Torino Simbolo 2 – River 2 (1949)

La Tragedia de Superga, famoso accidente aéreo que acabó con la vida de la mayor parte del plantel del Torino de Italia, provocó muestras de solidaridad en todo el mundo. Y en Argentina también (?). River Plate tuvo el gran gesto de viajar hasta la ciudad de Turin y enfrentarse en un partido a beneficio de las víctimas a un combinado de jugadores de la Serie A, denominado Torino Simbolo.

Los italianos formaron con Furiassi; Manente, Annovazzi, Giovannini, Achili, Nyers, Bonipetri, Nordhal, Hansen, Ferrari y Lorenzi. El Millonario dispuso a Carrizo; Vaghi, Soria, Yácono, Rossi, Ramos, De Cicco, Col, Di Stéfano, Labruna y Loustau. Alrededor de 70.000 personas disfrutaron de un encuentro vibrante, que tuvo goles de Nyers y Annovazzi para los locales, y de Labruna y Di Stéfano para los visitantes, que fueron ovacionados en agradecimiento a su visita. Aquel sería el inicio de una unión entre los clubes que perdura hasta hoy.

Talleres sin el logo de adidas (1989/90)

Vaya uno a saber si algunas de las camisetas que Adidas le entregó a Talleres no llevaban su logo, o si el parche de “Cabalgata” estaba pegado demasiado arriba. Lo cierto es que Bustos (el último de los mohicanos parados), Iglesias y Albornoz (abajo, segundo y tercero) no lucen la marca alemana. Otra desprolijidad más en el equipo cordobés. Y eso que no hablamos del buzo de Genaro.

Mussín Leandro

Mussín Leandro Damián

Año 1987. Doce meses pésimos para la humanidad: los mercados de valores de todo el mundo se desplomaron en el “lunes negro”, dos sismos de 4,5 y 6,0 grados en la escala de Richter sacudieron la zona nororiental del Ecuador, dejando centenares de muertos y damnificados, y 16 jugadores del Alianza Lima perdieron la vida en un accidente aéreo. En Argentina, también hubo hechos penosos: En Semana Santa, se producía el levantamiento militar de los “carapintadas”, entraba en vigor la ley de “Obediencia Debida” y Susana Giménez debutaba con “Hola Susana” (?). Yendo al ámbito futbolístico, la cosa no mejoraba: la selección realizaba una pésima Copa América (siendo local terminaba en el 4º puesto) y para colmo Deportivo Armenio ascendía a Primera División (?).

Peor le iba a Independiente, aunque en ese momento todo se tapaba con las aceptables actuaciones a nivel local (tercero en el campeonato 1986/87 y ganador de la Liguilla) e internacional (eliminación en la segunda ronda de la Copa Libertadores). ¿Qué mal podía afectar al Rojo ese año? Ni más ni menos que los nacimientos de Ismaél Sosa, Adrián Calello, Mariano Viola, Enzo Bruno y Hernán Magic Fredes. Al igual que Leandro Mussín, todos categoría ’87. Y, cada uno a su manera, dejaron su impronta en el club de Avellaneda.

Para ser sinceros, la huella que dejó en Independiente fue casi imperceptible. Es que sólo jugó un poco más de media hora en Primera División. Fue el 11 de Mayo de 2007, cuando ingresó con el número 41 por Carlos Lothar Matheu, a los 10 minutos del segundo tiempo. Esa noche Pepé Santoro mandó a la cancha a Ustari; Matheu, Baez, M. Ramirez, Eluchans; Fredes, Pusineri, Callelo; Díaz; Sosa y Pepe Moreno. También ingresaron Orellana y Sergio Escudero. Milagrosamente, ese equipo no perdió: fue 1-1 frente a Newell’s y debut y despedida para Mussín.

Sin ser tenido en cuenta por el propio Santoro y sus sucesores (Pedro Troglio y el Bichi Borghi) se marchó a Estudiantes (BA) (2008/09), donde pasó con más pena que gloria. Acassuso (2009/11) fue su siguiente destino. En el club del norte del conurbano bonaerense jugó poco (en dos temporadas disputó 22 partidos, fue expulsado 3 veces y no convirtió goles) y fue suplente de Mussón, su tocayo no reconocido (?).

