pasar fue ver a 85 fotógrafos corriendo desesperados a sentarse detrás del arco hacia donde iba a atacar Boca en el primer tiempo. Muy diferente a los cuatro que le miraban la espalda a la Pantera Rodríguez.

El comienzo del partido mostró un trámite parejo. El xeneize, pese a no contar con Perotti por lesión, arrimó algo de peligro y a los 17 abrió el marcador a través de Ruggeri. Japón acusó el golpe y los minutos que siguieron fueron a puro dominio de un Boca que llegaba, pero no liquidaba. Hasta que pasó lo imprevisto: cerca del final del primer tiempo, un bombazo de Koshida desde lejos sorprendió a la Pantera Rodríguez y puso el empate.

Tras el descanso, el segundo tiempo fue otro partido. Los nipones cambiaron el libreto y salieron de la cueva a matar o morir buscando el triunfo. Y ayudados por el quedo físico de Boca, los últimos diez minutos fueron en medio de un cascoteo ininterrumpido sobre el arco xeneize. Hubo tiros en los palos, en el travesaño y dos mano a mano ahogados por la Pantera. Pese al zarandeo del final, la tribuna siguió imperturbable. Casi como una postal.

La formación que puso el Polaco Cap en cancha para chupar un frío de locos fue Pantera Rodríguez, Huguito Alves, Mouzo, Ruggeri, Cacho Córdoba, Chino Benítez, Krasouski, Marito Zanabria, Gareca, Maradona y Matuszyck.

Dagametti Duilio

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Duilio Osvaldo Dagametti

Así como uno dice San Luis y viene a la cabeza Rodríguez Saá o escuchamos hablar sobre Ratón Zárate y lo asociamos con Haedo, llegó la hora de que Santa Fe sea reconocida por algo más que Rosario, el río Paraná o sus próceres locales, Estanislao López y Mariano Vera, quienes decidieron en 1815 la autonomía definitiva de la Provincia. Santa Fe es Duilio Osvaldo Dagametti. Que tanto ni tanto.

Tras surgir en Unión e integrar algunos bancos de suplentes a comienzos de la década del ochenta, irrumpió en escena a lo grande si tomamos en cuenta su convocatoria al seleccionado juvenil en 1983 para los Juegos Panamericanos. No jugó ni medio minuto y Argentina no pasó de ronda, pero nadie le puede negar haber compartido ilusiones junto a Juan Gilberto Funes, Gustavo Dezotti, Humberto Gutiérrez, Juan José Oficialdegui, Carlos Prono, Esteban Solaberrieta y Jorge Theiler.

Tras la experiencia seguramente enriquecedora, se calzó la camiseta de Almirante Brown en la temporada 1986/87. Allí jugó 25 partidos, hizo 1 gol, sacó conclusiones y partió raudamente a su lugar en el mundo: la Provincia de Santa Fe.

Regresó a Unión (1987/88) y si bien el Tatengue se fue al descenso tras varios años en primera, nuestro homenajeado ya supo donde tirar el ancla. Las estadísticas hablan de solo 23 partidos en la máxima categoría y ningún gol, pero no dicen nada de los momentos vividos por este volante al lado de grosos e históricos como Ariel Catinot, José Morón, el Ricky Altamirano, Regenhardt, Mario Alberto o Pablo de las Mercedes Cárdenas.

¿Y por qué hablamos de su lugar en el mundo? Porque aquí echó raíces imposibles de talar. En criollo, mucha liga santafesina: Ciclón Racing FC, Sportivo Guadalupe (donde también fue técnico) y Universidad Nacional Litoral, donde hizo mucho más que ser expulsado en un partido contra Pucará.

Así llegamos a la actualidad, donde no muy casualmente vemos abierta, en Santa Fe, una casa de electrodomésticos Dagametti Hogar, otra llamada Duilio Hogar, el nombramiento como Vicepresidente de la Asociación de Comerciantes de la Avenida Gral. Paz a un tal Duilio Dagametti y hasta la llegada al Tatengue de una donación de seis aires acondiconados tipo split de manos de alguien escudado en el nombre Duilio Dagametti perteneciente a la firma «Dagametti Gas». ¿Podemos soñar de acá a un tiempo con un Dagametti Fútbol Club por ejemplo? Como viene la mano no sería raro.

Chacarita roja 1994

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La última fecha del Clausura 94 de la Primera B Metropolitana fue para alquilar balcones. Disputada en mayo de ese año, Chacarita salió al campo de juego en San Martín buscando vencer a Defensa y Justicia y ascender al Nacional B de acuerdo al resultado de Tigre en su visita a Argentino de Quilmes.

En el medio de tanto nerviosismo, Penalty aprovechó el revoleo y acercó un juego de camisetas suplentes todas rojas con apenas unos vivos blancos. ¿Feas? Ni a palos. Pero a años luz de la historia de Chaca y, para ser sinceros, innecesarias teniendo enfrente al Halcón de Varela.

Aquí en la foto vemos a Márquez gritando con alma y vida uno de los goles de la victoria 3-1 del Funebrero. Gol que no sirvió para la coronación esa misma tarde ya que el Matador ganaría por el mismo marcador quedándose con el torneo por diferencia de gol. Título que enfrentó a ambos nada menos que por un ascenso directo en dos recordadas finales en cancha de River.