Primera fecha de la temporada 2010/11 de la B Metropolitana. Temperley visitaba a Sarmiento, en Junín. Algunas caras nuevas (por ejemplo, Lucas Alessandria y Sebastián Cobelli debutaban esa noche en el Gasolero) pero la misma camiseta del año anterior. Aunque con un detalle: las publicidades de «Bingo Temperley» y «Frigorífico Federal» habían desaparecido. En su lugar, aparecía una leyenda que instaba a los hinchas a hacerse socios.
En el segundo tiempo aparecieron las habituales camisetas con los sponsors antes mencionados. Salvo en el arquero Alejandro Medina que conservó la suya, expresando su cariño al club que lo vio nacer. Era lo mínimo que podía hacer luego de ser el responsable del único gol del partido. Esta práctica continuó hasta la 5º fecha (victoria 3-0 v.s. Los Andes). Después llegó el nuevo modelo, también de Ohcan, y la mención desapareció del pecho de los futbolistas.
Un mes después del amistoso en el que la Selección Argentina se impuso al Resto de América, el equipo del Coco Basile enfrentaría a un rival de similares características, pero sin límites continentales: el afamado (?) rejunte denominado Resto del Mundo. Otra vez el estadio Monumental era testigo de un partido que iba a servir de poco, con nombres sorprendentes y escasa respuesta del público.
Por los locales dieron la cara Goycochea; Craviotto, Sergio Vázquez, Ruggeri, Altamirano; Franco, Giunta, Latorre, Leonardo Rodríguez; Mohamed y el Gallego González. En el segundo tiempo ingresaron Carrizo, Mannarino, Martino, Soñora y Gamboa.
Los visitantes, dirigidos por Telé Santana y Miljan Miljanić, formaron con Tony Meola; Carlos Vázquez, Belodedici, Alexandre Torres, Diego Rodríguez; Bismark, Moas, Borges, Savicevic; Hugo Rubio y Zamorano. A ellos se le sumaron los que entraron en la parte final: Chabala, Diego Sánchez, Rubén Paz y Marcelo Balboa. Un total de 11 jugadores americanos, 3 europeos y un africano. Argentina se impuso cómodamente, con dos tantos de Latorre y otro de Leo Rodríguez. Pero eso fue lo de menos.
La nota del partido se la llevaron los problemas de organización. Por ejemplo: el argelino Rabah Madjer quedó varado en el aeropuerto de Roma a la espera de alguna conexión que lo depositara en nuestro país, el árbitro danés Peter Mikkelsen tampoco apareció por Ezeiza y hubo que reemplazarlo de apuro por Abel Gnecco, los norteamericanos Meola y Balboa se tuvieron que pagar los pasajes de su bolsillo y hasta faltaron jabón, toallas y papel higiénico en el vestuario de los visitantes, quienes se pusieron para salir a la cancha unas camisetas conseguidas de apuro, porque la empresa con la que supuestamente se había llegado a un acuerdo para que los vistiera, sencillamente no las llevó.
Sin embargo, la historia más curiosa, por no decir la más patética, se dio con David Chabala, tercer arquero de Argentinos Juniors, que fue rescatado del entrenamiento que su club realizaba en los bosques de Palermo poco antes del comienzo y terminó jugando los 27 minutos finales. Claro que las desventuras llegaron después para el malogrado africano: cuando fue a cobrar los U$S 300 que le correspondían por su participación, los organizadores le negaron la existencia de cualquier deuda, como si lo suyo hubiera sido sólo un favor para salir del paso. Seguro que en Zambia no le pasaba.
Año 1991, algún lugar de la noche porteña. Tres hombres exitosos en pose canchera. Son Darío Siviski, Fabián Carrizo y Claudio García. Los dos primeros, con la mano izquierda en el bolsillo y una copa en la derecha. Buzos sobrios y jeans llamativos, bien de época. El otro, un poco más osado. Camisa amarilla, chaleco negro y una mano que insinúa: subí, sentate, callate y agarrate.
Vos, purrete que venis de Twitter (?), no los viste jugar. Luis Antonio Andreuchi y Sergio Elio Angel Fortunato fueron dos delanteros que vivieron su mejor momento a fines de los 70’s, uno en Quilmes y el otro en Estudiantes.
Como era (y es) habitual, los equipos grandes posaron sus ojos en ellos, los jugadores del momento, y quisieron llevárselos. Los futbolistas intentaron meter presión para que eso sucediera: posaron con la camiseta de Boca en una producción para la revista Goles, a principios de 1979. No pasó de un mero deseo, ya que ninguno de los dos llegó a jugar en el Xeneize.
Para el Apertura ’92, Independiente se reforzó con todo en búsqueda del título. Las incorporaciones posaron felices ante las cámaras: Gabriel Amato, Perico Pérez, El Turco Mohamed, Mario Hernán Videla, Diego Cagna, Adrián Mahía y Jorge Gordillo, a los que se sumaban los paraguayos Gamarra y Velázquez. Entre todos ellos hubo un infiltrado: el Panza Videla, que nunca jugó en el Rojo. A pesar de la presentación formal, el mediocampista, que estaba jugando en el Hamilton Steelers de Canadá, continuó en el país del norte, priorizando su carrera deportiva (?). Recién volvería a Argentina al año siguiente, para ponerse la camiseta de Deportivo Laferrere.