Gavazzi Claudio

Claudio Fabián Gavazzi

Volante ofensivo que seguramente nunca imaginó que se iba a poner la “10” de River Plate a los 18 años. Todo gracias al conflicto de los dirigentes con los futbolistas profesionales del club. Lo cierto es que el pibe nacido el 25 de enero de 1965 jugó un puñado de partidos en ese equipo del Metropolitano 1983 y hasta convirtió un gol, en el triunfo 2-1 ante Platense por la 4º fecha. Con la vuelta de los titulares, perdió mucho terreno y quedó libre en 1985. Curiosamente, recaló en Platense, donde no tuvo continuidad y se marchó como había llegado: en absoluto silencio. Fueron, en total, 7 partidos en la máxima categoría del fútbol argentino

Tuvo su paso por el ascenso jugando en el Sportivo Italiano (formó parte del plantel que subió a Primera en 1986 aunque no jugó ni un minuto) y Deportivo Morón, antes de partir hacia Chile, donde vistió las camisetas de Cobresal (1988, fue compañero de Iván Zamorano y Franklin Lobos, unos de «Los 33 de Atacama»), Magallanes (1989, en la Segunda División) y Palestino (1990).

No hay muchas más precisiones sobre su insípida carrera como futbolista. Aunque en su profesión actual no parece irle mucho mejor: se dedica a la venta de automóviles y ha sido denunciado por maltrato a los clientes. Parece que la soberbia en los “10” de River es algo habitual.

(Gracias Diego)

Baldosa vieja: Carlos Medrano

Carlos Domingo Medrano Lazcano

¿Qué tienen en común este arquero de las décadas del 50 y 60, Maxi Lopez y Leandro Grimi? Los últimos dos apellidos nos hacen pensar en una coincidencia que creemos propia de la globalización del siglo XXI, combinada con un hábil manejo comercial de parte de sus apoderados. Pero… ¿esto también podía pasar hace más de 50 años, cuando no existía el marketing ni los videos con ediciones mágicas? Sí, podía pasar. De hecho, pasó.

Nacido el 16 de abril de 1934 en Coronel Suárez, comenzó su carrera en Sportivo Dock Sud (1953- 58), jugando luego en Tigre (1959), ambos en la vieja Primera B. Como en el Matador era suplente de Osvaldo Toriani, los dirigentes decidieron sacárselo de encima, y se lo vendieron… ¡al Barcelona!. Dos temporadas en Catalunya le alcanzaron para conocer La Sagrada Familia, bañarse en las aguas del Mediterráneo y ver como atajaba Antoni Ramallets, histórico guardameta del equipo culé. Su marca en España fueron 4 partidos por liga y uno por la Copa de Ferias.

En 1961 se incorporó a River Plate donde estuvo 3 años sin jugar oficialmente, tapado por Amadeo Carrizo y Rogelio Domínguez. En 1964 fue cedido a préstamo a Rosario Central, pero tampoco tuvo actividad, pues el titular Edgardo Andrada no faltó a ningún partido. Un año más tarde, volvió al ascenso. Primero se reincorporó a Dock Sud (1965) y luego pasó al Deportivo Morón (1966).

Sin dudas, el mejor momento de su carrera lo alcanzó en Colombia, con los colores del Deportes Quindío (1967-69), donde por fin se ganaría la titularidad y adquiriría reputación como atajador de penales. Culminó su carrera en Ecuador, donde formó parte del otro Barcelona (jugó algunos partidos en 1968), Macará (1970), Olmedo (1971), y el glorioso Bonita F.C. (1973, fue jugador y técnico a la vez).

Medrano sumó a lo largo de sus días como arquero la nada despreciable suma de 11 equipos, en una época en la que cambiar de colores todos los años no era algo común. Y menos pasar directamente de un equipo del ascenso argentino a uno de los más importantes de Europa. Si él pudo hacerlo en la prehistoria del fútbol globalizado, ¿por qué no puede pasar ahora?. A Bazán Vera le gusta esto.

Dacko Ariel

Ariel Sergio Dacko

Tener 20 años, ser rubio, de buen porte (?) y poder decir “yo juego en la primera de River”. Lujos que se pudieron dar Gustavo Lombardi, Maxi López o La Gata Fernández. Y, sobre todo estos dos últimos, lo supieron aprovechar con creces afuera de la cancha. Lo bien que hicieron: la vida del futbolista es efímera, y así como a veces asoma de un momento al otro, también puede desaparecer repentinamente. Que lo diga Ariel Dacko, sino.

Este marcador de punta derecho fue uno de los pibes que puso la cara en uno de los momentos más complicados de River: el Metropolitano 1983. Con el conflicto entre jugadores profesionales y dirigentes en su punto cúlmine, los chicos de las categorías ’63 y ’64 tuvieron que ocupar su lugar y disputar varios partidos de ese torneo. Para colmo, Dacko arrancó como suplente de Daniel Vélez, pero tuvo que ocupar su lugar cuando este se lesionó de gravedad.