Las noticias más recientes sobre Mussín vinieron de la patagonia: hasta hace un par de años disputaba el Torneo Argentino B en Racing de Trelew, junto al ex arquero de Tigre Lucas Abud y Francisco López Rojas, entre otros. Ese fue el último destino conocido de esta joyita de la “Generacion ’87”, un año nefasto para todos. Y ni hablar para Independiente.

Quinteros Rodolfo

Rodolfo Damián Quinteros (El Chino)

El concepto de “ir de mayor a menor” aplicado a la carrera de un futbolísta queda perfectamente ejemplificado en este mediocampista nacido el 23 de julio de 1982. Arrancó pisando fuerte con la camiseta de Arsenal, debutando en Primera División en el Apertura 2003. Sumando torneos locales e internacionales (Copa Sudamericana 2004) disputó 40 partidos en el equipo que dirigía Jorge Burruchaga, convirtiendo 5 goles. Esas alegrías quedaron registradas en un video que mezcla fútbol con ciencia ficción (la tribuna de Arsenal llena, Esmerado pasando al ataque, etc.)

A mediados de 2005 fue cedido a San Martín de San Juan, que disputaba el Nacional B. Jugó poco y la cosa terminó mal: a fin de año dejó la institución por un conflicto con los dirigentes. Previo a esto, el club había decidido rescindirles el contrato a seis jugadores entre los que estaba Quinteros, pero este se quedó luego de que arreglara una rebaja de sueldo. En diciembre, la situación se hizo insostenible y tuvo que armar las valijas: «No me voy como quiero porque acá hubieron muchos problemas y yo tenía contrato por un año. Pero los dirigentes quisieron otra cosa y tengo la suerte de que puedo volver a Arsenal, por eso hay que seguir para adelante».

Aunque no todo salió como lo había planeado: el Chaucha Bianco, entrenador de los de Sarandí, le anunció que no lo iba a tener en cuenta. Ahí nomás, Quinteros dio su golpe maestro (?) y se fue al clásico de toda la vida: El Porvenir. La historia no tiene final feliz. En lugar de encontrar revancha, solo halló el descenso a la Primera B Metropolitana, junto a compañeros como Fernando Dubra, Ramiro Leone, Paco Prado y el Yagui Forestello.

Para descontracturarse un poco, los últimos seis meses de 2006 los pasó en Chile, jugando para Deportes Puerto Montt. A comienzos de 2007, el Turco Mohamed pensó en él y lo incorporó a Huracán, que buscaba el ascenso. Y lo logró, aunque nuestro homenajeado tuvo un papel secundario (disputó sólo 10 partidos, siendo habitual suplente de Sanchez Prette y Gerardo Solana).

En 2008, reapareció disputando el Torneo Argentino A para Gimnasia de Concepcion del Uruguay. Una mediocre temporada en la ciudad natal del Gaucho Rivero, Alfredo Bravo y el Gato Sylvestre lo depositó en Deportivo Armenio (2008/09). Se puso la camiseta del club de la colectividad en 20 oportunidades (exactamente la mitad de los encuentros de toda la temporada) y convirtió un gol. El equipo de Noray Nakis terminó anteúltimo.

Su último registro de actividad lo dio en Argentinos de 25 de Mayo (2010/11). Torneo Argentino B, ascensos por invitación, canchas difíciles y clubes con nombres insólitos. ¿Se podía caer más bajo? Sí: fue último puesto y descenso, con 8 puntos en 24 partidos y la mágica diferencia de gol de -53. Después de esto, ya no encontró como superarse y desapareció del ámbito futbolístico. Lo bien que hizo.

Pajurek Juan Carlos

Juan Carlos Pajurek

Nunca fue compañero de Britapaja. Hubiera hecho una buena dupla con Manusovich o Palma. Por suerte, perteneció a una generación anterior a Pajuelo, Pajón y Telechea. El chiste obvio se podría repetir hasta el cansancio. Pero este ex delantero, que podría haber sido recordado sólo por el apellido, quedó en la memoria del futbolero por otra cuestión algo más lamentable: esta es la historia de Juan Carlos “el que quebró a Islas” Pajurek.

Nacido en Córdoba el 31 de enero de 1966, arrancó en Unión San Vicente. Allí, debutó con 17 años por la Liga Cordobesa, ganando la clasificación al Nacional 1984, su primer torneo grande, donde su equipo no conoció la victoria, quedando último en su grupo. Sumando sus pasos por Los Naranjas, Racing de Córdoba (1986/87) y Estudiantes de La Plata (1987/88), disputó 20 partidos en Primera División, marcando 4 tantos.

También jugó en España, El Salvador y Venezuela. De todos se llevó un recuerdo imborrable. En Europa, se lesionó gravemente. En Centroamérica, además de pasar fugazmente por el Deportivo Luis Ángel Firpo, vivió duros momentos: «Me decían que era un lugar bárbaro, que me iban a pagar bien. Si bien había buena gente, fueron dos meses duros, no me adapté. Era la época de la guerrilla: por ahí en la calle estaban los militares atrincherados y por las dudas te apuntaban. Se cortaba la luz, el agua… Una vez fuimos a jugar a Washington con una delegación de 25 personas y ocho decidieron quedarse como ilegales». En la tierra de Hugo Chávez y Catherine Fulop jugó en el Deportivo Táchira (1988/89), con el que disputó la Copa Libertadores, en la que llegó a marcar un tanto que no alcanzó para evitar la eliminación en primera ronda tras 2 empates y 4 derrotas, y en el Caracas FC (1990/91). Aquella vez, le tocó vivir de cerca el Caracazo, una serie de protestas del pueblo venezolano que dejó alrededor de 300 muertos y miles de heridos.

Volvió al país para jugar en Defensa y Justicia (1991/92). Una campaña mediocre en el Nacional B y poca participación para Pajurek. Es que las lesiones pudieron más, y a los 26 años le puso punto final a su carrera: “Luché contra un tobillo dos años”, relató años después, “pero no pude. Ya había puesto un videoclub, así que viví de eso”. Noventosidad a pleno.

Su momento de gloria (?) lo vivió el 26 de Octubre de 1986, en Avellaneda. Él mismo lo contó así: «Me tira un pase Chaparro, cuando Islas me sale trato de saltarlo, chocamos y al caer sentí el ruido y pensé que era yo… El sale fuerte, con una pierna adelante. Sus compañeros le pedían la roja al árbitro, que les contestó: «Cállense, que si tengo que echar a uno es al de ustedes, y cobrar penal».

El choque trajo secuelas importantes: para Luisito, rotura de tibia y peroné y seis meses de parate. Para Paju, esguince de rodilla y tobillo y un mes sin jugar. El delantero no trascendió y apenas quedó en el recuerdo por aquella desgracia y por el manto de sospecha que Islas puso siempre respecto de la intencionalidad. “Yo intenté hablar con él y no quiso”, continúa el cordobés. “Fui a Buenos Aires, lo llamé, primero me trató mal pero quedamos en que la íbamos a terminar, que sólo había sido un choque. Y salió diciendo que un primo mío lo había llamado para disculparse por mis dichos. Mentira. Después siguió hablando, pero yo no quise tocar más el tema, pese a que algunos me decían que le hiciera juicio. Luego nos enfrentamos una vez en la cancha, yo en el Pincha: sólo nos insultamos.”

El tiempo pasó, Islas continuó su romance con Arzeno jugando varios años más, Pajurek se hizo cargo de un bar en un shopping de Córdoba y las cosas se calmaron… o no tanto. “Cuando estaba en la T, él solía pasar frente a mi bar y un día lo paré. No me reconoció. «Te pido que no me nombres más», le dije. «Yo pienso que vos me rompiste y voy a seguir diciéndolo», respondió. «Seguí, pero yo no me callo más», contesté. Es que seguía hablando, entonces no me quedan dudas de que no está bien. Una vez acá le robaron y salió diciendo que dos cordobeses lo habían cagado, el ladrón y yo. Yo ya tengo hijos y no es lindo que te comparen con un chorro.”

La versión del ex arquero es un poco diferente: “Aquel choque con Pajurek fue tremendo, y por la doble fractura de tibia y peroné que me produjo pensé que no volvería a jugar. También me dolió que el tipo nunca me haya llamado ni para preguntarme cómo estaba. Una vez me lo crucé en un shopping de Córdoba cuando yo estaba en Talleres y nos saludamos fríamente, pero ya había pasado demasiado tiempo y no valía la pena revolver la basura”.

¿Ganador? (?)