Su aventura en el Millonario duró 6 partidos. A comienzos de 1984 quedó libre y firmó para Chacarita. En el Funebrero sumó la friolera de 1 partido jugado en el puesto del que Luis Abramovich era amo y señor. Se despidió de la Primera División para continuar su carrera en Douglas Haig y, posteriormente, actuar en el fútbol centroamericano. Los registros de la época son difusos (?) y solo alcanzamos a chequear un paso por la Asociación Deportiva Generaleña, de Costa Rica.

En su regreso al país, cerró sus días como número “4” jugando en las ligas del interior bonaerense. San Martín de Roberts y Sportivo Barracas de Colón fueron los equipos que supieron cobijarlo. Hoy, Dacko debe andar por los 50. Y todavía puede decir que en algún momento, a los 20 años, jugaba en la primera de River…

Fernández a Boca (2005)

Las nutridas divisiones inferiores de Boca siempre se vieron reforzadas por algún jugador  procedente de otro club. Son ejemplo de esto Riquelme, La Paglia, Coloccini (todos formados en Argentinos), Tevez (All Boys) y Nery Cardozo (Godoy Cruz). Tampoco faltan los jugadores llegados desde el exterior, como pudo haber sido este caso.

Raúl Superman Fernández es un arquero peruano que, con 19 años cumplidos, llegó a prueba en 2005. Mostró buenas condiciones y convenció a los directivos. Mientras se resolvía su situación contractual (su pase pertenecía a Universitario de Perú), estuvo un tiempo entrenando, pero sin ser habilitado para jugar.

La negociación entre los clubes se fue dilatando, no se llegó a un acuerdo y el guardameta volvió a su país.

Caracoche Juan

Juan Francisco Caracoche

Cuando un joven deja su pueblo del interior para probar suerte en Buenos Aires, se produce en su seno una mezcla de tristeza y alegría difícil de explicar, como cuando muere un dictador carismático (?). Con el tiempo, el chico (generalmente tímido, bondadoso y un poco inocente) se va adaptando, aprende las nuevas costumbres y siente que sus sueños están cada día más cerca. A pesar de todo, el pibe, ya entrando en la adultez, no olvida sus pagos. Y espera algún día volver. Con fama, con dinero, con éxito, con un futuro asegurado. O simplemente, volver y punto.

Juan Caracoche, nacido en Navarro el 20 de enero de 1988, tuvo un sueño, lo persiguió y lo cumplió: ser futbolista. Desde que jugaba en el barrio se veía que iba a llegar, que condiciones no le faltaban. La primera confirmación se dio en 2005, cuando jugó el Campeonato Sudamericano Sub-17, donde Argentina no pasó de su grupo a pesar de contar con valores como el Papu Gomez, Juan Antonio o Lautaro Formica. La segunda, el 12 de abril de 2008: debut en la Primera División de Independiente, con triunfo 3- a 1 frente a Olimpo, en Bahía Blanca.

Con el Rojo jugó 16 partidos hasta su salida a mediados de 2009, alternó como marcador central y lateral, dejando siempre la sensación de que estaba para más. No supo convertir goles, tampoco sufrió expulsiones y ni siquiera llegó a sentirse como en casa: en esa época Independiente estaba construyendo su estadio y alternaba la localía en las canchas de Racing y Huracán. Caracoche nunca jugó en la cancha del equipo que defendía. El sentido de pertenencia era algo engañoso, y más para alguien que estaba a 120 kilómetros de su casa. Tan cerca, tan lejos.

En el segundo semestre de 2009 bajó una categoría para jugar en Sportivo Italiano. El Azurro, que acababa de ascender, cumplió una pésima campaña y volvió rápidamente a la Primera B. Antes de eso, el defensor había regresado a Independiente pero fue dejado de lado por el Tolo Gallego y se entrenó aparte del plantel, junto a Lucas Pusineri, Gastón Molina, Viola, Fernando Pérez, Vissio y Berriex.

Para peor, la distancia con los suyos se incrementaba: la temporada 2010/11 lo encontró en Juventud Antoniana, el equipo del optimista Pedro Monzón.  La profecía del Moncho no se cumplió (el Santo ni clasificó a la segunda fase del Argentino A), a Caracoche no le renovaron contrato, no arregló con ningún club y el último semestre de 2011 lo encontró sin equipo, con visitas cada vez más asiduas a su pueblo natal.

Su próximo paso fue aún más al norte: la Serie B de Ecuador lo vio jugar 7 partidos en el Imbabura (2012). Las cosas no salieron bien desde lo futbolístico, y la distancia se hizo sentir, por eso retornó a mediados de año para ponerse la camiseta del Deportivo Armenio. Una temporada con el equipo de Noray Nakis le alcanzó para decidir su futuro: dejar el fútbol y volver a su lugar en el mundo: Navarro.

La noticia causó conmoción (?) en los medios locales, y sorpresa en los que piensan que el futbolista se dedica a patear una pelota toda su vida y no tiene otra cosa en la cabeza: Juan Caracoche, a los 25 años, dejaba la comodidad de los vestuarios del ascenso (?) para dedicarse a un nuevo emprendimiento comercial: una moderna panadería con servicio de cafetería y confitería. “Tuve la oportunidad de seguir en Armenio y también ofertas de equipos del Torneo del interior, pero si bien no son cifras despreciables para un empleado común, tengo que pensar que si viajo diariamente, gran parte del sueldo se me va en eso y al final, con tanto sacrificio, no me rendiría. Ya he estado lejos de mi familia y no quiero trasladarla de este pueblo, por eso hoy, por ese dinero, no me conviene alejarme”. El pibe, hombre hoy, quería volver. Con fama, con dinero, con éxito, con un futuro asegurado. O simplemente, volver y punto. Y Caracoche volvió. Y punto.

Colliard Enrique

Enrique Eugenio Colliard

Mediocampista ofensivo de vincha y largo pelo rubio: un típico espécimen del fútbol de ascenso que tuvo su oportunidad en el exterior y en Primera División. Un jugador de buenas cualidades técnicas, especialista en la ejecución de la pelota parada pero con esa característica ineludible de todo “10” que se precie de tal (?): lo que el periodismo define como “irregular” y la popular como “pecho frío”. En definitiva, ni más ni menos que un jugador lagunero.

En lo que se refiere al under argentino, acreditó pasos por El Porvenir, (donde comenzó su carrera jugando en la B Metropolitana y también participó en el Nacional B dirigido por Caruso Lombardi), Tigre (2005, donde apenas jugó) y Los Andes (del 2006 al 2008). En todos los casos, salvo en la campaña 2001/02 con El Porve, la mitad de tabla fue su ambiente habitual.

Selló por primera vez el pasaporte en 1995, cuando el Deportivo Cúcuta lo contrato para jugar en la Primera B de Colombia. Siguió en ese país para jugar en el humilde Unicosta (1997). Volvería al Cúcuta en 2003, para disputar otra vez el torneo de ascenso. Como el Chori Dominguez y Cavenaghi, pero sin vender humo.

También supo pasear su tranco lento y cansino por el competitivo fútbol de Venezuela, donde pasó con mas pena que gloria por Trujillanos (2001 y 2003) y el Deportivo Táchira (2002, siendo suplente de colegas venezolanos y de Panchito Rivadero, con todo lo que eso implica). Su pico de rendimiento lo alcanzó en Unión Maracaibo: jugó la Copa Libertadores en 2004, dándose el gusto de convertirle un gol a José Luis Chilavert, o lo que quedaba de él.

Lo fundamental: su huella en la máxima categoría de nuestro país: 10 partidos en Platense (1998) y 13, con un gol, en Instituto (2004/05). De estos 23 encuentros, solo un par de veces disputó los 90 minutos.

Recién en 2013 volvería a un equipo de Primera División del Fútbol Argentino… en el Torneo Senior, para jugar con los veteranos de Banfield. Desde el banco de suplentes, acompañó a Héctor Godoy, Daniel Bilos y Fernando Cinto, entre otros. Eso si, siempre con su vincha y largo pelo rubio. Porque, a pesar de los años, hay costumbres que no se pierden.

Del Valle a Huracán (2010)

Joven delantero venezolano que recientemente había participado con su selección en el Mundial Sub 20 de Egipto. Procede del Deportivo Táchira, con aspiraciones de jugar en un fútbol competitivo y gran proyección a futuro. Algo así debieron haber visto los dirigentes de Huracán a la hora de contratar a Yonathan Del Valle. ¡Qué inteligentes! ¿Qué inteligentes? Veamos.

El 18 de junio firmó su contrato con el Globo, junto a Brítez Ojeda y Mariano Martínez. Como se ve, el equipo de Parque Patricios se estaba reforzando como en sus grandes días (?), ya que también se sumaban el colombiano Harrison Otálvaro y el uruguayo Agustín Peña. Dos extranjeros. Dato no menor, ya que, al sumar las presencias en el plantel del yorugua Diego Rodríguez y el paraguayo Robert Sales, se llegaba a cinco foráneos en el equipo, siendo el límite de cuatro por institución. A pesar de esto, Del Valle fue a la pretemporada y jugó casi todos los amistosos, llegando a marcar un gol contra Olimpo, jugando para los suplentes.

Para regularizar la situación se barajaron tres posibilidades. La primera fue la nacionalización de Sales pero como el tramite demoraba un par de meses y además estaba flojo de papeles (?) no se pudo avanzar. La segunda fue dar a préstamo al mismo jugador a algún club que se interese en sus servicios. Cosa que nunca sucedió. Finalmente, se llegó al último plan: dar de baja al venezolano. Babington le comunicó la noticia a Del Valle, que lógicamente se sintió decepcionado y manoseado, por lo que hubo que indemnizarlo antes de que regresara al Táchira. Fin de la historia. Solo resta que el lector saque sus propias conclusiones sobre la capacidad de los dirigentes de Huracán.

(Gracias Paolo)